Vida en Salamanca
Cuento, opino y comparto. Por Fernando B.
 
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Llega la hora para las power skills

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Aprender, desaprender y reprender. Así es como Alvin Toffler define el aprendizaje en los tiempos en los que vivimos. Y es completamente cierto. En un mundo tan cambiante como en el que vivimos, la adaptación es la base fundamental de cualquier tipo de aprendizaje.

Según se estima, en dos años, la robótica estará en disposición de entrar de pleno en el mercado laborar y hacer saltar por los aires 75 millones de empleos en todo el mundo. Para 2025 ya se cree que habrá más máquinas que humanos en las lineas de fabricación. Pero por otro lado, estos robots darán la oportunidad de crear otros 60 millones de empleos que hoy no existen.

No queda más remedio que prepararnos para ello y anticiparnos formando a las nuevas generaciones para esos nuevos puestos que requerirán de personal muy especializado. Por esto, durante los últimos tiempos, las denominadas “soft skills”, que son habilidades relacionadas con la escucha activa, la empatía o el trabajo en equipo, están siendo potenciadas.

 

El futuro pasa por las power skils

Las “power skills” o habilidades transversales son aquellas que permiten a las personas potenciar aquellos conceptos que la tecnología demandará y que serán fundamentales para el progreso de la sociedad del futuro. Aprender a aprender como dirían algunos, pero no solo esto, sino a medir lo realizado y su calidad.

Estas habilidades se centran en torno a capacidades de resolución de problemas o tareas: habilidades organizativas, de toma de decisiones, relacionales y comunicativas. Están fundamentadas en el autoconocimiento del individuo así como en el control de las emociones, la motivación o la perseverancia.

La técnica mas idónea para practicar estas habilidades son haciéndolas entrar en clase, de forma que los alumnos tengan que buscar la forma de dar respuestas reales a problemas profesionales. Por este motivo, está siendo fundamental encontrar metodologías basadas 100% en experiencias reales a las que poder someter a los estudiantes.

Pero no solo bebe de esta fuente el gremio estudiantil, sino que es toda la comunidad educativa la que se favorece de estas “power skills”. Desde el alumnado hasta el propio director del centro, pando por todo el profesorado deben ser capaces de aprender de manera continua para poder desarrollar todas las capacidades.

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Olvidamos rápido

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Si hay algo en lo que la práctica totalidad de la población de nuestro país está de acuerdo es en la necesidad de relanzar la economía. Pero a pesar de ello, yo me pregunto ¿cómo tenemos esa capacidad para, con la llegada del levantamiento del estado de alarma, olvidarnos de todos los motivos por los que hemos llegado a esta situación y de los hábitos adquiridos para salir de ella?. ¿Por qué hay mucha gente que va a cualquier sitio a cara descubierta e ignora la distancia social de la que día a día se ha hablado en todos los medios?. ¿Ya nos hemos olvidado de lo que ha supuesto esta enfermedad?, ¿de los enfermos?, ¿de los muertos?, ¿del colapso sanitario?.

La irresponsabilidad de algunos suele ser inversamente proporcional a la edad. Cuanto más jóvenes menos medidas de protección se toman. Es más que habitual ver jóvenes y adolescentes en grupos, sin respetar distancias, sin mascarillas y sin ser conscientes del riesgo en el que están poniendo a sus padres y abuelos.

 

Los rebrotes llegarán

Los números no mienten. En aquellos países en los que se han relajado las medidas de protección o incluso en aquellos en los que han sido inexistentes, el virus está actuando con más fuerza que en los que el confinamiento ha sido más duro. Son habituales las noticias en periódicos y televisión que hablan sobre los rebrotes. Y en nuestro país también existen, aunque sean menos graves. Pero si lo que queremos es seguir la senda de Brasil, Estados Unidos o Reino Unido, adelante, sigamos relajando y despreocupándonos. El otoño será duro, para echarse a temblar.

La cuestión es ¿vamos a aprender algo de la pandemia y a concienciarnos de que debemos cambiar nuestros hábitos o es más fácil creer que se trató de algo puntual que jamás volveremos a vivir y de lo que no somos cuplables? Si creemos cierta la segunda opción entonces tenemos un problema. Las pandemias son la consecuencia de una excesiva presión sobre los ecosistemas y de un mundo globalizado en el que en 24 horas un virus puede viajar, literlmente, a cualquier punto del globo.

Esta plaga la hemos provocado nosotros, los seres humanos Por nuestra forma de vivir, por exponernos a determinadas especies sin respetar lo que la propia naturaleza dicta. Por el consumo de alimentos y sustancias en pésimas condiciones de salud. Si no ponemos barreras o controlamos estos puntos, la próxima pandemia sólo es cuestión de tiempo.

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Jaque a los bulos

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Los últimos dos meses hemos convivido con un inimaginable número de bulos y fakenews. Parece que las situaciones más complicadas no solo sacan a la luz lo mejor del ser humano, sino que también hacen aparecer lo peor de algunos. Gente que aprovecha la situación ideológicamente o políticamente para sacar un rédito que, como mínimo es mezquino.

Y ojo que hablo de esto desde la más absoluta neutralidad. No tienen nada que ver con colores o pensamientos, sin con la dignidad personal. La difusión de bulos no es ninguna broma, y si no que se lo pregunten a India, donde en 2018 hubo linchamientos a gente inocente en muchas zonas del país por bulos difundidos a través de WhatsApp.

En una maniobra que personalmente me parece un acierto total, WhatsApp, o mejor dicho Facebook ya que es el la compañía propietaria de esta plataforma de mensajería, decidió limitar las posibilidades de reenvíos masivos de mensajes para abordar esta problemática. El resultado ha sido la disminución de más del 70% de bulos y noticias falsas. Quizás hayas comprobado que en tu teléfono ya no aparecen tantos mensajes de copiar/pegar como antes.

 

Ahora tiene que cundir el ejemplo

El problema está en que cuando alguien pone límites en este tipo de aspectos, los que viven de publicar este tipo de informaciones no desaparecen, sino que se trasladan a otra redes. Ahora el boom está surgiendo en Youtube, donde hay miles de videos que tratan de hacerse virales con informaciones, como mínimo, partidistas. También en la plataforma Telegram, que ha aumentado espectacularmente su número de usuarios en el último mes.

Pero, ¿por que la gente confía tanto en estos bulos y les da veracidad? Pues principalmente por una cosa, porque cuando se hace por mensajería, comúnmente llega del lado de una persona conocida a quien normalmente no cuestionamos. Pero no pensamos que ese mensaje viene de otra persona del que se ha copiado, y el de esta de otra y así sucesivamente, sin que al final la fuerte sea conocida. En la mayor parte de los casos, si el mismo mensaje llega desde una persona desconocida, se borraría sin darle mayor importancia.

Después, está el hecho de que, quien lo reenvía, cree que lo hace por el bien de los demás, ya que no es consciente de que está enviando información falsa. Son muchos los que quieren lo mejor para su familia y amigos, pensando que dándoles esa información les protege. Luego están los salvapatrias, que no ven nada más allá que su propia ideología.

El futuro de la mensajería pasa porque todas las que quieran tener cierta reputación seria hagan lo mimo y limiten el reenvío de este tipo de informaciones no verídicas y/o engañosas. No puede ser de otra forma ya que, de no hacerlo, tarde o temprano pasarán a ser vistos chiringuitos donde cualquiera puede soltar la mayor burrada que se le ocurra sin importar mentir o decir la verdad.

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Es la hora de potenciar la bicicleta

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En mitad de un estado de incertidumbre por como será la desescalada del confinamiento, que cada vez parece más cercana, uno de los debates mayoritarios que se tienen estos días en las reuniones de los gobernantes es cómo hacer para conseguir que se respeten las distancias sociales en determinados lugares. Y entre estos lugares preocupa, y mucho, el tema del transporte urbano colectivo.

Hasta hace poco más de un mes lo cotidiano era encontrarse con autobuses, metros y trenes de cercanías masificados, sobre todo en las horas puntas. Esto, con toda lógica, debería desaparecer, pero la realidad es que no tenemos una alternativa real que poner en práctica más allá de aumentar la frecuencia de paso de los medios de transporte. Y ni aún así se conseguiría resolver el problema.

La otra alternativa es priorizar el transporte individual, pero si se hace con coches y motos, el remedio puede ser peor que la enfermedad. El parque móvil español tampoco está preparado. Que todo el mundo utilice su propio vehículo para ir a trabajar, es inviable. Por un lado el aumento del volumen de tráfico no podría asumirse y los colapsos se multiplicarían. Por otro el nivel de emisiones y polución se dispararía. Pero tampoco hay que olvidar que no todo el mundo tiene vehículo propio.

 

Bicicletas, patinetes y el resto de dispositivos de movilidad urbana deben ser alternativa real

No queda otra que echar mano a los aparatos que nos permitan realizar trayectos lo suficientemente largos en un tiempo razonable y que no supongan congestión ni emisiones. Y estos son esos que llevamos una década intentando potenciar pero que nunca se tomaron en serio. Si tuviésemos ahora una red de carril bici decente todo sería mucho más fácil. Bicicletas y patinetes eléctricos, entre otros, serían una solución.

Desplazarse en estos vehículos es saludable y completamente seguro respecto a infecciones, que no en cuanto a accidentes. Si pensamos en la idea de que la realidad cuando volvamos a las calles no va a tener nada que ver con la que teníamos anteriormente, las bicicletas tienen que multiplicarse en las ciudades. Y los patinetes eléctricos también. Urge una normativa que les dé preferencia respecto a los otros vehículos en los núcleos urbanos y que permitan su uso en masa.

Probablemente al principio no será fácil y habrá quien no se acostumbre a ello, pero esa sensación no durará mucho. Sucede igual que con las mascarillas, se hace raro al principio llevarlas, pero cuanto más gente lo hace y mas tiempo pasa, más cómodos nos sentimos. Si de verdad queremos cambiar las cosas, este es un tema obligatorio.

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Monitorización ciudadana

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Llevamos días viendo noticias y escuchando debates acerca de si es posible luchar contra el coronavirus mediante la monitorización de la vida de las personas. Mientras que la práctica totalidad de los juristas coincide en que esto podría ser algo inconstitucional en nuestro país incluso en estado de alarma, son muchas las voces que piden un cambio de la carta magna que permita este tipo de seguimientos cuando se trate de situaciones de extrema necesidad.

Aceptar esta forma de funcionar contra el virus sería acercarnos a lo que en estos momentos se está haciendo en China. Allí, el autoritarismo que mantiene el régimen de Pekín ha supuesto no tener ningún problema para introducir una app en todos los teléfonos móviles del país, incluso si el propietario no quería. Con ella controlan los movimientos de más de mil millones de personas.

 

Pro y contras del monitorizado

Parece obvio que un control exhaustivo como el Chino restringe al máximo nivel las libertades de la población, limitando su movilidad y creando desigualdad de oportunidades en the las personas. Dependiendo el resultado que marque una app nutrida por el big data, podrás tener acceso o no a ciertos servicios y lugares públicos, aunque no estés contagiado con la enfermedad.

La realidad es que el sistema de control extremo funciona. El gigante asiático ha visto reducida la pandemia a la mínima expresión y encadenan varios días con un nivel de contagios insignificante.Y esto hace pensar a los gobiernos occidentales en la forma en la que pueden replicar el sistema chino sin menoscabar las libertades de la ciudadanía.

Pero la solución no parece fácil. La primera idea habría sido que la participación en el control por parte de la ciudadanía fuese opcional y confiar en que la población tomase la medida como de vital importancia y se dispusiesen a colaborar. Esto queda completamente descartado puesto que no tiene sentido controlar solo a una parte de la población. Los datos cruzados no tendrían validez puesto que no se podría cuantificar la interactuación con aquellos que optaron por no ser monitorizaos.

Y así seguimos, a vueltas con como solucionarlo. En estos momentos la fórmula a utilizar parece lejos de conseguirse, lo que pone sobre la mesa el riesgo de rebrotes una vez que se pueda volver a las calles con cierta normalidad.

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Estafas en tiempos de pandemia

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La crisis sanitaria derivada del Coronavirus parece haber sacado lo mejor de nosotros mismos. Todos los días conocemos a través de los medios de comunicación, cientos de gestos solidarios de la población en general. Personas que se han dedicado a hacer mascarillas caseras para repartirlas entre quienes más lo necesitan, otras que se prestan a realizar compras, a cuidar niños u otro tipo de tareas para aquellos que tienen problemas para realizarlas por si mismos o millones de ciudadanos asomados cada día a las 20:00 h. para aplaudir a sanitarios, policías y resto de personal que están en primera linea de la batalla.

Pero, aunque también hay que decir que por fortuna se trata de casos aislados, también existen aquellos que han hecho aflorar lo peor de la raza humana. Personas sin escrúpulos que han aprovechado la situación para rendimiento económico del sufrimiento de los demás. Se ha disparado en número de denuncias por estafas y por precios abusivos de productos. Estas denuncias están principalmente relacionadas con la falta de material de protección para la ciudadanía y con el aumento de la necesidad de ciertos servicios asociados a la crisis, como por ejemplo los enterramientos.

 

La falta de material sanitario, principal causa de estafas

Se ha dado a conocer una gran cantidad de fraudes en el intento, incluso a la desesperada por parte de algunas personas, de conseguir material de protección para la protección propia y de las familias. Lo más buscado a día de hoy son las mascarillas. Aun más si cabe después de que se haya conocido que, probablemente, su uso pueda ser obligatorio cuando finalice el confinamiento. También han sido objeto de gran demanda los geles hidroalcohólicos y los guantes, entre otros artículos.

Uno de los casos más conocidos, tal y como informa noticias vox, es el de un ciudadano chino que ha sido detenido tras sumar varias denuncias por vender mascarillas fp2 a un precio desorbitado y que, para mas inri, luego no enviaba. Son varias las personas que denunciaron los hechos en distintos puntos de España y que acabaron conduciendo a la policía hasta el supuesto estafador, que fue detenido de forma inmediata y puesto a disposición judicial.

Otro caso sonado es el de una supuesta empresa que ofrecía los también codiciados respiradores. Supuestamente tenía un cargamento importante de respiradores ya fabricados y almacenados en China, listos para enviar hacia España para poder abastecer a distintos hospitales de toda la geografía nacional. Sin embargo, tras levantar sospechas de que la mercancía podría no existir, el responsable de los contactos también fue detenido y se encuentra a la espera de declarar ante el juez.

Por suerte, como digo, se trata de casos aislados. La práctica totalidad de la población está siguiendo un comportamiento ejemplar, a pesar de la incertidumbre sobre lo acertado de algunas medidas de las autoridades en toda esta gestión. Una reciente encuesta revela que el 50% no tiene una buena opinión de como se ha coordinado la crisis sanitaria que este Covid-19 ha dejado en el país.

Fuente: Tengo Noticias

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Buscamos tratamientos mientras acabamos con la protección natural

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Tras un mes desde se decretó el estado de alerta que mantiene confinada a la población y sumidos en un escenario que nunca antes habíamos visto en el ámbito sanitario, la principal ocupación de los laboratorios farmacéuticos sigue siendo encontrar un tratamiento y una vacuna contra el Covid-19. Pero para esto, antes es necesario conocer a fondo al virus: como actúa, como se transmite y, especialmente cuál es su origen.

Existen diversas hipótesis a este respecto pero todas ellas presentan un denominador común. La forma en la que nos relacionamos con la naturaleza y como la tratamos actualmente nos pone en peligro. Y es que son décadas de continuos abusos sobre el que es, sin duda, el mayor factor de protección que tiene la humanidad, por encima de los sistemas sanitarios o las fuerzas de seguridad.

 

Protección natural y globalización

Ya hace bastante que se conoce que la biodiversidad cumple con una excelente función protectora para todas las especies. Y esto ha quedado científicamente demostrado ante la forma en la que han discurrido otras epidemias anteriores.

Aunque todavía no ha podido ser probado, parece ser que el origen del Covid-19, como el de otros muchos coronavirus, está en el murciélago del que habría dado el salto a los pangolines y, de ahí, al ser humano. El Sars-Cov-2 no es un virus nuevo. Lleva mucho tiempo cohabitando con los murciélagos, que tienen mayor tasa de carga vírica cuando es amenazado y cazado, ya que el sistema inmune del animal se deprime. Igual pasa con el pangolin, objeto de mucha presión y caza por los humanos en países asiáticos.

Si al mal trato a las especies y a la propia naturaleza añadimos el aumento de los efectos asociados al cambio climático, la ecuación se vuelve peligrosa. Y como resultado, aparecen nuevas epidemias donde nunca antes las había habido, entre otros muchos problemas. La cuestión es, ¿estamos dispuestos a poner las medidas necesarias para que esto no se repita en el futuro?. Lo dudo.

La globalización ha cambiado nuestra forma de vivir desde hace años. Hoy en día, la velocidad a la que un virus puede cruzar el planeta es 10 veces superior a la de hace una década. Hace un siglo, la forma más rápida de propagación era por vientos y tormentas que transportaban partículas de un lado a otro, pero la capacidad de desplazamiento de esta forma era muy limitada. Hoy en día si sumamos que estamos acabando con la protección que nos ofrece la propia naturaleza con los miles de vuelos transoceánicos que tienen lugar cada día, por desgracia y si no le ponemos tiempo, el resultado es que la situación en la que estamos ahora no es difícil que vuelva a producirse a corto plazo. Y queda demostrado que no estamos preparados para ello.

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Epidemias sentimentales

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En una época especial en la que nos estamos “acostumbrando” a vivir mano a mano con una epidemia, no somos realmente consciente de otras epidemias que no atienden al rigor de la palabra pero que llevan mucho tiempo junto a nosotros. Silenciosas, sin hacer ruido, pero igualmente peligrosas y capaces de llevarse vidas por delante.

En los últimos años, varios estudios han llegado a la conclusión de que estamos sufriendo una revolución en nuestros niveles de felicidad, que se están desplomando de una forma como nunca antes había pasado. Parece ser que convivimos con otra epidemia, la de la tristeza, que es capaz de desconsolar nuestra vida poco a poco y sin que nos demos cuenta.

 

La tristeza, epidemia del siglo XXI

Todos quisiéramos ser más felices, es obvio. Pero lo cierto es que alcanzar la plena felicidad muchas veces no depende de nosotros, sino de aspectos que quedan fuera de nuestro control. Desde pequeños aprendemos a ver el mundo a nuestra manera, unos de color rosa y otros de color negro. Pero esa percepción puede ir cambiando a lo largo de la vida y el ser humano está más predispuesto a cambiar su visión para mal que para mejor.

Esto sucede porque nos dejan huella los malos momentos, las cosas negativas que nos suceden. Estas priman por encima de las pequeñas cosas reconfortantes de las que nos rodeamos, como una quedada de amigos o disfrutar de una cena con la pareja. Si a esto añadimos que el contacto físico poco a poco va desapareciendo para dar lugar a las relaciones online, donde los teléfonos móviles cada vez tienen más presencia, pues blanco y en botella.

Los estudios señalados, después de varios experimentos relacionados con la felicidad, dejaron claros resultados. Las actividades que incluyen el uso de tecnología y una pantalla están directamente relacionadas con la infelicidad. Aquellas personas que pasan más de 5 horas al día conectados tienen dos veces más posibilidades de no alcanzar la felicidad que los que se relacionan online menos de una hora diaria.

Otro de los datos sorprendentes de estos niveles revela que hay mucha más diferencias entre niveles de felicidad en adultos que en adolescentes. Los adolescentes que usan poco las tecnologías relaciónales son solo un poco más felices que quienes abusan de ellas. Quizás esto sea debido a que en estas edades se nació de la mano de estos sistemas digitales y se han interioridad. Sin embargo, los adultos, que han pasado una parte de su vida sin que existieran, ven en su desuso como una vuelta a sus orígenes, a su niñez, aumentando sus niveles de felicidad.

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Fake news: El hospital chino de construcción ultra rápida

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Hace cuatro o cinco días los informativos nos sorprendían a todos con una noticia que, como poco resultaba muy sorprendente. La crisis del coronavirus en China había provocado que el gobierno chino se lanzase a por una obra de ingeniería sin parangón hasta ahora por sus características. Habían decidido construir un hospital desde cero ¡en tan solo 9-10 días!. La imagen de decenas de excavadoras trabajando sin descanso en un solar desierto recorrió el mundo entero.

Los temas de ingeniería y grandes obras siempre me han atraído y, al conocer la noticia, sentí una profunda curiosidad al respecto. El poderío chino es de sobra conocido pero ¿es realmente posible construir un hospital en ese plazo de tiempo tan corto?.

 

El hospital chino construido en nueve días.

Hoy, con las obras bien avanzadas y acercándonos al plazo estipulado para que estuviese en funcionamiento ya se conocen más detalles sobre el “hospital” de construcción ultra rápida. Y lo entrecomillo porque, como mínimo, sl resultado final se aleja de la imagen habitual que tenemos en mente de un hospital al uso.

El supuesto hospital chino no es más que un conjunto de barracones de emergencia prefabricados en el que los afectados por el coronavirus serán aislados y asistidos mientras dure su tratamiento. Si, barracones como las casetas donde se guardan los materiales en las obras o donde se visitan los pisos piloto mientas que el edificio está en construcción.

El hito de ingeniería se desinfló completamente en un suspiro. De hecho, no será el único hospital de este tipo que se construirá debido a la crisis sanitaria. Hay planificados otros dos adicionales, del mismo estilo, que abrirán también en los próximos días. En total el coste de los tres centros ronda los cuarenta millones de euros, cuando un solo hospital tradicional en España tiene un coste nunca inferior a los doscientos millones.

En ocasiones, las noticias hay que cogerlas con pinzas y valorar cuanto de creíble pueden tener. La información en nuestros días ha cambiado de tal forma que lo importante es, más que informar, sugestionar al receptor. Y no solo ocurre con esta noticia comentada del hospital, sino con el 90% de la información que hay en los medios de comunicación a diario.

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Entregados los premios a la Investigación en Dolor

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Hace unos días se ha celebrado la entrega de premios de la XX edición del “Premio a la Investigación en Dolor”. Este galardón tiene como finalidad el reconocer e impulsar los nuevos proyectos asociados al estudio del dolor en procesos epidemiológicos, experimentales, farmacológicos y clínicos.

La Universidad de Salamanca junto con la Cátedra Extraordinaria del Dolor de la Fundación Grünenthal, organizan este premio, que en esta edición ha correspondido al Grupo de Investigación en Neuropsicofarmacología y Psicobiología de la Universidad de Cádiz, comandado por la investigadora Esther Berrocoso.

 

Profundizando en los mecanismos neurobiológicos asociados al dolor

El trabajo de este grupo de investigación que ha sido merecedor del premio en categoría investigación básica se denomina “Chemogenetic Silencing of the Locus Coeruleus–Basolateral Amygdala Pathway Abolishes Pain-Induced Anxiety and Enhanced Aversive Learning in Rats” y ha sido publicado en la revista Biological Psychiatry. En él se demuestra que la inhibición de las neuronas del locus coeruleus proyectadas a la amígdala basolateral (BLA) consigue aliviar la ansiedad derivada de un dolor crónico.

En la categoría investigación clínica, Diego Serrano con su “Deficient Inhibitory Endogenous Pain Modulation Correlates With Periaqueductal Gray Matter Metabolites During Chronic Whiplash Injury” y Jorge Muriel-Fernández y su “Results of the Use of a Simulator for Training in Anesthesia and Regional Analgesia Guided by Ultrasound”, se repartieron el primer premio al fallar el jurado en empate entre ambos trabajos.

Los premios consisten en una dotación económica para contribuir a que los premiados puedan continuar con sus investigaciones y puedan desarrollarse terapias que frenen la sintomatología del dolor crónico.

Puedes encontrar más detalles sobre estos premios a través de la Sala de prensa de la USAL.

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