Vida en Salamanca
Cuento, opino y comparto. Por Fernando B.
 
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Estimulación del lenguaje en niños

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El lenguaje es la única dimensión que necesita de otras personas para su desarrollo. Durante los primeros años de vida, los padres son los agentes más importantes para favorecer dicho desarrollo. Es cierto que el niño se entretiene solo desde muy temprana edad aprende sobre el mundo que le rodea, sobre los objetos y la relación tiempo-espacio, explora y experimenta, pero si estuviera solo no aprendería a hablar. El bebé necesita de un interlocutor que lo escuche y hable con él.

Los niños, desde que llegan al mundo, están recibiendo constantemente información de todo lo que le rodea: sonidos, luz, textura de su pañal, de la piel de su madre, etc. Todo estas cosas influyen y el niño lo asimila, ya que durante los 4 ó 5 primeros años de vida son como una esponja que todo lo absorbe.

En esta época es cuando el niño aprende la mayoría de las cosas que va a saber cuando sea un adulto. Todo lo que hacen y/o dicen los padres influye en la conducta del niño, cada una de las actitudes lo esculpe, cada una de las palabras lo marca indeleblemente, influyendo y condicionando día a día su desarrollo.

A veces se tiene la idea de que los niños se desarrollan solos, que aprenden a hablar de todas las maneras. Pero esto no es del todo cierto, la estimulación es muy importante para el desarrollo en general y es indispensable para el desarrollo del lenguaje en particular.

 

Hablar con el niño desde que nace

Desde que el niño nace hay que hablarle en las distintas situaciones cotidianas: en el baño, la alimentación, aprovechando todos los momentos en los que el niño está despierto.

Mientras le habla, aunque el niño no pueda hablar, va aprendiendo el significado de palabras: el biberón, el zapato, la cuchara, el chupete…aprendiendo que cada cosa tiene un nombre.

Los primeros meses, no tiene capacidad para repetir, está grabando. Debemos estar seguros de que nos está escuchando y guardando todo el vocabulario que oye. Esto le ayuda a poner nombre a todo lo que le rodea, empezando por mamá y papá, y aunque al principio no pueda repetirlo, dirige su mirada hacia todo aquello que para él, internamente ya tiene un nombre.

Algo importante pues que debemos hacer es distinguir entre la comunicación y el lenguaje. Antes de hablar, el niño se comunica y aunque no pueda decir papá, dirige su mirada cuando oye la palabra porque ya la ha almacenado, ya la comprende, ya sabe a qué se hace referencia.

La primera forma de comunicarse el bebé es a través de la mirada y el llanto. Las primeras conversaciones tienen lugar mirando (desde cerca) al adulto. Estos momentos deben ser aprovechados para que aprenda las reglas de la comunicación básicas: mirar, escuchar y respetar los turnos. Este aprendizaje durará toda la vida: para comunicarse con alguien hay que mirar, escuchar y responder.

Poco después, utilizará los sonidos y ruidos para entender que tienen un significado y los utilizará como palabras. Son las palabras naturales. Por este motivo, tendremos que empezar con las onomatopeyas: pi pi (el coche); pum (se cae); puf (cuando algo huele mal); animales: miau, guau, quiquiriquí, brummmm…

Poco a poco irá ampliando su repertorio con palabras familiares: objetos que le rodean muy familiares, las partes de la cara y las partes del cuerpo, las prendas de ropa, algunos animales domésticos, nombres de las personas más cercanas, etc.

 

Saber escucharle

Si hablamos del lenguaje como instrumento de comunicación, además de hablarle es importante saber escuchar lo que dice. El que sabe escuchar muestra interés activo por lo que dice el otro e incita a que el otro hable. Es así de simple: si nadie escucha ¿para qué necesitamos hablar?

En las primeras conversaciones con los bebés, éstos miran mientras el adulto les habla y cuando éste para, ellos intentan hacer sonidos. Entonces el adulto debe mirar, escuchar y luego repetir estos sonidos para esperar a que el niño nuevamente “hable”. Son, como hemos dicho, los rituales de la comunicación.

Cuando los niños van aprendiendo palabras sueltas y quieren decir cosas o dar explicaciones, hay que escuchar, tener paciencia sin anticiparse a adivinar lo que quiere y dárselo de antemano. El niño se esforzará por hablar. Si el adulto no tiene paciencia, el niño esperará a que éste adivine qué quiere y no dirá nada.

A veces, aunque no se interrumpa al niño, no se le escucha por mucho tiempo y el adulto continúa con su actividad. Estos errores los cometemos continuamente, escuchamos a medias al otro. El niño pequeño si no es escuchado, no hablará. Esta es la situación se repite con mucha frecuencia entre adultos, pero cuando se trata de los niños tiene peores consecuencias: la falta de atención genera falta de comunicación.

Ya sabemos que los niños no saben elegir el momento, interrumpiendo una actividad (a veces para llamar la atención). El adulto tendrá que saber cuándo pedirle que espere u cuándo es el momento de responder a sus deseos de comunicación. Los padres son los mejores conocedores de su hijo para saber cuándo responder o cuándo iniciar una conversación con su hijo.

Muchos niños llaman continuamente la atención en los momentos en los que saben que el adulto va a responder. Por eso es importante para ambos, acostumbrarse a disponer regularmente de tiempo para charlar y escucharlo con paciencia. Así el pequeño sabrá que su necesidad será satisfecha y dejará en paz a la madre cuando ella no disponga de tiempo. De ese modo él aprenderá poco a poco a esperar, porque sabe que puede confiar en sus padres.

Para que el niño tenga la posibilidad de aprender a hablar sin dificultad, a gusto y con soltura, debe tener cantidad y calidad de estimulación lingüística, así como oportunidades y seguridad afectiva que le dan los padres.

  • Un niño aprenderá a hablar del mismo modo que oye hablar a sus padres y demás personas próximas a él. Si no pronuncia bien las palabras, es que así lo ha aprendido de sus padres.
  • En un comienzo los padres deben imitar las emisiones fónicas de su niño para estimularlo a que repita y perfeccione su expresión, ya posteriormente, a medida que crece, el niño imitará y no ha de ser imitado. Es cuando los mayores no deben utilizar el lenguaje de de bebés, es decir, todo es casita, bebito, osito….para el niño “atita, otito, atito” o balbuceos pueriles, sino en un lenguaje claro y sencillo pero correcto.
  • Si los padres hablan entre ellos y con el hijo de una manera sensata, clara e inteligible, el niño aprenderá a hablar exactamente de la misma forma.
  • El niño necesita un modelo para aprender a hablar, pero esto no quiere decir que deba ser corregido continuamente. Será suficiente con que oiga hablar siempre a sus padres en un lenguaje claro y en forma correcta para que los errores desaparezcan paulatina y automáticamente.
  • Se aprende a hablar bien si se tiene la ocasión de ejercitarse lo bastante para ello. Si seguimos la máxima de nuestros tatarabuelos de que los niños “no deben hablar si no se les pregunta”, será difícil que el niño hable en forma despreocupada y espontánea. Similarmente, el hijo de familias “teleadictas”, siempre obligado a estar en silencio, no podrá desarrollar mucho mejor.
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Gracias abuelos

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Los cambios sociales que han ido asentándose durante estas dos últimas décadas han producido cambios fundamentales en los roles familiares. Para mantener el nivel de vida del llamado “estado del bienestar” es preciso atender a las ofertas del consumo, prestar una mayor atención a la vivienda y a los bienes que conseguir con el fin de satisfacer un nuevo elenco de necesidades creadas. Por eso, la crianza y cuidado de los hijos ya no queda exclusivamente en manos de los padres; otros apoyos familiares se han incorporado asumiendo mayor responsabilidad e implicación.

Los abuelos ejercen de cuidadores y educadores de los nietos en aquellos casos en los que éstos comparten mucho más tiempo con los niños que los propios padres. Al menos así ha sido hasta el pasado mes de marzo, cuando por culpa del Covid-19, esos abuelos garantes de la felicidad de sus nietos, por seguridad dejaron de pasar tiempo junto a ellos.

No es mi propósito analizar las ganancias o mejoras generadas a partir de dichos cambios (vivienda mayor frente a menor convivencia familiar, por ejemplo), sino intentar analizar las implicaciones de estos cambios en los roles familiares, concretamente en el de los abuelos. Y más hoy, tras la tragedia que se ha llevado por delante a miles de ancianos de forma injusta y cruel.

 

Los abuelos en el rol de educadores

Los padres con frecuencia muestran preocupación, a veces descontento, con las actitudes de los abuelos, llegando incluso a solicitar orientación para éstos esgrimiendo razones del tipo “sí, si yo intento educar y pero luego vienen los abuelos y…”

En presencia de ambas figuras (abuelos y padres), se pueden crear discrepancias de criterio educativo explícitas, con la correspondiente descalificación de la autoridad de unos u otros en presencia de los niños. Los niños, en algunas ocasiones son testigos de reproches y de reprobación recíprocos, que pueden ocasionar en él inseguridad e incertidumbre o, cuando menos, tristeza.

Ha quedado atrás la imagen de los abuelos como viejecitos pacientes, tranquilos… que contaban historias de miedo a sus nietos, estampas más propias de una ideación o de algunos cuentos, que de la propia realidad. ¿Alguien ha disfrutado de estos abuelos?, si la respuesta es sí ENHORABUENA.

Ahora la imagen es de abuelos jóvenes, algunos no tan jóvenes, arrastrando la mochila de los nietos crecidos que caminan hacia el colegio tres metros por delante hablando con un amigo, o abuelos empujando un cochecito por el parque o camino a casa, o bien, abuelos en el autobús de pie intentando mantener el equilibrio junto al nieto cómodamente sentado.

Los niños distinguen perfectamente desde muy pequeños hasta dónde pueden llegar para satisfacer sus caprichos con cada persona. El umbral de paciencia que tiene cada uno, cuántos gritos se necesitan para “ponerse en marcha”… Los abuelos tienen esa capacidad de “dar la vuelta” a las cosas, de transformar una negativa en una situación de broma y suelen conseguir las cosas sin peleas ni conflictos, como por ejemplo para que se coma un plato de verdura o que se tome una manzanilla cuando nosotros ni siquiera hemos conseguido que la pruebe…no entienden de comida rápida.

Por su parte, los niños ayudan a los abuelos a mantener su animosidad y júbilo, siempre y cuando no supongan una excesiva carga y su edad y estado de salud se lo permita. Se alegran tanto cuando llegan como cuando se van. También y, por qué no, les ayudan a olvidar sus achaques y dolencias y les dan ánimo porque les mantiene útiles y dan sentido a sus vidas.

Por estos motivos quiero reivindicar la labor de los abuelos en la vida de sus nietos. Si no se tuvieran los unos a los otros, la vida no sería igual. Gracias abuelos.

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¿Que debo incluir en una lista de nacimiento?

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Las listas de regalos surgieron hace años como una herramienta fácil para poder hacer un obsequio teniendo la certeza de acertar. Empezaron aplicándose especialmente a las bodas, donde habitualmente los novios solían recibir regalos sin sentido que terminaban por no usar nunca. Pero después, esto de las listas de regalos se ha extendido y ya es habitual encontrarnos con listas de cumpleaños, listas de navidad o listas de nacimiento.

Y yo, que en estos momentos estoy sufriendo en mis carnes lo que significa elaborar una de estas últimas, quiero dejar una serie de pautas útiles para aquellos que se vean en la misma situación en los próximos meses o años.

 

La lista de nacimiento perfecta.

La lista de nacimiento ideal debe partir de la idea de que debe ser cómoda de acceder, consultar y comprar para todo aquel que pueda estar interesado en hacer un regalo. Por ejemplo, de nada servirá que hagas una lista de nacimiento en una tienda física que solo venda de forma presencial si la mayoría de familiares o amigos son de otra ciudad. Probablemente termines con regalos de otros sitios que no querías.

Si puedes elegir un comercio que venda directamente por internet y te envíe los productos a casa mucho mejor. Los interesados solo tienen que elegir entre los productos que hayas incluido en la lista y hacer el pago, despreocupándose del resto de los tramites. Tu recibirás el regalo en la dirección que hayas elegido con una nota de felicitación personalizada por el comprador.

El otro consejo básico que te doy para realizar tu lista de nacimiento es el de incluir únicamente los productos esenciales. Es decir, aquellos que sepas con total seguridad que vas a necesitar. Aquellos en los que dudes, mejor no los incluyas porque el 90% de las veces terminas no utilizándolos.

 

No deben faltar en tu lista:

  • Descanso: Créeme, no agradecerás ninguna cosa más que el hecho de que tu bebé duerme bien, porque esto supondrá que tu lo harás también. Un pequeño que no descansa adecuadamente equivale a padres que tampoco lo hacen, con la consecuente acumulación de cansancio por falta de sueño que se sumará a la que provoque tu trabajo y tu día a día. La elección de una cuna adecuada y un colchón de alta calidad, como el colchón de cuna Babykeeper, es fundamental y es un regalo ideal para aquellos que quieran ayudarte con tu nueva paternidad/maternidad.
  • Baño: En este aspecto no debes olvidar una bañera para bebés, además de toallas y geles de baño específicos para recién nacidos. El momento del baño es uno de los preferidos de los peques tras el nacimiento y debes contar con artículos de calidad en este sentido. No escatimes e incluye los que mejor calidad tengas pues la diferencia es abismal con los baratos.
  • Transporte: El carrito de bebé y el asiento de seguridad se incluyen en este apartado. Son dos productos que empiezan a ser necesarios casi desde el primer día. Aquí también podemos añadir la silla de paseo. La compra de esta última puedes aplazarla unos meses pero si quieres aprovechar los regalos para tenerla desde el primer momento pues la puedes incluir también.
  • Higiene : Los pañales siempre serán un buen regalo. Los vas a gastar por cientos así que bienvenidos serán. Ojo con estos puesto que de las tallas más pequeñas no necesitarás muchos, no incluyas más de la cuenta. A los pañales añado cremas protectoras, toallitas, leche hidratante y colonia para bebe.

Estos son los principales segmentos a los que prestar atención. Luego tenemos otros como la alimentación (leches de formulación, infusiones para bebés o aparatos como sacaleches), el relax y acomodamiento (hamaca, trona) o el vestuario (ropa de todo tipo y accesorios) que también puedes tener presente si quieres una lista más grande.

Y algo que no se puede comprar pero que es muy recomendable conseguir es paciencia. Los pequeños pueden suponer un cambio radical en tu vida para el que, sobre todo al principio y si eres primerizo, no estés preparado. Sin embargo, todos terminamos adaptándonos y terminas teniendo más satisfacciones que malos momentos.

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Los celos en los niños

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Los celos son un estado emocional que crea frustración por el sentimiento de pérdida de un afecto que antes se tenía y ahora no se tiene o no con la misma eficacia y frecuencia de antes. Sentimos celos cuando notamos que hemos perdido el amor de una persona querida. Este estado emocional tiene un componente objetivo ya que la situación ha cambiado y la atención hay que compartirla, pero también subjetivo en la medida en que no siempre está sustentado por hechos reales y suele estar provocado por la aparición (o sospecha de aparición) de algo (puede ser persona o actividad) que está ocupando el afecto de la otra persona. A largo plazo, también pueden aumentar la inseguridad en las relaciones con los otros, y convertir a quien lo sufre en una persona dependiente, obsequiosa hasta la sumisión con tal de no perder el afecto del otro.

En este artículo me gustaría hablar sobre los celos en los niños pequeños, cómo afrontarlos por parte de los adultos y algunas recomendaciones básicas para minimizar su impacto en el desarrollo emocional y en la formación de la personalidad. La llegada de un hermanito o hermanita, sus primeros días de guardería o que deja de dormir con nosotros y pasa a su propia habitación ya que se necesita la cuna para el nuevo miembro de la familia, suele desencadenar en los peques el desarrollo de celos. Estos se ven incrementados cuando percibe que se le da mayor atención al pequeño que a él/ella y suele sufrir periodos de tristeza, rabietas y llamadas de atención como hacerse pis.

 

¿Como afrontar de manera correcta estos celos?

El niño ha pasado de ser el pequeño a ser el mayor de la noche a la mañana. De ser el centro de atención de todos los adultos (abuelos, tíos, padres, vecinos, amigos…) a ser invisible. Tenía la atención exclusiva de mamá y ahora ya no la tiene, aunque alguien se ocupe de él. Dormía acompañado y ahora solo y en otra habitación. De día lo destierran a la escuela, lo dejan solo allí pretendiendo “que se lo va a pasar muy bien” y mientras en casa se queda “la nueva” con mamá que está pendiente de ella. ¡Cómo ha cambiado todo por el bebé!. Los comentarios son “él ya es mayor, quiere mucho a su hermanita, ¿verdad que sí, cariño?”. Eso sí, los padres se encargan de que cuando traen regalos a la pequeña le traigan algún detalle a él, “para que no tenga celos”…pero a él, el regalo más importante que era la atención y el amor de sus padres, ha desaparecido de un día para otro.  En los niños pequeños es un problema muy frecuente al ser el período más importante, desde el punto de vista emocional en la evolución del apego afectivo.

Es importante saber diferenciar entre los celos y la envidia aunque sí se pueden relacionar. El celo implica sentimiento de pérdida de algo que se tenía antes y que ha pasado a pertenecer a otro. En la envidia, no siempre implica sentimiento de pérdida ya que, envidiamos porque deseamos algo que otro tiene y nosotros no.  En el caso de los celos, sentimos que el objeto amado ya no nos prefiere, y en cambio prefiere a otro. Es hacia ese otro a quién van dirigidos los celos. Muchas son las causas que pueden disparar los celos, en la infancia, la más habitual es el nacimiento de un hermanito. En cierto modo, el niño se protege y reclama seguir teniendo la misma atención que se le dispensaba antes y que ahora tiene que ser compartida. Por tanto, tiene un cierto valor adaptativo. No obstante, en muchas ocasiones, la respuesta de celos es exagerada, prolongada en el tiempo y cursa con gran malestar y deterioro en las relaciones familiares.

Así pues, en todos los episodios de celos hay una experiencia subjetiva de malestar emocional y frustración independientemente de los hechos que la provoquen y perpetúen. Estas causas pueden, a su vez, ser reales y obedecer a hechos objetivos, o irreales (imaginadas o inventadas) en cuyo caso podríamos estar ante un trastorno clínico.

En el caso que hemos puesto de ejemplo, el niño se siente abandonado por sus padres, resentido con su hermanita y triste y enfadado con el mundo. Las decisiones tomadas para la reorganización en el momento del nacimiento son causas reales y justifican muchas de las estas emociones que siente el niño. Además de las emociones, el niño está recibiendo una realidad que favorece el desarrollo de una imagen negativa de sí mismo, pérdida efectiva del amor, del vínculo afectivo todavía en proceso de afianzamiento y pérdida de la disponibilidad de los cuidadores. Seguramente generará miedo al abandono y no se adaptará en la escuela.

Ya sabemos que el anterior es un caso extremo pero es útil  para nuestra explicación y, como hemos dicho, más frecuente de lo que pensamos.

 

¿Qué influye en los celos?

a) Factores externos.

Las características y disponibilidad de los adultos, el clima familiar (tranquilo o problemático y conflictivo por diferentes motivos, incluida la situación económica), la división de roles en el cuidado de los hijos y la distribución del tiempo de atención a los mismos, los esquemas de relación dentro de la pareja, la situación emocional de los adultos, etc. son factores que tienen importancia en la aparición y mantenimiento de los celos.

b) El temperamento del niño o niña

Los niños más sensibles, dependientes, minuciosos, rígidos para aceptar cambios o novedades tienen mayor probabilidad para desarrollar los celos de forma extrema y  dificultad para aceptar la llegada de un hermanito.

Cada niño percibe de forma diferente el afecto y atención dispensada por sus cuidadores, independientemente de la situación objetiva, de cómo se distribuya esa atención, de la ecuanimidad que pongamos en el cuidado de ambos. Esto también pasa en los adultos, con mayor razón en los niños pequeños.

c) la edad y diferencia de edad entre los hermanos

El apego se desarrolla y se afianza desde el nacimiento y los 4 o 5 años. Así pues, cuando la llegada de un hermano ocurre entre los 2 y 4 años, es posible que la percepción de la pérdida sea mayor y las estrategias para su comprensión también. El niño pretendemos que de la noche a la mañana se haga mayor y esto implica: que comprenda que a él le queremos igual, que tiene que querer a su hermano pequeño, que renuncie a la pérdida efectiva de atención y percibida de afecto, etc…. todo esto porque “es mayor”.  Por eso muchos niños no quieren ser mayores, piden el chupete que habían abandonado, hay que ponerles de nuevo el pañal y, a veces, piden la cuna cuando ya dormían en cama o su lenguaje se torna ñoño e infantil.

Antes de dramatizar, hemos de ponernos en el lugar del niño, empatizar con él (observar e identificar qué ha cambiado en su vida). Comprender y no hacer interpretaciones negativas (“no le gusta ser el segundo, le gusta ser el rey”). Además, antes del nacimiento de un nuevo hermano planificar y realizar los cambios de forma paulatina: no coincidir con la escolarización, pasar de la habitación de los padres y la cuna a otra habitación y a la cama, a dormir en cama… Habrá que evitar recordarle al niño o niña “que va a venir un hermanito, que jugarán, que le dejará sus juguetes, que….” De forma machacona y repetida durante los nueve meses. Responder cuando pregunte pero no saturar al niño con los cambios que va a ver ni con lo que va a pasar. Esta insistencia no garantiza que lo pasará mejor.

Permitirle vivir activamente en el proceso del nacimiento también le ayudará a superar este periodo de celos, igual que el evitar el “destierro” fuera de casa, si es posible. Sería estupendo que pudiera conocer al nuevo hermano en el hospital y estar en casa para recibirlo. A partir de ahí tendremos cuidado con  evitar las comparaciones entre los hermanos y evitar la cuantificación del amor: el amor es inmenso y hay para todos. Ya se encargan los propios niños de preguntar “a quién quieres más, a…o a ….”, no cometamos los adultos el mismo error.

Otros tips importantes son:

  • No atender a las conductas de negativismo u oposición. Evitar que estas conductas se conviertan en la única forma de reclamar atención de los adultos por parte del niño.
  • Ser muy cuidadosos en la atención dedicada al mayor, tanto en tiempo como en la calidad.  Que haya momentos de atención exclusiva.
  • Que no haya una distribución de niños y adultos. Que no haya asignaciones determinadas. El mayor debe compartir el tiempo con ambos progenitores para que no haya sentimiento de pérdida de ninguno de ellos.
  • Atender y verbalizar las conductas positivas: cualquier intento de ayudar o colaborar en el cuidado o en la casa. Evitar la repetición continua de que “tú eres el mayor y ella es la pequeña”. Los niños luego se dan cuenta de que la pequeña es el elemento novedoso, objeto de comparación y admiración.
  • Normalizar la vida en la medida de lo posible, hacer cosas en familia y evitar las díadas (mamá y el bebé; papá y el mayor).
  • Mantener la serenidad y ser tolerante ante las conductas disruptivas. Dar tiempo al niño a tranquilizarse y no interpretar de forma negativa sus emociones. Hay que recordar que está permitido sentir y es bueno hablar de ello, lo que no está permitido es romper, tirar, pegar..etc.
  • Dar al mayor cierto protagonismo por ser el mayor, pero que no sea siempre para aumentar la exigencia porque entonces preferirá ser pequeño.
  • Permitirle disfrutar de ciertos privilegios que conlleva el ser mayor: tomar algunas decisiones dentro de su nivel de competencia, aumentar su grado de autonomía, promocionar la colaboración y agradecérsela….
  • No olvidar que los celos son un sentimiento natural propio del ser humano y que, cuando se trata de niños pequeños es una emoción que no pueden explicar. No debemos hablar continuamente del tema y mucho menos estando los niños delante ya que puede enquistar el problema y no ayudará al niño a superarlo.
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