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Mentiras y otras mentiras

mentiras
Podría decirse que hay muchos tipos de mentiras, y la forma de medirlas varía de persona a persona. Esto se convierte en un problema enorme cuando se trata de identificar cual es la peor de todas ellas, el engaño más descarado o aquella frase que, de creérnosla, provoque más daño.

Si tuviese que definir la mentira, aunque me da un poco de pereza, creo que no basta sólo con decir que se trata de algo que no es verdad. Yo añadiría que se trata de una falsedad voluntaria, pues las cosas que no son ciertas pero dichas sin intención de engañar se llaman errores.

 

La mentira más grande

Así pues, hasta el menos avispado podrá darse cuenta que me he metido en camisa de once varas al abordar este tema tan enredado, pues para identificar a la madre de las mentiras habría que inventar un mentirómetro o un aparato semejante, y buscar todas las mentiras dichas y por decir en todos los idiomas y naciones, incluso aquellas que solo han sido pensadas y no dichas, pues estarán de acuerdo conmigo que una mentira no necesita ser pronunciada para serlo, ¿verdad?

Siendo así las cosas, ni las fortunas conjuntas de Carlos Slim y Bill Gates alcanzarían para contratar los mentirólogos suficientes que, a jornada completa, se dedicaran a evaluar y contrastar mentiras, y ni el genio del individuo más inteligente sobre la Tierra bastaría para inventar una mentira tan perfecta que derrotase a todas las demás.

¿Estamos en un callejón sin salida? Probablemente. Aunque, si me lo preguntan, resulta que, amén de todo lo argumentado y como el burro que tocó la flauta, distingo una luz al final del túnel y esa luz promete una respuesta.

Sé bien que se sentirán decepcionados (yo mismo lo estoy) con la burda solución al acertijo, pero la mentira más grande del mundo es, evidentemente y por mucho que se empeñen nuestros políticos en soltarlas cada vez más grandes, que esta pueda ser alguna vez hallada.

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Ecología y comercio

expositores de carton

 

Lo ecológico sigue siendo “trending”. Es más, yo diría que más que una moda o una forma de consumo pasajera, la preferencia por los productos respetuosos con el medio ambiente ha llegado para quedarse para siempre con nosotros. De hecho, casi un 70% de los españoles ya consumimos productos ecológicos, y esta cifra aumenta año tras año.

La conciencia adquirida acerca del cambio climático ha contribuido mucho a ello. Ahora ya sabemos que es una realidad y que tenemos la necesidad y la obligación de cambiar nuestros hábitos de consumo si queremos dejar un planeta habitable a las próximas generaciones.

Pero lo ecológico trasciende mucho más allá. No sólo se trata de productos, sino de una forma de consumo global. Y en ello también se engloban los fabricantes y las tiendas, cada día más conscientes de que los clientes demandan marcas y profesionales comprometidos con el medio ambiente tanto como ellos. Hasta en la publicidad se nota esta tendencia, con marcas y empresas destacando sus planes mediombientales y sacando partido de ello.

 

Tiendas más sostenibles

La tendencia en la actualidad, en lo que centros y locales comerciales se refiere, es una planificación que muestre claramente al usuario el compromiso medioambiental. Ya no es extraño ver mostradores fabricados con materiales reciclados o expositores de carton, estos últimos tan prácticos como biodegradables.

El diseño de los nuevos establecimientos y las reformas de los antiguos, cuando pasan por manos de diseñadores especializados en nuevo comercio, están orientados cien por cien a que el cliente note ese aire de compromiso desde que pone el pie en la puerta. Y, por supuesto, esto es un punto a favor para el aumento de las ventas.

Las opciones hoy en día son muchas y variadas. Cada año aumentan las posibilidades, como muestra el crecimiento de participación en BIOFACH, la feria mundial de alimentación ecológica. Este año fueron 3.500 expositores, 320 más que la edición anterior, llegados de 100 paises, y donde por primera vez, los dedicados al mobiliario y al desarrollo de tiendas sostenibles superó a aquellos que se dedicaban a los propios productos de consumo.

El hecho de incorporar la etiqueta “zero waste” o tienda sin residuos, es la última de las inercias en el comercio sostenible. Se trata de la utilización, para cualquier aspecto dentro del comercio, de materiales 100% reciclables y que no generen ningún tipo de residuos o basuras. Desde el mobiliario pasando por los envases y bolsas y llegando, por supuesto, hasta los productos en venta. Se estima que las ventas de tiendas zero waste han crecido casi un 70% en los últimos dos años, cifras que muestran a las claras el valor que el consumidor dá a esta tipología de comercio.

 

 

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Olvidamos rápido

sin-mascarilla

 

Si hay algo en lo que la práctica totalidad de la población de nuestro país está de acuerdo es en la necesidad de relanzar la economía. Pero a pesar de ello, yo me pregunto ¿cómo tenemos esa capacidad para, con la llegada del levantamiento del estado de alarma, olvidarnos de todos los motivos por los que hemos llegado a esta situación y de los hábitos adquiridos para salir de ella?. ¿Por qué hay mucha gente que va a cualquier sitio a cara descubierta e ignora la distancia social de la que día a día se ha hablado en todos los medios?. ¿Ya nos hemos olvidado de lo que ha supuesto esta enfermedad?, ¿de los enfermos?, ¿de los muertos?, ¿del colapso sanitario?.

La irresponsabilidad de algunos suele ser inversamente proporcional a la edad. Cuanto más jóvenes menos medidas de protección se toman. Es más que habitual ver jóvenes y adolescentes en grupos, sin respetar distancias, sin mascarillas y sin ser conscientes del riesgo en el que están poniendo a sus padres y abuelos.

 

Los rebrotes llegarán

Los números no mienten. En aquellos países en los que se han relajado las medidas de protección o incluso en aquellos en los que han sido inexistentes, el virus está actuando con más fuerza que en los que el confinamiento ha sido más duro. Son habituales las noticias en periódicos y televisión que hablan sobre los rebrotes. Y en nuestro país también existen, aunque sean menos graves. Pero si lo que queremos es seguir la senda de Brasil, Estados Unidos o Reino Unido, adelante, sigamos relajando y despreocupándonos. El otoño será duro, para echarse a temblar.

La cuestión es ¿vamos a aprender algo de la pandemia y a concienciarnos de que debemos cambiar nuestros hábitos o es más fácil creer que se trató de algo puntual que jamás volveremos a vivir y de lo que no somos cuplables? Si creemos cierta la segunda opción entonces tenemos un problema. Las pandemias son la consecuencia de una excesiva presión sobre los ecosistemas y de un mundo globalizado en el que en 24 horas un virus puede viajar, literlmente, a cualquier punto del globo.

Esta plaga la hemos provocado nosotros, los seres humanos Por nuestra forma de vivir, por exponernos a determinadas especies sin respetar lo que la propia naturaleza dicta. Por el consumo de alimentos y sustancias en pésimas condiciones de salud. Si no ponemos barreras o controlamos estos puntos, la próxima pandemia sólo es cuestión de tiempo.

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Catarsis y emociones

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El mundo no es tan complicado. En realidad está hecho para tomárselo a broma, aunque convivir con otros lo enreda un poco. Para colmo, está el hecho de que llevamos dentro un manojo de ideas que no se llevan bien unas con otras. Y a menos que tengamos la inteligencia de un mosquito y solo tres ideas en la cabeza: Alimentarnos, reproducirnos y evitar que alguien nos aplaste, el resultado suele ser la infelicidad. Infelicidad generalizada, que esto no es cosa de uno solo.

Aunque, pensándolo bien, hay algún que otro mosquito a quien le caería bien una visita al psicoanalista: ¿Comer primero o reproducirse? ¿Huir o dejarse aplastar para terminar de una vez por todas con su insignificante vida? Y si la vida de nuestro hipotético mosquito resulta complicada, ¿Qué podemos decir de la nuestra? Quizás mejor sea no pensarlo demasiado

Claro, hay mosquitos que tienen sus prioridades en la vida bien claras y no andan lloriqueando por los rincones como algunos de nosotros. Podríamos aprender un par de cosas de ellos. Razonar al estilo mosquito requeriría, en primer lugar, tirar por la borda  toda la basura que nos mete en conflictos (hacer catarsis). Luego, libres de esos pensamientos incómodos, volar ligeros en busca de un buen festín, o de la dueña de nuestros zumbidos.

De la muerte no hemos de preocuparnos mucho, pues nos llegará pronto por causas naturales o tan repentinamente que no tendremos tiempo de ver pasar la vida frente a nuestros ojos. Un sólido golpe con una revista hecha rollo y descender exánimes al suelo donde, con surte, alguien barrerá nuestros despojos.

…pero somos humanos y eso lo complica todo. No nos basta con vivir en el mundo sino que hemos de cambiarlo y, desde niños, nos enseñan que tenemos un destino que cumplir. Lo difícil es hallarlo.

No conozco a un solo mosquito que sienta envidia de los hombres, pero hay miles de personas que, sabiéndolo o no, añoran la simplicidad de una vida plena y simple, aunque sea breve como la de un mosquito o inconcebiblemente larga como la de algunas tortugas.

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La resiliencia, el arte de aprender de las malas experiencias

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Seguro que a lo largo de nuestra vida todos nosotros hemos conocido u oído testimonios de personas que a pesar de haber vivido situaciones adversas o altamente estresantes que suponían un importante cambio en sus vidas como perder a un ser querido, padecer una enfermedad, sufrir una ruptura sentimental o perder su trabajo han conseguido adaptarse a los cambios. Es decir, encajarlos, superarlos y seguir viviendo incluso a un nivel superior, como si hubieran aprendido y crecido a partir de esa experiencia. A este tipo de personas se las conoce como resilientes.

Pero, ¿qué es exactamente la resiliencia? ¿Qué características tiene una persona resiliente? ¿Qué diferencia a una persona resiliente de la que no lo es? ¿Se nace siendo resiliente o se puede aprender a serlo?

La resiliencia se define como la capacidad que tienen las personas para atravesar situaciones difíciles y condiciones adversas, superarlas y salir fortalecidas de ellas. Cabe destacar que ser resiliente no significa no sentir malestar, tristeza, culpa, ira o confusión ante las adversidades, sino experimentar estas emociones sin dejar que se vuelvan permanentes o que le sobrepasen. La investigación ha demostrado que las personas resilientes conciben y afrontan la vida de un modo más optimista, entusiasta y enérgico. Son personas curiosas y abiertas a nuevas experiencias caracterizadas por experimentar un mayor número de emociones positivas. Y si bien podría pensarse que estas personas experimentan emociones positivas por el hecho de ser resilientes, se ha visto que estas utilizan las emociones positivas como estrategia de afrontamiento ante las situaciones adversas.

Por el contrario, las personas no resilientes atribuyen las dificultades a los demás, a la mala suerte o a la injusticia, de forma que no dan ningún paso para superarlas. Son personas más inflexibles a las que les cuesta adaptarse a los cambios constantes. Normalmente, no confían en sus propios recursos para superar las dificultades, por lo que consideran los problemas como amenazas con las que hay que acabar lo antes posible. Asimismo, dejan que sus emociones les embarguen impidiéndoles pensar de forma realista.

 

Cómo conseguir potenciar tu resiliencia

Mejorar las relaciones sociales: Dedicar tiempo a las amistades y tener buenas relaciones familiares con las que se pueda contar cuando se encuentre en una situación difícil.

Usar un pensamiento constructivo: Ante una dificultad, pararse a pensar: ¿Cuál es el problema? ¿Qué puedo hacer para mejorar esta situación? ¿Qué consideraría un resultado satisfactorio? Es importante interpretar las situaciones de forma realista. Es decir, no ver los problemas o las crisis como catástrofes terribles e insoportables que durarán para siempre, sino como retos a superar. Del mismo modo, nos ayudaría tener una perspectiva amplia y flexible a la hora de buscar posibles soluciones.

Plantearse metas y objetivos aceptando la realidad: Las metas establecidas deben ser realistas, pues quién se niega a aceptar la realidad nunca podrá cambiarla. Por ejemplo, ante una situación irreversible como perder a un ser querido o padecer una enfermedad crónica, la solución no puede consistir en salir de esa situación. Sería importante que empezáramos a considerar que hay situaciones que no podemos cambiar, o que de hacerlo, se necesita algún tiempo para observar los cambios. En estos casos es importante dar pequeños pasos en la dirección hacia la que se desea avanzar.

Actuar: Una vez elegidas las posibles soluciones u objetivos a conseguir es hora de actuar. No importa que al principio no se obtengan los resultados esperados, aunque si la situación se prolonga en el tiempo sería conveniente analizar qué cosas se están haciendo mal o qué más se podría hacer, y cambiar la estrategia.

Confiar en uno mismo: A veces un problema parece tan difícil de resolver que pensamos que será imposible hacerlo. Este modo de pensar puede conducir a un sentimiento de impotencia o indefensión, haciéndonos creer que no hay nada que nosotros podamos hacer para cambiar la situación en la que nos encontramos. Para evitar sumirse en esos sentimientos de desesperanza, resulta esencial confiar en las capacidades y recursos propios para hacer frente a las dificultades.

Ser optimista: Implica esperar que ocurran cosas buenas en su vida. Creer que eres capaz de controlar tu vida y llevar a cabo los cambios necesarios para que la situación mejore en el futuro.

Aprender de las adversidades: Por supuesto, a nadie le gusta que ocurran cosas malas, pero si ocurren, al menos pueden aprovecharse para aprender algo de ellas. Esto es posible si los problemas o las crisis se conciben como retos que se presentan en la vida y que empujan a sacar lo mejor de uno mismo, a ser fuerte, a pensar y buscar soluciones, a actuar. A menudo nos obligan a cambiar la forma en la que percibimos, haciendo que seamos más flexibles, maduros y realistas. También puede ocurrir que tras situaciones altamente estresantes, las personas cambien su sistema de valores o sus prioridades valorando en mayor medida a las personas que les rodean.

Entrenar la resiliencia no es fácil, implica experimentar malestar, estrés y hacer un esfuerzo consciente para cambiar formas de percibir, pensar y actuar. No obstante, con un poco de práctica y esfuerzo se puede afrontar las situaciones difíciles y aprender de ellas.

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Meriendas fáciles y bajas en calorías

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Muchos de nosotros pensamos que salteándonos alguna de las comidas, lograremos bajar de peso. Por las tardes es común sentir hambre y ganas de comer algo dulce, es tal vez una de las partes más difíciles de las dietas. Lo que hay que evitar es que, en ese momento concreto, dé ansiedad de ingerir golosinas, dulces o bizcochos. Igualmente evitar la merienda es un error, los especialistas aconsejan que hay que respetar cinco comidas al día y para cumplir con la merienda, te dejo algunas ideas fáciles y sanas que contribuyen a tu salud.

Con la merienda le aseguras a tu cuerpo los nutrientes que necesita, como calcio, proteínas y vitaminas. Si meriendas correctamente, a la hora de la cena llegarás con menos hambre y evitarás comer en forma impulsiva alimentos poco saludables. Como dije, es importante hacer todas las comidas porque favorece el funcionamiento del metabolismo, lo que significa un mayor gasto de calorías. A través del diseño de una dieta acorde a tu cuerpo, puedes distribuir los distintos nutrientes en las diferentes comidas para no pasar hambre y tendrás energía todo el día.

 

Algunos alimentos fáciles de conseguir

Opta por fruta fresca, una manzana o un plátano es muy fácil de llevar por ejemplo al trabajo y es una forma de amortiguar ese deseo de comer por las tardes. Los frutos secos también aportan beneficios, recomendado principalmente para quienes trabajan haciendo un gran desgaste mental, o para quienes después del trabajo van al gimnasio.

Aquí es importante no pasarse de la porción porque aportan muchas calorías. Algunos ejemplos son 3 o 4 nueces que hacen bien para controlar el colesterol, de 6 a 8 almendras que aportan proteínas, ciruelas, pasas secas que son más sanas que las dulces y con menos valor calórico.

También se puede acudir a las galletas o barritas integrales, también a las galletas de arroz o galletitas tipo María con una porción de 3 o 4 por persona. Aunque parezca mentira, los chocolates no están del todo desaconsejados para la merienda por tener propiedades antioxidantes. Si se come con moderación, de chocolate negro se permite comer hasta dos onzas, pero no todos los días.

Otra opción para combinar pueden ser los yogures desnatados o los batidos que aportan proteína y calcio a la dieta. Si no, siempre puedes tomar té con edulcorante. Eso sí, conviene dejar de lado el café y los zumos no naturales, pues contienen muchos elementos artificiales en su composición, como conservantes, colorantes y saborizantes.

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La furia y el éxito

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Es incómodo tener que admitirlo, pero somos seres iracundos por naturaleza.

De niño alguien me inculcó en la memoria que el que se enfada pierde, así que procuraba no enfurecerme y aún así perdía. Luego intenté competir furioso y el resultado fue el mismo. Claro, no siempre fracasaba, pero comencé a darme cuenta que la furia y el éxito tienen poco que ver.

Basta fijarse en cómo hablamos: “Este tipo tiene coraje” o “luchó con furia y venció”. Por otra parte, se asocia al miedo con la derrota y a la falta de arrojo con la cobardía y la ausencia de logros.

 

Valentía y miedo. Inteligencia y perseverancia.

En la fantasía (y en la historia), los héroes siempre son valientes, intrépidos, llenos de coraje y a veces bravucones. Los derrotados tienen miedo, dudan, huyen y se esconden. Eso ha sido siempre así.

Pero estos arquetipos de la era de las cavernas se están derrumbando. Los machos alfa podrán gustarles aún a las chicas pero, independientemente de ello, golpearse el pecho como un gorila o intimidar a los demás con despliegues de fuerza ya resulta anticuado, por no decir ridículo.

Estamos en la era de la inteligencia, de la serenidad, de la perseverancia. Vale más un tipo reflexivo y dedicado que diez heroicos gigantes con músculos como montañas, bañados en sudor y sangre y con la espada en todo lo alto.

…y la relación entre el enojo y el éxito (o el fracaso) solo tiene validez si esto influye sobre la razón, una situación que a veces sugiere la búsqueda de ayuda profesional.

El valor, pues, se ha ido redefiniendo y aunque los chicos (y algunas chicas) seguirán usando los puños, en el mundo adulto los valientes pueden ser sujetos como Einstein o Stephen Hawking o Spinoza, que han conquistado no solo mundos, sino universos enteros con la asombrosa fuerza de sus cerebros y, en muchos casos, sin levantarse de la silla.

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La cosmética natural es tendencia

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Cuando se trata de cuidar la piel y conseguir los productos correctos que no solo la protejan, sino que también aporten beneficios para la salud, son muchos los reclamos que los laboratorios introducen en las etiquetas. No es difícil poder leer en la mayoría de los productos palabras o frases como: natural, orgánico, libre de parabenos, ecológico o sin componentes químicos. Pero la realidad es que luego, es difícil encontrar cremas y maquillajes que realmente puedan catalogarse como cosméticos naturales.

Uno de los mayores errores que los consumidores cometemos es diferenciar correctamente entre ciertos conceptos. Un producto puede ser natural y orgánico, pero no todos los productos naturales son orgánicos. Me atrevería a decir que solo un pequeño porcentaje de ellos lo son. Es importante, de cara a garantizar un cuidado integral de la piel, saber elegir correctamente los cosméticos que utilizamos y saber diferenciarlos por sus características y componentes.

Los principales fabricantes y laboratorios de productos cosméticos ya se han dado cuenta de que los consumidores tienden ya mayormente a la búsqueda de productos naturales y orgánicos. Por desgracia, en muchos casos algunos de estos laboratorios, sin cambiar ni un ápice la formulación, introducen las palabras clave mágicas en sus etiquetas (natural, orgánico…) y esperan que esto sea suficiente para aumentar sus ventas. Obviamente esto es una práctica del todo censurable.

 

¿Qué significa realmente orgánico?

Un producto se puede declarar orgánico cuando cumple con la certificación de que todos sus ingredientes se cultivaron sin pesticidas o fertilizantes a base de petróleo, que no fueron modificados genéticamente y que en ningún caso podrían ser tóxicos para el medio ambiente. Además, estos ingredientes se debieron cultivaron utilizando métodos de agricultura orgánica que reciclan las fuentes y promueven la biodiversidad. Los productos naturales se derivan simplemente de fuentes naturales sin añadir compuestos sintéticos.

Cuando los ingredientes son naturales y orgánicos, todo tiene un aroma natural. Asegúrate de que las cremas y aceites esenciales que compres estén hechas con frutas y plantas reales, nunca de imitación o derivados. Después de unas semanas, podrás notar perfectamente la diferencia entre una perfume de imitación y una fragancia natural y nunca querrás volver a cambiarlas. Pero ojo, el hecho de que los productos tengan un aroma natural no significa que haya menos posibilidades de provocar irritaciones, ya que los ingredientes naturales pueden provocar alergias de la misma manera. Si eres propenso a los brotes, lo mejor es probar el producto en una pequeña zona de la piel antes de usarlo en todo el cuerpo.

En algunas ocasiones puede pensarse que el uso de productos naturales y orgánicos tiene un coste económico superior al de los cosméticos tradicionales. Pero esto no tiene por que ser así si lo miramos a largo plazo. De hecho, la mayoría de productos naturales tienen un menor coste que las marcas premium de cosmética. Obviamente, no estamos hablando de productos low cost, pero el precio que pagamos realmente lo merece. Además, la duración por envase suele ser superior ya que con menos producto se consiguen mejores resultados que con más cantidad de cosméticos químicos.

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¿Te la juegas con las dietas rápidas?

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Perder peso para conseguir llegar a tu peso ideal exige un esfuerzo que en ocasiones puede ser considerable. Es por este motivo que muchas personas, bien sea por tiempo, bien por falta de ganas, acuden a las llamadas “dietas rápidas”, a veces conocidas también como “dietas milagro”. Pero la pregunta que nos hacemos muchos es ¿funcionan estas dietas?

Las dietas rápidas, como indica su nombre, consiguen una bajada de peso más o menos importante y a corto plazo. No obstante, esa bajada de peso se debe sobre todo a la pérdida de la masa muscular, dado que prácticamente todas las dietas rápidas se centran en eliminar mucho líquido de forma rápida (por ejemplo, a base de diuréticos y/o con un consumo de calorías muy bajo), por lo que, además de resultar peligroso, esos regímenes “milagro” reducen precisamente lo que deberíamos mantener, que es el músculo.

 

Dudas frecuentes sobre las fiestas rápidas

¿Recuperaré peso después de una de estas dietas? Pues la respuesta a esta pregunta es que sí.

Y te digo que sí por la presencia del efecto rebote (o efecto yo-yo). Explicándolo un poco mejor, el efecto “yo-yo” se basa en las dietas del tipo “semi-ayuno”, o muy bajas en calorías, que lo que provocan en el cuerpo es una tendencia claramente contradictoria en esto de perder peso, promoviendo un incremento en el apetito o un cambio en el metabolismo que nos haga quemar menos grasas. Estos cambios metabólicos hacen que cuando dejamos la dieta el cuerpo empieza a cumular rápidamente de nuevo grasas para crear “reservas” por si vuelven a faltar calorías en el futuro.

¿Cómo sé si una dieta se considera como “rápida”? Pues la verdad es que no es difícil de ver. Determinados signos demuestran cuando una dieta saludable deja de serlo, entre las más comunes:

  • Dietas que aseguran una pérdida de peso por encima de los 5 o 6 kilos por mes.
  • Dietas que se basan en estudios de “renombrados” doctores y/o en descubrimientos de dudosa veracidad.
  • Dietas que prometan perder peso en muy pocas semanas o incluso en algunos días.
  • Dietas anunciadas como “100% seguras”, con “x certificado de calidad del instituto x”.
  • Dietas centradas únicamente (o casi) en un tipo de alimento y/o en un componente alimenticio (como las proteínas).

Pero especialmente, uno de los rasgos que comparten todas las dietas milagro es el de la facilidad. Con estas dietas parece que todo es fácil, hasta en la difícil labor de perder peso, que cualquier persona que se lo haya tomado un poco en serio podrá dar su opinión, todo se puede llevar de forma muy fácil y sin ningún esfuerzo; lo de “perder peso se puede lograr sin esfuerzo” hace décadas que nadie se lo cree.

Por si fuera poco, existen otros dos trastornos que se asocian con frecuencia a las dietas rápidas; tanto la bulimia como la anorexia provienen muchas veces de estos regímenes alimenticios.

En conclusión, perder peso es una dura labor que requiere esfuerzo, sacrificio y control de los alimentos que ingerimos. Cualquier método o dieta que asegure perder tantos kilos en tan poco tiempo solo resultará un peligro más añadido para nuestra salud, y únicamente va a conseguir resultados a corto plazo.

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Me encantan las biografías

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Soy un entusiasta lector de biografías y no me importa si son noveladas o históricas. Incluso, disfruto de las autobiografías, aunque en este caso hay que leer entre líneas para descubrir algunas cosas que el autor se calla por pudor o por el simple deseo de ocultar sus defectos.

La razón de mi afición a las biografías (he leído cientos) tal vez se oculte detrás de un oscuro voyeurismo o, quiero pensarlo así, del deseo de aprender cómo es que esos importantes personajes llegaron a obtener logros tan marcados, no importa si se trata de un músico de rock o de un científico, un escritor o un caudillo revolucionario.

Lo cierto es que siempre me parecen apasionantes. Aportan puntos de vista distintos del que uno puede tener de muchas concepciones de la vida misma. En ocasiones sirven para hacerte ver cosas que, hasta ese preciso momento, nunca te habrías terminado de plantear.

 

Aprender de las biografías

Claro, nadie experimenta en cabeza ajena como dice el dicho y leer la biografía de Miguel Ángel no nos convertirá en soberbios escultores, arquitectos o pintores pero, al menos a mí, me resultan lecturas inspiradoras. Descubrir los rasgos de carácter que hicieron a Leonardo Da Vinci un hombre universal, o saber cómo Santiago Ramón y Cajal venció los inconvenientes que le planteó la vida hasta convertirse en un científico que será recordado por siempre me estimula, me entusiasma, me divierte y, al mismo tiempo, se alzan como una fuente de inspiración.

Claro, no todas las biografías son reflejos del éxito. Las hay tristes y con finales trágicos, como la de Van Gogh. Pero asomarse a otra vida además de la nuestra nos enseña siempre algo.

A veces, cuando la biografía es buena, es como sentarse a tomar una larga taza de café con alguien prodigioso y escuchar de sus propios labios cómo fue su vida, desde el nacimiento hasta la muerte. No se nos permite hablar ni hacer preguntas, pero con frecuencia él o ella se adelanta nuestras dudas y, tras estrechar su mano y despedirnos, somos otros, sutilmente diferentes y, con frecuencia, mejores.

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