Vida en Salamanca
Cuento, opino y comparto. Por Fernando B.
 
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Obesidad, el qué y el cómo

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Cada persona tiene un peso ideal según su altura, logrando un equilibrio en su estructura corporal. Si tenemos algunos kilos de más tendremos sobrepeso, ubicándose el IMC (índice de masa corporal) entre 25 y 30 puntos en la escala. En caso de que supere el valor 30 estaremos hablando de obesidad. Dependiendo del índice obtenido tendrá mayor o menor gravedad.

La obesidad implica que hay un exceso de grasa corporal en el cuerpo, la misma puede estar distribuida a lo largo de toda la silueta o concentrarse en algunos sectores, como el abdomen o las piernas. La disposición de la grasa corporal en exceso varía según el sexo y cada persona.

 

Causas de la obesidad

Este problema de salud tiene múltiples causas, pero se basan en el desequilibrio que se establece entre el consumo de alimentos y el gasto de energía. Los alimentos que consumimos con cada ingesta nos aportan energía que el cuerpo utilizará para sus funciones vitales. La energía es fundamental para permitirle a nuestro cuerpo realizar todas las actividades que requiramos a lo largo del día. No podemos vivir sin alimentarnos, ya que la energía que nos aportan los alimentos es fundamental, al igual que ciertos nutrientes que nuestro cuerpo no puedo fabricar.

El otro aspecto a considerar es el egreso de energía, ya que no todas las personas tienen el mismo nivel de actividad, ni realizan la misma actividad física. Cuanta mayor cantidad de deporte realiza una persona mayor margen para consumir alimentos tendrá, posibilitando mantener un equilibrio energético a largo plazo de forma saludable. El aumentar la actividad física que realizamos todos los días, nos habilitará a ingerir algunos alimentos más a la semana, especialmente aquellos que nos gustan.

La obesidad también tiene un componente genético, es decir hay personas que por su carga genética heredada de sus padres tendrá una predisposición a acumular una mayor proporción de grasa corporal. Pero no tiene que verse como un determinante que no puede modificarse. Nuestra actitud frente al alimento, y nuestro entorno influyen en nuestros hábitos alimenticios. No hay que perder de vista al entorno en el que estemos. Si nuestra familia como una gran cantidad de alimentos poco saludables, es probable que nosotros también tengamos ese hábito adquirido, pero los mismos pueden modificarse. Es importante tener en cuenta este aspecto, para ver que enseñanza le estamos dando a nuestros hijos y familiares, qué tipo de hábitos estamos inculcando en ellos para su futuro.

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