Vida en Salamanca
Cuento, opino y comparto. Por Fernando B.
 
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La comunicación en la nueva educación

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Un aspecto que se vuelve fundamental a la hora de establecer relaciones productivas en el ámbito educativo es la comunicación. Y no me refiero únicamente a comunicación entre profesor y alumno, sino entre todos los actores que forman parte de la educación de un estudiante: profesor, estudiante, familia, dirección del centro, psicólogos….

Pero con el problema que surgió a partir del pasado mes de marzo cuando el Covid-19 irrumpió en nuestras vistas, esta comunicación se ha visto afectada y cambió por completo. El contacto presencial se esfumó de un instante a otro y todo se convirtió en videollamadas, intercambio de correos electrónicos y llamadas de teléfono.

Sin duda, este cambio de paradigma supone una revolución y un reto para los agentes educativos actuales. Sobre todo, teniendo en cuenta que es algo impuesto por naturaleza y no desarrollado de forma programada.

 

Evitar la brecha emocional con el apoyo de las familias

Los profesores, durante el tiempo de confinamiento y los últimos meses de curso han cambiado el entorno de clase por el virtual. Para esto se ha hecho imprescindible el apoyo de la familia como parte necesaria en el proceso educativo. Quizás nunca hasta ahora, los familiares tuvieron un papel tan importante en la formación de los estudiantes.

La pandemia ha posibilitado que los docentes hayan entrado en el entorno familiar, conociendo ciertos detalles de como la familia es capaz de gestionar las obligaciones estudiantiles de los más jóvenes. La implicación familiar se volvió fundamental y, en general, se respondió bien, aunque claro está que siempre surgen excepciones.

En algunos centros educativos se creó la figura del padre delegado, una persona que coordinaba las necesidades del grupo de padres para trasladarlas a los profesores, consiguiendo de esta forma una organización más eficaz y facilitando un correcto flujo de información en ambos sentidos. Quizás esta coordinación haya nacido para quedarse y poco a poco se extienda por más ciudades y comunidades.

Por otra parte, otro de los desafíos ha sido conseguir que la interacción entre alumnos, que también se ha visto resentida por la situación, se retomase de la forma más productiva. De igual forma podría decirse de la interacción entre profesores, que también se vió afectada por la falta de contacto físico.

Se debe aprovechar esta oportunidad para sentar bases que puedan resultar necesarias en la educación del futuro. No dejemos todas estas dinámicas y formas de trabajar diferentes se pierdan una vez que vuelva la “normalidad” (si es que vuelve como tal). Se ha avanzado en modelos educativos con mucho potencial y no nos podemos permitir dar un paso atrás.

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