Vida en Salamanca
Cuento, opino y comparto. Por Fernando B.
 
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Belleza y psique

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Es más que curioso el concepto de belleza y cómo nuestro cerebro la almacena. Cómo nuestro cerebro almacena que un alma, una esencia, puede ser preciosa y olvida lo que también fué.

Seguramente habreis recordado, más de una vez, lo precioso que era un gesto, los ojos y sus miradas, el pelo y su movimiento… un sinfín de aspectos de una persona querida que ya no podemos ver, fallecida, con la que perdimos el contacto… etc. Obviamente ocurre lo mismo con una situación, un paisaje o, incluso, unas palabras.

Lo que más me asombra es la facilidad por escoger de un cerebro humano. Cuando recordamos a alguien querido y ampliamos a recordar todo lo anteriormente citado, es como si olvidásemos las cosas no tan buenas e incluso malas que podría tener esa persona o situación. Esta característica es el mayor error psicológico humano que veo, una vez me paro a pensarlo.

 

Olvidar lo malo

Se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y debemos ese segundo golpe, tercero y cuarto, a que olvidamos en mayor o menor medida lo que no nos gusta o nos ha hecho daño. Si realmente fuésemos neutrales frente a nuestros pensamientos todo sería mucho más fácil y no nos daríamos tantas veces con la nariz en el suelo, pero sin embargo… siempre hay un “pero” enorme.

Yo no quiero recordar lo malo y, muy a mi pesar por X razones que no vienen a cuento, lo hago muy a menudo. Quiero recordar a una persona como lo preciosa que era, lo simpática y lo que nos hacía reir a todos y, a su vez, olvidar por qué nos hemos alejado o las cosas malas que han pasado entre nosotros. Quiero recordar una situación y un paisaje por lo feliz que me hicieron y no por lo que pasó despues o lo que perdí en ese sitio.

Sin embargo, “me entrené” para dejar de olvidarlo y, ahora, soy mucho menos feliz y agradable, menos simpático y más tímido. Recuerdo con más facilidad lo malo que he hecho, que he dicho, que he ocasionado y… en ocasiones… me siento cual rata. Por ello me encuentro en el dilema de si he perdido felicidad o la he alcanzado, ya que puedo sentirme menos feliz pero a la vez menos “malo”, con lo que pongo menos piedras en el camino.

Lo único que sé, es que si antes me arriesgaba poco, ahora me arriesgo menos y… es algo que sí es digno de echar de menos.

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