Vida en Salamanca
Cuento, opino y comparto. Por Fernando B.
 
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El interés por la lectura

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Este tema me ha estado dando vueltas en la cabeza desde hace algunos días, y lo único que he conseguido es entristecerme cada vez más. No leemos lo suficiente, y esto trae consigo una cadena de consecuencias como una hilera de fichas de dominó donde una hace caer a la siguiente y así sucesivamente.

No se trata solamente de que leamos poco, sino de qué leemos: ¿las actualizaciones de Twitter o de Facebook?, ¿cómics? ¿revistas o el periódico en el mejor de los casos? La mayor parte de las veces se trata de palabras efímeras, inocuas para el intelecto. No digo que debamos leernos la Enciclopedia Británica de la A a la Z, ni tratados de física cuántica, pero sí obras de calidad, que dejen una huella positiva en nuestros cerebros, en nuestras mentes y en nuestra actitud ante la vida.

Hemos pasado una temporada de confinamiento que habría sido ideal para recuperar la pasión por los libros. Cientos de horas muertas que nos habrían permitido sumergirnos en nuevas historias. Pero la mayoría de las personas han preferido las pantallas a las hojas de papel.

 

¿Cómo se desarrolla la afición a la lectura?

Nadie sabe de dónde proviene el gusto por la lectura. Uno puede criarse en un hogar de padres lectores y detestarla, o convertirse en un lector voraz. En algún lado leí (y resulta absolutamente lógico) que quienes crecen en un hogar con libros tienen más probabilidades de convertirse en lectores, pero no siempre es el caso.

Tal vez esté equivocado, pero creo que la clave está en que el primer libro que tengamos en la mano sea el correcto. En mi caso fue una novela de Emilio Salgari titulada El filtro de los califas y, para un niño de poco más de diez años, resultó el desencadenante de una fiebre por la lectura que no se ha apagado jamás. Ya había leído otros libros con anterioridad, pero me dejaban indiferente. Este, sin embargo, se convirtió en el inicio de una cadena que ya contiene miles de eslabones.

Creo firmemente que solo un país donde la gente lee buenos libros puede ser libre, no solo porque estos abaten la ignorancia, sino porque siembran ideas, y estas se transforman en ambiciones, y con el tiempo se convierten en hechos, en realidades, en obras tangibles.

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