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Facultad6

Tres lecciones que aprendí de un bibliotecario de referencia

Traducción: JAVIER DOWDELL (2016)

(Lauren (2016): “3 Lesson I Learned from a Reference Librarian”. HLS)

 

Bibliotecario de referencia: bibliotecario empleado en un departamento de referencia y que es responsable de ofrecer información útil en respuesta a las cuestiones que le formulen los usuarios de la biblioteca.

La biblioteconomía de referencia está bien arraigada en todas las áreas del campo. Ya te encargues de sistemas, servicios para los jóvenes, servicios de acceso, tecnología adaptativa o archivos, es muy probable que los usuarios acudan a ti en busca de respuestas. Y aunque puede que no lo sepamos todo, al menos debemos saber dónde encontrarlo.

Una de mis clases de este semestre es un curso centrado en la referencia. Uno de nuestros encargos recientes consistía en convertirnos en la sombra de un bibliotecario de referencia y seguirle a todas partes para comprender mejor el proceso. Al tener experiencia en el área de la circulación y de los servicios públicos, pensé que no sería muy difícil. Sin embargo, terminé aprendiendo mucho más de lo que esperaba.

Lección 1: La transición hacia los recursos electrónicos está ocurriendo de verdad.

Elegí seguir de cerca a un bibliotecario de la Universidad de Marymount, una pequeña institución privada situada en Arlington, en el estado de Virginia. Cuando llegué, el bibliotecario estaba ayudando a un miembro de la facultad a acceder a un libro electrónico. La comunidad de Marymount en particular prefiere los recursos electrónicos en casi cualquier disciplina. Tienen bases de datos, libros de textos y guías temáticas integradas en sus programas de una manera tan completa que se están planteando eliminar una porción significativa de su colección física de referencia con el objetivo de disponer de más espacio para lugares comunes de estudio.

Hablamos mucho sobre cómo se prefieren cada vez más los recursos electrónicos, especialmente en las librerías académicas, para facilitar la portabilidad y el acceso fuera del campus. Personalmente, nunca he visto recursos electrónicos integrados de una manera tan completa en una comunidad, lo cual afecta directamente a las interacciones con el bibliotecario de referencia. En vez de desplazarse  hasta  las estanterías con un usuario para encontrar un libro, los bibliotecarios de Marymount indican a los estudiantes y a toda la facultad cómo utilizar las bases de datos y las guías temáticas casi exclusivamente para responder preguntas de referencia. Solo hace cuatro años que trabajé por última vez en una biblioteca académica, pero incluso entonces los recursos electrónicos eran normalmente de menor importancia que los libros físicos. A este respecto, puede que Marymount esté a la cabeza.

Lección 2: Las interacciones con el bibliotecario de referencia no tienen lugar solo tras el mostrador.

Otro aspecto de Marymount que me sorprendió fue la cantidad de tiempo de clase que los bibliotecarios tienen con los alumnos. A cada uno se le asigna un área y se reúnen a menudo con clases, especialmente con cursos introductorios y seminarios, para enseñarles acerca de las bases de datos y las guías temáticas disponibles para que se sirvan en sus investigaciones. A mí esto me pareció un ejemplo clásico e ideal de «enseña a un hombre a pescar»: haz que un gran número de alumnos  se familiaricen con los recursos que tienes para ofrecer para que puedan encontrarlos y utilizarlos cuando los necesiten. Consecuentemente, los tipos de preguntas que se formularon en el mostrador de referencia mientras yo estaba allí se limitaron a «¿Tiene algún bolígrafo/lápiz/tijeras/celo» o «¿La biblioteca tiene este libro?» Aunque los bibliotecarios referencistas aún reciben preguntas de referencia en su lugar de trabajo, a través de chat o por email, la cantidad de tiempo que pasan en el aula cambia la dinámica clásica de la referencia.

Lección 3: Si te sientas tras el mostrador de referencia, la gente asumirá que sabes cosas.

Había momentos en los que el bibliotecario al que seguía estaba respondiendo preguntas de los alumnos —ayudándoles a imprimir o acceder a sus cuentas— y yo me quedaba solo tras el mostrador. Mientras tomaba notas diligentemente sobre mis observaciones, me di cuenta de que la gente me hacía preguntas a mí. La primera vez me pidieron las tijeras, y tras asaltar varios cajones, cumplí alegremente con mi cometido. A otros tenía que enviarlos al mostrador de circulación y explicar, incómodamente, que yo no trabajaba allí. Realmente, me sorprendió que los estudiantes confiaran en mí tan incondicionalmente, solo porque estaba sentado tras el mostrador. Desde luego, es una gran responsabilidad ser la puerta por la que los usuarios acceden a la información. Aunque en el pasado había contemplado este aspecto de la biblioteconomía de manera más indiferente, ahora tengo un mayor entendimiento y respeto por él.

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