Blog de Antonia Durán Ayago
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Segundo semestre

Hoy comenzamos las clases del segundo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca. Acompañados por una tensa calma, pues aunque los contagios han disminuido de forma importante, la alerta debe mantenerse, porque esto no se ha acabado. Desgraciadamente.

Hoy comenzamos el quinto curso de la Clínica Jurídica de Acción Social. Es increíble que hayan pasado ya cinco años… Este curso incorporamos algunas apuestas comunes a las líneas de actuación, como son el Club de lectura y los vídeo-fórum. Hemos tenido que hacer ajustes para adaptarnos a la situación, pero estoy convencida de que al final el resultado será bueno.

En este tiempo de incertidumbres no ya sobre el futuro, sino también sobre el presente inmediato, ojalá que la Clínica pueda convertirse en un oasis en que nuestros estudiantes disfruten de todo lo que puede dar de sí el conocimiento y el compromiso social y ético. Y que se formen en el optimismo del poder hacer; en el saber para hacer. Sé que ellos pondrán todo de su parte para aprovechar la experiencia, y nosotros, profesores y profesoras que los acompañaremos en su aprendizaje-servicio, también. Orgullosos de lo que somos.

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Seguridad jurídica y autodeterminación de género

Desde que la pasada semana el Ministerio de Igualdad hiciera públicos los dos borradores de Anteproyectos de Ley elaborados sobre la base del Acuerdo de coalición progresista entre PSOE y Unidas Podemos (puntos 5.3 y 11.1), uno relativo a la ley para la igualdad de las personas LGTBI y para la no discriminación por razón de orientación sexual, identidad de género, expresión de género o características sexuales, y otro, referido a la ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans, estamos asistiendo a una explosión de opiniones dentro de una vorágine que amenaza con que perdamos la noción real sobre lo que estos borradores de leyes pretenden.

Y lo que pretenden es bien sencillo, apostar desde la legislación para conseguir que las personas LGTBI alcancen una posición de igualdad real en nuestra sociedad que en estos momentos no tienen.

Sin perjuicio de que el contenido de ambas leyes es importante, me voy a detener en el que ha propiciado más reacciones y ha supuesto un freno real a que estos dos borradores puedan llegar al Consejo de Ministros para ser aprobados como Proyectos de Ley que luego puedan debatirse y mejorarse en las Cortes Generales. En concreto, la cuestión de la autodeterminación de género y la supuesta inseguridad jurídica que consideran que puede suponer lo dispuesto en este borrador, desde cierto sector del PSOE, encabezado por la vicepresidenta, Sra. Calvo.

La autodeterminación de género el PSOE no la ha cuestionado nunca hasta ahora. La Ley 3/2007 reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas se aprobó durante un Gobierno socialista. Diez años más tarde, también fue el Grupo Socialista el que presentó la Proposición de Ley para la reforma de la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas, para permitir la rectificación registral de la mención relativa al sexo y nombre de los menores transexuales y/o trans, para modificar exigencias establecidas en el artículo 4 respecto al registro del cambio de sexo, y para posibilitar medidas para mejorar la integración de las personas extranjeras residentes en España (Boletín Oficial de las Cortes Generales el 3 de marzo de 2017) y, participó activamente en el Informe de la Ponencia elaborado sobre esta Proposición (Boletín Oficial de las Cortes Generales el 12 de marzo de 2019).

La autodeterminación de género era asumida con naturalidad y sin aparentes fisuras en el PSOE. El problema ahora manifestado parece que viene por la falta de seguridad que supondría que una persona trans compareciera ante el encargado del Registro Civil de su domicilio para manifestar que el sexo y el nombre con el que fue inscrita al nacer no se corresponden con lo que esa persona es, por lo que solicita que se adecuen a su realidad (art. 12 Anteproyecto). Sin necesitar de ningún aval. Atendiendo sólo a lo por ella manifestado. Y yo me pregunto, ¿dónde está esa inseguridad? Porque no se trata de que una persona pueda elegir qué sexo tiene. Quien dice eso es que no entiende la transexualidad. Se trata de lograr un procedimiento basado en la autodeterminación que conlleve la despatologización de la identidad trans, tal y como ha reconocido la OMS en 2018, y como han consagrado ya numerosos Estados, algunos de ellos miembros de la Unión Europea, como  Dinamarca, Malta, Irlanda, Bélgica, Luxemburgo y Portugal.

La propia Comisión Europea en un informe  sobre los procedimientos legales de reconocimiento de género y su impacto en la vida de las personas trans en la UE, publicado en junio de 2020, ha reconocido que los procedimientos basados en la autodeterminación de las personas trans, esto es, los sustentados únicamente en la voluntad de estas personas a través de una declaración ante la autoridad competente, son los que reflejan los más altos estándares de respeto de los Derechos humanos

No hay inseguridad jurídica. Hay reconocimiento de la realidad trans y la aprobación de este texto supondría una automática mejora de las condiciones en que estas personas se encuentran. El PSOE entonces debe explicar claramente qué le está llevando a frenar la tramitación de estas dos leyes. Porque nadie que conozca mínimamente el tema puede creer que tras ello haya dudas de seguridad jurídica.

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Misión cumplida

En septiembre, cuando todavía no habíamos iniciado el curso y no sabíamos lo que nos iba a deparar, ya pensaba en poner en práctica lo que ayer con éxito culminamos: https://diarium.usal.es/aduran/2020/09/04/seminarios-wiki-intercampus-reditos-de-la-experiencia-pasada/

He tenido la suerte de tener un grupo este curso en la asignatura de Derecho Internacional Privado que me ha permitido reencontrarme con lo que de verdad me apasiona. A pesar de que a muchos no los he visto en persona, hemos estado puntualmente conectados siguiendo todas las actividades docentes que he sido capaz de idear para mantenerlos motivados y contribuir a que, aún en la situación que hemos estado y estamos, una asignatura de 9 créditos pudiera asimilarse de la mejor manera posible.

Sin duda, una de las actividades estrella han sido los seminarios wiki. Hemos hecho muchas reuniones por meet, primero, y luego con los ponentes de los webinars por jitsimeet, hasta que hemos logrado concluir unos trabajos que han podido ser expuestos en abierto. Hemos cumplido expectativas, porque los estudiantes han estado motivados durante todo el curso y aunque la participación en los webinars nos ha causado estrés, por la responsabilidad para ellos y para mí que suponían, su valentía les honra y yo no tengo palabras más que de agradecimiento. Que son extensivas también a mis queridos compañeros Mamen Chéliz y Javier Carrascosa. Sin ellos, estos seminarios no hubieran sido lo mismo.

Al final, hemos conseguido llevar el conocimiento de la Mediación y la sustracción internacional de menores (https://youtu.be/JBKQTiomJbw) y de la jurisprudencia del TEDH en relación con la gestación por sustitución (https://youtu.be/wwU8YJlqIjw) más allá de las aulas. Transferencia del conocimiento hecha directamente por los estudiantes. No se puede pedir más. Ya saben el camino. Ahora, a seguir. Siempre más y mejor.

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Algo está fallando

No es obsesión. Es perplejidad. Cuando no entiendo algo, me cuestiono, me hago preguntas, leo, busco información, intento entender. Desde agosto vivo en un estado de perplejidad permanente. Cierto que lo que nos está pasando es algo complejo que no se puede afrontar desde un único ángulo. Pero lo que estamos viendo y viviendo con las autoridades que tienen algún tipo de competencia, ergo responsabilidad, para afrontar la situación es, simplemente, desolador. Asistimos a una especie de conflicto negativo de responsabilidades. La única responsabilidad que al parecer todas las autoridades tienen clara es la individual, pero claro, que vivamos un problema de salud pública y sea el ciudadano el único en el que se pone el objetivo…

Uno de los muchos ejemplos que me llevan a la perplejidad es la cerrazón de las Universidades a evitar a toda costa que los exámenes puedan hacerse on line. ¿Alguien puede entenderlo? Yo lo intento y no puedo. Argumentan que no quieren perder su esencia vinculada a la presencialidad. Y claro, en una situación como la que vivimos, que nos salgan con esto… Cuando te atreves a plantearlo a las autoridades competentes pidiendo que se nos dé esa posibilidad a los profesores que queremos hacerlo, te tachan de desleal y de cosas más graves que es preferible no decir aquí.  ¿No se dan cuenta que la salud está en juego? Repiten como un mantra que las aulas son espacios seguros, teniendo en cuenta que en algunas apenas han asistido estudiantes puede que lo hayan sido, pero un examen es otra cosa. Por muchas medidas de seguridad el riesgo 0 no existe y en esta situación tenemos que intentar por todos los medios reducir el riesgo.

Por otro lado, nos dicen que además de examinar en las aulas, tenemos que hacer al mismo tiempo si es posible, exámenes on line a los que por motivos de salud no puedan desplazarse. Todo sencillo y lógico. Es lo que tiene la semipresencialidad a la que nos ha llevado al menos en mi Facultad el lema de la presencialidad segura.

La Universidad dice que mantendrá los exámenes presenciales hasta que la Junta no le diga otra cosa. La Junta pide el confinamiento domiciliario al Gobierno del Estado, pero no dice nada acerca de esta cuestión en la que tiene competencia y el Gobierno… No sé, a dónde mira el Gobierno. Así que así estamos asistiendo perplejos a la hipérbole de la sinrazón.

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Rutinas

Una de las cosas que con contundencia nos ha mostrado la pandemia es que estamos hechos de rutinas. Tan poderosas que a duras penas sabemos reaccionar cuando estas han de cambiar por las circunstancias. Lo rutinario constituye nuestra zona de confort. Mejor lo que ya conocemos, a lo que nos hemos adaptado y acostumbrado con el paso del tiempo que introducir cambios, variantes que vete a tú a saber si pueden conducirnos al abismo (ironía). Nos cuesta cambiar, es obvio. Estamos como estamos y apenas han variado las rutinas de lo que solemos hacer por estas fechas. Invariables, repetimos lo que conocemos. Son nuestras rutinas y nos cuesta mucho separarnos de ellas.

La capacidad de adaptación a las circunstancias es un signo de inteligencia. También de resiliencia. Pero en esta pandemia se ha optado, en líneas generales, por resistir en vez de por introducir cambios que nos lleven a un escenario mejor de lo que conocemos tras superar este bache. Nos hemos apoltronado en las rutinas. Y me parece que esto está siendo un error. Intentar mantener la cadencia de la normalidad, haciendo las mismas cosas, cuando estamos en un escenario complejo que cuando lo superemos nos llevará a un sitio que no era en el que estábamos cuando empezó la pesadilla.

Aprecio este estatismo con nitidez en la Universidad. Algunas se han confabulado para seguir haciendo lo mismo que se venía haciendo, sin tener en cuenta el cambio tan profundo que la situación que vivimos va a provocar en todo el sistema de enseñanza universitario. Nos hemos parapetado en nuestras rutinas. Queremos resistir. No hemos sido capaces de reinventarnos durante este periodo. Con todo lo que eso supone. Impropio de un sistema aparentemente basado en la inteligencia que en vez de proponer nuevas metodologías que se adapten a la situación, garantizando el menor movimiento posible de estudiantes y profesores para contener en lo que se pueda el virus, se haya primado la rutina (y la economía). Es un sistema trasnochado, que quedará anticuado cuando salgamos de esta. Lo peor es que aquellas Universidades que no hayan siquiera detectado la necesidad de cambio, habrán quedado obsoletas. En sus rutinas.

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Sin título

Cuando comenzó 2020 nada hacía presagiar este final. Las buenas intenciones de cada año nos acompañaban, añadida además la creencia de que iniciábamos un año redondo, por lo de 20 20. Un cambio de década en el que nada vaticinaba lo que había de venir. Desde marzo hasta ahora nos hemos esforzado en sobrevivir como buenamente hemos podido quienes hemos tenido la suerte de haberlo podido hacer. Se han quedado muchas personas, demasiadas por el camino. Es verdad que despedimos el año con la esperanza en que la ciencia pueda mitigar las consecuencias de este virus, pero sin haber aprendido demasiado de la experiencia. Al menos, eso parece desprenderse de cómo nuestras autoridades están actuando en estas fiestas, sin ser capaces de adelantarse para evitar una tercera ola, que será peor que la anterior, porque ya nos encontrará más diezmados.  Las continuas apelaciones a la responsabilidad individual ponen de manifiesto el fracaso de la responsabilidad colectiva. No es que sea algo nuevo ni derivado de esta pandemia. Es algo que ya se apreciaba antes de ella y que ahora se ha manifestado con evidencia. Lo que nos debería hacer pensar en un fracaso colectivo y en la necesidad de replantearse en qué medida el contrato social ha de cambiar para que realmente sea operativo.

Pese al pesimismo, comenzamos nuevo año y lo cierto es que necesitamos seguir empujando, los que podemos hacerlo, para que esto comience a cambiar. Cada cual desde su ámbito, pero hay que tirar con fuerza para salir. Como sea, de este agujero negro que ha sido 2020. Y para poder hacerlo necesitamos mantenernos con salud, bien más preciado de todos. Así que a cuidarse y a empezar el nuevo año con esperanza.

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Buenos deseos

 

Hoy es el último día antes de vacaciones de navidad. Ya van quedando pocos días de este aciago año.

No se puede decir que este año haya estado lleno de buenos momentos. Los ha habido, claro, pero la dureza con que nos ha embestido los ha ido desdibujando. Pérdidas personales. Pérdidas de proyectos que quedaron inacabados. Pérdidas. Quizás por ello en estos días sea más necesaria que nunca la esperanza, bien entendida, militante y activa, pero al cabo esperanza. Vamos a confiar en que el 2021 nos trate mejor y que seamos capaces de rehacernos para seguir haciendo el camino de la mejor manera posible.

Para todos aquellos que seguís este blog, lo mejor para estas fechas y para el próximo año. Salud y esperanza.

 

 

Navidad 2020

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Fin de la cita

El Reglamento del Defensor del Universitario de la Universidad de Salamanca contempla un procedimiento muy exigente para llegar a ser Defensor del Universitario. Exige obtener la mayoría absoluta del total de los claustrales, no de los que votan. Es un sistema que penaliza el cambio si se vuelve a presentar quien ostenta el cargo en funciones. Así viene ocurriendo desde hace cuatro años. El actual Defensor sólo obtuvo esta mayoría en diciembre de 2012 en que sólo concurrió su candidatura. Después de agotar ese mandato de cuatro años, se ha presentado siempre y siempre ha obtenido menos votos que el otro candidato.  La ejemplaridad de la que debería dar cumplida cuenta quien ostenta un cargo de esta naturaleza queda cuestionada. Pero más allá de ello, lo que esto demuestra es que el sistema está mal concebido, puesto que persiguiendo un apoyo excepcional del Claustro, lo que es comprensible por la entidad del cargo, permite que se perpetúe en él quien  menos apoyos tiene.  Así que urge cambiar este Reglamento.

Por mi parte, agradezco su apoyo a los 133 compañeros que han apoyado mi candidatura. Ha sido un respaldo importante y lo valoro en todo lo que vale. No he logrado culminar la cima pero el camino ha merecido la pena. Fin de la cita.

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Candidatura a la Defensoría del Universitario

La semana pasada se convocó Claustro para el próximo día 17 de diciembre. Es una sesión muy importante porque entre otros asuntos se debatirá y aprobará, en su caso, el Plan Estratégico de la Universidad de Salamanca 2020-2023. También se renuevan los miembros de varias comisiones y, entre otros puestos, la persona que estará al frente de la Defensoría del Universitario,  a la que he decidido presentarme.

En mayo de este año el equipo de docencia vio interrumpido el trabajo que veníamos desarrollando. Yo en ese momento estaba al frente de la Unidad de Evaluación de la Calidad. Tanto durante el confinamiento como en los dos años previos, desde que comenzó el mandato, habíamos impulsado importantes cambios. Muchos se quedaron a medias, otros lograron salir a tiempo. La cuestión es que en esta toma de contacto con la gestión a nivel de Universidad me di cuenta de todo lo que se puede hacer.

Desde la Defensoría del Universitario no sólo se atienden quejas y reclamaciones, sino que se puede llevar a cabo una labor de mediación, se pueden elaborar informes y recomendaciones, todo inspirado y orientado a potenciar la mejora de la calidad de los servicios que como Universidad ofrecemos. No dispone de competencias ejecutivas, así que los cambios que considere que deben ser impulsados dependen de que los hagan propios los órganos y servicios que tienen la competencia para ello.  El que exista un órgano de estas características en las Universidades debe ser conocido y utilizado por todos los miembros de la comunidad universitaria. No sólo está enfocado a garantizar el ejercicio de los derechos y libertades de los estudiantes, como desde fuera se podría pensar, sino también de PDI y de PAS.

Entre los desafíos inmediatos de quien finalmente ostente el cargo debe estar la puesta en funcionamiento de la Oficina de la Defensoría, contar con medios humanos y materiales suficientes para desarrollar eficazmente sus funciones, disponer de un registro auxiliar documental propio, desarrollar una página web, y fomentar todo lo que sea posible la transparencia y la accesibilidad. Y de entrada me parece también muy interesante poder mantener encuentros con los distintos órganos de representación de todos los sectores de la Universidad para servir de catalizador y también de vertebrador de la Universidad. En un proceso de escucha activa.

Este paso que he dado nadie me lo ha pedido. Y creo que está bien que así sea.  Los principios de autonomía e independencia que deben regir este órgano están garantizados. Así que todo depende de que los miembros de Claustro consideren que puedo ejercer correctamente este cargo. Yo he presentado mi candidatura desde el compromiso y la responsabilidad con la Universidad.

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Claves de un buen gestor

No es tarea sencilla la gestión universitaria. Pero para los académicos que tienen vocación de servicio constituye un espacio singular para poder transformar realidades. Para poder mejorarlas, poniendo en práctica ideas nuevas.

No es fácil ser un buen gestor. La primera tarea difícil es rodearse de un buen equipo en el que se tenga confianza y en el que se sepa delegar. Uno de los errores frecuentes es pretender acaparar todo sin permitir que los demás hagan su trabajo. Si esto se hace, si no hay trabajo real en equipo, todo acabará cayendo, como un castillo de naipes. Es cuestión de tiempo.

También es necesario diseñar un plan de actuación, marcarse unas metas muy concretas, informar de ellas y tener al día de su cumplimiento.

Hace falta dialogar y escuchar. Bajar al ruedo. Tener contacto directo con las personas, porque si no se corre el riesgo de gestionar para uno mismo, no para el colectivo.

Muy importante es también contextualizar, y no patrimonializar las instituciones. Afortunadamente, las instituciones están y son cuando uno llega y se quedarán y serán cuando uno se va. De lo que se trata es solo de contribuir de la mejor manera a que tu paso por ellas nos las desgaste ni se vean eclipsadas por cuestiones que nada tienen que ver con lo académico.

Tampoco es conveniente utilizar la gestión en la academia como trampolín hacia otros cargos. Eso es un error que tiene que ver con la patrimonialización a la que antes me refería.

Un buen gestor debe tener empatía y reconocer el trabajo de todos los que reman en su misma dirección. Un buen gestor debe respetar a todos los miembros de la comunidad a la que pretende servir.

A la vista está  que no son buenos tiempos para los buenos gestores.

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