Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | junio, 2016

Paso firme

El tablero político español dejó de ser estable a partir de la crisis de 2008, con la irrupción de Ciudadanos y Podemos en la política nacional, a la que se sumó Vox, que en las elecciones generales de abril 2019 entra en el Congreso con 24 diputados que se convirtieron en 52 en las elecciones generales de noviembre de ese mismo año. Mientras tanto, PSOE y PP han ido sufriendo altibajos en las sucesivas elecciones, pero con carácter general han resistido, hasta el momento, como los dos principales partidos políticos en España. Se da la circunstancia de que Vox es una escisión del PP, la primera tras la refundación de la derecha española con la llegada de la democracia. En estos momentos, Casado, líder del PP, tiene dificultades para encontrar voz propia, mientras observa cómo un partido de ultraderecha le va comiendo el terreno. Acechado por la corrupción, teme perder el debate ideológico, de ahí que apenas se pronuncie ante las embestidas de Isabel Díaz Ayuso que, aunque en el PP, sus consignas (lo de ideología quizás le quede demasiado grande) parecen estar más alineadas con la ultraderecha que con el partido que la acoge.

La cuestión es que a propósito de las elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid, estamos asistiendo con estupor y vergüenza a campañas de xenofobia contra los menores extranjeros no acompañados, a cartas con amenazas de muerte y a debates frustrados que ya han desaparecido al negarse PSOE, Más Madrid y Podemos a participar en ninguno en el que esté la candidata de Vox. No tengo claro en estos momentos cuál sería la mejor estrategia ante Vox. Me temo que van a aprovechar cualquier movimiento para rentabilizarlo en votos. Ojalá me confunda. Cuando comenzó la campaña y se fueron a Vallecas, Abascal ya amenazó con pedirle a su gente que los defendieran, tal cual. Y el clima no ha hecho más que enrarecerse. Hay que tener en cuenta que con partidos que no creen en la democracia es muy difícil encontrar espacios de encuentro. Pero parece que de esto nos estamos dando cuenta tarde. Los medios les han servido de altavoz permanentemente. Y los utilizan de forma hábil. Ninguna propuesta en positivo. Todo es contra la mujer, contra el inmigrante, contra la diversidad… Pero venimos de donde venimos y estamos ante una crisis mucho más profunda que la de 2008. O los partidos que realmente creen en la democracia utilizan mecanismos hábiles para explicar sus programas y neutralizar a Vox, o corremos el riesgo de involucionar a marchas forzadas. Como sociedad tenemos el reto, nada fácil, de recordar de dónde venimos y qué supuso el fascismo para España y para los países de nuestro entorno. Ni los derechos ni las libertades que hemos logrado conquistar a base de mucho esfuerzo durante los últimos años están a salvo. Hay que pelear por ello todos los días y desde todos los frentes. En estos momentos, como sociedad tenemos que ir recopilando las evidencias necesarias que justifiquen, llegado el momento, la necesidad de apartarlo del tablero de juego. Algo que la Ley de Partidos Políticos permite, si bien es cierto, que cuando se elaboró, se pensaba en otro tipo de terrorismo.

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Luz al final del túnel

Hoy quiero ser optimista. Necesito ser optimista. Comenzamos a ver luz al final de este túnel largo. Como no creo que esto que nos está pasando sea una conspiración judeo-masónica, pienso que el poder hacer frente a esta pandemia desde la ciencia es lo mejor que nos ha podido pasar. Cierto que hay muchos flecos, que las patentes deberían haberse revocado y haberse gestionado directamente desde lo público. El lucro debería haberse descartado desde el principio. Y toda la capacidad de producción debería haberse gestionado directamente por los Estados/organismos internacionales. Hubiera sido una ocasión de oro esta para poner coto a las farmacéuticas. Espero que todavía estemos a tiempo, porque lo que tiene que quedar claro es que o toda la población tiene acceso a la vacuna, o el riesgo continuará siendo alto.

Espero también que esta crisis sea un preludio de un cambio en el modelo económico y productivo. Los fondos europeos Next Generation pueden servir de palanca para ello. Ojalá no caigamos en lo conocido y nos limitemos a subvencionar actividades sin orden ni concierto. Los planes deben llevar a una escucha activa de la sociedad civil que conocedora de la realidad como nadie, nos indique las claves que deben inspirar la acción de todos los gobiernos tantos presentes como futuros. En este sentido, la Agenda 2030 constituye una hoja de ruta poderosa para lograr estos objetivos. Es la ocasión idónea para dejar de hacer política espectáculo y profundizar en los problemas reales que tenemos.

Esperemos que la resiliencia nos haga revivir. Renacer.

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