Blog de Antonia Durán Ayago
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Queremos saber

La situación que estamos viviendo nos está enseñando muchas cosas. Una de ellas es que sobreabundan las noticias, y hay muy poca información. Un ejemplo claro lo observamos en las ruedas de prensa institucionales sistémicas que se han repetido desde que comenzó el estado de alarma. Esta sobreexposición con la probablemente se quiera dar imagen de transparencia, en realidad ha aportado pocas respuestas. Ha habido más forma que contenido. Y si necesitábamos información cuando se intentaba doblegar la curva, en la que como única respuesta se nos dio el quédate en casa, en la desescalada las cosas se están haciendo de forma muy poco transparente. Los ciudadanos necesitamos saber. Y no tenemos demasiada información. Parece que desde las instituciones al menos se nos debería aportar alguna luz.

En Extremadura, por ejemplo, finalmente ayer se hizo público que se celebrará el Festival de Teatro Clásico de Mérida, con todo lo que ello supone. Al tiempo que hay un vacío acerca de programaciones para el verano para niños, por ahora nada de campamentos, mientras que muchos padres han tenido que dejar ya el teletrabajo, obligados por sus empresas a la reincorporación. Muchos ayuntamientos han dicho que no abrirán sus piscinas. La Junta dice que hay que abrir las piscinas para el turismo que vendrá a Extremadura este verano.

Entiendo que todo es complejo, y gestionarlo es difícil. Pero todo sería más fácil si tuviéramos información. ¿Por qué sí es posible un Festival con presencia de tantas personas y las piscinas no? ¿Por qué terrazas sí y parques no? ¿Tan complicado es conjugar salud y economía? ¿La imaginación y el sentido común están en alguna parte? ¿Y qué hemos aprendido de estos tres meses? ¿De verdad que no es posible mantener el teletrabajo mientras los niños no tengan otro sitio donde estar que en sus casas? Recuerdo cuando algunos decían allá por marzo que de esta crisis íbamos a salir mejores…

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Apurando al máximo: la estrategia del desconcierto en la educación

En marzo y en abril, cuando vivíamos los momentos más duros de la pandemia, ante las críticas voraces que se le hacían al Gobierno de la nación, yo reclamaba templanza y confianza. En junio, cuando estamos a días de terminar el plan de desescalada y entrar en la confusamente denominada “nueva normalidad” considero el momento de poner de relieve algunas contradicciones, al menos aparentes, que percibo en todo lo que estamos viviendo.

Son muchos los aspectos que me desconciertan, pero hoy voy a fijarme solamente en dos. En primer lugar, en el papel que se ha dado a los menores en esta crisis. Y en segundo lugar, en el trato (maltrato) que se le está proporcionando a la educación, a todos los niveles.

Coincidirán conmigo en que los menores prácticamente han estado ausentes del debate. Al principio, se les achacó un importante factor contagiador, que ahora parece que no ha existido. Nadie ha explicado suficientemente este cambio de parecer a qué se ha debido. Luego, bastantes días después de iniciado el confinamiento se les permitió comenzar a salir, racionando en tiempo y compañía estrictamente sus salidas. Hubo un momento, tampoco bien explicado, en que la economía volvió a ser lo preponderante y la desescalada se descompresó. Ahí están las terrazas atestadas de los bares, algunas de ellas en plenos parques que continúan cerrados mientras los niños revolotean alrededor. No sé si habrá alguna explicación para que los parques continúen cerrados, mientras los bares y sus terrazas no. A lo mejor, nos merecemos alguna explicación.

Estos niños vienen además de pasar un tiempo sin estar con sus amigos, haciendo todo en casa, teniendo la escuela en casa, pero no han tenido en todo este duro periodo ningún papel protagónico. Ni siquiera ahora. Ahora parece que todo abunda en el aislamiento durante el verano. No se plantean actividades lúdicas por los ayuntamientos, no hay planes en los colegios, pese a que al principio se habló de ello, por no haber no habrá en muchos casos ni piscinas.

Y luego la educación. Es absolutamente inadmisible cómo se está gestionando por las distintas administraciones este tema. Que no haya plan a estas alturas para el próximo curso, teniendo en cuenta cómo se ha llevado a cabo el segundo cuatrimestre de este curso, ya dice mucho de todo. No se puede decir un día una cosa y al otro la contraria. Si la presencialidad máxima es lo deseable, adóptese con las debidas garantías, pero con un plan B correctamente diseñado desde el principio, porque ahora no puede decirse que un nuevo hipotético confinamiento nos pillará de improviso. Sería preciso hacer encuestas para evaluar la actividad docente del profesorado también en colegios e institutos y que los padres pudiéramos expresar nuestra opinión acerca de cómo los profesores han organizado su docencia. Porque ha sido muy desigual y no debería servir el sálvase quien pueda que han entonado muchos. Si bien la mayoría habrá cumplido con su deber, no todos lo han hecho con el mismo nivel de implicación, y entiendo que la administración educativa debería estar interesada en saberlo.

A nivel universitario, por ejemplo, en la Universidad de Salamanca, durante todo el mes de mayo hemos estado preparando una encuesta para valorar el impacto académico del COVID 19 en Estudiantes, Profesores y Personal de Administración y Servicios. El objetivo conocer debilidades y fortalezas ante un probable escenario que no permita, al menos durante el primer cuatrimestre, la presencialidad. De este estudio se pueden sacar conclusiones que tienen que traducirse en acciones que deberían adoptar los diferentes vicerrectorados para estar mejor preparados. Refuerzo de plataformas virtuales, cursos sobre competencias digitales para profesores, fórmulas de conciliación de trabajo y familia, etc. A nivel universitario se goza de una autonomía que debiera traducirse en responsabilidad. Y a estas alturas ya deberíamos haber empezado a hacer. Porque como nos quedemos a expensas de lo que quieran decirnos las administraciones públicas, vamos listos.

Está claro que la educación no ha sido hasta ahora un argumento de peso político. Los ministros del ramo Celaá y Castells no parecen estar demasiado abrumados por la situación. Pero quienes estamos en el ruedo sabemos que el próximo curso puede ser un despropósito si no se asume con responsabilidad y autonomía su organización. Veremos.

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El falso dilema

Recuerdo que, al principio de todo, allá por marzo, a punto de que se declarara el estado de alarma, muchos nos llevamos las manos a la cabeza por que se suspendieran las actividades lectivas presenciales en la Universidad. El efecto contagio que se había producido en otros países antes y la situación de alarma generalizada llevó a esta situación. Y con ella, la suspensión de actividad presencial en todos los centros educativos. Esto ha supuesto un coste muy alto para todos, comenzando por los estudiantes que han hecho un esfuerzo ingente para adaptarse a la nueva situación, pero también para el profesorado que como hemos podido hemos intentado seguir al pie del cañón para acompañar a nuestros estudiantes en su proceso de aprendizaje. No hablamos del coste económico que en principio en esta situación debería desempeñar un papel secundario.

Hasta ahí, todo entendible, justificable, sostenible. Lo difícil viene ahora. Porque en una situación imprevista, en la que hay que reaccionar de manera inmediata, los errores se pueden perdonar. Pero a meses vista, con una situación de incertidumbre manifiesta, es necesario poner toda la imaginación en marcha para idear propuestas sostenibles. Ahora parece que los centros educativos están cerrados a la fuerza, y si no se abren es que hay una confabulación manifiesta contra la docencia presencial. Los hay que, reconvertidos, abogan por criterios económicos para retomar la actividad presencial, achacando a criterios mercantilistas el plan anonimizado de querer terminar con la actividad presencial, al menos en las Universidades. Curiosamente son los mismos que abogaron por el cierre de las universidades cuando había una amenaza para la salud pública. Todo esto denota la tensión tan tremenda que estamos viviendo.

A mi juicio, si algo ha fallado en la gestión de toda esta crisis es la transparencia. Se ha considerado que una sobreexposición informativa equivalía a transparencia. Pero no ha sido así. La contradicción aparente de abrir terrazas, locales nocturnos de ocio, hoteles, etc., y en cambio dejar cerradas las Universidades está generando un desconcierto que va en aumento. No se explica bien por qué estos lugares sí pueden abrir y en cambio las universidades y colegios no. Quizás en el Real Decreto de la nueva normalidad (odio este término) que se aprobará mañana se den las pistas para entender. Y más vale que así sea, porque si no, seguiremos enfrentados en el falso dilema de la presencialidad. Falso porque no creo que lo único que vayamos a sacar de todo lo que estamos viviendo sea que se pueda prescindir de la Universidad presencial. ¿Alguien en su sano juicio se lo puede plantear, siquiera?

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Balance de gestión

En enero de 2018 Izaskun Álvarez me llamó para formar parte de su equipo. En esos momentos estaba preparando mis ejercicios para la titularidad y rechacé su oferta. Me llamó tiempo después para ofrecerme el puesto de dirección académica de la Unidad de Evaluación de la Calidad. Aunque lo pensé mucho, porque en esos momentos no estaba entre mis prioridades dedicarme a la gestión, finalmente acepté el reto. Y reconozco que estoy muy satisfecha de haberlo aceptado. Han sido dos años intensos, de mucho trabajo, pero también de muchos proyectos, que ahora estaban comenzando a dar sus frutos. Todo se ha interrumpido de repente. Ha sido un frenazo en seco que no entiendo, y que, en consecuencia, no voy a entrar a valorar. Pero era lógico que si la persona con la que he estado trabajando estos dos años cesaba, yo tenía que irme, porque la que venga tendrá que conformar sus equipos y yo ya no iba a estar donde quisieron que estuviera. Para digerir esto habrá de pasar tiempo. Siento pena y rabia por no haber podido terminar lo que empezamos, pero ayer, preparando el balance de mi gestión al frente de la Unidad, me di cuenta de que hay más en el haber que en el debe, y me voy con la satisfacción del deber cumplido.

La Unidad de Evaluación de la Calidad es uno de los servicios clave en la Universidad. Tenemos la suerte de que en él trabajen técnicos de unas cualidades y capacidades muy por encima de la media. Se trata, por otro lado, de un servicio infradotado. Me propuse (nos propusimos) incrementar el personal, y esta es una de las cuestiones que figura en el debe. Desde Gerencia no han atendido a mis reclamos. Pero lo he dejado por escrito e insistiré todas las veces que sea necesario. Para poder realizar todo el trabajo se necesitarían al menos  dos técnicos más.

Hay otras dos cuestiones que me propuse y que no he podido culminar, pese a que están iniciadas. De un lado, mejorar la eficacia administrativa del procedimiento del Programa Docentia, para lo que hemos firmado un acuerdo con la Universidad de Córdoba por el que nos ceden el uso del software que ellos utilizan que va a aportar transparencia y una mayor celeridad al Programa. En esta cuestión confío en que los Servicios informáticos continúen ayudando. Y, de otro lado, la culminación de la acreditación institucional de la Facultad de Farmacia en el Programa Elenchos. Estamos a la espera de que se reúna la Comisión de ACSUCYL y espero que el resultado sea positivo. Ha sido un trabajo muy intenso el que se ha realizado en Farmacia y también en la Unidad. Y entre nuestros proyectos también estaba ir exportando este trabajo realizado a otros centros.

En el haber está la nueva web de la Unidad que realizamos nada más llegar al cargo, en julio de 2018, gracias a la ayuda del Servicio de Producción e Innovación digital y especialmente a Gimeno, o la implantación del SGIC en los centros adscritos de la Universidad de Salamanca. En encuestas también hemos dado pasos significativos. Como superar el papel, haciendo todas las encuestas de forma telemática; introducir el apartado de Mis Encuestas en Studium para promover una mayor participación del alumnado en las encuestas; la incorporación al sistema institucional de la encuesta de inserción profesional en Grados y Máster en colaboración con el SIPPE, también en Doctorado, esta última directamente elaborada por la Unidad; la encuesta de satisfacción del PAS con la gestión de los títulos. Y en mayo habíamos trabajado y culminado la encuesta de impacto académico del COVID-19 en PDI, Estudiantes y PAS. Confío en que pueda hacerse durante el mes de julio. Agradezco públicamente la ayuda para configurarlas a  Estrella Montes, profesora de Sociología de la USAL.

También hemos puesto en marcha el Observatorio de Buenas Prácticas y Mejora Continua de la USAL, con unas primeras jornadas que se celebraron en noviembre de 2019. Las segundas estaban previstas para noviembre de este año. Con ya un buen número de propuestas que nos habían ido llegando en estos días y que están pendientes de evaluar.

Y en calidad en servicios hemos obtenido el sello de calidad CAF para el servicio de idiomas. Y se ha seguido trabajando con otros servicios, a distintos niveles, para desarrollar o implantar sistemas de calidad.

Los resultados en los ránkings también habían empezado a despuntar tímidamente, gracias al trabajo colaborativo llevado a cabo desde diferentes servicios y coordinados desde el Observatorio de la Calidad y el Rendimiento académico por su muñidor, Felipe Lorenzo.

Y, en fin, un buen número de acciones, de reuniones y de trabajo que me ha ocupado este tiempo, sin dejar de trabajar un solo día, ni durante el confinamiento. Pero al igual que hay que saber estar, hay que saber irse. Reconozco que lo que más me cuesta es dejar de trabajar con Felipe, María José, Eloy, Puerto, Lucía, Nicolás y Carmen. Y no volver a coincidir con Sandra, que espero que regrese en septiembre. La verdad es que ha sido una experiencia enriquecedora, en la que he aprendido mucho y de la que me llevo lo mejor.

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Un pequeño regalo

Para todos los lectores de mi Blog y para los que lo comiencen a leer a partir de ahora, aquí tenéis un pequeño regalo. Después de 10 años de reflexiones compartidas, alguna cosa había que hacer https://www.safecreative.org/work/2004073587879-miscelanea-diez-anos-de-reflexiones-compartidas-en-un-blog.

P.S.: Después de las peticiones de algunos de vosotros para tener en papel el libro, decidí ponerlo en amazon en el que se puede adquirir copia en papel (https://www.amazon.com/dp/B086PN1317?ref_=pe_3052080_397514860). También está en kindle (https://www.amazon.com/dp/B086W3PYH1/ref=sr_1_1?dchild=1&keywords=ayago&qid=1586360636&s=books&sr=1-1). Las regalías, si las hubiera, las dedicaré a organizaciones de carácter social.

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Experiencias docentes y de gestión desde el confinamiento

Reconozco que cuando el 12 de marzo se empezó a hablar en mi Universidad sobre la suspensión de la docencia presencial, sentí cierta incredulidad y también malestar, porque, sobre todo la asignatura de Clínica Jurídica de Acción Social, cuyo contenido es eminentemente presencial por los talleres con organizaciones y lo que podríamos denominar prácticas de campo, podría verse seriamente afectada. En ese momento, además de esta asignatura, me faltaban por dar clases en un Máster y dos sesiones en otra asignatura optativa. La cuestión es que, a pesar de las dificultades, hemos echado mano de imaginación y el plan de contingencia elaborado por la Universidad de Salamanca para la docencia virtual (https://www.usal.es/docenciaonline) me ha sido de gran ayuda. El principal objetivo era no dejar a mis alumnos desatendidos. He utilizado el Meet de Google para hacer clases síncronas en el horario establecido, en sesiones menos largas de las presenciales, apoyada por power point. Les he planteado prácticas en Studium que luego hemos resuelto entre todos en la sesión Meet y con carácter general nos hemos defendido bastante bien. En la asignatura de Clínica Jurídica hoy tenemos un nuevo encuentro con los estudiantes, las organizaciones que colaboran con nosotros y los profesores para ver la evolución del trabajo que los estudiantes están haciendo y que también concretamos a través de una sesión de Meet. Además, hemos logrado mantener activos a los estudiantes de la Clínica, de todas las líneas, con una sección nueva en nuestro Blog titulada Periodistas clínicos, en los que van comentando noticias relacionadas con su Línea de trabajo y que se están produciendo estos días. Con las tutorías de los Trabajos Fin de Grado he utilizado el teléfono y afortunadamente la bibliografía para hacer los trabajos está muy accesible. Así que mal que bien, vamos aguantando. Para muchos ahora lo más importante, una vez que se confirme que no retomaremos ya las clases presenciales durante este curso, será redefinir los criterios de evaluación, pero eso tampoco será muy difícil, si actuamos con sentido común e imaginación, y priorizamos la evaluación continua. Afortunadamente, hay muchas fórmulas para acreditar los conocimientos, no únicamente un examen presencial. Así que la flexibilidad es lo que nos debe definir en estos días, y la capacidad que tenemos todos de adaptarnos a nuevas circunstancias. No conozco todos los casos, pero quiero pensar que todos hemos actuado en estos momentos con la mayor de las disponibilidades. Y si no es así, habrá ver qué ha fallado. Desde luego no la capacidad de la Universidad en su conjunto de dar respuesta a este desafío.

Además, por estar coyunturalmente en un puesto de gestión, estoy viviendo también en primera persona la capacidad de trabajo y compromiso del personal de administración y servicios. Todo el personal de la Unidad de Evaluación de la Calidad teletrabaja desde el primer día. Nos reunimos, como veníamos haciendo, una vez a la semana, para comentar los asuntos más importantes y organizarnos. Avanzamos y nos anticipamos a algunos escenarios, como la posibilidad de si no retomáramos la docencia presencial, hacer la evaluación de la actividad docente del profesorado de manera telemática. En estas tres semanas, además, se ha sacado adelante la evaluación interna en el Programa Docentia de 311 profesores al haberse reunido la Comisión de Planificación y la Comisión de Profesorado. Así que, desde mi experiencia, estas tres semanas no han sido para nada baldías. Hemos logrado reaccionar bastante rápido y hemos tenido la suerte de poder trabajar todos desde nuestras casas. Así que hay motivos para estar satisfecho. Yo por lo menos lo estoy. Y en estas circunstancias toca seguir trabajando con mayor determinación si cabe. Y así lo haremos.

Así que, aunque los tiempos no pinten fáciles, y esta situación se prolongue en el tiempo estamos preparados para hacerle frente. Tocará quedarse en casa hasta que las autoridades nos digan, pero siempre arrimando el hombro para todo lo que se necesite.

Mucho ánimo y salud para todos.

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En tiempos de coronavirus

Desde el pasado sábado, 14 de marzo, vivimos una situación excepcional. Insólita para muchos. Desconocida para todos. Hemos tenido que interiorizar en poco tiempo que quedarse en casa puede salvar vidas y salvarnos. Y cada uno se está reinventando a su manera.

Hay muchas cosas en esta crisis que se me escapan y de las que no hablaré. Prefiero centrarme en el reconocimiento de todos los que se han vuelto indispensables para que podamos sobrellevar este confinamiento de la mejor manera posible. Todo el personal sanitario, transportistas, personal de supermercados, personal de limpieza, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado… Un GRACIAS enorme, porque vosotros no os podéis quedar en casa, porque vuestro trabajo a pie de calle se ha convertido en imprescindible.

De esta saldremos, seguro. Pero ojalá que la forma de salir de esta crisis no sea dejar a nadie atrás, como en la pasada, en la crisis de 2008. La solidaridad debe marcar las pautas. Y todos debemos arrimar el hombro. Hablo de reducción de sueldos para los que tenemos un trabajo fijo, para contribuir, por ejemplo, a las prestaciones de los autónomos que, día que no abren, día que no ganan dinero para mantener su familia. Hablo también de refuerzo de la sanidad pública, en la mejora de medios y en la mejora de las condiciones de su personal, tan necesarios para atendernos en este momento. Hablo de la investigación, tan necesaria para frenar pandemias como la que vivimos. Y un largo etcétera que tendremos que ir descubriendo.

Por otro lado, en estos momentos también se demuestra la grandeza de las instituciones. Y he de decir que me siento muy orgullosa de trabajar en la Universidad de Salamanca. Por muchos motivos, pero en especial, porque en esta crisis nos hemos demostrado que somos un gran equipo. La gestión del equipo de gobierno está siendo impecable desde el primer momento, ofreciendo información precisa en cada instante,  coordinando a los compañeros que conocen las herramientas de docencia on line para ponerlas a disposición de todos los profesores, respondiendo las dudas de los estudiantes con un FAQ de preguntas frecuentes y facilitando el teletrabajo a los miembros del PAS https://www.usal.es/. En nuestro caso, podemos decir “#Quédateencasa porque en la Universidad de Salamanca no paramos”. Y en estos momentos, creo que aportar esto es mucho.

Mucho ánimo a todos. Y sigamos reinventándonos.

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Contra la intolerancia

Probablemente, en algún momento, no demasiado lejano, desde la Universidad tengamos que reflexionar sobre esto. La intolerancia. Y no me refiero sólo al discurso del odio, al resurgimiento de las fobias, a torpedear al otro, que no se entiende, que no se valora, que no se respeta. Me refiero también a otra radical ola que se ha empezado a extender por las Universidades en que se vedan ciertos debates, se reniega de la dialéctica, y desde un totalitarismo supuestamente militante se deja o no hablar, en función de lo que el otro vaya a decir. Así no. Así nos alineamos con quienes desde otras esferas, menos cultivadas pero igual de dañinas, se lanzan contra el otro.

Contra la intolerancia, respeto. Y cultura. La cultura necesita reposo. Sosiego. No la inmediatez de las redes. En las que se vierte la bilis. Sin digerir el pensamiento.

Contra la intolerancia, respeto. Y conocimiento. Es necesario romper con ese estado de opinión en el que vivimos en el que todos parecemos saber de todo. No es así. Deberíamos recuperar la vergüenza, que es más bien respeto, para poder hablar de los temas que nos interesan.

Y contra la intolerancia, dignidad. Es increíble que en el siglo XXI las cavernas emerjan como si los derechos políticos, civiles, económicos, sociales no existieran, como si nunca hubieran existido.

Frente a este discurso del odio. Frente a aquellos que han hecho de la incultura su bandera. Desde la Universidad tenemos que ofrecer conocimiento, cultura, compromiso social y, sobre todo, respeto. A lo mejor tenemos que ir organizando la resistencia.

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Empiezo a pensar que se podrá

Hoy, como muchos, estoy pendiente del debate de investidura. Cuando esto escribo escucho a Alberto Garzón. Lo que a mí, personalmente, me reconcilia con la política. Muchas verdades y mucho contenido en su discurso. Está claro que hay una fortaleza clara en el debate frente al humo, la alharaca y el filibusterismo al que ya nos tienen acostumbrados aquellos que se escudan tras la bandera sin que hayan demostrado su capacidad de defenderla. Tampoco en esta ocasión.

La fortaleza está en haber logrado trabar un programa de gobierno ilusionante, social, necesario. Al que podría haberse llegado, bien es verdad, mucho antes, pero ahora sólo importa el presente. Y el futuro. El programa es interesante, esperanzador. Cierto que a veces demasiado genérico, y el candidato a presidente hoy no ha querido o no ha sabido desarrollar algunas de las ideas que deberían ser esenciales, como cómo hacer de los ODS una estrategia en la acción de gobierno o cómo trasladar los principios de la responsabilidad social corporativa también a la administración pública, cuestiones ambas de indudable importancia. Hay también otras perspectivas, a mi juicio, equivocadas, como el planteamiento en contra de la gestación por sustitución, mezclando cuestiones que nada tienen que ver pero que al peso parece que al presidente le gusta venderlas como carta a favor del feminismo. Esta batalla habrá que seguir dándola desde el respeto y el conocimiento.

Pero más allá de todo, lo cierto es que el 7 de enero podemos salir de la interinidad y dar paso a un gobierno que comience a construir y a tejer, lo que necesitamos a todas luces. No quiero detenerme ahora sobre el tema de Cataluña y el papel que se le ha querido dar en este debate. En Cataluña arrastramos un problema desde hace años y habrá que saber llegar a una solución. Negar que existe es simplemente relegar su solución. Así llevamos mucho tiempo y cada vez pinta peor. Así que también hay que recibir con optimismo que se pretenda intentar, y ojalá que conseguir, una solución en la que quepamos todos.

Ojalá este año la magia se haga realidad también en este sentido.

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Un día cualquiera de fin de año

Es 27 de diciembre de 2019. Un día cualquiera de fin de año. No sé si procede hacer balance. Creo que ese es mi propósito. Aunque no sé bien a dónde me llevarán las palabras hoy. Acabamos de llegar de jugar al balón mis hijos y yo. Hemos presenciado un atardecer espectacular. No hace nada de frío. Son unas navidades atípicas en las temperaturas. Nos hemos encontrado a un señor gato que ha sido la estrella de la tarde. Se ha dejado acariciar y el paraíso para mis hijos se ha hecho realidad.

Ya de vuelta he seguido corrigiendo trabajos atrasados. Con energía renovada. Pero de repente he pensado en el blog. Este año no han sido muchas las entradas que he podido escribir.  2019 ha sido un año quizás demasiado intenso. Muchos proyectos iniciados y otros que aún no he podido iniciar. Poco tiempo para el sosiego, que hace falta para escribir. Le pediremos al nuevo año que nos lo proporcione. Pero, con todo, el balance es muy positivo. Avanzamos, nos movemos, vivimos. Y al final, eso es lo que importa. Quizás deba esperar a otro día para hacer un balance más detallado. O no. A lo mejor lo que procede es relacionar los nuevos retos. Y esos aún están en construcción.

En cualquier caso, os deseo a todos un muy feliz 2020. Vamos a confiar en que sea un gran año.

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