Blog de Antonia Durán Ayago
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Archivo | 22 junio 2016

Rutinas

Una de las cosas que con contundencia nos ha mostrado la pandemia es que estamos hechos de rutinas. Tan poderosas que a duras penas sabemos reaccionar cuando estas han de cambiar por las circunstancias. Lo rutinario constituye nuestra zona de confort. Mejor lo que ya conocemos, a lo que nos hemos adaptado y acostumbrado con el paso del tiempo que introducir cambios, variantes que vete a tú a saber si pueden conducirnos al abismo (ironía). Nos cuesta cambiar, es obvio. Estamos como estamos y apenas han variado las rutinas de lo que solemos hacer por estas fechas. Invariables, repetimos lo que conocemos. Son nuestras rutinas y nos cuesta mucho separarnos de ellas.

La capacidad de adaptación a las circunstancias es un signo de inteligencia. También de resiliencia. Pero en esta pandemia se ha optado, en líneas generales, por resistir en vez de por introducir cambios que nos lleven a un escenario mejor de lo que conocemos tras superar este bache. Nos hemos apoltronado en las rutinas. Y me parece que esto está siendo un error. Intentar mantener la cadencia de la normalidad, haciendo las mismas cosas, cuando estamos en un escenario complejo que cuando lo superemos nos llevará a un sitio que no era en el que estábamos cuando empezó la pesadilla.

Aprecio este estatismo con nitidez en la Universidad. Algunas se han confabulado para seguir haciendo lo mismo que se venía haciendo, sin tener en cuenta el cambio tan profundo que la situación que vivimos va a provocar en todo el sistema de enseñanza universitario. Nos hemos parapetado en nuestras rutinas. Queremos resistir. No hemos sido capaces de reinventarnos durante este periodo. Con todo lo que eso supone. Impropio de un sistema aparentemente basado en la inteligencia que en vez de proponer nuevas metodologías que se adapten a la situación, garantizando el menor movimiento posible de estudiantes y profesores para contener en lo que se pueda el virus, se haya primado la rutina (y la economía). Es un sistema trasnochado, que quedará anticuado cuando salgamos de esta. Lo peor es que aquellas Universidades que no hayan siquiera detectado la necesidad de cambio, habrán quedado obsoletas. En sus rutinas.

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