Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | 22 junio 2016

Conectar

A veces, sólo a veces, se produce el milagro. Sin saber muy bien por qué, se produce una conexión entre personas. Probablemente venga derivado del reconocimiento en el otro. Lo comprendemos. Nos gusta esa forma de expresarse o de ser. Esa conexión se puede producir en diferentes escenarios. También en las aulas.

Hace unos días me escribió un alumno de los primeros que tuve cuando llegué a Salamanca. Sólo nos conocemos de ese espacio, del aula, pero desde entonces, hará al menos 15 años, todas las navidades me escribe para desearme lo mejor, con mucho cariño. Este año me escribió también en octubre, cuando vio los datos de la pandemia en Salamanca, para preguntarme cómo estaba. Y me emocioné. Ayer otro ex alumno, este más cercano, de hace seis años, me escribió para preguntarme una duda sobre el reconocimiento de un divorcio de EE.UU en España y me decía lo importante que habían sido para él las clases de Derecho internacional privado. Nos apreciamos mutuamente. Nos seguimos en las redes. Y sabemos cómo vamos evolucionando. Conectamos. Ayer también otra antigua alumna muy querida, a la que conocí porque la acompañé en su proceso de elaboración del TFG, uno de los mejores sin duda que he dirigido, me escribió para comunicarme la grata noticia de que había obtenido un premio por su TFM, y me lo decía porque sabía que me alegraría. En efecto, a partir de ese momento el día tuvo más luz.

Aunque en principio las aulas puedan parecer espacios hostiles para la conexión, estas conexiones existen. Algunas veces se hacen más evidentes y otras pasan desapercibidas. Pero cuando se producen ya sabes que van a durar para toda la vida.

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