Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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Archivo | 22 junio 2016

¿Hay alguien ahí?

De las distintas maneras que se podría escribir sobre la situación que vivimos, voy a elegir la de la perplejidad. Que va incrementándose conforme avanzan los días y asistimos incrédulos al sainete trágico al que nos están sometiendo nuestros representantes políticos, así llamados formalmente.

Cuando en marzo descubrimos que lo que se había estado vendiendo como una gripe no era tal, todos quisimos poner de nuestra parte para no arredrar a quien asumió, con buen criterio, el mando único de la situación y nos confinó para que pudiéramos hacer frente al desafío que teníamos delante. Pasaron los meses y vinieron las negociaciones de las prórrogas del estado de alarma y ya se empezó a ver ahí la pasta de la que están hechos nuestros políticos. De forma atropellada entramos en la denominada nueva normalidad, sin un balance de lo realizado, sin establecer criterios claros para la desescalada, nada de indicadores, cada cual salió disparado a recuperar la normalidad de antaño, pues la economía urgía y ya estábamos tardando. Aquí se manifestó de forma clara que el Estado de las autonomías estaba siendo una rémora para salir de la situación. Cada Comunidad, sola ante el peligro, comenzó a intentar frenar a la enfermedad de una manera. Recordaréis el tema del uso de las mascarillas, la prohibición de fumar… Algunas Comunidades, entre ellas Madrid, desde el principio minimizó el riesgo para la salud y primó los intereses económicos. No contrataron suficientes rastreadores, no se fortaleció la atención primaria… Entretanto, la vida seguía y lo prioritario era seguir con la normalidad aprendida, porque la nueva nadie ha querido enseñárnosla. Y así, el Estado desaparecido, sin dar muestras de vida hasta ya entrado septiembre, nos hemos situado al borde de nuevo del confinamiento. Y lo que es peor, sin ya estar seguros de nada. Si los políticos hubieran hecho los que los expertos les han dicho por activa y por pasiva, no estaríamos en esta situación. Llegados a este escenario, quizás, haya que empezar a hablar de responsabilidades judiciales. Ya que nadie quiere asumir el liderazgo de esta situación, y, por tanto, su responsabilidad, de motu proprio, que sean los jueces los que fijen responsabilidades, porque lo que no es de recibo es lo que estamos viendo. Sí, hay alguien ahí, pero no están los que deberían estar. A los hechos me remito.

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