Blog de Antonia Durán Ayago
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La historia y el recuerdo

En estos días en que se celebra el 75º Aniversario de la liberación de Auschwitz deberíamos ser conscientes de la necesidad de conocer la historia, desde sus múltiples ángulos, para saber de dónde venimos y poder comprender así quiénes somos. Hay cuestiones que el relativismo moral no puede rehacer. Con el holocausto, tenemos un claro ejemplo. No hay posibilidad de describir de otra forma más que como crimen contra la humanidad el asesinato masivo al que se vio sometido el pueblo judío, pero también el pueblo gitano  y otras comunidades discriminadas por su origen étnico, religión, creencias políticas u orientación sexual. Se buscaba  la raza aria, principio basal del tercer Reich, pilotado por un iluminado como fue Adolf Hitler. No es casual, por tanto, que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, aprobada el 10 de diciembre de 1948, se alzara como antídoto ante tan feroz crueldad.

Pero lo peor de todo es que las discriminaciones siguen existiendo, tantos años después, revestidas ahora de los más diversos ropajes. No hemos avanzado tanto. Poco a poco al ser humano se le pretende ir relegando a un segundo plano. Prima sobre él la condición de extranjero, de homosexual, de mujer, de discapacitado. En una etapa en que las minorías deberían haber dejado de existir, vuelven con toda intensidad ataques indisimulados contra el ser humano. Y debemos estar atentos, y no debemos tolerarlos, porque hay una cosa que no admite discusión y es que la dignidad humana está por encima de toda ideología. Ahí está la historia. Y la memoria.

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De la clase política y de los políticos con clase

No soplan buenos tiempos para la vida política con carácter general en nuestro país. Es verdad que necesitábamos como el respirar dejar atrás una etapa vergonzante, con un partido en el gobierno asediado por la corrupción. Que prosperara la moción de censura presentada por el PSOE de Pedro Sánchez fue algo que por inesperado nos llenó a muchos de esperanza.  La cuestión es que por el estado de descreimiento hacia los políticos, que a la sazón son servidores públicos, que se respira en España, todos los miembros del gobierno deberían cuidar muy mucho sus intervenciones y sus actos, porque, afortunadamente, nos hemos vuelto exigentes y podemos exigir de la clase política que sean políticos con clase.

Y, en este sentido, me van a permitir que aunque no sea políticamente correcto, disienta de las declaraciones de la Vicepresidenta Carmen Calvo sobre la gestación por sustitución. No voy a repetir los argumentos que me parece que por todos los lectores de este blog serán bien conocidos, por los que creo que debería regularse la gestación por sustitución en nuestro país (aquí, una muestra http://diarium.usal.es/clinicajuridica/2017/01/31/premisas-para-el-debate-en-una-necesaria-regulacion-de-la-gestacion-por-sustitucion/). Sólo quiero demandar a la Vicepresidenta una cosa: RESPETO. Son muy legítimas sus creencias y muy respetables, pero cuando se desempeña un cargo de la relevancia del que ella tiene lo mínimo que hay que ser es respetuosa. Y no lo ha sido, ni, me temo, lo será, con las familias que lo son gracias a la gestación por sustitución. Y puede que no se dé cuenta, pero su actitud despreciativa y su altivez lo único que denota es una visión muy limitada de la realidad, que tiende a reducir lo complejo a un mantra que no por mucho que lo repita se convertirá en verdad. Ojalá me equivoque, pero las personas que se pasean por la vida sin ponerse en el lugar del otro, no suelen acertar demasiado con sus decisiones. Me gustaría aconsejarle, si se deja, que los posicionamientos maximalistas, los deje para su consumo personal, y que en su faceta pública se muestre con un mayor grado de empatía.

Para finalizar, me gustaría aportar sólo un dato. Las Juventudes Socialistas aprobaron un manifiesto a favor de la regulación de la gestación por sustitución en su Congreso del año pasado. La Sra. Calvo llegó para clausurarlo y de un plumazo eliminó todo un acuerdo que se había adoptado tras un intenso debate. Dijo que en el PSOE este asunto estaba claro y que no había nada que discutir. Tal cual. Su comportamiento de ese día la retrató. No tiene una actitud democrática. Impone sus ideas, lo demás, aunque haya surgido de un órgano del partido tras un debate, a ella no le vale, porque va en contra de lo que piensa. Si este es el PSOE que vamos a tener en el Gobierno, simplemente diré que no nos lo merecemos.

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¿Soluciones?

Teníamos un problema y ahora tenemos un problema mayúsculo por el paso de los años sin hacer nada, sin que parezca haber solución. La “cuestión catalana” está fuera de control y los mecanismos jurídicos no son suficientes para solucionar este desvarío. No se trata de buscar culpables, pero sí responsables. En este diabólico juego de acción-reacción en el que nos han metido los “responsables” políticos, ¿alguien sabe a dónde o a qué conduce? Cuando se rompen tantos puentes, ¿son conscientes del tiempo que llevará reconstruirlos? ¿Acaso el sentido común ha muerto? ¿Qué hay tras todo este desvarío que sea medianamente sensato? ¡Qué cansancio!

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Excelencia universitaria

Desde hace ya algún tiempo el concepto de excelencia universitaria se viene utilizando al antojo de intereses de diversa índole, por actores también diferentes con el objetivo de apelar a no se sabe muy bien qué realidad que escapa a la postre de la realidad misma.
Como estamos en la era de los rankings, los equipos de gobierno de las universidades se afanan por situar a sus universidades en lo más alto, a costa siempre del trabajo del profesorado, claro, porque no olvidemos que desde hace años, en la universidad pública española todo se hace a coste cero. Se exige cada vez más, a cambio de cada vez menos.
Sin embargo, la excelencia universitaria no hay que buscarla en los rankings, ni en los grandes números, ni en los majestuosos edificios que se construyen aunque luego no haya nadie para ocuparlos, la excelencia hay que buscarla en las personas que trabajan por y para la universidad.
Me atrevería a decir que el profesorado universitario de hoy es el más evaluado de todos los tiempos. Estamos siempre siendo sometidos a continuas evaluaciones en la docencia, en la investigación. Se nos exige que nos impliquemos en la gestión de los centros, que hagamos estancias dilatadas en centros de investigación extranjeros de reconocido prestigio. Que publiquemos en las revistas de alto impacto controladas en muchos casos por grupos que no ponen fácil al que es de fuera publicar. Los profesores preparamos nuestras clases, leemos, enseñamos, investigamos, publicamos y en algunos casos, también llevamos a cabo actividades de gestión aunque no siempre estén reconocidas.
Para llegar a ser titular de universidad hoy en día, salvo excepciones propiciadas por políticas arbitrarias de alguna universidad cuyo nombre no quiero citar, se superan los cuarenta años, y en muchos casos se cuentan con más sexenios que los que han tenido nunca los catedráticos de antaño.
Pero el problema no sólo es que desde 2011 la promoción de plazas a cuerpos docentes esté prácticamente paralizada, es que se impide que se contrate a gente joven, excelente, con vocación universitaria, que acaba su tesis y no tiene más remedio que buscar amparo en las universidades privadas, llevándose de esta manera estas universidades un capital humano excepcional que precisamos en las universidades públicas.
Cuando se habla de excelencia por parte de las autoridades, tanto políticas como académicas, deberían sonrojarse. Sí, porque difícilmente puede haber excelencia en un espacio angosto, de financiación deficitaria en donde solo importa lo superficial, y no lo verdaderamente relevante. Para que una universidad funcione adecuadamente todos sus miembros deben encontrarse cómodos y ser reconocidos en su trabajo. Si quien pilota el barco no sólo no reconoce el trabajo del profesorado sino que lanza consignas hirientes como que los contratados fijos con acreditación a titular, por ejemplo, una vez que conseguimos la acreditación no hacemos nada, apaga y vámonos.
En fin, creo que en la universidad española hay excelencia. La excelencia que da la vocación universitaria, el trabajo constante, y el creer y disfrutar en lo que uno hace. Somos muchos los que contribuimos a ella aunque no se nos reconozca. Que no busquen en los rankings. No todo es tangible.

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Buscando al PSOE

Cronistas habrá más versados que escriban sobre si lo que sucedió ayer supone o no un revulsivo para el PSOE. Desde mi humilde opinión, o Sánchez se rodea de un equipo sólido y solvente de colaboradores que le aconsejen con precisión los pasos a dar, o el PSOE está destinado a ser un partido irrelevante. No tengo ninguna confianza en Pedro Sánchez. En su anterior etapa brilló por una falta absoluta de criterio. Recuérdese el pacto con Ciudadanos sin que hasta el momento haya explicado mínimamente qué pretendía con él. Quizás, en su defensa, podría argumentarse que estaba sometido a los barones que son los que de alguna manera lo habían colocado en el cargo (eso dicen las crónicas que desentrañan las tripas de este partido), pero si así fuera serían excusas de mal perdedor. Pues no otra cosa denotaría sino la falta de criterio.

De lo que no cabe ninguna duda es que el plan orquestado por los denominados barones para derrocarlo, se ha convertido en su principal baza para sobrevivir. Seguramente muchos militantes bienintencionados han querido ver en él una forma de castigar esa jugada, pero lo cierto es que el mal que aqueja al partido no lo va eliminar Pedro Sánchez. La crisis existencial por la que atraviesa este partido requiere de una conferencia política muy seria en que se traten temas que interesan a los ciudadanos y sobre los que el PSOE en los últimos años ha pasado de puntillas. Y debe ser valiente para afrontar su renovación, pero Sánchez debe elegir bien quiénes van a ser sus acompañantes en esta tarea hercúlea. El que esté muy próximo a él Pérez Tapias ofrece cierta tranquilidad. Pero no toda. El pésimo equipo que lo acompañó en su anterior singladura no da pie a demasiada confianza.

Pero llegados a este punto mi duda es si realmente están en juego dos ideas de lo que debe ser el socialismo hoy en día, o simplemente lo que ha habido es una contienda de egos, sin fondo alguno. Susana Díaz demandando un PSOE reconocible y Pedro Sánchez abogando por un partido con coherencia. Tengo la sensación de que el giro a la izquierda que al menos de cara a la galería Pedro Sánchez pretende dar al PSOE no convence a buena parte de los dirigentes territoriales. La cuestión es saber qué demanda el electorado del PSOE. La imagen de marca del PSOE se ha visto devaluada hasta tal extremo que o logran construir un relato coherente, con empatía hacia los problemas sociales, y que se diferencie de Podemos, o la cosa pinta mal. Ni Sánchez ni Díaz me parecen la solución del PSOE. Lo dije hace tiempo. Lo que necesita el partido es una ejecutiva de cabezas bien amuebladas que sean capaces de sacarlo del ostracismo. En conclusión, creo que no hay que poner la vista en Pedro Sánchez, pues dista mucho de ser el mejor líder, la clave estará en el equipo que pueda o sepa conformar. Si siguen primando las cuotas territoriales en vez de las personas para configurar una ejecutiva sólida, se seguirá agonizando. Veremos a ver qué pasa.

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Cuando la conciencia se adormece

Hay que hacer algo. No podemos permanecer impasibles como si nada sucediera, como si lo que tiene lugar a nuestro alrededor no fuera cosa nuestra. No podemos claudicar. La sociedad civil no puede rendirse. Es cierto que experiencias de traducción política del sentir ciudadano han dado al traste con las esperanzas de mucha gente. Ya advertía yo que la letra y música de Podemos eran disonantes. Pero quizás debamos ir por otro lado. La sociedad civil debe denunciar, movilizarse, actuar. Es más importante eso, que algún que otro diputado en el Congreso. Lo importante es hacer que la política se nutra del sentir ciudadano y para eso no pueden decirnos ellos, desde su universo paralelo, lo que se debe hacer o dejar de hacer. Debemos ser nosotros los que les mostremos el camino. Un claro ejemplo de lo que digo son las mareas ciudadanas que han dado interesantes frutos en los últimos años. No deberíamos dejarlas aparcadas, porque son tan necesarias o más que cuando iniciaron su andadura.
Habría que crear otra marea defensora de los derechos civiles, que contemplara los derechos básicos de todos los ciudadanos, que se manifestara contra las políticas de extranjería de los Estados de la UE y de la propia UE, que denunciara y pusiera freno al avance fascista de muchos gobiernos en el mundo, de demasiados. Me cuesta creer que mueran niños intentando llegar a nuestras costas y miremos para otro lado. Me indigna saber que muchos refugiados mueren de frío mientras que la UE no sólo no hace nada, sino que muestra su lado más insano. La reacción de la UE ante las políticas de Trump lo dice todo. Al menos, no quiere ser hipócrita, consciente como es de lo que está haciendo… De ahí su silencio cómplice.
Necesitamos el oxígeno de mentes preclaras como las de Javier de Lucas, infatigable defensor de los derechos de los inmigrantes. Hoy he leído esta entrevista que le han hecho, y más allá del pesimismo que la situación actual trasluce, creo que lo importante es destacar su creencia en la sociedad civil organizada como propulsora de la autodefensa de los valores y libertades democráticos. Yo también lo creo. A lo mejor no estaría de más que comenzáramos a organizarnos desde las Universidades para demandar respeto por los derechos humanos. Yo creo que estamos muy callados, porque las voces están muy dispersas. Tendríamos que unir la de todos los que pensamos que es necesario apuntalar un espacio de convivencia en el que primen los derechos de los ciudadanos por encima de otros intereses, para hacer que las conciencias no se adormezcan. Porque lo peor que nos puede pasar es que nos resignemos a pensar que otro mundo no puede ser posible.

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La buena educación

 

En estos tiempos que vivimos, en los que la cantidad ha sustituido a la calidad, en todos los ámbitos, yo hoy quiero romper una lanza por la buena educación. Probablemente no pueda esgrimirse ante ningún tribunal evaluador, ni dé lugar a ningún reconocimiento tangible; puede que no se cotice ni en bolsa ni en ningún otro lugar, pero es tan necesaria para poder vivir que no entiendo cómo no se hace más por promoverla y potenciarla.

La buena educación son hábitos adquiridos normalmente en el entorno familiar más cercano; la que proporcionan los padres y hermanos, los abuelos y los tíos, también los primos. La familia es la primera que debe educar en todos los sentidos, y si en ella rigen los buenos modales, normalmente el niño/la niña los irá adquiriendo. El colegio, creo, no es el sitio idóneo para enseñar buena educación ni modales, aunque ayuda a reafirmar los que ya se tienen y a corregir, si se puede, los malos hábitos. Es muy importante, por ejemplo, inocular el respeto por los compañeros y por los profesores desde bien pequeños. El respeto por el otro es básico en la buena educación. Y el saber hablar correctamente; no verbalizar violencia ni utilizar términos despectivos. Cuando se crece es necesario también ir adquiriendo patrones nuevos acordes a la edad y a los escenarios en que nos movemos. Pero sigue siendo básico siempre el respeto. El respeto por la situación del otro, por su trabajo, por su concepción de la vida. Si pretendemos que todo sea conforme a cómo lo vemos nosotros, estaremos contribuyendo a construir una concepción etnocéntrica, que a la postre nos termina aislando y empobreciendo.

Si algo queremos dejar a nuestros hijos e hijas, más que títulos, más que conocimientos sesudos ni experiencias en tropecientasmil actividades que se nos ocurran que pueden ser interesantes para su crecimiento personal, intentemos que sean respetuosos y comprensivos siempre, y cuando tengan comportamientos nobles con los otros, por más que desde nuestra visión ya curtida podamos dilucidar riesgos, reconozcámosles los buenos actos. En estos tiempos, no se cotiza ser buena persona y, sin embargo, considero que si hubiera más buenas personas este mundo que ahora tenemos sería menos injusto, más habitable y, por supuesto, más humano.

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Pobreza, a secas

Nunca me ha gustado que se adjetive la pobreza, como si su adjetivación fuera capaz de modularla, en una especie de juego macabro en que no estoy muy segura de quién gana y de quién pierde. Estos días, cuando tanto se ha hablado de pobreza energética, cada vez que se pronunciaba el término, algo me chirriaba. Somos muy dados a ponerle nombres rimbombantes a las cosas; nos gusta vestirlas, adornarlas con vocablos que disimulen su verdadero contenido. Yo me pregunto sin embargo si es distinta la pobreza, a secas, de la pobreza energética. Quizás eso nos lleve a un análisis más profundo de por qué los precios de la energía en España están por las nubes, tanto que convierte a muchas familias en pobres, puesto que deben elegir entre comer o tener electricidad, por ejemplo. Pero a la postre, quien no puede pagar los servicios indispensables para vivir dignamente es pobre, y por mucho que se adjetive su pobreza, eso no lo hará menos vulnerable.
Hay algunas Comunidades Autónomas que obligan a las eléctricas a comunicar a las administraciones públicas con carácter previo un corte de luz, para que puedan analizar si esa persona está en situación de exclusión social. Yo me pregunto si no sería más operativo garantizar un suministro mínimo energético por ley. Sería más barato para todos, porque con los cortes y enganches, que deben abonarse además a las eléctricas, las únicas que ganan son ellas, y pierden los ciudadanos y también la administración. No puedo llegar a entender cómo nos hemos convertido en una sociedad que prioriza el respeto de los intereses empresariales antes que las necesidades básicas de los ciudadanos. Y que lo aceptemos como algo normal, connatural a la vida misma. Yo creo que esto es la señal inequívoca de que la sociedad de consumo nos ha abducido tan intensamente que ya no somos capaces de diferenciar lo que son derechos de intereses. Y eso es grave.

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Vodevil

Dícese de la “comedia frívola, ligera y picante, de argumento basado en la intriga y el equívoco, que puede incluir números musicales y de variedades”. Pues menos los números musicales, de todo hubo en la última semana en el PSOE, llegando a su culminación el pasado sábado, cuando se puso de manifiesto a todas luces y con taquígrafos en lo que se ha convertido un partido que otrora fue motor importante para nuestro país. No voy a entrar en las razones de unos y de otros. No me interesan. Creo que al resto de la ciudadanía tampoco. Lo que sí destaco es la absoluta falta de proyecto político que tiene en estos momentos el PSOE. Ni lo tenía la anterior dirección, ni lo tiene la gestora ni parece que vaya a articularse en un corto plazo. Al final se ha entrado en un círculo vicioso del que sólo pueden salir si logra articularse un proyecto sólido en que no sean las personas lo más importante, sino las ideas que pretendan defender. Estoy convencida que en el PSOE hay gente lo suficientemente preparada y con convicciones para emprender este reto. En estos atribulados días, han intentado poner mesura Josep Borrell o José Antonio Pérez Tapias. Sus voces han sido clarificadoras frente, por ejemplo, a la tal Verónica Pérez, de formación indeterminada, que se autoatribuyó con el mayor de los desparpajos ser la máxima autoridad en el PSOE. Con elementos como éste en el partido, normal que la cosa vaya como va. Se necesitan muchos Borrell y muchos Pérez Tapias. Los que están en primera línea están tan quemados y dicen tan poco que es mejor ya ni escucharlos. Porque aunque nadie, aparte de Fernández Vara, defienda en el PSOE la abstención ante una investidura de Rajoy, es lo que ahora está de fondo. Es verdad que muchos de los que están en el PSOE no tienen ideología, muchos están por cooptación viviendo del partido. Y otros están en él, pero tienen una ideología más cercana a la derecha. Por eso, quizás no estaría mal mirar hacía donde apuntaba el otro día Miguel Pasquau Liaño en un artículo muy interesante, sobre la posible escisión del PSOE, para que cada cual se recoloque en el espacio político que esté más en consonancia con sus ideas. Sería una pena, pero quizás sea lo único que a día de hoy sea posible para construir una izquierda sólida en nuestro país.

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Privatizar escaños

Es lo que nos quedaba por ver. Rita Barberá, una vez imputada, decide dejar el PP pero aferrándose a su escaño, aun teniendo que pasar al grupo mixto. A su juicio, el escaño le pertenece, seguro que en su foro interno piensa que bien merecido lo tiene por los servicios prestados a su partido y a España. Es esta la concepción de lo público que desgraciadamente tienen muchos de los que están hoy en política. La estampa dice mucho. Primero que Rajoy está atado de manos y pies con esta señora. Él sabrá por qué. Espero que pronto lo sepamos todos. Segundo, porque si tan importante ha sido en su partido, quizás tendría que haber optado por dejar el escaño, que es lo que está haciendo daño a su formación política. Fíjese, señora Barberá, que a quienes pagamos su sueldo lo que menos nos importa es dónde milite, sino que esté ocupando un puesto que es indigno de usted. Porque sí, sr. De Guindos, la dignidad no es un concepto jurídico indeterminado, como sostuvo sin sonrojo usted el otro día en su comparencia sobre el ex ministro Soria; la dignidad es algo que al parecer no está al alcance de muchos de los miembros del partido popular. Lo peor de todo es que esa indignidad que ustedes tienen, cuando ocupan puestos públicos, se extiende a todos. Y así estamos, viendo cómo la indignidad se apodera de todo lo público, privatizando también lo poco decente que aún conserbábamos.

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