Blog de Antonia Durán Ayago
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Archivo | 22 junio 2016

Adou

La historia de Adou es dura. La cuenta extensamente el periodista Nicolás Castellano en su libro, “Me llamo Adou” (Planeta, 2017). Adou fue descubierto en el interior de una maleta por la Guardia Civil en el puesto fronterizo del Tarajal en Ceuta.  Al parecer una mujer lo introdujo en ella. La intención llegar a España. Su familia estaba aquí. Su padre llegó primero y poco a poco fue trayendo a su familia. Sólo quedaba él. Le denegaron la autorización de reagrupación familiar porque le faltaban apenas 50 euros para cubrir el mínimo exigido de renta para demostrar que contaba con medios para mantener a su familia. Crueldad institucional. No sé en qué punto perdimos el norte con la legislación de extranjería. Cuándo comenzamos a deshumanizarnos.

Hoy ha sido el juicio y a su padre le han impuesto una multa. El fiscal pedía para él tres años de prisión. Podíamos pensar que al final esta historia ha acabado bien. La cuestión es cuántas historias parecidas no acaban de la misma manera. Cuántos niños arriesgan sus vidas por llegar a España o a cualquier país europeo. Y cómo los recibimos aquí. Cómo se aplica de forma implacable una legislación que parece obviar que la minoría de edad demanda de las autoridades protección y no desconfianza. La altura de las sociedades se mide por cómo son capaces de tratar al otro. Y tengo la impresión de que involucionamos.

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