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Universidad de Salamanca
Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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La importancia del esfuerzo

Quizás porque nadie me ha regalado nada, en lo que a la faceta laboral se refiere, aunque he tenido muy buenos maestros que me han enseñado lo que vale una hora de trabajo, me llama la atención y me entristece que haya alumnos que lleguen al aula con la máxima del mínimo esfuerzo grabada a fuego. Claro, eso hace que una asignatura como la que imparto -Derecho internacional privado- tenga tan mala prensa. Y la tiene porque ni yo ni mis compañeras creemos en el mínimo esfuerzo.

El mínimo esfuerzo sería llegar a clase sin llevar la última sentencia; sin estar atento a la última noticia relacionada con la materia aparecida en la prensa; sin comentar las novedades legislativas que en los últimos tiempos tanto han menudeado; en fin, sin intentar ofrecer al alumno la mejor formación. Pero a cambio, el que da, necesita recibir. Y para un profesor recibir implica tener a alumnos que no se limiten a ser taquígrafos, sino que participen activamente de las clases; preguntando, cuestionando, aportando ideas.

Una clase es un espacio ideal para poner en práctica lo que necesita la sociedad en general. Partiendo del conocimiento adquirido durante años y que transmite el profesor, los alumnos deberían hacer evolucionar ese conocimiento con preguntas que cuestionen su validez actual. Ese debate que tantas veces se echa en falta en las clases, es la semilla para hacer evolucionar el conocimiento.

Aunque algunos piensen en las clases como algo mecánico o rutinario, entiendo que una clase en la que haya esfuerzo por los dos lados puede ser más provechosa que horas de estudio en solitario.

Aprender a pensar cuesta; lo bueno es que una vez que se empieza ya es muy difícil dejar de hacerlo. Y es que el esfuerzo siempre merece la pena.

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Movilización ciudadana vs. salvajismo

Asisto con preocupación a los últimos movimientos de crispación que se están produciendo al hilo de la toma de posesión de los nuevos cargos públicos y la constitución de los parlamentos autonómicos y los gobiernos locales.

Ayer, al hilo de lo acaecido en Barcelona, todos los medios de comunicación se hacían eco del grado de salvajismo imperante entre quienes trataban de impedir el acceso al Parlamento catalán a los diputados catalanes,  donde debía deliberarse sobre el presupuesto de la Comunidad.

Y todo ello lo relacionaban con el movimiento del 15 M. Evidentemente, coligar estos comportamientos con el movimiento ciudadano del 15 M puede hacerles mucho daño, aunque considero que la gente sabe discernir entre lo que es un síntoma del despertar ciudadano que se moviliza indignado por todo lo que está sucediendo en los últimos tiempos y el aprovechamiento que algunos violentos hacen  siempre de situaciones de movilización como ésta.

Desde luego el camino no es ni coaccionar ni increpar a los políticos, que legítimamente han sido elegidos en las urnas; el camino debe ser hacer reflexionar a los partidos sobre el cariz que ha adoptado la democracia en nuestro país en los últimos tiempos; embarrada tras un sistema en el que parece primar todo menos los intereses de los ciudadanos.

La política es un oficio digno; eso ni se discute. Se trata de ponerse al servicio de los demás para intentar hacer la vida de los ciudadanos mejor; y trabajar por eso siempre debe conllevar reconocimiento y respeto. Pero cuando se confunde la política con los intereses personales; cuando la corrupción aflora; cuando las ideologías se diluyen y se ponen al servicio de no se sabe muy bien qué dictados etéreos, que llámense capital o mercado, es igual, acaba por hacer añicos los derechos sociales conquistados con mucho esfuerzo a lo largo de los años; cuando si se mira a Europa no se encuentra más que el fatídico egoísmo de unos pocos; la resignada actitud de otros tantos y la ingenuidad de los que todavía creen que es posible salvar a Europa del desastre; cuando todo eso sucede, lo lógico, lo absolutamente normal es que la sociedad se despierte y diga “estamos aquí”, seamos realistas, y empecemos a revisar qué se ha hecho para que esta movilización ciudadana haya surgido.

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Regreso

Sí, es evidente. Volver casi un año después a este espacio no es de recibo. Blog, lo que se dice blog, y si con ello se hace referencia a la continuidad y frecuencia con que se vierten comentarios, no es que sea. Asumo mi parte absoluta de culpa por esta dejadez y retomo la tarea al final de donde la dejé.
Finalizó el curso. Y prácticamente todo sigue igual. La Universidad avanza por unos derroteros inciertos, sin financiación suficiente; la crisis sigue marcándonos el paso; el desempleo haciendo mella; los bancos y las grandes empresas continúan con sus beneficios (se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas, ya se sabe); las elecciones municipales y autonómicas parecen haber puesto punto y final a un ciclo, abriendo otro de resultados también inciertos; con las instituciones por los suelos; los políticos mirando para otro lado; el movimiento 15 M demandando un espacio social de reivindicación para los indignados que somos muchos, y así, asistiendo todos los días a un espectáculo lamentable de degradación de la vida democrática, donde los partidos parecen haber secuestrado la verdadera esencia de la soberanía, asistimos a un compás de espera que no sé muy bien a qué o a dónde nos llevará.
Entretanto, los privilegiados que tenemos la suerte de seguir trabajando (al menos de momento) en lo que nos apasiona deberíamos plantearnos cómo contribuir a que esto se desatasque.  No me refiero a aportar grandes soluciones; me refiero a lo que cada uno en conciencia puede hacer desde su ámbito para oxigenarse. Y es que tengo la impresión que lo que falta es aire nuevo…

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Comienzo de curso

Hoy comienza oficialmente el curso 2010/2011 en la Universidad de Salamanca. Es éste un curso lleno de novedades por la implantación del Espacio Europeo de Educación Superior.  Y también repleto de interrogantes. Interrogantes que van más allá o trascienden a la pregunta retórica tantas veces hecha durante estos años de si servirá para algo este cambio, o las cosas seguirán igual que siempre. Sin duda, algunos no cambiarán porque tienen muy interiorizado el método esculpido a fuerza de años y de inercia. Otros en cambio intentarán con renovadas ilusiones poner a salvo los valores que han inspirado y deben seguir inspirando siempre a la Universidad, por mucho que la metodología cambie y que la imaginación conquiste un pequeño espacio entre la rutina. La Universidad es generadora y transmisora de conocimiento y para que eso siga siendo así, para que la Universidad retome lo que en otras épocas ha supuesto de revulsivo, debería repararse en ella. Más en estos tiempos de crisis en los que sorprendentemente se restringen los fondos destinados a la investigación. Eso demuestra lo poco, poquísimo que hemos aprendido de esta crisis. Parecía que queríamos reconducir el camino; apostar por el conocimiento como propulsor de la economía y sin embargo, no sólo no se apuesta fuerte por la investigación, sino que se reducen los fondos destinados a la misma. Habrá que seguir tirando; otra no queda. Pero en un inicio de curso como éste, con tantos cambios hechos a base de esfuerzo e imaginación, a la Universidad se la debería mirar con otros ojos. Unos ojos como con los que nos miran todos los que hoy han comenzado sus clases en la Universidad; con ojos de esperanza.

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Bienvenido/a a mi blog

Estimado/a amigo/a:

Gracias por visitar este blog. Espero que éste sea un espacio de encuentro, de reflexión compartida sobre aspectos que afectan a la Universidad española y a la sociedad en general.

 

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