A veces tengo la impresión de vivir en un mundo de locos. Quizás debiera dejar de leer las noticias, de escuchar la radio. Centrarme sólo en lo más próximo y no prestar atención a otras cosas. Porque lo cierto es que después de oír tantas barbaridades la mente llega a saturarse. No sé cómo es posible que tengamos un ministro de hacienda que diga sin pudor que los sueldos en España no bajan, sino que se aprecia en ellos un moderado ascenso; tampoco que tengamos un presidente que va alardeando en el extranjero de que en España los costes laborales son muy competitivos, por no decir que hay mano de obra barata, cada vez con menos derechos, dicho sea de paso; que tengamos una ministra de sanidad que promueve el copago en todo, y penaliza a quien es enfermo crónico, además de negarles el derecho a la asistencia sanitaria a los inmigrantes; que en Madrid se hayan dejado de hacer las mamografías a 30.000 mujeres y que la consejera del ramo en vez de explicar a qué se ha debido, se escude en que se trata de mujeres sanas, que no hay riesgo, cuando se trata de realizar pruebas de prevención…; que la alcaldesa de Madrid quiera seleccionar a los músicos callejeros y penalizar a los mendigos, igual que en Benidorm, ya se sabe la pobreza está mal vista en la calle…; que tengamos al frente de las instituciones a personas que se están cargando la cultura y que encima justiquen la falta de inversión por ejemplo en el cine en su baja calidad…; que la OCDE publique otro informe en el que salimos tan mal parados en materia de educación… Díganme si ustedes piensan como yo que el mundo se ha vuelto loco. Eso, o es que hay demasiado inepto suelto. No sé.
Lampedusa
Cuando el pasado jueves un grupo de 500 personas viajaban hacinadas en un barco rumbo a la tierra de sus ilusiones seguramente pocos se habían planteado el peligro que suponía realizar este trayecto, aun cuando muchos antes que ellos hubieran perdido la vida al hacerlo. La vida es un bien que se convierte en relativo cuando el deseo por salir de la desesperación es más fuerte que todo. Es seguro que después de este barco vendrán otros, y que los que en ellos se embarquen no dudarán ni un segundo en hacerlo. Quieren salir de la pobreza de sus países de origen, y los riesgos en estos casos nunca se capitalizan, siempre se hacen a beneficio de inventario.
Lampedusa se ha convertido en estos días en el foco en que poner la mirada sobre el drama de la pobreza. Una pobreza que no entiende de leyes de control de la inmigración ni tampoco de las altas políticas europeas. En este caso, Italia, un país que se ha caracterizado en los últimos años, por leyes xenófobas y excluyentes, es el país de la Unión Europea donde se refleja el drama de no saber afrontar adecudamente los problemas.
Buena parte de las políticas de inmigración de los Estados miembros se europeizaron con el Tratado de Ámsterdam de 1997. Desde entonces y hasta el Tratado de Lisboa, la Unión Europea ha ido ganando protagonismo en esta materia. Y se han elaborado ambiciosos planes que hablan de solidaridad, de integración, de cooperación; que presentan a la inmigración como algo positivo y que visten a la Unión Europea como la tierra prometida que precisamente no es. La alfombra roja la tienen todos los profesionales cualificados que quieran venir a trabajar a nuestros Estados, pero no la mayoría de las personas que quieren encontrar una oportunidad de vida fuera de las estrechas fronteras de la pobreza.
La Unión Europea no se puede convertir en una fortaleza que asista impasible a este funesto drama. La cooperación, la inversión en estos Estados es algo que nos beneficia a todos y debe ser afrontado entre todos. Si no se hace así, si miramos para otro lado como si con nosotros no fuera, las tragedias se irán sucediendo como lo han venido haciendo hasta ahora y la herencia no podrá ser peor. Si ahondamos en la injusticia, estaremos contribuyendo a construir un mundo en el que la seguridad cada vez sea mayor utopía. Y es que los desequilibrios que existen entre las distintas partes del planeta nunca han sido tan bien percibidos como lo son ahora. Lo bueno de una sociedad en red es que las vergüenzas cada vez es más difícil esconderlas.
Consulta ciudadana por la Educación
De alguna manera tenemos que expresar nuestro rechazo a las políticas que está practicando este Gobierno. Entre ellas, quitar dinero a la educación pública para dárselo a la concertada. Ya incluso ayer se hablaba de ceder suelo público para la construcción de centros concertados. Una absoluta tomadura de pelo. Otra más. Como el copago en la sanidad o como la privatización de hospitales públicos. La crisis como pretexto, en definitiva, para desmantelar lo que con tanto esfuerzo hemos construido.
Resulta que hasta anteayer España era uno de los Estados del mundo con mejor sistema sanitario. Sistema, además, que no resultaba caro en proporción con los servicios que ofrecía. Éramos un referente para los demás países. Lo que se está haciendo ahora, con las políticas del actual Ministerio de Sanidad, es colocar a España como el país del mundo que en proporción menos se está desarrollando en sanidad. Muy claro lo decía ayer en el programa El Intermedio, Helena Legido-Quigley, investigadora de la London School of Medicine, entrevista que recomiendo (ver aquí). Ella decía que la única manera de parar esta regresión era hacerle ver al Gobierno que lo que está haciendo a la larga nos va a salir más caro. No hay que ser demasiado audaz para percatarse de lo acertado de sus argumentos. Sin embargo, ahí sigue nuestra Ministra ahora planteándose si legislar a medida para Adelson en Eurovegas. Esto es lo que tenemos.
Igual que hubo recogida de firmas en Madrid hace unos meses para reivindicar la sanidad pública, igual ahora la Plataforma por la Educación Pública ha puesto en marcha una campaña para conocer el sentir de la población sobre la gestión de la educación pública que está llevando a cabo este gobierno. Os animo desde aquí a participar http://www.consultaciudadanaporlaeducacion.org/.
Ya que no nos preguntan, al menos que nos oigan.
Diseñando la estrategia
No tiene que ser tan difícil. Seguro que hay una manera de salir de esta situación. Se me ocurre hacer una vía, a imagen de la vía catalana el día de la Diada, que recorra España de norte a sur, para demostrarles a nuestros representantes que estamos cansados, hartos, hastiados de tanta noticia frustrante y que, como pueblo, necesitamos un pulmón para poder respirar. Ese pulmón viene de la necesidad de construir en positivo. Necesitamos políticas que en vez de practicar la mala costumbre de la tijera, pongan en marcha estrategias que nos lleven a un camino en el que el crecimiento sea el sujeto activo. Necesitamos alguna política en positivo. Después de estos casi dos años de Gobierno, aún no hemos escuchado, o al menos yo no lo he hecho, ninguna idea seria de hacia dónde queremos ir como país. ¿Cómo queremos crecer? Porque está claro que queremos, que necesitamos crecer.
Vivimos anclados en las malas noticias; la corrupción tema estrella de todos los telediarios; Europa pidiendo siempre más; el Gobierno desnortado ahora, y por enésima vez, incumpliendo la promesa del Presidente de no tocar las pensiones…, y entretanto, entre tanta mala noticia, parece que nadie osa a dar un paso para exigir respuestas. No sé cómo, pero habrá que pensar en cómo diseñar la estrategia para superar este abismo.
De la transparencia al surrealismo
España se ha convertido en un país surrealista. Llevamos días hablando de las olimpiadas de 2020 sin reparar en lo que tenemos ahora mismo en casa. No sé a quién se le ocurrió la maravillosa idea de apostar por tercera vez, en un contexto tan complicado como el que vivimos, por que España albergara unos juegos olímpicos. No sé si es que alguien ingenuamente pensó que eso era lo que España necesitaba para salir del atolladero en el que se encuentra. Pero verán, por muy buenas que sean las intenciones, hay otros intereses que a la hora de la verdad juegan tanto o más como el voluntarismo. Seguramente las razones que llevaron a los miembros del COI a desechar la candidatura de Madrid fueron múltiples y no voy a intentar siquiera analizarlas, pero como país me preocupa la imagen que estamos dando. No es coherente que un país que está salpicado en todas las instituciones por casos de corrupción, intente dar un do de pecho. Lo puede hacer, pero corremos el riesgo de que luego la caída sea más grande. Como ha sucedido. Entiendo que antes que unas olimpiadas, España necesita invertir en otras cosas, más necesarias, sin dejar a un lado al deporte español, que también hay que cuidarlo, no necesariamente, cuando no se puede, apostando por macroeventos, sino ayudando a las federaciones y apostando por los jóvenes valores que tenemos. Después del hachazo que las políticas sociales y la educación han sufrido, ¿alguien en su sano juicio puede apostar por las olimpiadas?
Desde luego, cuando se juega con el dinero de todos, debería haber mayor transparencia. Porque si a ese clamor popular que decían que existía de apoyo a la candidatura de Madrid le hubieran preguntado si elegiría invertir en las olimpiadas o en educación y en políticas de empleo, quizás el clamor hubiera sido otro.
Transparencia. Se debate en el Congreso una ley de transparencia. Al tiempo, vamos sabiendo casi a hurtidillas noticias que nuestro Gobierno nos oculta. Como la posición de apoyo de nuestro país a EE.UU. en un probable ataque a Siria (¿nada tiene que decir el Parlamento?) o como los furtivos encuentros entre Rajoy y Mas a cuenta de la independencia de Cataluña. Se habla de transparencia y se practica lo contrario. Todo es silencio. No digamos ya con los casos de corrupción que afectan directamente al presidente del Gobierno. Es un clima asfixiante este que nos están haciendo vivir. Cuánta falta haría que llegara savia nueva que removiera a todo el anquilosado sistema que tenemos.
Más y mejor
Todo parece reiniciarse en septiembre. Mientras vamos encendiendo los motores que nos llevarán a surcar una nueva etapa, confiemos en que cada uno de nosotros sepamos dar más y mejor allá donde nos encontremos. Hace mucha falta reivindicar el optimismo en este país, y también la honradez, la honorabilidad, la sensatez, el esfuerzo y la esperanza.
Hoy que comenzamos un nuevo curso quiero acordarme de todos aquellos jóvenes españoles que han tenido que abandonar nuestro país buscando una oportunidad. Quiero pensar que este país será capaz de volver a ofrecer oportunidades a los jóvenes mejor formados de nuestra historia. Entretanto eso sucede, me enorgullezco de formar parte de un país que ha sabido formar a jóvenes que se rifan en el extranjero.
Raquel, mi querida y valiente sobrina Raquel, va por ti y por tantos que no han tenido miedo a emigrar conscientes de su valía y de sus conocimientos. Me quito el sombrero ante vosotros.
Otra vez Galicia
Me hubiera gustado despedirme hasta septiembre con otro tipo de post, pero el sobrecogimiento que todos hemos sentido ante el tremendo accidente del miércoles en Santiago de Compostela hace que no me pueda ir sin un pequeño homenaje al pueblo gallego, que se crece ante las adversidades, que ha dado siempre que ha tenido posibilidad de hacerlo ejemplo de solidaridad y humanidad, ese ejemplo que es tan necesario en nuestros días.
Pero antes mi sentido pésame a todas las familias que se han visto golpeadas de lleno por este brutal hecho. No hay palabras en estos momentos ni de consuelo ni de esperanza para ellos. Lo sé bien. Pero comprender el dolor del otro, ponerse al lado del que sufre aunque sea espiritualmente, si bien no aminora el dolor, al menos lo hace compartido y eso también lo dignifica.
Otra vez Galicia. Ahora con más dolor, porque hay víctimas humanas por medio. Demasiadas. Cuando un accidente así ocurre todos nos preguntamos cómo es posible que estas cosas pasen. Tiempo habrá de revisar y analizar lo que ha pasado, pero la sensación que te queda de inseguridad y desasosiego tras ver un accidente así no nos la puede quitar nadie. Ante ese hecho, sin embargo, las personas cercanas a las vías del tren, además por supuesto de bomberos, policía, sanidad, protección civil y todos los funcionarios que con su ejemplar servicio han dado muestra de lo necesarios que son, aunque a algunos no se lo parezca, se acercaron a ayudar y a asistir de la manera que podían a las víctimas. Eso es ser humano; eso es saber estar cuando a uno lo necesitan. Es de agradecer que haya gente así.
Me llamó la atención el actuar del pueblo gallego ante el desastre ecológico del Prestige, y vuelve a sorprenderme ahora. Con un pueblo así, con gente que vive y siente la solidaridad de esta manera, es con lo que el ser humano puede reconciliarse. Para ellos este sencillo homenaje. Y mucha fuerza para todos los familiares de los fallecidos. Es duro, muy duro verse de golpe ante esta realidad. Esto nos demuestra lo volátil que es todo. También lo efímero. Por eso, y aunque pueda sonar frívolo en este momento, intentemos vivir intensamente.
La verdad por delante
Era y sigue siendo cuestión de tiempo. La verdad acaba por aflorar siempre. O al menos eso quiero creer. Cierto es que ha habido casos previos de corrupción, sin ir más lejos, el caso Naseiro, también en el PP, en los que después de conocerse la verdad, judicialmente no se llegó hasta el final, por problemas procesales, en este caso que cito, de escuchas irregulares. Seguro que se le vendrán a la cabeza otros muchos casos como éste. Pero se pudo constatar entonces, como también se está constatando ahora, hasta dónde llega la corrupción y las corruptelas entre nuestros políticos. El caso Bárcenas es sólo la punta del iceberg. Pero tiene tanta importancia política que lo raro es que a día de hoy nadie, absolutamente nadie, haya dado un paso para explicarse. Explicarse, me refiero, con lógica y verosimilitud. No me refiero a las explicaciones de la Sra. De Cospedal y del Sr. Floriano que pasarán a los anales de la historia de la sinvergonzonería.
Mientras esto sucede en el PP, el otro gran caso de corrupción abierto en estos momentos, afecta al PSOE andaluz por el caso de los ERES, y tampoco están dando un ejemplo digno. También ellos piensan que se trata de una causa general abierta contra este partido por la juez Alaya. Ya se sabe, la victimización como forma de defensa. Lo utilizan a partes iguales unos y otros.
Y en medio de este lodazal, los ciudadanos, que asistimos a este lamentable espectáculo con náuseas. Náuseas de que nos gobiernen personas que anteponen sus intereses personales a los generales. Náuseas de que pretendan hacernos creer que vivimos en un Estado democrático, cuando a la vista está lo que les importa el pueblo. Como ya he dicho en este mismo blog, habrá que replantearse muchas cosas para que los ciudadanos volvamos a confiar en un sistema que los propios partidos políticos y sus castas están contribuyendo a destruir.
La justicia del más fuerte
En la República de Platón, se recogen distintas concepciones sobre la justicia. Sócrates se encarga de presentarlas, “entrevistando” a diversos personajes que engendran esas ideas sobre lo que la justicia es y lo que representa. Uno de esos personajes es el sofista Trasímaco, defensor de la justicia del más fuerte. Para él, justicia es lo que place al más fuerte, o dicho de otro modo, los gobernantes hacen las leyes que les convienen para verse beneficiados por las mismas. El concepto de democracia no está presente en su concepción de la justicia, pues para él las normas las elabora el más fuerte (gobernantes) con el único objetivo de alcanzar prebendas y beneficios.
Seguramente no estamos tan lejos de esa concepción de la justicia. Bastan los ejemplos que diariamente nos trasladan los medios para comprobar que ni todos somos iguales ante la ley, ni las normas benefician de la misma manera a los poderosos y a los débiles. Los gobernantes de Trasímaco, no son en realidad y a día de hoy, los más fuertes, sino que estos gobernantes actúan como meros demiurgos que trasladan la voluntad del capital o de los mercados, esos grandes grupos de inversión que todo lo controlan y que deciden, sin pasar por elecciones algunas, lo que les place, consiguiendo que la legislación se acomode a sus deseos. No otra cosa es el neoliberalismo. A estas alturas ya nos deberíamos haber enterado todos.
Utilizar la palabra corrupción para describir estos comportamientos es demasiado liviano. El problema es que se trata de comportamientos que por repetidos, se han acabado inoculando en la sociedad y ésta parece admitirlos como si fueran inevitables. Fíjense si no en el bochornoso espectáculo del denominado “caso Bárcenas”. Un señor que ha controlado las cuentas del partido del gobierno durante tantos años y que ahora se descubre que ha amasado una inmensa fortuna a base de recibir prebendas de esos “grupos” de presión, que llámense Gürtel o como se quiera, han estado a la sombra del poder moviendo los hilos para lucrarse también. Resulta que ante un caso tan GRAVE, el partido en el gobierno mira para otro lado, da la callada por respuesta, no sabe no contesta. Quizás su silencio se debe a que los contratos simulados con indemnización en diferido han sentado tal cátedra, que prefieren quitarse del medio, presentándose o intentándolo al menos, como víctimas. En un Estado democrático y de Derecho, tamaño escándalo habría justificado sin dudarlo un adelanto electoral, pues parece cada vez con más claridad comprobarse que hay un partido que lejos de servir a los intereses generales (que es para lo que ha sido elegido) ha estado (y utilizo el pasado, sin estar muy segura de si debería usar el presente) sirviendo los intereses privados de una corruptela que extendía sus tentáculos por las más diversas administraciones. Lejos de eso, aquí no pasa nada, impera la justicia del más fuerte; justicia del que puede servirse de la información que tiene para evadir la cárcel y no se sabe cuántas cosas más. Ojalá me equivoque.
Wert o la manipulada excelencia
Pocos ministros han concitado tanta repulsa de tantos sectores en tan poco tiempo. El Sr. Ministro de Educación (o eso dicen) y de Cultura es un ejemplo. Seguramente tendrá que ver con su cercana etapa de polemista. A algunos, ya se sabe, la cartera de Ministro le queda grande.
La última ocurrencia de este señor ha sido ligar las becas a la supuesta excelencia. Para el Sr. Wert si no sacas más de un 6,5 de media no deberías estar en la Universidad. Este es el titular que hoy ha dado. Aunque lo que hay detrás ya sabemos lo que es. Puesto que esta nota la subordina no a una supuesta y cuestionable excelencia, sino a que si no llegas a esa media, no se podrá optar a una beca. Y esto es lo que verdaderamente asusta.
Que no venga el Sr. Wert hablando de excelencia cuando a los mejores expedientes de nuestro país los están dilapidando, sin ofrecerles más salida que la salida de España para seguir formándose o para intentar encontrar trabajo fuera de nuestro país. Ya estamos cansados de tanta retórica barata. Si queremos mejores resultados, apostemos también por mejorar la calidad de nuestra enseñanza. Como con tanta liviandad se manifiesta este señor, yo me atrevo a vaticinar que con más medios se obtendrían mejores resultados. Lejos de eso, se recorta en profesorado; se recorta en proyectos de investigación; se recorta en los campus de excelencia, se recorta en todo. Y mientras eso se hace, se atreve a hablar de excelencia, ¡habráse visto cuánto descaro!
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