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Universidad de Salamanca
Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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La pared

Seguro que todos hemos tenido la sensación, en algún momento, de chocar contra una pared. De intentar avanzar hacia una meta y por circunstancias dispares aparecer de repente una pared que, como un bofetón, te frena en seco y te impide realizar tus proyectos. Cuando eso sucede hay dos alternativas: bien quedarse en el suelo, noqueado, siendo incapaz de levantarse, o bien armarse de coraje, encajar el golpe y seguir adelante con otro intento; siempre con otro intento. El optar por una u otra alternativa depende de muchos condicionantes, pero fundamentalmente tiene que ver con la fortaleza interior de cada uno. El refranero lo reza muy claro: “lo que no mata hace más fuerte”.

La vida está llena de “noes”. De eso nos vamos dando cuenta a medida que crecemos. Es verdad que algunos tienen más trascendencia que otros; pero todos son igual de injustos, porque suponen un freno al proyecto de vida que uno ha ideado y cuando se depositan las fuerzas, las horas, el trabajo en conseguir algo y de repente aparece un no que a modo de pared te impide seguir avanzanzado, escuece. Pero hay que seguir intentándolo hasta que el sí llegue, que seguro llegará, aunque haya que transitar un camino más largo, más tortuoso o más angosto.

Ayer y hoy ha tenido lugar en la Facultad de Derecho el III Congreso de Jóvenes Penalistas, y he tenido, por ello, la suerte de coincidir y compartir algunos ratitos con una querida amiga, excelente investigadora, brillante docente, incansable trabajadora. En ese equilibrio cósmico del que tanto nos gusta hablar, y mira que han pasado años, estoy convencida de que la Universidad española le debe un sitio y lo va a conseguir. Como decía Hermann Hesse en Demian cuando una persona desea con fuerza algo, al final todo acaba alineándose para que lo consiga; su propia fuerza interior genera el éxito. Fíjate que te lo dice alguien que lleva una larga lista de “noes” a las espaldas, pero con fuerza, estoy segura, acabaremos horadando esa pared.

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La virtud del no saber

Sabrán ustedes que el Sr. Presidente del Senado no sabía que debía declarar un préstamo que su partido le hizo en su día para arreglar su casa. Sabrán ustedes también que el Sr. Floriano, que es profesor de Economía política, ahora metido en otros lances, asegura que esa actitud no sólo no es reprochable, sino que además por no declararlo  pagó más impuestos. Sí, como lo oyen. Esta es la justificación que hoy ha dado Floriano para restar importancia al comportamiento del Sr. García Escudero, que no digo yo que sea el máximo responsable, sino un mero eslabón en la cadena que todos a estas alturas sabemos dónde lleva. Pero la explicación no deja de sorprender. ¿No les recuerda a la simulación de contrato con indemnización en diferido?

Los miembros del partido del Gobierno se caracterizan por no saber, y lo peor, es que hacen de ello una virtud. ¿Habráse visto cuánto descaro? Recuerden el caso de la ministra Mato, por ejemplo. Y claro, como esta estrategia funciona, pues no hay pudor en extenderla hasta una de las infantas de España si es preciso.

¡Qué pena que no se mida con la misma vara, por ejemplo, a todos los afectados por las preferentes! Ellos tienen que demostrar que no sabían que comproban un producto de alto riesgo. La carga de la prueba se invierte, porque hemos topado con los bancos, y con ellos, ya se sabe, no hay excusa que valga cuando se trata de hacer negocio.

Vivimos un país sin escrúpulos. Un país en el que muchos ignoran un principio básico del derecho como es que la ignorancia de la norma no exime de su cumplimiento (artículo 6 del Código civil).  O hay mucho ignorante suelto o mucho sinvergüenza. Juzguen ustedes mismos.

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Esperanza movilizada

De todas las noticias que asaltan diariamente los medios de comunicación, ayer me llamaron la atención dos. De un lado, los datos de paro registrado que por tercer mes consecutivo han bajado, y que indican que más de 98.000 personas han encontrado empleo en el último mes. Esto es en sí mismo un dato positivo. Los expertos luego se encargarán de hacer el análisis más profundo de la situación y nos dirán si esto supone un cambio de tendencia o no, pero muchos nos preguntamos si será posible que las condiciones de trabajo algún día vuelvan al punto en que estaban cuando comenzó esta crisis y la subsiguiente deriva cercenadora de derechos.

La otra noticia fue el desplante que varios premios nacionales de licenciatura/grado dieron al ministro de Educación, negándole el saludo, al tiempo que mostraban sus camisetas verdes de apoyo a la educación pública. Sin duda fue un gesto muy gráfico, del que se pueden extraer muchas interpretaciones. Yo hago las mías propias y entiendo que fue pagar con la misma moneda con que está pagando este ministro a todo lo relacionado con la educación y con la investigación en España, con la moneda del desdén y de la indiferencia. Exactamente la misma actitud que tuvieron con él esos doce jóvenes que habían despuntado en sus carreras como los mejores. Muchos de esos jóvenes probablemente querrían dedicarse a la investigación, algo que no van a poder hacer en nuestro país, ya que claramente no se ha apostado por esta vía para salir de la crisis (tampoco sé a ciencia cierta por qué vía en positivo se ha apostado para ello). Estos jóvenes apuestan por la educación pública y la defienden porque saben que es la única que iguala en derechos y oportunidades, porque saben de la importancia de mantener una educación pública fuerte para luchar contra las desigualdades y porque son conscientes de que la educación es la única apuesta segura de futuro. Ellos lo saben, y aunque tengan que irse al extranjero porque su país de origen no haya sabido darles todas las oportunidades para desarrollar su talento en España (sí, talento, ese del que tanto habla la LOMCE, y que ahora está desperdiciando a raudales este gobierno), son conscientes de que podrán encontrar un hueco gracias a la sólida formación que han adquirido en sus años de licenciatura o grado.

Por tanto, hoy me quedo con una esperanza movilizada. Esperanza porque necesitamos creer que esta situación comienza a remontar, y movilizada porque hay muchos jóvenes que no se resignan a que nos quiten lo que es nuestro.

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¿Qué Educación?

Es curioso que una ley tan importante como la que pretende regular la Educación en nuestro país concite tan pocos apoyos. Parece ser, por lo que se ve, que sólo cuenta con el apoyo del ministro del ramo, Sr. Wert  y de la jerarquía eclesiástica, muy contenta por cómo queda la religión en el futuro plan educativo. De estos escasos apoyos, y de que se trata de la enésima reforma de la educación en España ya podemos intuir su vigencia; probablemente fugaz. Lo que seguirá redundando negativamente en la sociedad en su conjunto. Hay cosas con las que los partidos políticos no deberían “traficar”. Y sin duda la educación es una de ellas. No acabo de ver la necesidad (si no es necesidad espuria) de que deba cambiarse la ley reguladora de la educación cada vez que hay un cambio de signo político en el Gobierno. ¿Acaso no es una materia lo suficientemente importante como para intentar lograr consensos y pactos? ¿Qué hay detrás de esa necesidad de controlar la educación? ¿Por qué hay tanto temor a idear una educación que enseñe a los alumnos a pensar y no que en un sentido o en otro adoctrine? Quizás por aquello que decía Huxley, “cuando un individuo piensa, la sociedad se tambalea”.

Todos deberíamos pensar en qué educación queremos dar a nuestros hijos. Y me interesa tanto o más el sistema como quiénes conforman el sistema. La necesidad de establecer exámenes o reválidas a cada poco choca con lo que se ha potenciado desde Bolonia a nivel universitario, en el que se nos ha intentado convencer que los exámenes no eran lo mejor, que había que apostar por una evaluación continua. Ahora que eso se está haciendo, quieren cambiar el sistema de evaluación de los niveles inferiores. ¿A qué estamos jugando? Lo importante son los conocimientos que se transmitan y cómo se transmitan; si no damos más margen de maniobra a los profesores, si no que por el contrario intentamos encorsetarlos en un sistema que apenas deja respirar, poco estaremos contribuyendo a crear un sistema educativo sólido. Y si los conocimientos van a venir diseñados por un Ministerio que no cree en la educación universal, sino sólo en las élites, involucionaremos cincuenta años.

La LOMCE apuesta por reconocer los talentos y potenciarlos, promoviendo una diversificación desde muy temprano que no es más que un clasismo indisimulado y segregador que puede volverse pernicioso si no se enfoca de forma adecuada. Es una ley que apuesta por la competitividad y busca una empleabilidad que el sistema educativo, a mi juicio, no tiene que proporcionar principalmente. Los fines de la educación deben ser otros, más cercanos a los que apunta ahora la LOE. La educación debe buscar la equidad, la inclusión, la cohesión social y la potenciación en el ejercicio de los valores democráticos. No introduzcamos el mercado ya desde los inicios de la formación. Apostemos por crear individuos con sólidos conocimientos y con herramientas suficientes para que sepan discernir, para que aprendan a elegir, para que decidan cómo y hacia dónde quieren caminar. Potenciemos una educación de valores y no caigamos en el error de utilizar a la educación para adoctrinar. Su fin nunca ha sido ese. Que se lo pregunten a los clásicos.

 

 

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Veinte años después

Probablemente si nos propusíeramos definir el concepto “amistad”, cada uno resaltaría un aspecto diferente, haciendo hincapié en lo que más se valora de un amigo, pero quizás todos confliuríamos en la sensación de calorcito que te proporciona saberte parte del otro; saber que ese otro estará ahí pase lo que pase…, aunque pasen veinte años. Este fin de semana he tenido la suerte de comprobar ese calor; esa sensación de bienestar que proporciona saber que aunque hayan pasado veinte años desde que nos conocimos, al comienzo de nuestra carrera universitaria, y aunque nuestros encuentros hayan sido esporádicos, no todo los frecuentes que nos hubiera gustado, nos reunimos y comenzamos a hablar como si el tiempo no hubiera pasado; con los sentimientos y el cariño profundo incólumes, y con la alegría de comprobar que nuestras familias van creciendo, haciendo la arboleda cada vez más grande.

No pretendo ponerme trascendente, pero si echo la vista atrás y pienso qué hubiera sido mi vida sin estas personas a las que tanto quiero, seguro, seguro que no hubiera sido igual. Espero que nos sigan quedando muchos encuentros, y muchas sobremesas compartidas, intentando poner en orden un mundo que con vosotros se hace un poco más comprensible y mucho más llevadero.

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15 M

Hoy, 15 de mayo, se celebra la festividad de San Isidro Labrador. Evoco mi infancia, cuando iba a la romería que se celebra en mi pueblo con mi familia y la alegría que se respiraba con el desfile de las carrozas y el disfrute de un día de campo compartido por todo el pueblo y vecinos de los alrededores. Desde hace dos años, a esos recuerdos, además, se ha añadido uno que tiene un simbolismo especial y que parece estar llamado a consolidarse con el paso de los años. El movimiento de los indignados que surgió ahora hace dos años en la Plaza del Sol de Madrid sólo es quizás el embrión de la lucha que se ha emprendido para recuperar la soberanía popular; esto es, para que el pueblo sea de verdad soberano, como dice la Constitución española, y pueda en consecuencia decidir cómo quiere abordar su futuro.

Es verdad que resulta complicado canalizar en el sistema democrático angosto que tenemos que pasa siempre por los partidos políticos, las formas de participación ciudadana. El artículo 6 de la Constitución española dice: “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”. Esa “concurrencia a la formación y manifestación de la voluntad popular” y el que sean considerados “instrumentos fundamentales para la participación política” les compele a estar abiertos a lo que la ciudadanía siente y piensa; a no permanecer al margen de sus reivindicaciones y de sus necesidades. Deben ser conscientes de que la legitimidad no es un concepto estático que se refiera únicamente al momento de las elecciones y que una vez obtenida la mayoría, esa legitimidad se conserva como si fuera un derecho adquirido. La legitimidad es un concepto que debe estar construyéndose siempre. Como ya he dicho en muchas ocasiones, si el contrato programa con el que un partido se presenta a las elecciones, al día siguiente de ganarlas se convierte en papel mojado, podemos decir que ese gobierno y el partido que lo sustente carece de legitimidad, porque la legitimidad la otorga la voluntad popular y no designios divinos u órdenes metafísicas que te conminan a hacer lo que hay que hacer (ya saben, nuestro presidente es muy dado a utilizar este tipo de expresiones). Si uno no es capaz de cumplir lo que ha prometido, convoque nuevas elecciones. Lo contrario es engañar y adulterar la voluntad ciudadana que es la única que puede darle legitimidad en el poder. Por tanto, los partidos políticos son y están llamados a ser vehículos esenciales de nuestra democracia. Y está bien que así sea. Pero dotémonos de normas firmes que promuevan la democracia interna de los partidos; que eviten el sistema de cooptación; que sólo puedan estar en políticas aquellos que demuestren haber tenido un historial incólume; que hayan demostrado que saben hacer otra cosa antes de dedicarse a la política; que sólo se pueda estar en política por un tiempo determinado, y tanto cuando se entra como cuando se sale, la ciudananía tenga algo que decir respecto de estas personas que han  actuado como sus representantes; y sobre todo, que promuevan debates, que abran sus oídos a lo que dice el pueblo y que liberen a la democracia que tienen secuestrada desde hace tiempo. Deben adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas exigencias; deben contribuir a regenerar la democracia porque son parte esencial de la misma. Movimientos como el 15 M, a su manera, lo están reclamando a gritos.

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La importancia de creer en uno mismo

Ayer fue un día interesante. Me reuní con un antiguo alumno que tras haber trabajado mucho y bien para hacerse un hueco en el ejercicio de la abogacía, había abierto un despacho propio en Salamanca y había pensado seguir consolidando su formación afrontando la elaboración de una tesis doctoral. Es una persona muy joven, pero ya con mucha experiencia. Se lo notaba curtido y lo mejor de todo, rezumaba fuerza e ilusión. Hablamos de la situación de los jóvenes hoy en día; de lo difícil que es encontrar trabajo y me comentaba la importancia de no rendirse nunca, de trabajar y de creer en uno mismo. Lo cierto es que fue una conversación muy reveladora. Esperanzadora también. Tenemos tanto, tanto potencial en España que es una inmensa pena que la única solución que vean muchos sea emigrar. Esa movilidad exterior de la que le gusta hablar a la Ministra de Empleo es un éxodo forzado que va a lastrar sin duda la recuperación de nuestro país.

Ayer estuvo en España el primer ministro italiano, el Sr. Letta, y en su comparencia después de la reunión con el Sr. Rajoy, alertó de la importancia que tiene para Europa poner en marcha políticas activas de empleo para los jóvenes del sur de Europa que están sufriendo como nadie, tras una sensación de frustración e impotencia, los efectos de esta crisis. O se afronta el problema con determinación o en las próximas elecciones al Parlamento Europeo llegarán a él partidos antieuropeístas, valga la paradoja. Tiene razón. Es necesario que la Unión Europea se dé cuenta de lo equivocadas que están sus políticas. No se puede dirigir a toda una unión de Estados con una visión monolítica y nacionalista, que al final es lo que se está haciendo, bajo la batuta de la Sra. Merkel. Ella piensa en sus elecciones internas. Los demás no se sabe en qué piensan. Básicamente se limitan a obedecer sin rechistar, y así nos va.

Lo cierto es que no sé cómo, pero de este atolladero tenemos que salir. Y a los jóvenes que en estos momentos se encuentran en una situación complicada, lo que hay que intentar es que no cale en ellos la desesperanza. No rendirse nunca. Trabajar muy duro. Seguir formándose. Pensar, pensar, pensar. En lo que uno puede hacer, que seguro que es mucho. Es importante creer en uno mismo.

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Cuando se sabe lo que se ha de hacer aunque se haga lo que no se debe

Esta mañana escuchaba las declaraciones que ayer hizo el Sr. Rajoy, varios días después (demasiados diría yo) de conocerse la terrible cifra de parados que hay en nuestro país. Pedía confianza en el Gobierno; porque el Gobierno sabe lo que hay que hacer y pedía “un poquito de paciencia”, en palabras literales. Y al tiempo, confirmaba a todo su equipo, alabando su capacidad de esfuerzo y sacrificio, dando a entender que en él no debe moverse nada porque él sabe perfectamente lo que hay que hacer. Habría que recordarle al Sr. Rajoy, que lo mismo que dijo ayer, lo lleva diciendo desde antes de ganar las últimas elecciones y a la vista están los resultados. Podría pensarse que como máximo dirigente de un país cuenta con datos que los demás mortales desconocemos, pero se da la circunstancia de que cuando a las palabras no le acompañan los hechos, cualquier expresión se convierte en papel mojado. Porque ¿recuerdan cuando la Sra. Ministra de Empleo vendió la última reforma laboral como la panacea para combatir el paro? ¿Recuerdan cuando muchos dijimos entonces que era una falacia que pretendiera combatirse el paro con esa reforma laboral, que lo que había que hacer era poner en marcha políticas activas de crecimiento y no las que con contumaz insistencia se han venido poniendo en marcha desde mayo de 2010? Pues aquí tenemos los resultados; los resultados de saber lo que se ha de hacer aunque se haga lo que no debe hacerse.

Lo cierto es que a mí cada vez me asusta más este Gobierno que tenemos, incapaz de explicar por qué hace lo que hace más allá de las palabras retóricas y vanas que son siempre circunloquios destinados a negar la evidencia. En vez de pedir tanta fe ciega en unos ciudadanos tan golpeados ya por tanta mala noticia, quizás debieran poner en práctica eso de lo que tanto alardea el Sr. Rajoy, “un poquito de sentido común”, para corregir el rumbo, porque si seguimos por este camino está claro el resultado.

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Hay muchas maneras de hacer política

Y está claro que no todas son igual de honorables. Miren si no lo bochornoso de saber que nuestros políticos, mejor, algunos de ellos que a la sazón pertenecen a partidos con ideologías muy similares, han cobrado cuantiosos suplementos por su dedicación a la vida pública. Para que luego nos venga Rajoy diciendo que él ha perdido dinero por estar en política. Me parece a mí que no se trata de ganar o de perder dinero; se trata de que todos actuemos conforme a las normas que nos hemos dado, y además, seamos y no sólo parezcamos honorables. Saber en estos momentos, con tanta gente sufriendo, con los derechos en retroceso, con dirigentes que nos acusan a los ciudadanos de haber vivido por encima de nuestras posibilidades, que muchos de estos políticos han estado cobrando cuantiosos sobresueldos, indigna. Indigna tanto que el muro que están contribuyendo a construir cada vez es más sólido; a un lado de ese muro está la ciudadanía, al otro esos que dicen llamarse representantes de lo público.

A estas alturas está claro que muchos de los que están en política lo están para medrar y atesorar cuantiosos patrimonios. A costa de lo público, no lo olvidemos. Habrá que preguntarse si todos ellos habrían obtenido similares resultados en la actividad privada.

Soy perfectamente consciente de que no se puede generalizar; que la mayoría será gente honrada, que tendrá interiorizado la noción de servicio público y habrá optado por estar en política para eso; para prestar un servicio a sus conciudadanos. Pero las noticias de los últimos tiempos son tan tan bochornosas que como vengo diciendo en este blog, quizás haya llegado la hora de una regeneración democrática y hay que convencerse de que esa regeneración no la pueden llevar a cabo los partidos tradicionales puesto que son los responsables del secuestro de la voluntad de la ciudadanía. El voto actualmente no es más que un formalismo para luego hacer lo que les plazca, y mientras no haya normas que prevean una sanción a esta forma de proceder, estaremos viviendo en una entelequia que llaman democracia pero que en realidad no es más que una partitocracia o cleptocracia, en expresión de una buena compañera. Ahí están los resultados.

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Vamos a ver

Resulta que ahora, la señora de la simulación del contrato con indemnización en diferido, se descuelga comparando los escraches con el nazismo; el señor que ha apoyado y defendido a Bárcenas durante tanto tiempo haciendo gala de su ejemplaridad los llama acosadores; la Fundación FAES los tacha de “incivilidad garrula”; la señora cazatalentos los compara con los actos de una banda terrorista e incluso hay algún concejal del partido ahora en el Gobierno que no duda en amenazar con el uso de la violencia si un grupo de escraches le sale al encuentro.

Vamos a ver, esto ¿qué es? ¿Qué es eso de criminalizar a un movimiento que únicamente lo que hace es suplir la inoperancia de los poderes públicos? ¿Que se manifiestan ante los domicilios particulares de los políticos exigiéndoles que reflexionen sobre el poder que tiene su voto; poder del que ha sido investido porque los ciudadanos se lo hemos dado? ¿Eso es acoso, nazismo, garrulismo? ¿Acaso no será que estaban muy acostumbrados a campar a sus anchas sin que ninguno nos atrevíeramos a dar el paso de denunciar tanta injusticia? Si se trata de buscar el equilibrio, me parece bastatante claro que más acoso es el que una familia tenga que ser desahuciada de su casa porque la coyuntura económica hace que no pueda hacer frente a su hipoteca. No es que no quiera pagar; es que no puede. En ese caso, ¿no tendrían que estar todos los políticos de nuestro país preocupados por hallar soluciones a este drama en vez de cargar contra una plataforma que lo único que pretende es que el objetivo mire hacia donde importa? Es muy común que los verdugos se quieran convertir en víctimas. A eso ya estamos acostumbrados en este país. Pero en este punto, ya nadie engaña a nadie. Las cartas están sobre la mesa y creo yo que lo mejor es que cada uno se encargue de jugarlas con limpieza (y sentido común, Sr. Rajoy), para que luego nadie se confunda.

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