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Lampedusa

Cuando el pasado jueves un grupo de 500 personas viajaban hacinadas en un barco rumbo a la tierra de sus ilusiones seguramente pocos se habían planteado el peligro que suponía realizar este trayecto, aun cuando muchos antes que ellos hubieran perdido la vida al hacerlo. La vida es un bien que se convierte en relativo cuando el deseo por salir de la desesperación es más fuerte que todo. Es seguro que después de este barco vendrán otros, y que los que en ellos se embarquen no dudarán ni un segundo en hacerlo. Quieren salir de la pobreza de sus países de origen, y los riesgos en estos casos nunca se capitalizan, siempre se hacen a beneficio de inventario.

Lampedusa se ha convertido en estos días en el foco en que poner la mirada sobre el drama de la pobreza. Una pobreza que no entiende de leyes de control de la inmigración ni tampoco de las altas políticas europeas. En este caso, Italia, un país que se ha caracterizado en los últimos años, por leyes xenófobas y excluyentes, es el país de la Unión Europea donde se refleja el drama de no saber afrontar adecudamente los problemas.

Buena parte de las políticas de inmigración de los Estados miembros se europeizaron con el Tratado de Ámsterdam de 1997. Desde entonces y hasta el Tratado de Lisboa, la Unión Europea ha ido ganando protagonismo en esta materia. Y se han elaborado ambiciosos planes que hablan de solidaridad, de integración, de cooperación; que presentan a la inmigración como algo positivo y que visten a la Unión Europea como la tierra prometida que precisamente no es. La alfombra roja la tienen todos los profesionales cualificados que quieran venir a trabajar a nuestros Estados, pero no la mayoría de las personas que quieren encontrar una oportunidad de vida fuera de las estrechas fronteras de la pobreza.

La Unión Europea no se puede convertir en una fortaleza que asista impasible a este funesto drama. La cooperación, la inversión en estos Estados es algo que nos beneficia a todos y debe ser afrontado entre todos. Si no se hace así, si miramos para otro lado como si con nosotros no fuera, las tragedias se irán sucediendo como lo han venido haciendo hasta ahora y la herencia no podrá ser peor. Si ahondamos en la injusticia, estaremos contribuyendo a construir un mundo en el que la seguridad cada vez sea mayor utopía. Y es que los desequilibrios que existen entre las distintas partes del planeta nunca han sido tan bien percibidos como lo son ahora. Lo bueno de una sociedad en red es que las vergüenzas cada vez es más difícil esconderlas.

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Consulta ciudadana por la Educación

De alguna manera tenemos que expresar nuestro rechazo a las políticas que está practicando este Gobierno. Entre ellas, quitar dinero a la educación pública para dárselo a la concertada. Ya incluso ayer se hablaba de ceder suelo público para la construcción de centros concertados. Una absoluta tomadura de pelo. Otra más. Como el copago en la sanidad o como la privatización de hospitales públicos. La crisis como pretexto, en definitiva, para desmantelar lo que con tanto esfuerzo hemos construido.

Resulta que hasta anteayer España era uno de los Estados del mundo con mejor sistema sanitario. Sistema, además, que no resultaba caro en proporción con los servicios que ofrecía. Éramos un referente para los demás países. Lo que se está haciendo ahora, con las políticas del actual Ministerio de Sanidad, es colocar a España como el país del mundo que en proporción menos se está desarrollando en sanidad. Muy claro lo decía ayer en el programa El Intermedio, Helena Legido-Quigley, investigadora de la London School of Medicine, entrevista que recomiendo  (ver aquí). Ella decía que la única manera de parar esta regresión era hacerle ver al Gobierno que lo que está haciendo a la larga nos va a salir más caro. No hay que ser demasiado audaz para percatarse de lo acertado de sus argumentos. Sin embargo, ahí sigue nuestra Ministra ahora planteándose si legislar a medida para Adelson en Eurovegas. Esto es lo que tenemos.

Igual que hubo recogida de firmas en Madrid hace unos meses para reivindicar la sanidad pública, igual ahora la Plataforma por la Educación Pública ha puesto en marcha una campaña para conocer el sentir de la población sobre la gestión de la educación pública que está llevando a cabo este gobierno. Os animo desde aquí a participar http://www.consultaciudadanaporlaeducacion.org/.

Ya que no nos preguntan, al menos que nos oigan.

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De la transparencia al surrealismo

España se ha convertido en un país surrealista. Llevamos días hablando de las olimpiadas de 2020 sin reparar en lo que tenemos ahora mismo en casa. No sé a quién se le ocurrió la maravillosa idea de apostar por tercera vez, en un contexto tan complicado como el que vivimos, por que España albergara unos juegos olímpicos. No sé si es que alguien ingenuamente pensó que eso era lo que España necesitaba para salir del atolladero en el que se encuentra. Pero verán, por muy buenas que sean las intenciones, hay otros intereses que a la hora de la verdad juegan tanto o más como el voluntarismo. Seguramente las razones que llevaron a los miembros del COI a desechar la candidatura de Madrid fueron múltiples y no voy a intentar siquiera analizarlas, pero como país me preocupa la imagen que estamos dando. No es coherente que un país que está salpicado en todas las instituciones por casos de corrupción, intente dar un do de pecho. Lo puede hacer, pero corremos el riesgo de que luego la caída sea más grande. Como ha sucedido. Entiendo que antes que unas olimpiadas, España necesita invertir en otras cosas, más necesarias, sin dejar a un lado al deporte español, que también hay que cuidarlo, no necesariamente, cuando no se puede, apostando por macroeventos, sino ayudando a las federaciones y apostando por los jóvenes valores que tenemos. Después del hachazo que las políticas sociales y la educación han sufrido, ¿alguien en su sano juicio puede apostar por las olimpiadas?

Desde luego, cuando se juega con el dinero de todos, debería haber mayor transparencia. Porque si a ese clamor popular que decían que existía de apoyo a la candidatura de Madrid le hubieran preguntado si elegiría invertir en las olimpiadas o en educación y en políticas de empleo, quizás el clamor hubiera sido otro.

Transparencia. Se debate en el Congreso una ley de transparencia. Al tiempo, vamos sabiendo casi a hurtidillas noticias que nuestro Gobierno nos oculta. Como la posición de apoyo de nuestro país a EE.UU. en un probable ataque a Siria (¿nada tiene que decir el Parlamento?) o como los furtivos encuentros entre Rajoy y Mas a cuenta de la independencia de Cataluña. Se habla de transparencia y se practica lo contrario. Todo es silencio. No digamos ya con los casos de corrupción que afectan directamente al presidente del Gobierno. Es un clima asfixiante este que nos están haciendo vivir. Cuánta falta haría que llegara savia nueva que removiera a todo el anquilosado sistema que tenemos.

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Más y mejor

Todo parece reiniciarse en septiembre. Mientras vamos encendiendo los motores que nos llevarán a surcar una nueva etapa, confiemos en que cada uno de nosotros sepamos dar más y mejor allá donde nos encontremos. Hace mucha falta reivindicar el optimismo en este país, y también la honradez, la honorabilidad, la sensatez, el esfuerzo y la esperanza.

Hoy que comenzamos un nuevo curso quiero acordarme de todos aquellos jóvenes españoles que han tenido que abandonar nuestro país buscando una oportunidad. Quiero pensar que este país será capaz de volver a ofrecer oportunidades a los jóvenes mejor formados de nuestra historia. Entretanto eso sucede, me enorgullezco de formar parte de un país que ha sabido formar a jóvenes que se rifan en el extranjero.

Raquel, mi querida y valiente sobrina Raquel, va por ti y por tantos que no han tenido miedo a emigrar conscientes de su valía y de sus conocimientos. Me quito el sombrero ante vosotros.

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Otra vez Galicia

Me hubiera gustado despedirme hasta septiembre con otro tipo de post, pero el sobrecogimiento que todos hemos sentido ante el tremendo accidente del miércoles en Santiago de Compostela hace que no me pueda ir sin un pequeño homenaje al pueblo gallego, que se crece ante las adversidades, que ha dado siempre que ha tenido posibilidad de hacerlo ejemplo de solidaridad y humanidad, ese ejemplo que es tan necesario en nuestros días.

Pero antes mi sentido pésame a todas las familias que se han visto golpeadas de lleno por este brutal hecho. No hay palabras en estos momentos ni de consuelo ni de esperanza para ellos. Lo sé bien. Pero comprender el dolor del otro, ponerse al lado del que sufre aunque sea espiritualmente, si bien no aminora el dolor, al menos lo hace compartido y eso también lo dignifica.

Otra vez Galicia. Ahora con más dolor, porque hay víctimas humanas por medio. Demasiadas. Cuando un accidente así ocurre todos nos preguntamos cómo es posible que estas cosas pasen. Tiempo habrá de revisar y analizar lo que ha pasado, pero la sensación que te queda de inseguridad y desasosiego tras ver un accidente así no nos la puede quitar nadie. Ante ese hecho, sin embargo, las personas cercanas a las vías del tren, además por supuesto de bomberos, policía, sanidad, protección civil y todos los funcionarios que con su ejemplar servicio han dado muestra de lo necesarios que son, aunque a algunos no se lo parezca, se acercaron a ayudar y a asistir de la manera que podían a las víctimas. Eso es ser humano; eso es saber estar cuando a uno lo necesitan. Es de agradecer que haya gente así.

Me llamó la atención el actuar del pueblo gallego ante el desastre ecológico del Prestige, y vuelve a sorprenderme ahora. Con un pueblo así, con gente  que vive y siente la solidaridad de esta manera, es con lo que el ser humano puede reconciliarse. Para ellos este sencillo homenaje. Y mucha fuerza para todos los familiares de los fallecidos. Es duro, muy duro verse de golpe ante esta realidad. Esto nos demuestra lo volátil que es todo. También lo efímero. Por eso, y aunque pueda sonar frívolo en este momento, intentemos vivir intensamente.

 

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La verdad por delante

Era y sigue siendo cuestión de tiempo. La verdad acaba por aflorar siempre. O al menos eso quiero creer. Cierto es que ha habido casos previos de corrupción, sin ir más lejos, el caso Naseiro, también en el PP, en los que después de conocerse la verdad, judicialmente no se llegó hasta el final, por problemas procesales, en este caso que cito, de escuchas irregulares. Seguro que se le vendrán a la cabeza otros muchos casos como éste. Pero se pudo constatar entonces, como también se está constatando ahora, hasta dónde llega la corrupción y las corruptelas entre nuestros políticos. El caso Bárcenas es sólo  la punta del iceberg. Pero tiene tanta importancia política que lo raro es que a día de hoy nadie, absolutamente nadie, haya dado un paso para explicarse. Explicarse, me refiero, con lógica y verosimilitud. No me refiero a las explicaciones de la Sra. De Cospedal y del Sr. Floriano que pasarán a los anales de la historia de la sinvergonzonería.

Mientras esto sucede en el PP, el otro gran caso de corrupción abierto en estos momentos, afecta al PSOE andaluz por el caso de los ERES, y tampoco están dando un ejemplo digno. También ellos piensan que se trata de una causa general abierta contra este partido por la juez Alaya. Ya se sabe, la victimización como forma de defensa. Lo utilizan a partes iguales unos y otros.

Y en medio de este lodazal, los ciudadanos, que asistimos a este lamentable espectáculo con náuseas. Náuseas de que nos gobiernen personas que anteponen sus intereses personales a los generales. Náuseas de que pretendan hacernos creer que vivimos en un Estado democrático, cuando a la vista está lo que les importa el pueblo. Como ya he dicho en este mismo blog, habrá que replantearse muchas cosas para que los ciudadanos volvamos a confiar en un sistema que los propios partidos políticos y sus castas están contribuyendo a destruir.

 

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Wert o la manipulada excelencia

Pocos ministros han concitado tanta repulsa de tantos sectores en tan poco tiempo. El Sr. Ministro de Educación (o eso dicen) y de Cultura es un ejemplo. Seguramente tendrá que ver con su cercana etapa de polemista. A algunos, ya se sabe, la cartera de Ministro le queda grande.

La última ocurrencia de este señor ha sido ligar las becas a la supuesta excelencia. Para el Sr. Wert si no sacas más de un 6,5 de media no deberías estar en la Universidad. Este es el titular que hoy ha dado. Aunque lo que hay detrás ya sabemos lo que es. Puesto que esta nota la subordina no a una supuesta y cuestionable excelencia, sino a que si no llegas a esa media, no se podrá optar a una beca. Y esto es lo que verdaderamente asusta.

Que no venga el Sr. Wert hablando de excelencia cuando a los mejores expedientes de nuestro país los están dilapidando, sin ofrecerles más salida que la salida de España para seguir formándose o para intentar encontrar trabajo fuera de nuestro país. Ya estamos cansados de tanta retórica barata. Si queremos mejores resultados, apostemos también por mejorar la calidad de nuestra enseñanza. Como con tanta liviandad se manifiesta este señor, yo me atrevo a vaticinar que con más medios se obtendrían mejores resultados. Lejos de eso, se recorta en profesorado; se recorta en proyectos de investigación; se recorta en los campus de excelencia, se recorta en todo. Y mientras eso se hace, se atreve a hablar de excelencia, ¡habráse visto cuánto descaro!

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La pared

Seguro que todos hemos tenido la sensación, en algún momento, de chocar contra una pared. De intentar avanzar hacia una meta y por circunstancias dispares aparecer de repente una pared que, como un bofetón, te frena en seco y te impide realizar tus proyectos. Cuando eso sucede hay dos alternativas: bien quedarse en el suelo, noqueado, siendo incapaz de levantarse, o bien armarse de coraje, encajar el golpe y seguir adelante con otro intento; siempre con otro intento. El optar por una u otra alternativa depende de muchos condicionantes, pero fundamentalmente tiene que ver con la fortaleza interior de cada uno. El refranero lo reza muy claro: “lo que no mata hace más fuerte”.

La vida está llena de “noes”. De eso nos vamos dando cuenta a medida que crecemos. Es verdad que algunos tienen más trascendencia que otros; pero todos son igual de injustos, porque suponen un freno al proyecto de vida que uno ha ideado y cuando se depositan las fuerzas, las horas, el trabajo en conseguir algo y de repente aparece un no que a modo de pared te impide seguir avanzanzado, escuece. Pero hay que seguir intentándolo hasta que el sí llegue, que seguro llegará, aunque haya que transitar un camino más largo, más tortuoso o más angosto.

Ayer y hoy ha tenido lugar en la Facultad de Derecho el III Congreso de Jóvenes Penalistas, y he tenido, por ello, la suerte de coincidir y compartir algunos ratitos con una querida amiga, excelente investigadora, brillante docente, incansable trabajadora. En ese equilibrio cósmico del que tanto nos gusta hablar, y mira que han pasado años, estoy convencida de que la Universidad española le debe un sitio y lo va a conseguir. Como decía Hermann Hesse en Demian cuando una persona desea con fuerza algo, al final todo acaba alineándose para que lo consiga; su propia fuerza interior genera el éxito. Fíjate que te lo dice alguien que lleva una larga lista de “noes” a las espaldas, pero con fuerza, estoy segura, acabaremos horadando esa pared.

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La virtud del no saber

Sabrán ustedes que el Sr. Presidente del Senado no sabía que debía declarar un préstamo que su partido le hizo en su día para arreglar su casa. Sabrán ustedes también que el Sr. Floriano, que es profesor de Economía política, ahora metido en otros lances, asegura que esa actitud no sólo no es reprochable, sino que además por no declararlo  pagó más impuestos. Sí, como lo oyen. Esta es la justificación que hoy ha dado Floriano para restar importancia al comportamiento del Sr. García Escudero, que no digo yo que sea el máximo responsable, sino un mero eslabón en la cadena que todos a estas alturas sabemos dónde lleva. Pero la explicación no deja de sorprender. ¿No les recuerda a la simulación de contrato con indemnización en diferido?

Los miembros del partido del Gobierno se caracterizan por no saber, y lo peor, es que hacen de ello una virtud. ¿Habráse visto cuánto descaro? Recuerden el caso de la ministra Mato, por ejemplo. Y claro, como esta estrategia funciona, pues no hay pudor en extenderla hasta una de las infantas de España si es preciso.

¡Qué pena que no se mida con la misma vara, por ejemplo, a todos los afectados por las preferentes! Ellos tienen que demostrar que no sabían que comproban un producto de alto riesgo. La carga de la prueba se invierte, porque hemos topado con los bancos, y con ellos, ya se sabe, no hay excusa que valga cuando se trata de hacer negocio.

Vivimos un país sin escrúpulos. Un país en el que muchos ignoran un principio básico del derecho como es que la ignorancia de la norma no exime de su cumplimiento (artículo 6 del Código civil).  O hay mucho ignorante suelto o mucho sinvergüenza. Juzguen ustedes mismos.

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¿Qué Educación?

Es curioso que una ley tan importante como la que pretende regular la Educación en nuestro país concite tan pocos apoyos. Parece ser, por lo que se ve, que sólo cuenta con el apoyo del ministro del ramo, Sr. Wert  y de la jerarquía eclesiástica, muy contenta por cómo queda la religión en el futuro plan educativo. De estos escasos apoyos, y de que se trata de la enésima reforma de la educación en España ya podemos intuir su vigencia; probablemente fugaz. Lo que seguirá redundando negativamente en la sociedad en su conjunto. Hay cosas con las que los partidos políticos no deberían “traficar”. Y sin duda la educación es una de ellas. No acabo de ver la necesidad (si no es necesidad espuria) de que deba cambiarse la ley reguladora de la educación cada vez que hay un cambio de signo político en el Gobierno. ¿Acaso no es una materia lo suficientemente importante como para intentar lograr consensos y pactos? ¿Qué hay detrás de esa necesidad de controlar la educación? ¿Por qué hay tanto temor a idear una educación que enseñe a los alumnos a pensar y no que en un sentido o en otro adoctrine? Quizás por aquello que decía Huxley, “cuando un individuo piensa, la sociedad se tambalea”.

Todos deberíamos pensar en qué educación queremos dar a nuestros hijos. Y me interesa tanto o más el sistema como quiénes conforman el sistema. La necesidad de establecer exámenes o reválidas a cada poco choca con lo que se ha potenciado desde Bolonia a nivel universitario, en el que se nos ha intentado convencer que los exámenes no eran lo mejor, que había que apostar por una evaluación continua. Ahora que eso se está haciendo, quieren cambiar el sistema de evaluación de los niveles inferiores. ¿A qué estamos jugando? Lo importante son los conocimientos que se transmitan y cómo se transmitan; si no damos más margen de maniobra a los profesores, si no que por el contrario intentamos encorsetarlos en un sistema que apenas deja respirar, poco estaremos contribuyendo a crear un sistema educativo sólido. Y si los conocimientos van a venir diseñados por un Ministerio que no cree en la educación universal, sino sólo en las élites, involucionaremos cincuenta años.

La LOMCE apuesta por reconocer los talentos y potenciarlos, promoviendo una diversificación desde muy temprano que no es más que un clasismo indisimulado y segregador que puede volverse pernicioso si no se enfoca de forma adecuada. Es una ley que apuesta por la competitividad y busca una empleabilidad que el sistema educativo, a mi juicio, no tiene que proporcionar principalmente. Los fines de la educación deben ser otros, más cercanos a los que apunta ahora la LOE. La educación debe buscar la equidad, la inclusión, la cohesión social y la potenciación en el ejercicio de los valores democráticos. No introduzcamos el mercado ya desde los inicios de la formación. Apostemos por crear individuos con sólidos conocimientos y con herramientas suficientes para que sepan discernir, para que aprendan a elegir, para que decidan cómo y hacia dónde quieren caminar. Potenciemos una educación de valores y no caigamos en el error de utilizar a la educación para adoctrinar. Su fin nunca ha sido ese. Que se lo pregunten a los clásicos.

 

 

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