Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
6
Archivo | 22 junio 2016

Asco

La segunda acepción del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, define asco como “impresión desagradable causada por algo que repugna”. Y eso es exactamente lo que me produce, repugnancia, la ristra de casos de corrupción que nos asola. Es tremendo, pero asomarse cada día a la prensa supone ver desfilar uno detrás de otro casos y más casos de corrupción. Corrupción privada (hoy hemos conocido el caso de Vitaldent) y corrupción pública, de la que si enumeráramos todos los casos tendríamos para llenar varios folios.
Cuando la corrupción pública no es aislada sino que afloran casos en los que existe un mínimo común denominador, donde un partido se financia ilegalmente a través de concesiones de obra pública o de otro tipo de negocios, ya hablamos de cosas más graves, hablamos de corrupción sistémica porque del sistema forma parte y si un partido político tiene ya tantos casos, si está encausado en un procedimiento penal por borrar, supuestamente, los ordenadores en donde se encontraban pruebas incriminatorias de su práctica, díganme qué puede hacerse ante esto. Fernando Flores publicaba recientemente un artículo muy interesante donde analizaba desde una perspectiva jurídica las dificultades de disolver a un partido político en estos casos. Sí, soy consciente de la complejidad jurídica que tiene disolver un partido político; lo que ya no me cabe en la cabeza es que aun consciente como somos todos de esta realidad punitiva haya gente, mucha gente, que los sigan votando. Algo no funciona.
Y si en estas estamos, y es posible pactar un gobierno de distinto signo político que mande al purgatorio durante bastantes años a quien no sabe hacer uso legítimo de sus facultades, y aun así nos perdemos en soberbias, subterfugios de cuestionables consultas y anteponemos los egos a lo que necesita e interesa a la gente, vendiendo de nuevo humo, pues todo encaja. Este país, definitivamente, no funciona.

Comentarios { 0 }
Política de privacidad