Blog de Antonia Durán Ayago
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Archivo | junio, 2016

Por fin. ETA se acaba

Entre tanta mala noticia, no quiero dejar pasar ésta que a todos los que creemos en la democracia nos debería alegrar. Ese comunicado, tan largamente esperado, se produjo ayer tarde y desde entonces parece que la fuerza con la que es posible respirar se ha incrementado. Porque querámoslo o no, y aunque detrás de esta noticia todavía quede por andar un camino largo y difícil, lo cierto es que nos hemos liberado de una lacra que ya pesaba demasiado y que nos asediaba desde hace demasiado tiempo.  A las víctimas, hoy, hay que tenerlas más presentes que nunca, porque ellos han puesto algo más que palabras para que esto pudiera solucionarse. El coraje que han demostrado dista mucho de ser normal. Coraje y temple, y muchas lágrimas que hemos compartido todos, cuando nos asomábamos a un nuevo atentado. Hay que reconocer también la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, jugándose la vida literalmente, para debilitar a esta banda terrorista y, por supuesto, a los mandos políticos, a todos ellos sin excepción, aunque haya algún exministro del Interior que por cierto fue muy bueno, que ahora parece que haya perdido la cabeza y va diciendo a diestro y siniestro barbaridades. Desde luego, hoy la democracia ha ganado.  Y confío en que lo que debe venir ahora, que no será fácil, se pueda resolver con firmeza, coraje y temple, que ha sido lo que ha caracterizado la lucha antiterrorista durante los últimos 43 años.

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Los pesimistas también se equivocan

Ayer noche escuché un programa en la Cadena Ser con el que disfruté especialmente. Se trataba de analizar la situación de crisis económica y para ello, Iñaki Gabilondo, del que me confieso firme admiradora, entrevistaba en la primera parte al ex presidente Felipe González y en un segundo tiempo, varios expertos economistas opinaban sobre lo dicho por González y ofrecían sus análisis sobre la realidad que nos acompaña.

Después de escucharlos, donde se mezclaban desde ojalá que erradas premoniciones de caos total o la hecatombe más absoluta, hasta llamadas a la confianza y al optimismo diletante, pasando por más o menos acertadas aportaciones de soluciones al problema irresoluto que ya nos entretiene demasiado tiempo, Iñaki Gabilondo terminaba con esta frase que da título a mi entrada de hoy: “Los pesimistas también se equivocan”.

Y me quedé pensando en el significado de esta frase. Porque por un lado puede tratarse de un convencimiento interno de que nada sea tan malo como parece y por otro, puede constatar un aforismo lógico: nadie tiene la varita mágica para adivinar el futuro. Así que puede que todos los agogeros se equivoquen y esto no sea más que una mala pesadilla.

Pero están los indicios y esa cifra de parados que nos acompaña que cada vez es más abultada. Y con las políticas que se están poniendo en marcha de contracción del gasto, no parece que la cosa vaya a ir mejor.

Yo no soy economista. Pero estoy en el mundo y observo, leo, escucho y pienso. Y eso me hace temer que estamos poniendo todo de nuestra parte para que los pesimistas no se equivoquen. Los pasos que están dando los gobiernos están ahondando en el mal, haciéndolo mayor. No atender a la economía real y apostar por una economía financiera, parece obvio que iba a llevarnos a esto. Pero lo que me preocupa es que no sólo no se corrige el sentido de la marcha, sino que vamos de nuevo en la misma dirección. En vez de apostar por una economía productiva, que genere empleo, por ejemplo a través del I+D+i, se opta por seguir el camino que ya sabemos a donde nos ha llevado.

Con estos políticos es muy fácil no equivocarse.

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