Está muy bien que para cada día del año tengamos algo que celebrar, y especialmente que se haya reservado un día para conmemorar a la mujer trabajadora. Es merecido. Por eso, a todas las mujeres que, cobren o no por su trabajo, son trabajadoras, felicidades.
Días como éste deben mantenerse y ponerse en valor, más en estos tiempos que vivimos, en los que las agresiones a los derechos alcanzados a lo largo de los años con mucho esfuerzo, son continuas.
Cuando se celebra un día especial, normalmente se pide un deseo: mi deseo para este día es que a la mujer se le siga reconociendo la capacidad para decidir, elegir y ser lo que quiera. Eso no siempre ha sido así, y espero que pueda seguir siendo una realidad que se consolide con el paso del tiempo.
En el día de la mujer trabajadora
La falacia de que con esta reforma laboral se crea empleo
Llevamos ya varias semanas discutiendo sobre la reforma laboral. El debate se centra fundamentalmente en dos ideas: los partidarios de que era necesaria para flexibilizar el mercado laboral español y acercarlo más a la legislación del resto de países europeos, porque de esa manera, al poder el empresario alterar unilateralmente las condiciones de trabajo se podrá replantear despedir, al tiempo que si tiene que hacerlo le será más barato y de otro lado están los defensores de que con esta reforma no sólo no se crea empleo sino que se destruye más fácilmente, al haber bajado el coste del despido tanto del procedente como del improcedente.
Lo peor de todo es que, como con “sabias” palabras apuntaba la semana pasada el presidente de la CEOE, esta reforma creará empleo cuando la economía comience a crecer. Y claro, si esto es así, yo me pregunto si entonces no hubiera sido más inteligente y eficiente hacer reformas en otros sectores de la economía, como el financiero, para ver sus efectos, antes que tocar de forma tan significativa los derechos de los trabajadores. Y es que eso de que tengamos que arrimar todos el hombro está muy bien, incluso podríamos decir que si no lo arrimamos nos empujarán a ello, pero es que lo JUSTO, ya que tanto se usa este vocablo últimamente, hubiera sido pedir a cada uno en función de sus posibilidades y también, por qué no, en función de sus responsabilidades para con esta crisis. Si no, va a resultar que los que menos poder de decisión tenemos y los que no hemos influido de manera determinante en que la situación esté así, vamos a ser los que paguemos todo este desaguisado. Y claro, eso justo, lo que se dice justo, no es que sea…
Sr. Garzón
Ya lo decía en un post anterior, no me parece que España sea un país serio, en el que se hagan las cosas bien. A veces tengo la impresión de vivir en un país de charanga y pandereta, como decía Antonio Machado. Más cuando ayer conocía la durísima sentencia que le han impuesto por ordenar las escuchas a los abogados de los imputados en el caso Gürtel. 11 de inhabilitación me parece una pena desproporcionada, aunque quizás igual hubiera dado otra inferior, si los que pretendían mancharle su hoja de servicios, ya lo consiguieron, al menos, ellos lo creerán así.
Ciertamente, no se trata de poner en cuestión ahora todo el sistema judicial español, pero quizás habría que revisar algunas cosas, pues de cómo se están llevando estos tres procesos contra usted, alguien no letrado en leyes, podría intuir cierta persecución a su persona; podría parecer que determinadas fuerzas hubieran concurrido para defenestrar a un juez que, ciertamente algunas de sus decisiones pueden haber sido polémicas y haber rayado incluso la legalidad, pero la forma en que se está yendo contra usted con esta sentencia tan dura que ayer conocimos, da para pensar que hablamos de otra cosa, más que de leyes o buena praxis judicial.
Sr. Garzón, todos nos equivocamos; errar es humano y en ocasiones el afán por conseguir condenar hechos de todo punto condenables, nos puede llevar a extremos peligrosos, pero sepa usted que su hoja de servicios no quedará manchada; antes al contrario, tan mal lo están haciendo los que lo juzgan que lo están volviendo a ensalzar y a convertir en mártir, con lo peligroso que es eso en una sociedad que se presume democrática y en el que los derechos de todos, y digo TODOS, deberían ser respetados.
Gallardón y el matrimonio entre personas del mismo sexo
Ayer se descolgaba el Ministro de Justicia, Sr. Gallardón, con unas declaraciones muy jugosas y que han dado mucho de sí. A su juicio, el matrimonio entre personas del mismo sexo no es inconstitucional; no obstante, aclaraba, la posición de su partido será estar a lo que el Tribunal Constitucional diga.
Que un Ministro de Justicia diga esto y se quede tan tranquilo, me parece preocupante. Y me lo parece porque si esa es su percepción, quizás sería bueno que intentara convencer al resto de sus compañeros en el Consejo de Gobierno para que se retirara el recurso. Y porque lo que no aclara es si derogarará o modificará la Ley 13/2005 en el caso de que el Tribunal Constitucional no aprecie inconstitucionalidad en ella.
Es evidente, que en el Gobierno no se ponen de acuerdo en nada, y hay una guerra de ideas que ya no sólo afecta a lo económico, sino que ya hasta el Ministro del Interior opina sobre lo dicho por el Ministro de Justicia en una cuestión que poco afecta a su ramo, creo yo. La labor de la Sra. Vicepresidenta debe ser complicada entre tanto díscolo opinando a diestro y siniestro sobre lo que no le compete. Que si el Ministro de Economía apostando en medios extranjeros por el contrato laboral único, que si la Ministra de Empleo diciendo que eso es inconstitucional y que el Gobierno nunca lo ha considerado, en fin. Sólo son algunos ejemplos de la descoordinación que parece haber en el seno del Gobierno.
En todo caso, no me parece mal que el Ministerio de Justicia haya dado su opinión; es más, ha tardado mucho en darla. Lo que creo que le ha faltado es coherencia y llevar esta afirmación hasta el final, apoyando la retirada de ese recurso del Tribunal Constitucional, y a posteriori dejando como está la Ley 13/2005, que si por algo se caracteriza es por haber consolidado el ius connubii para personas que antes de esta ley no podían ejercerlo, algo, creo yo, perfectamente constitucional.
En fin, confíemos en que el rodaje del Gobierno comience a dar sus frutos, por el bien de todos.
Otra reforma en la Educación
Probablemente haya quien piense que España es un país serio y puede incluso que no se equivoque. Pero la percepción que yo tengo de este país está muy lejos de verlo como un país en que se hacen las cosas seriamente. Podría poner muchos ejemplos, todos ellos muy próximos y ligados posiblemente a la coyuntura tan gris que estamos viviendo, pero hoy sólo quiero detenerme en la enésima reforma de la Educación anunciada ayer por el ministro del ramo.
Quien piense que modificando cada dos por tres la Educación, ésta va a ser mejor, se equivoca. El problema que existe en España es que una cuestión tan importante como la Educación no se concibe como una política de Estado, sino que está al albur del partido que gobierne o del ministro que toque. No sé por qué reforma vamos ya en la educación en los últimos 20 años, pero han sido muchas y ninguna ha tenido la duración suficiente para comprobar si era útil. Abducidos por lo inmediato, parece que el legislador tiende a pensar que sólo con cambiar las leyes se mejoran las situaciones que regulan, y eso dista mucho de ser cierto. En la Educación se necesita estabilidad y mucho sentido común, y recuperar la cultura del esfuerzo y del trabajo bien hecho. Lo volátil de las reformas habidas anteriormente hace presagiar lo peor para ésta.
Por otro lado, que el debate de todo lo que esta reforma implica se haya centrado en la redefinición de la asignatura de Educación para la ciudadanía, dice mucho, por cierto y también, de la seriedad de este país.
La gestación subrogada, la seguridad jurídica y el legislador español
No se trata de un trío bien avenido, bien lo saben los que nos dedicamos al estudio del Derecho en España. A continuación les explicaré por qué.
Acabo de leer un interesante artículo del Pfr. Carlos Lasarte en el Diario La Ley del 17 de enero de 2012, que lleva por título “La reproducción asistida y la prohibición legal de maternidad subrogada admitida de hecho por vía reglamentaria” y he sentido la necesidad de dar mi opinión sobre un tema que llevo siguiendo desde hace años, y que he analizado con mis alumnos en diversos seminarios que hemos realizado al respecto.
Es verdad que es un tema que ha alcanzado mayor resonancia social a raíz de la noticia aparecida en todos los medios que daba cuenta de un matrimonio de varones españoles que habían recurrido a una madre de alquiler en Los Ángeles para ser padres, habían nacido de este embarazo gemelos y en el momento de pretender inscribir a estos niños como sus hijos en el Registro Consular de España en Los Ángeles, el Cónsul encargado del Registro se había negado a hacerlo, alegando que se vulneraba el art. 10 de la Ley española 14/2006 de reproducción asistida, puesto que este tipo de contratos es nulo de pleno derecho en nuestro ordenamiento jurídico. Se apuntaba ya entonces la necesidad de que constara en el registro de la filiación una madre, dado que el varón (o en este caso varones) necesita de una mujer para llevar a cabo la reproducción. La resolución del Cónsul se recurre y el 18 de febrero de 2009 la Dirección General de los Registros y del Notariado firma una resolución por la que se obliga a inscribir a estos niños como hijos de este matrimonio. Nótese que el problema de fondo no es tanto el que sea un matrimonio formado por dos varones el que recurre a este tipo de técnicas, que también (ha habido casos similares en España de mujeres y hombres solteros/as o viudos/as muy conocidos que han recurrido a este tipo de prácticas, y además en el mismo Estado de Estados Unidos, y no se les ha puesto impedimento para luego inscribirlos como hijos suyos) como que la Ley española actualmente no admite este tipo de prácticas.
Que la ley de reproducción asistida, en su art. 10, apartado primero dice que “[s]erá nulo de pleno derecho el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna a favor del contratante o de un tercero” y en su apartado segundo que “[l]a filiación de los hijos nacidos por gestación de sustitución será determinada por el parto” es tan claro, que no admite lugar a dudas. Y si se quiere que desplieguen efectos en nuestro país este tipo de pactos, no hay más que cambiar la ley, pero por la vía preestablecida para ello, no recurriendo a fórmulas artificiosas que pretenden confundir y sembrar dudas.
La Instrucción de 5 de octubre de 2010, de la Dirección General de los Registros y del Notariado, sobre régimen registral de la filiación de los nacidos mediante gestación por sustitución es una prueba más de intentar utilizar las técnicas del Derecho internacional privado artificiosamente. Los vericuetos legales no se tienen que utilizar cuando estamos hablando de menores y sus derechos, que no son cosa baladí y que no admiten forzados equilibrios. Si entendemos que este tipo de prácticas pueden llevar a que dos personas que quieren ser padres lo sean, sean dos varones, dos mujeres, una mujer o un hombre, vayamos directamente a donde debemos ir; modifiquemos la ley. De esta manera se dotará de seguridad jurídica a una institución como la filiación, que se quiera o no, ya ha dejado de ser natural o adoptiva, y ahora puede ser legal (en el caso de la pareja matrimonial de una mujer que se someta a las técnicas de reproducción asistida) o simplemente emocional. El hecho de la filiación ha trascendido a las formas de reproducción, y el medio, aun teniendo relevancia jurídica, no puede negar el hecho en sí. Mientras más tardemos en darnos cuenta de esto, más tardaremos en proteger adecuadamente los derechos de los menores.
Detrás del caso que ha generado este debate (al que se unen muchos otros que no han trascendido a la prensa) se esconde un verdadero drama, pues la Resolución de la Dirección General del Registro y del Notariado por la que se ordenaba la inscripción de estos gemelos como hijos del matrimonio de varones fue anulada por una sentencia del Juzgado de Primera Instancia núm. 15 de Valencia a raíz de una demanda interpuesta, curiosamente, por el Ministerio Fiscal; sentencia que ha sido confirmada recientemente por la Audiencia Provincial. Y entretanto, estos niños continúan en un limbo jurídico inadmisible.
A mi juicio, en este caso se vuelve a poner de manifiesto una falta absoluta de racionalidad jurídica. Nadie discute, por lo menos no yo, que la filiación afectiva es igual de legítima que la filiación reproductiva; ahí está la adopción como institución reconocida por nuestro ordenamiento jurídico desde tiempos remotos. Hay que admitir que la filiación en España, aunque legalmente siga siendo todavía así, ya no sólo se determina por el parto, en el caso de la filiación natural, o por la constitución de una adopción, en el caso de la filiación adoptiva. Es necesario ampliar ese enfoque. La Ley 3/2007 ya modificó el art. 7.3 de la Ley de reproducción asistida, permitiendo la determinación de la filiación en el matrimonios entre mujeres, a favor de la pareja de la mujer que se sometiera a las técnicas de reproducción asistida, siempre que aquella consintiera en tal filiación. Parece que el siguiente paso sería también permitir la filiación al matrimonio entre varones, aunque en este caso, necesariamente, hubieran de recurrir a una mujer que gestara a su hijo, bien con el propio óvulo de esa mujer o con óvulo donado, bien con semen de la pareja o bien con semen donado. En este caso, la única vía para poder lograrlo es admitir la gestación subrogada, bien es verdad que a mi juicio, debería quedar claro que no puede tratarse de un contrato oneroso, dado que la filiación es res extra commercium, pero sí podría tratarse de una donación altruista, y en ese caso, salvados los obstáculos, contribuiríamos a dar respaldo legal a una realidad cada vez más presente. De esta forma, los derechos de los menores así nacidos quedarían perfectamente garantizados, que, a la postre, considero, que es de lo que se trata.
De nuevo, emigrantes
Los últimos datos del saldo migratorio español arrojan un saldo negativo por vez primera desde que se tienen datos. Esto es, que son más los que se van de España que los que llegan. Es curioso cómo está cambiando todo en los últimos tiempos. Hasta anteayer, España era uno de los países de la Unión Europea que más inmigrantes recibía. Ahora, no sólo ya no recibimos, sino que exportamos.
Si lo observamos desde una postura ecléctica, podríamos concluir que es algo completamente normal, que los ciclos en la economía se suceden y que esto puede llevar aparejado que igual que ha habido épocas de bonanza en las que la economía española ha podido generar puestos de trabajo capaz de absorber a trabajadores extranjeros; en épocas de mayores dificultades, los españoles tienen que salir fuera a buscar trabajo. Y esto, puede concluirse, es algo absolutamente normal, en la sociedad globalizada en la que vivimos.
Pero desde otra más postura más crítica, y realista si se quiere, lo cierto es que si muchas personas se están viendo obligadas a buscar trabajo fuera de España, no en busca de mejores condiciones económicas, lo cual es muy legítimo y hasta deseable si se quiere, sino obligadas porque no son capaces de encontrar un hueco en el mercado laboral español, aun contando con una buena formación y la mejor de las predisposiciones, es que algo ha fallado durante las épocas de bonanza. Y es, sencillamente, que no hemos sido capaces de preparar a España para competir con el resto de economías. Apostar por el ladrillo, como se ha hecho durante demasiados años, apoyándonos en él de forma indiscriminada, ahora trae estas consecuencias. No se ha apostado por mejorar la educación, ni la sanidad, ni los servicios sociales; no se ha detectado que en la investigación puede estar un factor de riqueza muy importante, hasta ahora totalmente relegado a un segundo plano. En el siglo XXI sólo es posible competir desde la calidad y la diferencia, y aunque las exportaciones de las empresas españolas han crecido tímidamente, todavía queda un camino muy largo por recorrer. Y hay que apostar por facilitar y apoyar la internacionalización de nuestras empresas, incluidas las pymes. Hay personas perfectamente preparadas para contribuir a este empeño… Y claro, hay que obligar a los bancos a que se impliquen en la tarea en la que nos encontramos, concediendo créditos a quienes lo necesitan, precisamente para generar empleo. La forma en que están actuando los bancos en toda esta crisis es tan deleznable… Han concedido hipotecas (otra vez el ladrillo) a diestro y siniestro, sabiendo que ellos nunca van a perder, y cuando vienen mal dadas para los hipotecados, éstos no sólo pierden sus casas, sino que deben seguir pagando el crédito que los vincula al banco… ¿Pero no es abuso de poder esto? ¿Y el legislador español dónde está?
En fin, que con lo que tenemos en casa, normal es que nos vayamos fuera y que muchos españoles contribuyan a generar riqueza para otros países. Esto es lo que tenemos, y parece por lo que se ve que es esto lo que nos merecemos.
Comenzamos de nuevo
Esto de que termine un año y comience otro sin solución de continuidad estresa bastante. Pareciera como si nos viéramos obligados de golpe a iniciar el año con nuevos proyectos, con nuevos retos, con nuevas ideas, cuando todo lo que deseábamos para el año anterior aún estaba en vías de realización. Sea como fuere, doy la bienvenida al 2012 y espero que sea un año bueno para todos; más cabal que el que acabamos de abandonar y más optimista también, que falta nos hace.
Pero es verdad que se torna complicado comenzar el año con optimismo si se lee la prensa y se está atento a cuanto sucede a nuestro alrededor. Y es que si la prima de riesgo no aparece ya hasta en la sopa, como sucedía el año pasado, ahora, de golpe y porrazo nos encontramos con que los casos de corrupción nos alejan un poquito más de la reconciliación con el ser humano. No citaré nombres, pero todos sabemos cuánto pesa la corrupción en nuestro país, y cuánto caradura hay suelto por España o por el resto del mundo. Asistir a estos casos y al tiempo comprobar cómo los nuevos gobernantes, que han olvidado en un par de días todo lo que se esforzaron en prometer en campaña, apretando un poco más el bolsillo de los que todavía tenemos la suerte de estar trabajando, hace muy difícil ser optimista.
Pero con todo, porque es mejor así, porque no nos queda otra, y porque no hay otro remedio que ese, confíemos en que el sentido común, la honradez, el buen hacer, el trabajo limpio, el respeto, la esperanza, la honestidad, la congruencia, la verdad…, sean valores que nos acompañen a lo largo de este año y para lograrlo, que cada uno aporte su granito de arena.
Balance
El final de año es un momento propicio para hacer balance. También para proponerse nuevos retos para el año que está a punto de comenzar.
Lo cierto es que el año que ahora termina ha sido duro; demasiada tensión durante demasiado tiempo con noticias a todas horas que parecían querer recordarnos que el fin del mundo está próximo. No sé si las convulsiones que está viviendo el mundo presagian algo más allá de la coyuntura. No sería malo que así fuera. Los momentos de crisis traen normalmente aparejados cambios. El problema es que no sabemos a ciencia cierta si esos cambios serán para mejor o para peor.
Los movimientos que se han producido en varios Estados árabes, en los que la población reclamaba libertad (recuérdese Túnez, Egipto, Libia o Siria, entre muchos otros), englobados genéricamente bajo el término de primavera árabe, contrastan con la indolencia de las sociedades civiles de los Estados europeos, que hemos asistido sin inmutarnos a cómo los movimientos económicos han quitado y puesto gobiernos, sin que Europa tiemble.
Pareciera como si una vez conquistada la democracia, con lo que cuesta conquistarla, no tuviéramos problema en abdicar de ella. Llegará el día en que tengamos que volver a las calles a reivindicarla. Pero para entonces habremos perdido muchas cosas por el camino.
Para 2012, que tan negro nos lo pintan, lo necesario es sentido común y responsabilidad. No ya a los políticos, sino a todos y cada uno de nosotros. A ver si es posible que con cabeza esto pueda ordenarse un poco.
Seguridad jurídica
En este compás de espera que estamos viviendo hasta que se constituyan las nuevas Cortes Generales y el Sr. Rajoy nos anuncie lo que nos viene, quizás no estaría mal recordarle que claro está que todos somos conscientes de que para salir de esta crisis habremos de arrimar el hombro todos, pero sería bueno que no fuéramos siempre los mismos los que paguemos los desaguisados que otros han generado. La máxima “de cada uno según su capacidad y a cada uno según su necesidad”, aunque no sea de su cuerda, es la que debería guiar los pasos para que ya que ninguno vamos a salir indemnes de este episodio, al menos, la responsabilidad sea compartida y justa.
Y en otro ámbito de cosas, aunque relacionado con lo anterior, hoy me gustaría hablarles de la seguridad jurídica. O más bien de su ausencia. Porque quizás en toda esta crisis que padecemos tenga algo que ver el Derecho. Los que nos dedicamos a su estudio sabemos que igual de inoperante es que haya sectores que escapan a la regulación jurídica que aquellos que están regulados por una marabunta de normas que ni el legislador puede aclararse entre ella.
Considero que en los últimos años estamos asistiendo a lo que Karl Schidmt denominaba, aunque en relación con el Derecho administrativo, “legislación motorizada”, ahora ya extendida a todos los sectores del ordenamiento jurídico. Las normas se suceden unas detrás de otras, con total indolencia. Las incoherencias que la deficiente técnica legislativa que padecemos aporta se ha convertido en algo ya asumido por todos, como si fuera un mal endémico difícilmente combatible. Y claro, en todo este escenario, de deficiente legislación es normal que haya desaparecido la seguridad jurídica, que es uno de los principios esenciales de nuestro ordenamiento jurídico.
Legislar menos, aunque mejor sería la máxima que los próximos parlamentarios tendrían que asumir. No por hacer más leyes se trabaja más eficientemente. Hay normas que desde el momento de su publicación han resultado obsoletas, y otras cuya deficiente técnica es evidente. También habría que aprovechar para poner orden en nuestro ordenamiento jurídico y si se trata, por ejemplo, de desarrollar un Reglamento comunitario para adaptarlo a nuestra normativa, no aprovechar una ley que nada tiene que ver con el mismo para introducir una disposición final que cumpla tal cometido. Eso es legislar a traición y sin criterio. El orden en el ordenamiento jurídico debería ser una máxima, y con más razón en el nuestro que a la ya ingente producción legislativa nacional hay que unir la autonómica y la que nos llega de la Unión Europea.
En fin, que en estos tiempos que nos ha tocado vivir quizás la tarea que nos toque sea poner cierto orden y racionalidad a lo que durante demasiados años ha sido un descontrol absoluto. Aunque quizás sea pedir mucho.
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