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Universidad de Salamanca
Blog de Antonia Durán Ayago
Miscelánea
 
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El cinismo como método

Cuando la desvergüenza en el mentir se hace crónica estamos ante el cinismo como método. Como método de gobierno, pues es esto lo que practican todos los miembros del Gobierno de España y los miembros del partido que lo sustenta. No entraremos ahora en si es un método más o menos extendido entre los demás partidos políticos. Lo que interesa en este momento es poner de manifiesto que nos encontramos en un punto de la partida, que ni con mucho me parece que ha tocado fondo, en el que después de haberse negado por activa y por pasiva que no se necesitaba ayuda, cuando a todas luces era evidente que sí, ahora nos intentan vender la jugada como un logro del Gobierno y tan contento está el Sr. Presidente que no duda un minuto en irse a Polonia, a presenciar el partido de la selección, porque no olvidemos que el pan y el circo afecta a todos. El problema es que ya va faltando el pan a muchos y los políticos que tenemos no parecen estar a la altura de las circunstancias.
Porque se llame rescate o línea de financiación preferente o de cualquier otra manera, lo cierto que es nuestros socios europeos nos han ofrecido 100.000 millones de euros, que se dice pronto, para sanear el sistema financiero español. Y claro, esto ni va a ser gratis para nuestro país ni parece que de ello vayamos a extraer ninguna consecuencia. Aquí parece que nadie va a asumir ninguna responsabilidad y lo que no es de recibo es que paguemos ahora entre todos la factura de algo en lo que no hemos contribuido directamente. Otra vez, socializar pérdidas y privatizar ganancias.
Lo que peor sienta de todo esto es que por tener patanes en el Gobierno, consideren que todos también lo somos, que somos simples, que no nos enteramos; y con esa premisa nos quieren hacer creer que lo que sucedió este sábado y lo que está por suceder, que presumo que será todavía peor, es una victoria del Sr. Rajoy. Pues qué pírrica victoria, habría que decir…
Y lo peor es que no estoy muy segura de que esta ayuda que sin ser desinteresada nos han ofrecido nuestros socios vaya a arreglar el problema tan grave que tenemos. No estoy segura que este dinero sirva para reactivar el crecimiento, que es lo verdaderamente necesario. Entiendo que habrá que imponer a los bancos obligaciones para que dejen ya la especulación financiera y apuesten por la economía real, aunque no veo del todo claro que esto vaya a ser así. Tendría gracia que el Sr. Rajoy pida este préstamo para los bancos y España asumiera como país su cumplimiento, y luego tuviera que pedir ayuda a los bancos para poder sostener al Estado con unos intereses aún más altos de los que hemos asumido para ayudarlos. Cosas más raras se han visto…
Los que somos simples pensamos, y quizás no hubiera sido mala solución exigir responsabilidad a todas las entidades bancarias que han incurrido en abusos, porque eso es lo que ha sucedido, y en vez de venir ahora a salvarlas, cuando hay tanta gente que lo está pasando mal, sin que el Estado aporte muchas ayudas, se las hubiera nacionalizado para crear un banco público que tuviera como compromiso poner en circulación el crédito, entre otras cuestiones.
Lejos de eso, seguimos dando palos de ciego; haciendo cada vez más difícil la solución y sin escuchar a quienes con acreditada solvencia no se cansan de insistir en que o se ponen en práctica políticas de crecimiento o esto se va todo al garete.

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Dívar y sus acólitos

No es por echar más leña al fuego, pero me reconocerán que la cosa no pinta nada bien. Me sorprende con qué ansias se agarran algunos al cargo, sin importarles si con esa fuerza se llevan por delante a la institución a la que dicen servir.
Esto es lo que está haciendo el Sr. Dívar, Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, es decir, presidente de uno de los poderes del Estado, cosa nada despreciable. Seguro que conocen el dicho de que no sólo hay que ser bueno, sino aparentarlo, y en esto es en lo que está fallando el Presidente: puede que en sus actos no haya nada ilícito, pero la apariencia de que se ha servido de dinero público para pagar caprichos de carácter privado, sin que haya podido rebatir las acusaciones que se vierten contra él en esa rueda de prensa que dio la semana pasada, deja en entredicho su capacidad para poder seguir ostentando el cargo que ocupa. Y no se trata de dar credibilidad sólo al denunciante, es que en las manos del Sr. Dívar estaba poner luz y taquígrafos a todo lo relacionado con sus viajes a Málaga y a Marbella, y ni él ha sabido hacerlo, ni el PP ni CiU han dejado que lo pudiera arreglar, si es que se puede, en el Parlamento.
No está la situación para este tipo de excesos, ni para buscar recovecos a la responsabilidad que nadie asume en este país, está visto. Los momentos duros que vivimos, a los que hacía referencia en su comparencia el Sr. Dívar, nos exigen ser más exigentes, valga la redundancia y ejercer la responsabilidad con mayúsculas. No sé en qué clase de responsabilidad estaría pensando el Sr. Dívar cuando afirmaba que no se iba por responsabilidad y porque irse sería darle la razón a los que lo han denunciado. Entiendo, por contra, que responsabilidad sería más bien no hacer daño a la institución a la que se representa, y aunque el Sr. Dívar sea bueno, cosa que yo no discuto, lo cierto es que con sus actos no lo ha aparentado. Y esa es la cuestión.
Pero el Presidente no está solo; tiene acólitos de muy distinto rango y renombre. Los responsables del caso de Bankia, los relacionados con la Corona, los políticos que delinquen sin que las elecciones (ni la justicia) les pase facturas, etc, etc. Para qué seguir.
Hace unos meses escribí un post sobre la responsabilidad. Harán falta escribir muchos más en el mismo sentido para que nos acostumbremos a ella.

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Yo también estudié en la pública

Que cada uno reivindique lo que quiera o le corresponda. A mí me van a permitir que hoy rinda un pequeño homenaje a todas aquellas instituciones públicas que han contribuido a mi formación y a los magníficos profesores que he tenido en cada una de ellas. No está de más reivindicarlo ahora, cuando la enseñanza pública está siendo tan vapuleada y maltratada.
Me siento orgullosa de haber estudiado en el Colegio Público Nuestra Señora de Gracia, de Santa Marta de los Barros. En él empecé mi formación y en él me encontré profesores tan queridos como Don Luis, Don Ricardo, Doña Carmen o Doña Loli…, que me enseñaron ya entonces la importancia del esfuerzo.
Luego vino el Instituto Suárez de Figueroa de Zafra, donde realicé BUP y COU, y guardo muy buenos recuerdos de esa época en la que también tuve excelentes profesores. Recuerdo a José María Cruz y su forma tan peculiar de enseñar Historia o a Marisa Montes, con sus magníficas clases de Literatura o a Maribel, con la que todos aprendimos a analizar las frases hasta el más mínimo detalle.
Mi Universidad de origen es Extremadura, allí, en la Facultad de Derecho de Cáceres viví muy enriquecedores años. Tuve a muy buenos profesores como Pablo Pérez Tremps, Pilar Blanco, Julio Gerardo, tan entreñable… Y finalmente cuando terminé mi doctorado, también en la Universidad de Extremadura, recalé en la Universidad de Salamanca, donde ahora trabajo.
Me siento muy orgullosa de haber estudiado siempre en centros públicos, tanto que me gustaría que mi hijo también estudiara en ellos. Espero que entre todos tengamos cordura suficiente para mantenerlos y seguir aumentando su calidad.
Por una educación pública de todos para todos.

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Catarsis

Es verdad que entre tanta noticia preocupante, necesitamos alguna dosis de optimismo. Quizás no estaría mal que intentáramos sosegarnos un poco e intentáramos reflexionar con racionalidad sobre todo lo que está ocurriendo en los últimos tiempos. Es verdad que las noticias que se suceden no parecen augurar nada bueno; al contrario, parece que de alguna manera predeterminan lo que se va convirtiendo en inevitable. Sin embargo, necesitamos creer que este bache lo vamos a superar y que saldremos reforzados de esta crisis. Quizás necesitamos una catarsis, para limpiar todo lo malo que se ha ido acumulando y reconducir el camino. Reivindicar la conciencia de ciudadano que está en la sociedad, que participa de ella, que quiere aportar lo que desde sus posibilidades pueda, creo que es una de las claves para poder salir de esta agónica situación.
Hay que reivindicar el peso de un sí; todos somos necesarios y todos podemos con nuestros actos contribuir a que todo pueda cambiar a mejor. No hay nada peor que sentir que uno/a no puede hacer nada. Eso es como rendirse. Y necesitamos ser positivos; necesitamos reafirmarnos, creer en lo que somos y en lo que hacemos o hemos venido haciendo para intentar invertir la tendencia de pesimismo que estamos viviendo.
Es verdad que muy bien no sé cómo se hace, pero probemos por cuidarnos a nosotros mismos un poco más y también por qué no, mimarnos, sólo de esa manera, podremos revertir lo bueno que tenemos en los demás.

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Otra forma de hacer las cosas debería ser posible

Ha llegado un momento en toda esta historia en que cualquier capítulo nuevo puede ser peor que el anterior. Y eso dice mucho de lo mala que es la historia. Al parecer, según se cuenta en los mentideros de los medios de comunicación pero que ya ha llegado hasta la Unión Europea, aunque desde el Gobierno aún no se haya ni confirmado ni desmentido, parece que se pretende intervenir la entidad financiera Bankia. Bueno, matizo, acabo de leer que en un breve comunicado el Ministro de Economía ha negado “rotundamente” que Bankia vaya a ser intervenida, sino que “el objetivo es ejecutar un plan de saneamiento, reestructuración y mejora del gobierno corporativo que garantice su viabilidad futura”. Esto no es más que un circunloquio para decir lo que todos dicen ya hace tiempo.
Si esto se confirmara y con dinero público se intentara sanear una entidad privada, en los tiempos que corren, de recorte tras recorte a los servicios básicos de los ciudadanos, ¿qué tendríamos que hacer?
Esto es una tomadura de pelo tan grande que ya parece imposible que pueda crecer más. Y sin embargo, ahí están los hechos, cada capítulo supera al anterior.
No vale ya la argumentación facilona de que todo lo que se está haciendo es consecuencia de la mala gestión del gobierno anterior. Está claro que hay decisiones políticas de envergadura detrás de todo lo que se está haciendo. Se intenta demoler lo público para fortalecer lo privado. Y si no es así, qué mal están sabiendo disimular. Porque lo que los ciudadanos percibimos es eso.
Estoy completamente segura de que hay otra forma de hacer las cosas. Nada de prestar ni ayudar a las entidades bancarias. Quizás lo que habría que hacer, entre otras cosas, es crear un banco público que con los ahorros de todos los que creemos en una sociedad más igualitaria, tuviera la encomienda de prestar a los empresarios que lo necesitan para sacar adelante sus negocios. Quizás lo que habría que hacer es poner a disposición de todas las personas que se han quedado sin casa, todas las viviendas que ahora tienen los bancos y cobrándoles un alquiler simbólico permitirles tener un espacio donde poder vivir. Quizás lo que habría que hacer es disminuir el presupuesto de defensa o eliminar el de la Casa Real para destinarlo a lo que verdaderamente se necesita: sanidad, educación, servicios sociales. Quizás lo que habría que hacer, en vez de ningunear a las Universidades públicas, pensar que con más inversión en I+D se pueden generar patentes que a la larga acaben beneficiando al Estado. En fin, son muchas cosas las que deberían hacerse y no se hacen simplemente por tener una opción política gobernando que claramente no cree en lo público.
Esto es lo que tenemos, pero no estoy ya muy segura de si es esto lo que nos merecemos.

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Ser profesor universitario hoy

La verdad es que no sé muy bien cómo abordar el tema sobre el que hoy quiero escribir.
Puedo comenzar diciendo que me siento una privilegiada por poder trabajar en lo que considero que es mi vocación. Me gusta la enseñanza y me gusta la investigación y que pueda hacer lo que me gusta y además se reconozca como trabajo, es algo que verdaderamente suena a privilegio, más en estos tiempos.

Pero seguro que a todos los que nos dedicamos a la enseñanza universitaria les ha llegado un momento en el que se han sentado a reflexionar sobre qué es verdaderamente lo que implica ser profesor universitario. Y más en estos tiempos, en los que sin saber muy bien a dónde nos dirijimos, nos hemos propuesto cambiarlo todo.

Hubo un tiempo en que la principal misión del profesor universitario era instruirse e investigar para poder publicar trabajos de interés para la comunidad científica y la sociedad en general y formarse lo mejor posible para poder trasladar el conocimiento a los alumnos de la forma más completa.

De un tiempo a esta parte, la Universidad del conocimiento ha ido dejando paso a otra Universidad, más centrada en la burocracia y en hacer méritos según los patrones que de fuera nos llegan. En algún momento, la Comunidad universitaria se tendrá que sentar a reflexionar sobre los cambios que está experimentado la Universidad y que no están en el Espacio Europeo de Educación Superior, que creo que es algo positivo si se sabe afrontar bien, sino que los principales cambios nos están llegando de fuera, impuestos por Agencias de Evaluación de muy diverso tipo y ámbito, que pretenden, y lo están consiguiendo, crear patrones de conducta alejados de lo que la Universidad ha sido hasta tiempo recientes.

Pareciera como si hubiera solo un camino que hubiera de transitarse por todos los que quieren lograr hacerse un hueco en la Universidad española. Sin tener en cuenta que a veces el mérito se encuentra en otros recovecos más difíciles de evaluar; que el impacto, aun pretendiendo ser elemento de lo más objetivo, también puede resultar un indicio vacuo. Y lo peor de este sistema es que está lastrando la energía de muchas personas que con verdadera vocación se encuentran prestando servicio en las Universidades españolas. En muchos casos, estos procesos selectivos o de evaluación se convierten en espirales turbias que desenfocan la lente de aquellos que no son considerados aptos para desempeñar según qué categoría en la Universidad. Pareciera que este sistema se convierte para algunos en una prueba de obstáculos que hay que superar; en una carrera de fondo con trampa puesto que la meta se va alejando a medida que uno va recorriendo el camino. Luego, como es sabido por todos los que nos encontramos en el mundo universitario, mientras que a algunos se les presumen los méritos a otros no sólo no se les presume sino que se intenta ningunearlos.

Soy consciente de que es muy difícil elegir un buen sistema de selección del profesorado. Y ello porque cuando los que deciden están dentro, en muchas ocasiones la objetividad brilla por su ausencia. La endogamia ha sido, es y será un mal endémico de la Universidad española. La cuestión es que percibo en el sistema de acreditaciones, fundamentalmente, que es el que ahora está en vigor, importantes carencias sobre todo en lo que respecta a la seguridad jurídica de los evaluados y además, un error tremendo de enfoque. Como decía, no se premia el trabajo, sino que se menosprecia alegando criterios de muy diferente tipo y muy dudosa justificación, como por ejemplo, alegar que no se ha publicado en editoriales de reconocido prestigio, cuando en las mismas editoriales han publicado otros que sí han obtenido una evaluación favorable; o percibir como demérito no haber realizado estancias postdoctorales en centros de reconocido prestigio en el extranjero, cuando en cambio otros han recibido evaluación positiva sin salir un día siquiera de España. Es todo tan relativo; o mejor, es todo tan ARBITRARIO…

Este sistema de acreditación del profesorado, con sus brechas y tropiezos, se une a la ola de desprestigio de la Universidad pública española que está encabezando el Ministro de Educación en los últimos meses. Lo último, ya saben, aumentar el número de créditos a impartir para aquellos profesores que no tengan un sexenio vivo; otra vulneración de la Constitución española (art. 9.3) y otro varapalo para la seguridad jurídica.

Con tanto bamboleo, estarán conmigo que la calma que un profesor necesita para llevar a cabo con acierto su trabajo se torna difícil de conseguir. Al final, presiento que o mucho cambia todo o la Universidad quedará reducida a una especie de educación secundaria de grado superior con carácter profesionalizante, y en el camino se habrán ido perdiendo los caracteres más definitorios durante siglos de esta institución como crisol de saberes.

Pero como me sabe mal terminar esta reflexión en términos tan pesimistas, quiero decirles que es verdad que para que esta premonición se cumpla deberían haberse vencido antes muchas voluntades, y lo cierto es que los que estamos en esta lucha, otra cosa no, pero VOLUNTAD tenemos, y mucha.

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Contra la Universidad

Dejo para otro post unas reflexiones sobre lo que significa ser profesor universitario hoy, en el actual contexto tanto económico como evaluador en el que nos hallamos sumidos.
Pero hoy quiero compartir con ustedes algunas ideas que me sugiere el Real Decreto-ley 14/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo.
Antes de llegar a él, tengo por fuerza que detenerme en las declaraciones del Sr. Ministro de Educación, verdaderas perlas, sobre su diágnostico sobre el sistema universitario español. En su opinión y basado en datos que contrastadamente no son ciertos, hay en la Universidad española un 30 % de abandono, lo que supone un gasto de 3000 millones de euros para las arcas públicas. Según la Conferencia de Rectores, la tasa de abandono es del 12 % y el 18 % restante corresponde a traslados de expedientes. Además, señala que el paro entre titulados universitarios es del 21 %, como si por tener un título estuvieran en paro y no por las circunstancias económicas que tan mal están sabiendo gestionar. No dice que entre los no titulados el paro aumenta al doble.
Luego se descuelga afirmando que en España hay demasiadas Universidades, 79, entre las que se incluyen 28 privadas cuya financiación, me parece a mí, que no depende del Estado. En España tenemos una Universidad por cada 500.000 habitante; en Reino Unido, por ejemplo, una por cada 253.000 habitantes. Y respecto a que ninguna Universidad española está en el ránking de las más prestigiosas, vuelve a equivocarse. La Conferencia de Rectores ha informado que España es la novena potencia científica mundial y la octava en publicaciones por habitante con resultados similares a Japón, y además, si se relaciona la producción científica por habitante con el porcentaje de gasto en I+D, resulta que España es uno de los cuatro sistemas más eficientes del mundo.
En conclusión, con un diagnóstico equivocado, las soluciones no pueden sino estar equivocadas. Y en este momento vamos al Real Decreto-Ley que, aparte de permitir una subida de las tasas académicas y reajustar (disminuir) las becas universitarias, carga contra el profesorado imponiendo a aquel que no cuente con un sexenio de investigación vivo la carga de impartir 32 créditos ECTS sobre los 24 anteriores a la reforma, lo que obliga al profesor a dedicar únicamente a la docencia 422 horas por curso académico, olvidando que el profesor también tiene que investigar no sólo para publicar sino para que sus clases tengan mayor calidad y que con esta carga docente muy difícilmente podrá hacerlo. De esta manera se aboca a una parte del profesorado únicamente a la docencia, sin permitirle que avance en su carrera investigadora, sin haber tenido posibilidad de elegir este camino. Lo que a la postre supone convertir un premio que hasta ahora era un sexenio (complemento salarial con repercusiones en la carrera científica) en una necesidad y el problema es que en la concesión de sexenios también puede haber intereses de todo tipo más allá de los puramente científicos. Todo esto, claro está, no va a redundar en beneficio de la Universidad española, antes al contrario.

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Cazando elefantes…

Me van a permitir que en este espacio hoy, como otros días, me desahoge compartiendo con ustedes las impresiones que me han suscitado los últimos acontecimientos. Ya saben la opinión que me merece nuestro país, que se me ratifica todos los días, con la procesión de datos y hechos. La seriedad no se encuentra entre las virtudes de España. El hecho de que el Jefe del Estado se descuelgue, en la época en la que estamos, cazando elefantes en África, parece ser que no es dato que deba preocupar, pues pertenece a la esfera privada del monarca. Evidentemente no comparto esta opinión. No parece muy consecuente la expresión del Rey hace unos días afirmando que el paro juvenil le quitaba el sueño y luego permitirse el lujo de participar en safaris de alto standing, más allá de las connotaciones que respecto a la protección de los animales, este dato tiene. Seguramente, esto lo ha venido haciendo el Rey desde hace mucho tiempo, y los españoles sufragándolo. La Casa Real puede esforzarse en intentar verter una idea de austeridad, y así lo hacía la semana pasada afirmando que iba a recortar hasta 170000 euros de su presupuesto y que se planteaba la bajada de sueldo del Rey. Ustedes juzguen por sí mismos si es de recibo en este momento tener lo que tenemos.
Porque esto coincide con la noticia de la necesidad de recortar 3000 millones de euros en educación y la noticia del Sr. Wert, Ministro a la sazón del ramo, realizando afirmaciones de todo punto inconsistentes sobre la situación de la Universidad española y la necesidad de constituir una comisión de sabios para afrontar su reforma. Es curioso que siempre se vaya sobre lo mismo. Hay tal miopía en los políticos españoles que no se ve que la educación a todos los niveles es absolutamente necesaria. Con todos los cambios que se están haciendo y que pretenden hacerse, sin partir siquiera de un diagnóstico adecuado, ¿dónde llegaremos? Me preocupa el estado en que vamos a dejar a España para nuestros hijos. Si les quitamos la educación le quitamos el bien más preciado, la herencia que antes tenían todos con independencia de su renta; la única posibilidad para superarse y avanzar. Parece que volvemos a la época en que la educación, particularmente la universitaria, era sólo para unos pocos, los que podían costeársela, y eso, estarán conmigo, que no es de recibo.

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El miedo como estrategia

No me negarán que parece apreciarse esta máxima detrás de todas las políticas denominadas de ajuste que se están aprobando en nuestro país en los últimos días. El fantasma del rescate y de que cualquier recorte realizado desde España es mejor que el que puedan realizar instancias ajenas, ronda sobre nuestras cabezas. El Gobierno, descoordinado y quizás desconcertado, se afana en dar mensajes, en muchos casos contradictorios, al que se superpone el que traslada el Presidente, “sé lo que hay que hacer”, que por su prepotencia no se sabe si es mejor que lo sepa o no. El caso es que todo parece estar manga por hombro y entretanto la prima de riesgo por las nubes. Y allí están nuestros políticos, tanto los cercanos como los europeos, que parecen no darse cuenta que con sus políticas están llevando la situación al colapso. No se aprecian políticas para reactivar la economía; todas van hacia los ajustes o recortes y así el sistema que tanto ha costado construir está en la cuerda floja, abocado parece a su final.
Todo lo que parecía que nos podía salvar de esta crisis: reactivar la inversión en investigación, apostar por las energías renovables, avanzar en el estado del bienestar, fortalecer nuestras industrias, ha quedado en la estacada. No se ha hecho nada para intentar reactivar la economía. Sólo se pretende atajar el déficit, sin darse cuenta que esto es la pescadilla que se muerde la cola, pues mientras menos se crezca y menos riqueza se genere más aumentará el déficit y más se necesitará ir recortando. El problema es hasta cuándo vamos a permitir que pase en España lo que Europa ha dejado que pase en Grecia. Quizás habría que revisar las políticas de estabilidad y dar un mayor margen para ajustar nuestras economías; de lo contrario, estamos en la senda equivocada y que nos lleva a un final incierto.

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Responsabilidad

Ser responsable conlleva asumir las decisiones que uno toma. Sopesar los pros y los contras que esa decisión pueda traer aparejados; ponerse en el lugar del otro; reconocer cuando uno se equivoca y, en definitiva, responder cuando uno es cuestionado.
Considero que ser responsable, hace a una persona más sólida y más creíble frente a los demás.
Sin embargo, no encontramos muchos ejemplos de responsabilidad en los medios de comunicación, que son los que llegan a todos de forma indiscriminada y que de alguna manera, también contribuyen a crear comportamientos.
Si nos centramos en la política, podemos observar que esos que a veces se denominan “responsables” políticos, lo son todo, menos responsables. Los casos de corrupción que diariamente laceran la democracia, son sólo la punta del iceberg. La falta de responsabilidad, el no asumir las decisiones que uno toma, es algo muy extendido entre nuestros responsables políticos. Quizás por eso, ese desapego de la ciudadanía hacia los políticos. Porque responsable también es el que dice lo que va a hacer y lo hace. Y nuestra historia reciente está llena de políticos que prometen lo que saben que no van a hacer para obtener votos y cuando llegan al poder se olvidan de lo prometido. Los programas electorales son brindis al sol, sin repercusión jurídica, cuando realmente debieran ser obligaciones asumidas por un partido que debieran poder ser reclamadas si se incumplen. Si no, el juego se convierte en un arma de doble filo: yo te digo lo que quieres oír; tú te lo crees y me votas; yo gobierno y hago lo que creo que debo hacer aunque no sea lo que prometí que iba a hacer.
Estarán conmigo que esto no tiene nada de responsabilidad. Y si no hay responsabilidad en los actos, lo demás sobra.
Estos días, en los que se acaban de presentar los presupuestos, los principales líderes políticos se afanan en parecer responsables, diciendo que estas duras medidas que se nos exigen son necesarias y son las que hay que tomar para sacar a España de la crisis. Y dicen esto revestidos de un halo de misterio y afectación como si los demás fuéramos tontos y no alcanzáramos a ver que no hay mejor defensa que el ataque. Todo está tan mal que es necesario tomar las medidas más duras que por supuesto nos perjudican, con tal de alcanzar un fin superior que sólo ellos conocen. Esto es lo que España necesita; esto es lo que hay que hacer. Entretanto, el paro sigue creciendo, los impuestos suben; los sueldos bajan; los derechos se consumen y el neoliberalismo campa a sus anchas.

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