Es verdad que entre tanta noticia preocupante, necesitamos alguna dosis de optimismo. Quizás no estaría mal que intentáramos sosegarnos un poco e intentáramos reflexionar con racionalidad sobre todo lo que está ocurriendo en los últimos tiempos. Es verdad que las noticias que se suceden no parecen augurar nada bueno; al contrario, parece que de alguna manera predeterminan lo que se va convirtiendo en inevitable. Sin embargo, necesitamos creer que este bache lo vamos a superar y que saldremos reforzados de esta crisis. Quizás necesitamos una catarsis, para limpiar todo lo malo que se ha ido acumulando y reconducir el camino. Reivindicar la conciencia de ciudadano que está en la sociedad, que participa de ella, que quiere aportar lo que desde sus posibilidades pueda, creo que es una de las claves para poder salir de esta agónica situación.
Hay que reivindicar el peso de un sí; todos somos necesarios y todos podemos con nuestros actos contribuir a que todo pueda cambiar a mejor. No hay nada peor que sentir que uno/a no puede hacer nada. Eso es como rendirse. Y necesitamos ser positivos; necesitamos reafirmarnos, creer en lo que somos y en lo que hacemos o hemos venido haciendo para intentar invertir la tendencia de pesimismo que estamos viviendo.
Es verdad que muy bien no sé cómo se hace, pero probemos por cuidarnos a nosotros mismos un poco más y también por qué no, mimarnos, sólo de esa manera, podremos revertir lo bueno que tenemos en los demás.
Catarsis
Otra forma de hacer las cosas debería ser posible
Ha llegado un momento en toda esta historia en que cualquier capítulo nuevo puede ser peor que el anterior. Y eso dice mucho de lo mala que es la historia. Al parecer, según se cuenta en los mentideros de los medios de comunicación pero que ya ha llegado hasta la Unión Europea, aunque desde el Gobierno aún no se haya ni confirmado ni desmentido, parece que se pretende intervenir la entidad financiera Bankia. Bueno, matizo, acabo de leer que en un breve comunicado el Ministro de Economía ha negado “rotundamente” que Bankia vaya a ser intervenida, sino que “el objetivo es ejecutar un plan de saneamiento, reestructuración y mejora del gobierno corporativo que garantice su viabilidad futura”. Esto no es más que un circunloquio para decir lo que todos dicen ya hace tiempo.
Si esto se confirmara y con dinero público se intentara sanear una entidad privada, en los tiempos que corren, de recorte tras recorte a los servicios básicos de los ciudadanos, ¿qué tendríamos que hacer?
Esto es una tomadura de pelo tan grande que ya parece imposible que pueda crecer más. Y sin embargo, ahí están los hechos, cada capítulo supera al anterior.
No vale ya la argumentación facilona de que todo lo que se está haciendo es consecuencia de la mala gestión del gobierno anterior. Está claro que hay decisiones políticas de envergadura detrás de todo lo que se está haciendo. Se intenta demoler lo público para fortalecer lo privado. Y si no es así, qué mal están sabiendo disimular. Porque lo que los ciudadanos percibimos es eso.
Estoy completamente segura de que hay otra forma de hacer las cosas. Nada de prestar ni ayudar a las entidades bancarias. Quizás lo que habría que hacer, entre otras cosas, es crear un banco público que con los ahorros de todos los que creemos en una sociedad más igualitaria, tuviera la encomienda de prestar a los empresarios que lo necesitan para sacar adelante sus negocios. Quizás lo que habría que hacer es poner a disposición de todas las personas que se han quedado sin casa, todas las viviendas que ahora tienen los bancos y cobrándoles un alquiler simbólico permitirles tener un espacio donde poder vivir. Quizás lo que habría que hacer es disminuir el presupuesto de defensa o eliminar el de la Casa Real para destinarlo a lo que verdaderamente se necesita: sanidad, educación, servicios sociales. Quizás lo que habría que hacer, en vez de ningunear a las Universidades públicas, pensar que con más inversión en I+D se pueden generar patentes que a la larga acaben beneficiando al Estado. En fin, son muchas cosas las que deberían hacerse y no se hacen simplemente por tener una opción política gobernando que claramente no cree en lo público.
Esto es lo que tenemos, pero no estoy ya muy segura de si es esto lo que nos merecemos.
Ser profesor universitario hoy
La verdad es que no sé muy bien cómo abordar el tema sobre el que hoy quiero escribir.
Puedo comenzar diciendo que me siento una privilegiada por poder trabajar en lo que considero que es mi vocación. Me gusta la enseñanza y me gusta la investigación y que pueda hacer lo que me gusta y además se reconozca como trabajo, es algo que verdaderamente suena a privilegio, más en estos tiempos.
Pero seguro que a todos los que nos dedicamos a la enseñanza universitaria les ha llegado un momento en el que se han sentado a reflexionar sobre qué es verdaderamente lo que implica ser profesor universitario. Y más en estos tiempos, en los que sin saber muy bien a dónde nos dirijimos, nos hemos propuesto cambiarlo todo.
Hubo un tiempo en que la principal misión del profesor universitario era instruirse e investigar para poder publicar trabajos de interés para la comunidad científica y la sociedad en general y formarse lo mejor posible para poder trasladar el conocimiento a los alumnos de la forma más completa.
De un tiempo a esta parte, la Universidad del conocimiento ha ido dejando paso a otra Universidad, más centrada en la burocracia y en hacer méritos según los patrones que de fuera nos llegan. En algún momento, la Comunidad universitaria se tendrá que sentar a reflexionar sobre los cambios que está experimentado la Universidad y que no están en el Espacio Europeo de Educación Superior, que creo que es algo positivo si se sabe afrontar bien, sino que los principales cambios nos están llegando de fuera, impuestos por Agencias de Evaluación de muy diverso tipo y ámbito, que pretenden, y lo están consiguiendo, crear patrones de conducta alejados de lo que la Universidad ha sido hasta tiempo recientes.
Pareciera como si hubiera solo un camino que hubiera de transitarse por todos los que quieren lograr hacerse un hueco en la Universidad española. Sin tener en cuenta que a veces el mérito se encuentra en otros recovecos más difíciles de evaluar; que el impacto, aun pretendiendo ser elemento de lo más objetivo, también puede resultar un indicio vacuo. Y lo peor de este sistema es que está lastrando la energía de muchas personas que con verdadera vocación se encuentran prestando servicio en las Universidades españolas. En muchos casos, estos procesos selectivos o de evaluación se convierten en espirales turbias que desenfocan la lente de aquellos que no son considerados aptos para desempeñar según qué categoría en la Universidad. Pareciera que este sistema se convierte para algunos en una prueba de obstáculos que hay que superar; en una carrera de fondo con trampa puesto que la meta se va alejando a medida que uno va recorriendo el camino. Luego, como es sabido por todos los que nos encontramos en el mundo universitario, mientras que a algunos se les presumen los méritos a otros no sólo no se les presume sino que se intenta ningunearlos.
Soy consciente de que es muy difícil elegir un buen sistema de selección del profesorado. Y ello porque cuando los que deciden están dentro, en muchas ocasiones la objetividad brilla por su ausencia. La endogamia ha sido, es y será un mal endémico de la Universidad española. La cuestión es que percibo en el sistema de acreditaciones, fundamentalmente, que es el que ahora está en vigor, importantes carencias sobre todo en lo que respecta a la seguridad jurídica de los evaluados y además, un error tremendo de enfoque. Como decía, no se premia el trabajo, sino que se menosprecia alegando criterios de muy diferente tipo y muy dudosa justificación, como por ejemplo, alegar que no se ha publicado en editoriales de reconocido prestigio, cuando en las mismas editoriales han publicado otros que sí han obtenido una evaluación favorable; o percibir como demérito no haber realizado estancias postdoctorales en centros de reconocido prestigio en el extranjero, cuando en cambio otros han recibido evaluación positiva sin salir un día siquiera de España. Es todo tan relativo; o mejor, es todo tan ARBITRARIO…
Este sistema de acreditación del profesorado, con sus brechas y tropiezos, se une a la ola de desprestigio de la Universidad pública española que está encabezando el Ministro de Educación en los últimos meses. Lo último, ya saben, aumentar el número de créditos a impartir para aquellos profesores que no tengan un sexenio vivo; otra vulneración de la Constitución española (art. 9.3) y otro varapalo para la seguridad jurídica.
Con tanto bamboleo, estarán conmigo que la calma que un profesor necesita para llevar a cabo con acierto su trabajo se torna difícil de conseguir. Al final, presiento que o mucho cambia todo o la Universidad quedará reducida a una especie de educación secundaria de grado superior con carácter profesionalizante, y en el camino se habrán ido perdiendo los caracteres más definitorios durante siglos de esta institución como crisol de saberes.
Pero como me sabe mal terminar esta reflexión en términos tan pesimistas, quiero decirles que es verdad que para que esta premonición se cumpla deberían haberse vencido antes muchas voluntades, y lo cierto es que los que estamos en esta lucha, otra cosa no, pero VOLUNTAD tenemos, y mucha.
Contra la Universidad
Dejo para otro post unas reflexiones sobre lo que significa ser profesor universitario hoy, en el actual contexto tanto económico como evaluador en el que nos hallamos sumidos.
Pero hoy quiero compartir con ustedes algunas ideas que me sugiere el Real Decreto-ley 14/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo.
Antes de llegar a él, tengo por fuerza que detenerme en las declaraciones del Sr. Ministro de Educación, verdaderas perlas, sobre su diágnostico sobre el sistema universitario español. En su opinión y basado en datos que contrastadamente no son ciertos, hay en la Universidad española un 30 % de abandono, lo que supone un gasto de 3000 millones de euros para las arcas públicas. Según la Conferencia de Rectores, la tasa de abandono es del 12 % y el 18 % restante corresponde a traslados de expedientes. Además, señala que el paro entre titulados universitarios es del 21 %, como si por tener un título estuvieran en paro y no por las circunstancias económicas que tan mal están sabiendo gestionar. No dice que entre los no titulados el paro aumenta al doble.
Luego se descuelga afirmando que en España hay demasiadas Universidades, 79, entre las que se incluyen 28 privadas cuya financiación, me parece a mí, que no depende del Estado. En España tenemos una Universidad por cada 500.000 habitante; en Reino Unido, por ejemplo, una por cada 253.000 habitantes. Y respecto a que ninguna Universidad española está en el ránking de las más prestigiosas, vuelve a equivocarse. La Conferencia de Rectores ha informado que España es la novena potencia científica mundial y la octava en publicaciones por habitante con resultados similares a Japón, y además, si se relaciona la producción científica por habitante con el porcentaje de gasto en I+D, resulta que España es uno de los cuatro sistemas más eficientes del mundo.
En conclusión, con un diagnóstico equivocado, las soluciones no pueden sino estar equivocadas. Y en este momento vamos al Real Decreto-Ley que, aparte de permitir una subida de las tasas académicas y reajustar (disminuir) las becas universitarias, carga contra el profesorado imponiendo a aquel que no cuente con un sexenio de investigación vivo la carga de impartir 32 créditos ECTS sobre los 24 anteriores a la reforma, lo que obliga al profesor a dedicar únicamente a la docencia 422 horas por curso académico, olvidando que el profesor también tiene que investigar no sólo para publicar sino para que sus clases tengan mayor calidad y que con esta carga docente muy difícilmente podrá hacerlo. De esta manera se aboca a una parte del profesorado únicamente a la docencia, sin permitirle que avance en su carrera investigadora, sin haber tenido posibilidad de elegir este camino. Lo que a la postre supone convertir un premio que hasta ahora era un sexenio (complemento salarial con repercusiones en la carrera científica) en una necesidad y el problema es que en la concesión de sexenios también puede haber intereses de todo tipo más allá de los puramente científicos. Todo esto, claro está, no va a redundar en beneficio de la Universidad española, antes al contrario.
Cazando elefantes…
Me van a permitir que en este espacio hoy, como otros días, me desahoge compartiendo con ustedes las impresiones que me han suscitado los últimos acontecimientos. Ya saben la opinión que me merece nuestro país, que se me ratifica todos los días, con la procesión de datos y hechos. La seriedad no se encuentra entre las virtudes de España. El hecho de que el Jefe del Estado se descuelgue, en la época en la que estamos, cazando elefantes en África, parece ser que no es dato que deba preocupar, pues pertenece a la esfera privada del monarca. Evidentemente no comparto esta opinión. No parece muy consecuente la expresión del Rey hace unos días afirmando que el paro juvenil le quitaba el sueño y luego permitirse el lujo de participar en safaris de alto standing, más allá de las connotaciones que respecto a la protección de los animales, este dato tiene. Seguramente, esto lo ha venido haciendo el Rey desde hace mucho tiempo, y los españoles sufragándolo. La Casa Real puede esforzarse en intentar verter una idea de austeridad, y así lo hacía la semana pasada afirmando que iba a recortar hasta 170000 euros de su presupuesto y que se planteaba la bajada de sueldo del Rey. Ustedes juzguen por sí mismos si es de recibo en este momento tener lo que tenemos.
Porque esto coincide con la noticia de la necesidad de recortar 3000 millones de euros en educación y la noticia del Sr. Wert, Ministro a la sazón del ramo, realizando afirmaciones de todo punto inconsistentes sobre la situación de la Universidad española y la necesidad de constituir una comisión de sabios para afrontar su reforma. Es curioso que siempre se vaya sobre lo mismo. Hay tal miopía en los políticos españoles que no se ve que la educación a todos los niveles es absolutamente necesaria. Con todos los cambios que se están haciendo y que pretenden hacerse, sin partir siquiera de un diagnóstico adecuado, ¿dónde llegaremos? Me preocupa el estado en que vamos a dejar a España para nuestros hijos. Si les quitamos la educación le quitamos el bien más preciado, la herencia que antes tenían todos con independencia de su renta; la única posibilidad para superarse y avanzar. Parece que volvemos a la época en que la educación, particularmente la universitaria, era sólo para unos pocos, los que podían costeársela, y eso, estarán conmigo, que no es de recibo.
El miedo como estrategia
No me negarán que parece apreciarse esta máxima detrás de todas las políticas denominadas de ajuste que se están aprobando en nuestro país en los últimos días. El fantasma del rescate y de que cualquier recorte realizado desde España es mejor que el que puedan realizar instancias ajenas, ronda sobre nuestras cabezas. El Gobierno, descoordinado y quizás desconcertado, se afana en dar mensajes, en muchos casos contradictorios, al que se superpone el que traslada el Presidente, “sé lo que hay que hacer”, que por su prepotencia no se sabe si es mejor que lo sepa o no. El caso es que todo parece estar manga por hombro y entretanto la prima de riesgo por las nubes. Y allí están nuestros políticos, tanto los cercanos como los europeos, que parecen no darse cuenta que con sus políticas están llevando la situación al colapso. No se aprecian políticas para reactivar la economía; todas van hacia los ajustes o recortes y así el sistema que tanto ha costado construir está en la cuerda floja, abocado parece a su final.
Todo lo que parecía que nos podía salvar de esta crisis: reactivar la inversión en investigación, apostar por las energías renovables, avanzar en el estado del bienestar, fortalecer nuestras industrias, ha quedado en la estacada. No se ha hecho nada para intentar reactivar la economía. Sólo se pretende atajar el déficit, sin darse cuenta que esto es la pescadilla que se muerde la cola, pues mientras menos se crezca y menos riqueza se genere más aumentará el déficit y más se necesitará ir recortando. El problema es hasta cuándo vamos a permitir que pase en España lo que Europa ha dejado que pase en Grecia. Quizás habría que revisar las políticas de estabilidad y dar un mayor margen para ajustar nuestras economías; de lo contrario, estamos en la senda equivocada y que nos lleva a un final incierto.
Responsabilidad
Ser responsable conlleva asumir las decisiones que uno toma. Sopesar los pros y los contras que esa decisión pueda traer aparejados; ponerse en el lugar del otro; reconocer cuando uno se equivoca y, en definitiva, responder cuando uno es cuestionado.
Considero que ser responsable, hace a una persona más sólida y más creíble frente a los demás.
Sin embargo, no encontramos muchos ejemplos de responsabilidad en los medios de comunicación, que son los que llegan a todos de forma indiscriminada y que de alguna manera, también contribuyen a crear comportamientos.
Si nos centramos en la política, podemos observar que esos que a veces se denominan “responsables” políticos, lo son todo, menos responsables. Los casos de corrupción que diariamente laceran la democracia, son sólo la punta del iceberg. La falta de responsabilidad, el no asumir las decisiones que uno toma, es algo muy extendido entre nuestros responsables políticos. Quizás por eso, ese desapego de la ciudadanía hacia los políticos. Porque responsable también es el que dice lo que va a hacer y lo hace. Y nuestra historia reciente está llena de políticos que prometen lo que saben que no van a hacer para obtener votos y cuando llegan al poder se olvidan de lo prometido. Los programas electorales son brindis al sol, sin repercusión jurídica, cuando realmente debieran ser obligaciones asumidas por un partido que debieran poder ser reclamadas si se incumplen. Si no, el juego se convierte en un arma de doble filo: yo te digo lo que quieres oír; tú te lo crees y me votas; yo gobierno y hago lo que creo que debo hacer aunque no sea lo que prometí que iba a hacer.
Estarán conmigo que esto no tiene nada de responsabilidad. Y si no hay responsabilidad en los actos, lo demás sobra.
Estos días, en los que se acaban de presentar los presupuestos, los principales líderes políticos se afanan en parecer responsables, diciendo que estas duras medidas que se nos exigen son necesarias y son las que hay que tomar para sacar a España de la crisis. Y dicen esto revestidos de un halo de misterio y afectación como si los demás fuéramos tontos y no alcanzáramos a ver que no hay mejor defensa que el ataque. Todo está tan mal que es necesario tomar las medidas más duras que por supuesto nos perjudican, con tal de alcanzar un fin superior que sólo ellos conocen. Esto es lo que España necesita; esto es lo que hay que hacer. Entretanto, el paro sigue creciendo, los impuestos suben; los sueldos bajan; los derechos se consumen y el neoliberalismo campa a sus anchas.
Después de esta crisis, ¿qué derechos sobrevivirán?
No es mala pregunta, según lo que todos los días vemos y lo que al parecer, según todos los indicios, seguiremos viendo.
Involucionar es lo que estamos haciendo desde hace unos años. No sé si debido a que hemos querido ir demasiado rápido antes y nos hemos atragantado a medio camino, o a que la correlación de fuerzas políticas a nivel europeo se ha propuesto dilapidar de una pasada el patrimonio democrático y los derechos sociales conquistados con tanto esfuerzo a lo largo de tantos años.
El escenario con el que nos topamos diariamente no puede ser más desalentador. Con la crisis como pretexto, se está yendo contra el trabajador y se está poniendo en el mercado de trabajo la lupa que mide, parece ser, el grado de flexibilidad necesario para poder salir de esta crisis. En fin, ya lo he dicho en otras ocasiones: se trata de una percepción equivocada. Pero las equivocaciones tienen consecuencias y las que está teniendo en nuestro país son de lo más evidente: el equilibrio jurídico entre empresario y el trabajador ha desaparecido y ahora está en manos del empresario todo el poder, además respaldado legislativamente. Es el mundo al revés, porque si el legislador tiene que intervenir en el mercado laboral es para proteger al trabajador y de esa manera ponerlo en equilibrio con el empresario. Lejos de esto, se ha optado por la vía contraria. Que nadie se asombre. Es otra muestra más de que el neoliberalismo nos absorbe. El neoliberalismo que ha sido fundamentalmente el movimiento que está detrás de toda esta crisis, es el que más está ganando con ella.
Y mientras tanto, el poder postrado a sus pies. Y los ciudadanos cada vez con menor voz. Está claro que para que nos escuchen deberemos hablar más alto. Aunque todo pinte mal, no hay renunciar a lo que somos, ciudadanos, y no a los que algunos quieren que seamos, súbditos del capital.
Racionalizar la oferta universitaria
Aparece en la prensa de hoy la noticia de que el Ministro de Educación pretende reducir la oferta de títulos universitarios que le parece excesiva. Esta noticia contrasta con otra que aparecía ayer por la que la Agencia para la calidad del sistema universitario de Castilla y León, donde es sabido, gobierna el Partido Popular, aprobaba la impartición de ocho Grados en una Universidad privada en Burgos, de nueva creación. A mí esto me parece contradictorio.
Porque si lo que vamos a hacer es reducir el número de titulaciones en las Universidades públicas, y al tiempo ir dando mayores titulaciones a las Universidades privadas, la ecuación parece que no es complicada.
De acuerdo, en que la oferta universitaria ha de racionalizarse. Pero si de lo que verdad se trata es de racionalizar, más que enviar mensajes contradictorios por parte de los dirigentes del mismo partido según donde se encuentren, quizás lo más razonable sería sentarse a pensar en una distribución racional del mapa de titulaciones, si es que es eso lo que buscamos. Si no, llamemos a las cosas por su nombre y digamos que lo que queremos también es terminar con la Universidad pública y apostar por la privada. Y entonces, cuando esa sinceridad aflore, habremos de actuar todos en consecuencia.
El problema
Parece que después del tiempo transcurrido, ya hay un consenso generalizado de que o crecemos o no saldremos de esta crisis nunca. El problema es que aún habiéndolo asumido por todas las instancias que gobiernan o tienen algo que decir respecto de la economía, lo que se está haciendo es justo lo contrario. Parece que es complicado apostar por reducir el déficit al tiempo que se potencia el crecimiento económico, y si esto es así es porque realmente no se ha ido al núcleo del problema.
Si nos centramos sólo en España podemos comprobar cómo tanto el anterior Gobierno como el presente se han empeñado en hacer recaer en la reforma laboral buena parte de la solución a los problemas que tenemos. Esto, francamente, es de miopes. La clave no está en las condiciones de trabajo de los trabajadores; sino en la necesidad de que fluya el crédito que los bancos no dan y el Gobierno parece que tampoco les obliga a darlos. Sin liquidez es muy difícil que los empresarios saquen adelante sus negocios. Y si lo que se hace, por contra, es recortar los sueldos o inocular el miedo a los despidos, el consumo baja, por lo que la economía se ralentiza aún más. En esas estamos. Y aunque un observador objetivo pueda verlo con toda claridad así, parece que no debe ser tan sencillo, dado que los políticos no alcanzan a encontrar el camino. De esta crisis no se sale (o se sale muy tocado) haciéndola recaer siempre del mismo lado. Y eso es lo que se está haciendo.
En la antesala de la crisis, el Gobierno anterior apostó por, a mi juicio, dilapidar buena parte de nuestra fortuna con el Plan E, creando necesidades innecesarias sin ir por ejemplo a potenciar el estado del bienestar construyendo más guarderías o desarrollando más los servicios públicos. Se apostó por beneficiar únicamente al sector de la construcción, como si fuera éste el único afectado. Luego se dieron ayudas a las empresas automovilísticas, y después vinieron la deducción de 400 euros y el cheque bebé indiscriminado. Sinceramente, creo que se equivocaron, lo dije entonces y lo sigo pensando ahora. Es necesario que el Estado se endeude, claro, si se trata de potenciar la economía, pero quizás debería haberse reflexionado más en cómo realizar esa inyección de fondos a la economía que sólo se han quedado unos cuantos y que no ha solucionado nada. En sus postrimerías, a partir de mayo de 2010, reconociendo el fracaso de sus planes, dieron un giro radical que les llevó a perder las elecciones. Ahora, con el nuevo Gobierno el primer paso que han dado ha sido en el sentido equivocado: otra vez el mercado laboral. ¿Y el financiero? Parece que sobre ese cuesta más incidir y realmente en él está la causa del problema y también parte de su solución. Así que EL PROBLEMA que tenemos se llama Banca y la solución POLÍTICA.
Búsqueda
Entradas recientes
- Antes de que termine el año…
- Veinte años de la entrada en vigor en España de la Ley de matrimonio entre personas del mismo sexo
- La Instrucción de 28 de abril de 2025, de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública, sobre actualización del régimen registral de la filiación de los nacimientos mediante gestación por sustitución vulnera el interés superior del niño
- Lecciones aprendidas. (A propósito de la Dana)
- Comenzamos curso
Categorías
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| « dic | ||||||
| 1 | ||||||
| 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 |
| 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 |
| 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 |
| 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | |
Archivos
- diciembre 2025 (1)
- junio 2025 (2)
- noviembre 2024 (1)
- septiembre 2024 (1)
- mayo 2024 (1)
- diciembre 2023 (1)
- noviembre 2023 (1)
- mayo 2023 (1)
- abril 2023 (1)
- marzo 2023 (1)
- febrero 2023 (1)
- enero 2023 (2)
- diciembre 2022 (1)
- octubre 2022 (1)
- septiembre 2022 (2)
- agosto 2022 (1)
- julio 2022 (3)
- junio 2022 (1)
- mayo 2022 (1)
- abril 2022 (1)
- marzo 2022 (2)
- febrero 2022 (5)
- enero 2022 (3)
- diciembre 2021 (2)
- noviembre 2021 (1)
- octubre 2021 (3)
- septiembre 2021 (4)
- agosto 2021 (1)
- julio 2021 (3)
- junio 2021 (4)
- mayo 2021 (2)
- abril 2021 (2)
- marzo 2021 (2)
- febrero 2021 (2)
- enero 2021 (3)
- diciembre 2020 (5)
- noviembre 2020 (4)
- octubre 2020 (4)
- septiembre 2020 (4)
- agosto 2020 (2)
- julio 2020 (4)
- junio 2020 (5)
- abril 2020 (2)
- marzo 2020 (1)
- febrero 2020 (1)
- enero 2020 (3)
- diciembre 2019 (2)
- noviembre 2019 (4)
- octubre 2019 (1)
- septiembre 2019 (1)
- agosto 2019 (1)
- julio 2019 (3)
- junio 2019 (1)
- mayo 2019 (2)
- abril 2019 (3)
- marzo 2019 (2)
- febrero 2019 (4)
- enero 2019 (3)
- diciembre 2018 (3)
- noviembre 2018 (1)
- octubre 2018 (1)
- septiembre 2018 (4)
- julio 2018 (1)
- junio 2018 (3)
- mayo 2018 (1)
- abril 2018 (1)
- marzo 2018 (1)
- febrero 2018 (2)
- enero 2018 (4)
- diciembre 2017 (3)
- noviembre 2017 (1)
- octubre 2017 (1)
- septiembre 2017 (4)
- agosto 2017 (1)
- julio 2017 (4)
- junio 2017 (4)
- mayo 2017 (5)
- abril 2017 (2)
- marzo 2017 (5)
- febrero 2017 (4)
- enero 2017 (5)
- diciembre 2016 (5)
- noviembre 2016 (4)
- octubre 2016 (4)
- septiembre 2016 (6)
- agosto 2016 (1)
- julio 2016 (5)
- junio 2016 (6)
- mayo 2016 (4)
- abril 2016 (6)
- marzo 2016 (4)
- febrero 2016 (4)
- enero 2016 (6)
- diciembre 2015 (6)
- noviembre 2015 (5)
- octubre 2015 (4)
- septiembre 2015 (7)
- julio 2015 (3)
- junio 2015 (5)
- mayo 2015 (5)
- abril 2015 (4)
- marzo 2015 (4)
- febrero 2015 (4)
- enero 2015 (4)
- diciembre 2014 (4)
- noviembre 2014 (3)
- octubre 2014 (6)
- septiembre 2014 (5)
- julio 2014 (3)
- junio 2014 (4)
- mayo 2014 (3)
- abril 2014 (4)
- marzo 2014 (4)
- febrero 2014 (4)
- enero 2014 (4)
- diciembre 2013 (3)
- noviembre 2013 (3)
- octubre 2013 (6)
- septiembre 2013 (4)
- julio 2013 (3)
- junio 2013 (4)
- mayo 2013 (4)
- abril 2013 (4)
- marzo 2013 (4)
- febrero 2013 (6)
- enero 2013 (4)
- diciembre 2012 (4)
- noviembre 2012 (4)
- octubre 2012 (5)
- septiembre 2012 (4)
- julio 2012 (6)
- junio 2012 (4)
- mayo 2012 (4)
- abril 2012 (4)
- marzo 2012 (4)
- febrero 2012 (4)
- enero 2012 (3)
- diciembre 2011 (1)
- noviembre 2011 (5)
- octubre 2011 (2)
- septiembre 2011 (1)
- julio 2011 (1)
- junio 2011 (4)
- septiembre 2010 (1)
- junio 2010 (1)












