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Blog de Antonia Durán Ayago
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El pueblo unido jamás será vencido

Sí, es un lema muy usado en las manifestaciones; esas, que tan frecuentes han sido en los últimos tiempos y que probablemente se convertirán en el pan nuestro de cada día a partir de ahora. Me gusta cómo suena y me gusta sobre todo su significado. Me gusta saber que nos consideramos pueblo, es decir, gente corriente, con sus necesidades cotidianas, con sus planes de futuro, con su realidad con nombre y apellidos. Me gusta el adjetivo “unido” porque es verdad que la unión hace la fuerza y somos muchos los que pensamos de la misma manera. Me gusta ese adverbio “jamás” porque detrás de él hay determinación. Y también me gusta ese rechazo a la resignación; esa necesidad de luchar juntos para no caer en el desencanto.
Soy de los que piensan que este entuerto en el que nos han metido los especuladores con la anuencia de los políticos, sólo puede corregirlo el pueblo. La democracia. La democracia real; esto es, el gobierno del pueblo, y no la partitocracia que es la que nos ha conducido adonde ahora estamos. Necesitamos pensar que esto que nos está abocando a un precipicio, es reconducible, porque somos muchos los que pensamos igual; los que tenemos sentido común, que ya lo decía en posts anteriores, resulta que de tanto repetir este lema, el Sr. Presidente ha perdido todo su sentido, común.
La sociedad española no es la que era hace unos años. Ahora es una sociedad culta; que no se va a dejar engañar. Todos estamos viendo quién mueve los hilos en esta historia, y está claro que no somos los ciudadanos. Este plan perfectamente orquestado por eso que llaman mercados con la anuencia de los partidos políticos, pretende llevarnos a una situación de extremo sufrimiento, para luego hacernos creer que son nuestros salvadores. Decía Huxley, en “Un mundo feliz” que cuando un individuo piensa, la sociedad se tambalea. Pues es hora de que se mueva, de que digamos lo que pensamos y de que nos redimamos de esta lacra que nos ha llevado hasta aquí. Me niego a creer que no hay ilustrados en España capaces de reconducir esta situación. A veces pienso que quizás sería bueno recurrir al rey filósofo y a semejanza de lo que han hecho los mercados en Italia, poniendo a un gestor al frente del país, sin elecciones que valgan, podríamos recurrir nosotros a proponer personas de reconocido prestigio al frente de esta deriva. Y conste que no estoy haciendo apología de nada más que de la democracia; del gobierno del pueblo, ya saben, esa que nos roban todos los días en las instituciones.

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No hay derecho

El Sr. Presidente del Gobierno ha llegado hoy como si tal cosa al Congreso de los Diputados; se ha subido a la tribuna y ha comenzado a desgranar una tras otra, a cual más dolorosa, una larga lista de medidas de “contención del déficit” o en más palabras más cercanas y más precisas, medidas de castigo a la población española. Mientras esto hacía, su gesto apenas se inmutaba; no demostraba ni una pizca de dolor ni de arrepentimiento, ni la más mínima empatía. Su grupo parecía que disfrutaba con él, pues a cada golpe de tijeretazo aplaudía como si se tratara de algo divertido. Daba pena ver este espectáculo; comprobar qué mentes tan clarividentes gestionan y mandan (que no gobiernan) este país. Enfrente la oposición ha quedado reducida como siempre con esta mayoría aplastante, a un papel secundario, con plazos de tiempo muy tasados en los que apenas han podido desglosar sus ideas.
Todo esto lo he ido viendo en los distintos informativos y en las crónicas de los periódicos, al igual que el resto de ciudadanos que hoy comentan, en todos lados, cómo es posible que se tengan tan pocas luces para hacer lo que están haciendo.
Dice el Sr. Rajoy que en estos momentos en España no es posible generar ni crecimiento ni empleo, y yo le digo que ni hoy ni en mucho tiempo con todas las medidas equivocadas que están poniendo en marcha. Todo hijo de vecino sabe, que si sube el IVA, en una situación como la que vivimos, el consumo se va a reducir aún más, y en consecuencia, se va a vender menos, lo que hará que muchas empresas vean cómo disminuyen sus ingresos y con la reforma laboral, no tengan ningún problema para despedir a sus empleados. Es así; de cajón. Entretanto, Europa sí tiene dinero para prestar a los bancos; esos que han especulado con el dinero de todos haciendo operaciones de dudosa legalidad y acordando sueldos millonarios para sus directivos. A esos, hay que premiarlos, y a la gente de la calle, al padre de familia, se le castiga subiéndole el IVA, si es funcionario quitándole la paga extra de Navidad o si está en el paro reduciéndole la prestación por desempleo. A esto no hay derecho. Y no lo hay porque otra forma de hacer las cosas es posible (muy interesante la entrevista que hoy Juan Ramón Lucas ha hecho al economista y politólogo Vinceç Navarro). No es verdad que “no nos quede otra”, como asegura el Sr. Rajoy. No le quedará otra a usted, pero muchas voces acreditadas dicen lo contrario.
Desde luego, hemos llegado a un punto en que es necesario que los ciudadanos retomemos nuestro papel; el papel que los políticos nos han quitado. Si los programas electorales se pueden incumplir con tanta facilidad, sin que haya ninguna consecuencia legalmente especificada para estos casos, es que algo se ha estado haciendo mal durante estos años de democracia. Aquí parece que se gobierna para la patronal y para el poder financiero, que son los únicos satisfechos con todo lo que está haciendo el Gobierno, pero claro, esto no puede seguir siendo así. Porque resulta muy extraño que si hay que subir los impuestos, no se les suba a los que más tienen, de eso no se habla, y sí se castigue el consumo que por otra parte es uno de los factores que nos podría ayudar a salir de esta crisis. Resulta más extraño que la patronal siga pidiendo un mayor abaratamiento del despido y el Gobierno no cesará hasta dar plena satisfacción a los empresarios. Y entretanto, ¿quién defiende a la mayoría? A esos a los que hoy el Gobierno ha vuelto a castigar; a esos que se han convertido en paganos de una crisis que no han generado. Viendo la actitud del Presidente y de su grupo parlamentario pudiera pensarse que están también en la línea de cuanto peor mejor. ¿Qué España tienen en la mente? A mí me gustaría saberlo, como al resto de ciudadanos. Porque quizás si lo dicen claro, tendríamos que repetir las elecciones para que el pueblo hablara y dijera si realmente quiere esto que nos están imponiendo u otra forma distinta gestionar la tormenta.

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Intentando poner orden

Vamos de sorpresa en sorpresa, y las que nos esperan…
La penúltima ayer, el Ministro de Hacienda, Sr. Montoro, en unos cursos en la Complutense, en un lenguaje muy coloquial, nada propio de su cargo, nos viene a decir que la tan negada subida del IVA finalmente va a ser una realidad en breve plazo. Pero hete aquí, que su argumentación para subir este impuesto, regresivo donde los haya, es que en España se defrauda mucho y se paga poco; por tanto, si se pagara más no habría que subir “tanto” el IVA. A mí me sorprende que un Sr. Ministro se despache de tal guisa y se quede tan tranquilo; no sólo eso, si no que además hacía estas declaraciones en un tono medio burlón. Será que no tengo sentido del humor, pero a mí no me hace ninguna gracia. No me hace gracia que se suba un impuesto que pagamos todos con independencia de nuestros ingresos, porque haya quien no cumple con sus obligaciones. ¿No sería más sensato, me pregunto, que se persiguiera el fraude que no implementar una subida que a todas luces va a contraer más el consumo? Y esta afirmación, se hace además fuera de sede parlamentaria, y sin datos. Ese “no sería necesario subir TANTO el IVA” qué significa; que se va a subir el tipo general, que los artículos que ahora tienen IVA reducido o superreducido van a pasar a tributar por el tipo general? Silencio; ahora estamos todos expectantes porque al parecer hasta mañana tenemos que jugar al juego de las conjeturas y el Gobierno a hacerse de rogar. Entretanto, quizás sería bueno también que nos explicaran en qué estaban pensando con la amnistía fiscal, pues no parece muy coherente que de un lado se diga que en España se defrauda mucho y por el otro se perdone a los defraudadores.
Mañana, ya lo sabemos, nos llegará otro revés y no será el último, porque el Consejo de Ministros del viernes promete ser de todo menos tranquilo. Y en estas nos vemos, con el Sr. De Guindos sosteniendo que en el préstamo que nos ha hecho Europa no va a haber contraprestaciones del Gobierno. No sé a qué llamará él contraprestaciones, pero parece que todo los recortes y ajustes que se prometen para esta semana tienen todo el viso de serlo.
Y en todo este entuerto, tenemos que felicitarnos de que la UE haya dado un plazo de un año más a España para cumplir el déficit pactado. Y yo me pregunto en qué mundo surrealista vivimos que tenemos que felicitarnos por algo que no tenía más remedio que ser.
Como creo que a muchos les pasará, a mí me gustaría poder ver el futuro y saber con certeza que de esta vamos a salir. Quiero creer que va a ser así; de lo que no estoy muy segura es cuánto más nos va a costar salir de una situación en la que los principales responsables campan a sus anchas.
Los que decíamos que el neoliberalismo no iba a conducir a nada bueno, no nos equivocábamos. Los que pedíamos más Derecho y menos Mercado, tampoco. El problema es que para reconducir la situación hace falta que esta idea sea compartida por las instancias europeas y nacionales, aunque mucho me temo, que volveremos a tropezar con la misma piedra.

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Conquistando la utopía

Hace ya mucho tiempo, cuando estaba en el colegio, en clase de religión nos leyeron un poema que se titulaba “El peso de un sí” que hoy me ha venido a la mente y que gracias a internet he podido rescatar. Dice así:

“Si una nota musical dijera:
una nota no hace melodía,
no existiría la sinfonía.
Si una gota de agua dijese:
una gota no hace un riachuelo,
no existiría el océano.
Si un hombre dijera:
yo solo no puedo cambiar el mundo,
no habría ningún acto de justicia
ni de paz en el mundo.
Como la sinfonía necesita de cada nota,
como el océano necesita de cada gota de agua,
como el libro necesita de cada palabra,
así la humanidad entera necesita de ti,
porque tú eres único e insustituible”.

Cuando lo escuché la primera vez me impactó y lo he repetido muchas veces cada vez que he tenido ocasión porque me parece que es una forma ideal para reivindicarse como persona y al tiempo apelar a lo necesario que somos todos para que la sociedad sea un espacio en el que podamos convivir dignamente.
Ahora hacen falta muchos síes para salir de tanta frustración. Hace falta reinventarse para aquellos que han perdido su trabajo y quizás también para los que no. Hace falta no perder la esperanza y confiar en que de esta situación vamos a salir. Es verdad que todo sería más fácil si hubiera claridad de ideas y determinación entre nuestros gobernantes, pero tampoco hay que pensar que estamos irreversiblemente en sus manos y que nada podemos hacer nosotros como personas, como seres humanos únicos e insustituibles para enfrentarnos a la realidad.
Va siendo hora de que nos remanguemos y nos pongamos a conquistar la utopía; que ahora es utopía pero que mañana será realidad. Y para ello lo que no podemos es caer en el desencanto, ni en la resignación, ni en el desapego.
Yo, que soy ingenua, me pregunto qué sucedería si toda esa gente que salió a la calle el lunes para celebrar el digno triunfo de nuestra selección, se manifestara para pedir una salida más social de esta crisis. Imagino que entonces la utopía estaría casi casi conquistada.

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Regeneración / Degeneración democrática

Parece obvio que necesitamos una regeneración democrática. Y la necesitamos porque hemos llegado a un punto en que la democracia ha perdido todo su sentido. Decimos democracia como quien dice agua, sin pensar realmente en la trascendencia que hay detrás de este concepto. El gobierno o el poder del pueblo se ha convertido en los últimos años en una utopía. La democracia en la que ahora vivimos ha perdido su significado, pues a mi juicio parece haber sido secuestrada por los partidos políticos para hacer lo que estimen oportuno sin dar cuentas a quienes los han puesto al mando.
Desde mi punto de vista, democracia es no sólo poder depositar el voto en una urna y formalmente reconocer al ciudadano su poder para decidir quiénes desea que sean sus gobernantes. Esa es una concepción muy raquítica de lo que engloba el concepto. Democracia es también poder exigir responsabilidad a los gobernantes en todo momento, no sólo cada cuatro años; poder pedir que se cumpla el contrato (programa) que ha vinculado al ciudadano con una determinada opción política; poder recibir información de todo cuanto acontece y que directamente nos afecta.
¿No les parece a ustedes que con la situación crítica que vivimos el Sr. Presidente del Gobierno está haciendo dejación de sus funciones y está contribuyendo a que el concepto de democracia quede en entredicho? El no comparecer en el Congreso para explicar todo lo relativo a los pasos que está dando (o intentando dar) el Gobierno para sacarnos de esta crisis es una forma de entender la democracia bastante endeble. No basta con creer que se está haciendo todo lo que hay que hacer (expresión grande en contenido donde las haya de la que abusa nuestro presidente) y decirlo en comparecencia sin preguntas ante los periodistas; un presidente debe saber bajar al ruedo y defender lo que hace o al menos intentar explicar cuál es su hoja de ruta para salir de la encrucijada en la que nos encontramos. Rendir cuentas debe hacerlo todo el que ocupa un puesto público, con independencia de que goce o no de mayoría absoluta. Lo contrario es condenar a la sociedad al desamparo; es intentar volver al despotismo ilustrado (todo para el pueblo pero sin el pueblo) aunque sin ilustración, porque faltan ideas, falta debate, falta contrastar si podríamos probar con otras fórmulas diferentes para salir de esta crisis.
Eso de que a los ciudadanos nos traten con tanto paternalismo, como si con nosotros no fuera, como si hubiera temor a verbalizar lo que pasa por si acaso esto les pasa factura, es, creo, lo contrario a lo que debe ser la democracia.
Habrá que reivindicar a Kant y a su imperativo para conquistar de nuevo la emancipación que como ciudadanos nos corresponde; habrá que reivindicar nuestra libertad para exigir responsabilidad de quienes gobiernan, porque en la democracia, el gobierno es del pueblo y para el pueblo, y los partidos no pueden secuestrar la democracia ni arrogarse todo el poder de “hacer lo que hay que hacer” sin que ello tenga consecuencias. Y habrá que hacerlo antes que tarde, porque mientras más tiempo permanezcamos en este limbo aséptico, más nos costará salir de él.

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Las excusas y la tormenta

Pasaron los 100.000 millones de euros ofrecidos a España para la recapitalización de la banca; pasaron las elecciones griegas y ganó la opción que aparentemente iba a hacer que los ánimos se calmaran y la prima de riesgo se suavizara. Y me pregunto cuántas excusas más se tendrán que poner para que esta espiral pare. Porque el problema en este momento no es Grecia, sino las condiciones que desde Alemania se le han impuesto para poder seguir estando en el euro, y eso es sabido de todos que Grecia no va a poder cumplir.
Pero claro, en todo este marasmo que nos están haciendo vivir se me antoja que se mezclan a partes iguales ingenuidad y determinismo. Porque por una parte es un tanto ingenuo pensar que simples operaciones de marketing, pues no parecen otra cosa, el ofrecimiento de los 100.000 millones de euros a la banca española, sin que todavía se sepa cómo, cuándo y en qué condiciones ese préstamo se concederá, pueden saciar la voracidad de los mercados. Porque si lo que tratamos de hacer es contentar a los mercados, vamos listos. Para ellos cuanto peor nos vaya mejor les irá a ellos. Ellos juegan a la especulación, y ya se sabe, en aguas revueltas… El problema es que les estamos dando un papel tan determinante en esta crisis, que están pudiendo con nosotros. Están pudiendo con la democracia, quitando presidentes elegidos por los ciudadanos como antes en Grecia, o en Italia, y poniendo en su lugar a tecnócratas afines al frente de las instituciones. Y no pasa nada. Europa ni siquiera hace un comentario al respecto. Sigue impertérrita como si con ella no fuera. Todo por el pueblo pero sin el pueblo. O quizás, mejor sería decir, todo por el mercado, sin que haya obstáculos. Parece mentira que esta unión monetaria sea tan débil. ¿Cómo es posible que la solidaridad que debería haber entre los países que forman parte del euro esté tan tocada que ni siquiera se pueda hacer frente a los mercados con un frente común? De la actitud de Alemania, parece deducirse no solo la falta de solidaridad, sino su interés de que determinados países salgan del euro, y eso es pura y simplemente una miopía más de la Sra. Merkel, pero ese determinismo nos está llevando a muchos por delante.
Está claro que la solución a esta crisis no es económica, sino política. Y o cambian los vientos en Europa y se escucha y se hace frente común con el Sr. Hollande o la cosa pinta mal, bastante mal. Porque la tormenta que vivimos está claro que no se va a deshacer por hitos puntuales (rescates, elecciones griegas…), sino por una acción decidida que ponga freno a las especulaciones y a los especuladores que están ganando mucho dinero mientras que el pueblo llano pierde cada vez mayor poder adquisitivo. Hay que deshacer el malentendido de que los Estados se financian preferentemente en los mercados, que son los inversores privados los que nos permiten seguir existiendo como Estados; eso no es verdad, y en los últimos tiempos parece que ya nadie se encarga de desmentir lo que a la postre se está convirtiendo en determinismo.

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El cinismo como método

Cuando la desvergüenza en el mentir se hace crónica estamos ante el cinismo como método. Como método de gobierno, pues es esto lo que practican todos los miembros del Gobierno de España y los miembros del partido que lo sustenta. No entraremos ahora en si es un método más o menos extendido entre los demás partidos políticos. Lo que interesa en este momento es poner de manifiesto que nos encontramos en un punto de la partida, que ni con mucho me parece que ha tocado fondo, en el que después de haberse negado por activa y por pasiva que no se necesitaba ayuda, cuando a todas luces era evidente que sí, ahora nos intentan vender la jugada como un logro del Gobierno y tan contento está el Sr. Presidente que no duda un minuto en irse a Polonia, a presenciar el partido de la selección, porque no olvidemos que el pan y el circo afecta a todos. El problema es que ya va faltando el pan a muchos y los políticos que tenemos no parecen estar a la altura de las circunstancias.
Porque se llame rescate o línea de financiación preferente o de cualquier otra manera, lo cierto que es nuestros socios europeos nos han ofrecido 100.000 millones de euros, que se dice pronto, para sanear el sistema financiero español. Y claro, esto ni va a ser gratis para nuestro país ni parece que de ello vayamos a extraer ninguna consecuencia. Aquí parece que nadie va a asumir ninguna responsabilidad y lo que no es de recibo es que paguemos ahora entre todos la factura de algo en lo que no hemos contribuido directamente. Otra vez, socializar pérdidas y privatizar ganancias.
Lo que peor sienta de todo esto es que por tener patanes en el Gobierno, consideren que todos también lo somos, que somos simples, que no nos enteramos; y con esa premisa nos quieren hacer creer que lo que sucedió este sábado y lo que está por suceder, que presumo que será todavía peor, es una victoria del Sr. Rajoy. Pues qué pírrica victoria, habría que decir…
Y lo peor es que no estoy muy segura de que esta ayuda que sin ser desinteresada nos han ofrecido nuestros socios vaya a arreglar el problema tan grave que tenemos. No estoy segura que este dinero sirva para reactivar el crecimiento, que es lo verdaderamente necesario. Entiendo que habrá que imponer a los bancos obligaciones para que dejen ya la especulación financiera y apuesten por la economía real, aunque no veo del todo claro que esto vaya a ser así. Tendría gracia que el Sr. Rajoy pida este préstamo para los bancos y España asumiera como país su cumplimiento, y luego tuviera que pedir ayuda a los bancos para poder sostener al Estado con unos intereses aún más altos de los que hemos asumido para ayudarlos. Cosas más raras se han visto…
Los que somos simples pensamos, y quizás no hubiera sido mala solución exigir responsabilidad a todas las entidades bancarias que han incurrido en abusos, porque eso es lo que ha sucedido, y en vez de venir ahora a salvarlas, cuando hay tanta gente que lo está pasando mal, sin que el Estado aporte muchas ayudas, se las hubiera nacionalizado para crear un banco público que tuviera como compromiso poner en circulación el crédito, entre otras cuestiones.
Lejos de eso, seguimos dando palos de ciego; haciendo cada vez más difícil la solución y sin escuchar a quienes con acreditada solvencia no se cansan de insistir en que o se ponen en práctica políticas de crecimiento o esto se va todo al garete.

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Yo también estudié en la pública

Que cada uno reivindique lo que quiera o le corresponda. A mí me van a permitir que hoy rinda un pequeño homenaje a todas aquellas instituciones públicas que han contribuido a mi formación y a los magníficos profesores que he tenido en cada una de ellas. No está de más reivindicarlo ahora, cuando la enseñanza pública está siendo tan vapuleada y maltratada.
Me siento orgullosa de haber estudiado en el Colegio Público Nuestra Señora de Gracia, de Santa Marta de los Barros. En él empecé mi formación y en él me encontré profesores tan queridos como Don Luis, Don Ricardo, Doña Carmen o Doña Loli…, que me enseñaron ya entonces la importancia del esfuerzo.
Luego vino el Instituto Suárez de Figueroa de Zafra, donde realicé BUP y COU, y guardo muy buenos recuerdos de esa época en la que también tuve excelentes profesores. Recuerdo a José María Cruz y su forma tan peculiar de enseñar Historia o a Marisa Montes, con sus magníficas clases de Literatura o a Maribel, con la que todos aprendimos a analizar las frases hasta el más mínimo detalle.
Mi Universidad de origen es Extremadura, allí, en la Facultad de Derecho de Cáceres viví muy enriquecedores años. Tuve a muy buenos profesores como Pablo Pérez Tremps, Pilar Blanco, Julio Gerardo, tan entreñable… Y finalmente cuando terminé mi doctorado, también en la Universidad de Extremadura, recalé en la Universidad de Salamanca, donde ahora trabajo.
Me siento muy orgullosa de haber estudiado siempre en centros públicos, tanto que me gustaría que mi hijo también estudiara en ellos. Espero que entre todos tengamos cordura suficiente para mantenerlos y seguir aumentando su calidad.
Por una educación pública de todos para todos.

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Catarsis

Es verdad que entre tanta noticia preocupante, necesitamos alguna dosis de optimismo. Quizás no estaría mal que intentáramos sosegarnos un poco e intentáramos reflexionar con racionalidad sobre todo lo que está ocurriendo en los últimos tiempos. Es verdad que las noticias que se suceden no parecen augurar nada bueno; al contrario, parece que de alguna manera predeterminan lo que se va convirtiendo en inevitable. Sin embargo, necesitamos creer que este bache lo vamos a superar y que saldremos reforzados de esta crisis. Quizás necesitamos una catarsis, para limpiar todo lo malo que se ha ido acumulando y reconducir el camino. Reivindicar la conciencia de ciudadano que está en la sociedad, que participa de ella, que quiere aportar lo que desde sus posibilidades pueda, creo que es una de las claves para poder salir de esta agónica situación.
Hay que reivindicar el peso de un sí; todos somos necesarios y todos podemos con nuestros actos contribuir a que todo pueda cambiar a mejor. No hay nada peor que sentir que uno/a no puede hacer nada. Eso es como rendirse. Y necesitamos ser positivos; necesitamos reafirmarnos, creer en lo que somos y en lo que hacemos o hemos venido haciendo para intentar invertir la tendencia de pesimismo que estamos viviendo.
Es verdad que muy bien no sé cómo se hace, pero probemos por cuidarnos a nosotros mismos un poco más y también por qué no, mimarnos, sólo de esa manera, podremos revertir lo bueno que tenemos en los demás.

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Otra forma de hacer las cosas debería ser posible

Ha llegado un momento en toda esta historia en que cualquier capítulo nuevo puede ser peor que el anterior. Y eso dice mucho de lo mala que es la historia. Al parecer, según se cuenta en los mentideros de los medios de comunicación pero que ya ha llegado hasta la Unión Europea, aunque desde el Gobierno aún no se haya ni confirmado ni desmentido, parece que se pretende intervenir la entidad financiera Bankia. Bueno, matizo, acabo de leer que en un breve comunicado el Ministro de Economía ha negado “rotundamente” que Bankia vaya a ser intervenida, sino que “el objetivo es ejecutar un plan de saneamiento, reestructuración y mejora del gobierno corporativo que garantice su viabilidad futura”. Esto no es más que un circunloquio para decir lo que todos dicen ya hace tiempo.
Si esto se confirmara y con dinero público se intentara sanear una entidad privada, en los tiempos que corren, de recorte tras recorte a los servicios básicos de los ciudadanos, ¿qué tendríamos que hacer?
Esto es una tomadura de pelo tan grande que ya parece imposible que pueda crecer más. Y sin embargo, ahí están los hechos, cada capítulo supera al anterior.
No vale ya la argumentación facilona de que todo lo que se está haciendo es consecuencia de la mala gestión del gobierno anterior. Está claro que hay decisiones políticas de envergadura detrás de todo lo que se está haciendo. Se intenta demoler lo público para fortalecer lo privado. Y si no es así, qué mal están sabiendo disimular. Porque lo que los ciudadanos percibimos es eso.
Estoy completamente segura de que hay otra forma de hacer las cosas. Nada de prestar ni ayudar a las entidades bancarias. Quizás lo que habría que hacer, entre otras cosas, es crear un banco público que con los ahorros de todos los que creemos en una sociedad más igualitaria, tuviera la encomienda de prestar a los empresarios que lo necesitan para sacar adelante sus negocios. Quizás lo que habría que hacer es poner a disposición de todas las personas que se han quedado sin casa, todas las viviendas que ahora tienen los bancos y cobrándoles un alquiler simbólico permitirles tener un espacio donde poder vivir. Quizás lo que habría que hacer es disminuir el presupuesto de defensa o eliminar el de la Casa Real para destinarlo a lo que verdaderamente se necesita: sanidad, educación, servicios sociales. Quizás lo que habría que hacer, en vez de ningunear a las Universidades públicas, pensar que con más inversión en I+D se pueden generar patentes que a la larga acaben beneficiando al Estado. En fin, son muchas cosas las que deberían hacerse y no se hacen simplemente por tener una opción política gobernando que claramente no cree en lo público.
Esto es lo que tenemos, pero no estoy ya muy segura de si es esto lo que nos merecemos.

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