El pasado miércoles realizamos una sesión más de divulgación en la planta infantil del Hospital Universitario de Salamanca.
J. García-Ferrero motivo la actividad colocándo a estos exploradores en una isla desierta imaginaria, de modo que la Física, a través de diversas experiencias, les ayudara a orientarse, enviar un mensaje morse, incluyo diseñar hallar en centro de gravedad de una figura plana para facilitar el lugar de rescate del helicóptero.
Un ejemplo claro de como se puede acercar la física a los niños y jóvenes, a través de experiencias prácticas y sesiones didácticas motivadoras.
- A menudo, la física se enseña como un conjunto de fórmulas áridas grabadas en una pizarra, cuando en realidad es la biografía de cómo funciona el universo.
- La física sufre de un problema de “marketing”: parece invisible. Conceptos como el campo magnético o el centro de masas son abstracciones matemáticas hasta que se experimentan. De modo que así pasamos de algo abstracto a lo tangible al realizar en primera persona exprímenos.
- Como es sabido el aprendizaje está profundamente ligado a la emoción. Cuando un experimento funciona (o falla de forma interesante), el cerebro libera dopamina. Ese momento de sorpresa al realizar experimentos fija la memoria a largo plazo de forma mucho más eficaz que la repetición memorística. En un entorno como un hospital, este estímulo positivo es además terapéutico, ya que cambia el foco del dolor o la rutina hacia el descubrimiento.
- Al manipular objetos, el estudiante desarrolla un “sentido” de la realidad. Aprende que los imanes tienen una fuerza que “se siente” en las manos o encontrar por sí mismos el centro de gravedad de un objeto. Esa base intuitiva hace que, después, las fórmulas y los contenidos teóricos tengan un referente real al que agarrarse.
- En un libro, los problemas siempre tienen solución y los datos son perfectos. En la vida real, al crear la brújula no flota la aguja sobre el corcho porque es demasiado pesado o el LED no enciende cuando montamos el circuito para generar el código morse porque el cable está flojo. La práctica enseña resiliencia y resolución de problemas. Aprender que un experimento “fallido” es solo una fuente nueva de datos es la lección más importante de la ciencia a cualquier edad.
Tenemos que dar las gracias a las profesoras Raquel y Rosa del aula hospitalaria de la planta infantil del Hospital Universitario de Salamanca. Por apoyar la iniciativa y facilitarla en todos los aspectos.