Quizás hastío. O aburrimiento, o directamente cabreo. Sensaciones todas ellas interrelacionadas con los temas que diariamente nos llegan desde todos lados, sin que no sepamos adónde mirar para respirar honradez, responsabilidad, solidaridad, sentido común.
Empezando por el esperpento que estamos viviendo en estas pseudoreuniones, que no llegan, que invitan el pacto a tres, pero con un pacto a dos irrompible, que se rompe por cualquiera de las partes a la primera de cambio. Pasando por los conocidos como “papeles de Panamá” que son una muestra más de que todo, todo es fachada. A más medios, más sinvergonzonería. Es un hecho constatado que no admite réplica. Pero que no nos engañen. Si los paraísos fiscales existen es porque los Estados los permiten. Así que en vez de amnistías fiscales que a la postre dan pábulo a estas prácticas, quizás mejor fuera que se esforzaran todos en hallar soluciones comunes que las desterraran e imposibilitaran. Para llegar a la ejecución del vergonzoso acuerdo entre la UE y Turquía que se han apresurado en poner en marcha. Sorprende que sea tan difícil organizarse para asistir a las personas que lo necesitan alegando problemas burocráticos, y para deportarlas sea todo tan sencillo. Asco, quizás la palabra que mejor defina todo esto sea esa.
Hartazgo no es la palabra
100 días baldíos
Ese es el tiempo que ha pasado desde las elecciones generales sin que ni un día de ellos haya servido realmente para nada. Más que para retratarse todos. Sí, es cierto, que no es poco. Pero a todas luces es insuficiente. Hay demasiadas cosas que demandan una actuación urgente para que estemos todavía debatiéndonos entre el “sein” (ser) y el “sollen” (deber ser).
Con un Gobierno en funciones sostenido por un partido al que asola la corrupción y que ya no es mayoritario en la Cámara, con un Gobierno además que se siente libre de ataduras y dice no tener que responder en el Congreso; con el PSOE sumido en sus luchas intestinas; con Podemos en coma tras la explícita actuación de su líder destituyendo a quien había coordinado al Partido desde su nacimiento y con Ciudadanos resistiendo el chaparrón, lo cierto es que estos 100 días si algo han tenido es texto baldío con el que escribir la historia de un país que a todas luces está muy lejos de ser la democracia de la que presume. Veremos en qué queda todo esto.
Dolor de dolor y sólo dolor
Eso es lo que me produce ver las imágenes de niños enfangados, tosiendo, perdidos entre la lluvia y el barro, agarrándose a sus padres sin entender qué es lo que pasa, por qué les está pasando esto. Las imágenes son tan duras que frente a ellas crece aún más el desfile de personas entrajadas haciendo declaraciones sobre una realidad que está claro que no va con ellos. Revisen si no lo dicho desde las instituciones europeas en este tiempo. Todo son encajes para intentar deshacerse de un problema que no sienten como propio; el sufrimiento humano, la desesperación no les compete.
Produce naúseas escuchar hoy al Sr. Margallo, ministro en funciones de Asuntos Exteriores, decir que el gobierno de España desde el principio cuestionó la ilegalidad del preacuerdo de la UE con Turquía para devolver a estas personas, sin escucharlas y colectivamente, a un Estado que ni siquiera es parte de la Convención de Ginebra sobre el estatuto de los refugiados. Cuando justamente una semana antes él y su presidente decían lo contrario. En todo este tiempo, este siglo de semana, mucha gente ha estado pasando frío, hambre, penalidades de todo tipo, y los gobiernos viviendo en esa confortable realidad paralela que proporciona estar en un despacho amurallado donde el sufrimiento humano nada puede. Dolor de dolor y sólo dolor.
Acuerdo UE-Turquía sobre refugiados: ¿dónde quedan los derechos humanos?
El acuerdo que han firmado la Unión Europea y Turquía por decirlo rápido y sin alambiques, es un acuerdo que viola las normas del Derecho internacional. En concreto, el principio de no devolución (‘non-refoulement’). La prohibición contra la devolución aparece en el artículo 33. 1 de la Convención de Ginebra de 1951 como garantía imprescindible del derecho de asilo: “Ningún Estado contratante podrá, por expulsión o devolución, poner en modo alguno a un refugiado en las fronteras de los territorios donde su vida o su libertad peligre por causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia determinado grupo social, o de sus opiniones políticas”. El hecho de que sean devueltos a Turquía y no al país de donde proceden no es relevante. Porque la no devolución se aplica desde el momento en que una persona pisa el suelo de cualquier Estado solicitando asilo. En este caso, se les niega el derecho; se les trata como a un todo genérico, sin conceder relevancia a la persona y se los traslada a Turquía para luego, si es el caso, otorgarles el asilo. Es una tomadura de pelo tan grande, pero sobre todo, trasluce una inhumanidad tan enorme, que no puedo llegar a entender cómo en pleno siglo XXI esté ocurriendo esto. Turquía, a cambio de hacerle el juego sucio a la Unión Europea, recibe ingentes cantidades de dinero, el compromiso de agilar su incorporación a la UE y la supresión de visados para los ciudadanos de origen turco. A estas alturas ya me faltan las palabras… ¿Dónde quedan los derechos humanos?
Seguimos para bingo
O para lo que sea. Total, después de puestos, qué más nos da…
Pues sí que nos da y mucho porque estamos perdiendo un tiempo precioso para avanzar en la reconquista de derechos, para paralizar de una vez por todas los desahucios, para poner freno a la LOMCE, para poner a la Ciencia y a la investigación donde corresponde…
Si la nueva política va a ser no dejar hacer política, vamos listos. Porque quién nos asegura que si esto no se desencalla y al final debemos ir a otras elecciones, los resultados no van a ser similares. ¿Y qué vendrá entonces? Una repetición de los juegos a ciegas a los que estamos asistiendo durante todo este tiempo…
Sinceramente, tanto tacticismo hastía. Lo peor de todo es que, visto lo visto, PSOE y Podemos aunque se necesitan, no quieren entenderse, porque compiten en buena medida por el mismo espectro electoral. A los de Iglesias les interesa llegar a ser los únicos (muy democrático, sí señor), a los de Sánchez, sobrevivir como sea. Así que si nada lo remedia, tendremos más de lo mismo, de las políticas torticeras puestas en práctica en los últimos años, para rato. Una pena. Pero qué esperábamos. Esto es España.
Ahora que no nos escucha nadie
Les diré que en este lodazal que tanto asco da de en lo que se ha convertido España, aún existen realidades más mezquinas, como la forma en que se está comportando la Unión Europea con las personas que han tenido que salir huyendo de Siria. Es tan duro ver a niños a los que sus padres no dudan en enfrentarlos al mar con raquíticos salvavidas para intentar huir del infierno, y encontrarse, de lograr sobrevivir, con que el gigante defensor de los derechos humanos, les cierra sus puertas… A mí me produce dolor y vergüenza. Dolor porque pienso como madre en el grado de desesperación tan tremendo que deben sentir quienes exponen a sus hijos a la muerte y vergüenza por formar parte de una farsa como es la Unión Europea. Está visto que el ser humano no aprende y que repite a cada cierto tiempo su historia. El hombre es un lobo para el hombre, decía Hobbes…
Ahora que no nos escucha nadie les diré que pese al pesimismo que me invade, estoy convencida de que la sociedad civil algo tiene que decir y hacer en toda esta situación. No es posible que releguemos nuestras obligaciones como seres humanos en unos gobiernos insolidarios, insensibles, inhumanos. No sé bien cómo, pero algo tenemos que hacer.
Asco
La segunda acepción del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, define asco como “impresión desagradable causada por algo que repugna”. Y eso es exactamente lo que me produce, repugnancia, la ristra de casos de corrupción que nos asola. Es tremendo, pero asomarse cada día a la prensa supone ver desfilar uno detrás de otro casos y más casos de corrupción. Corrupción privada (hoy hemos conocido el caso de Vitaldent) y corrupción pública, de la que si enumeráramos todos los casos tendríamos para llenar varios folios.
Cuando la corrupción pública no es aislada sino que afloran casos en los que existe un mínimo común denominador, donde un partido se financia ilegalmente a través de concesiones de obra pública o de otro tipo de negocios, ya hablamos de cosas más graves, hablamos de corrupción sistémica porque del sistema forma parte y si un partido político tiene ya tantos casos, si está encausado en un procedimiento penal por borrar, supuestamente, los ordenadores en donde se encontraban pruebas incriminatorias de su práctica, díganme qué puede hacerse ante esto. Fernando Flores publicaba recientemente un artículo muy interesante donde analizaba desde una perspectiva jurídica las dificultades de disolver a un partido político en estos casos. Sí, soy consciente de la complejidad jurídica que tiene disolver un partido político; lo que ya no me cabe en la cabeza es que aun consciente como somos todos de esta realidad punitiva haya gente, mucha gente, que los sigan votando. Algo no funciona.
Y si en estas estamos, y es posible pactar un gobierno de distinto signo político que mande al purgatorio durante bastantes años a quien no sabe hacer uso legítimo de sus facultades, y aun así nos perdemos en soberbias, subterfugios de cuestionables consultas y anteponemos los egos a lo que necesita e interesa a la gente, vendiendo de nuevo humo, pues todo encaja. Este país, definitivamente, no funciona.
En este compás de espera
Parece que después de los resultados de las elecciones del 20 de diciembre nada es lo que era, aunque yo pienso que todo sigue siendo lo mismo, de ahí que nos encontremos como nos encontramos. Y me explico. La entrada de dos nuevos partidos políticos con fuerza en el Congreso, sólo ha provocado que los que tradicionalmente eran los partidos mayoritarios, ahora lo sigan siendo pero con menos apoyo. Siguen por tanto encabezando las posibilidades para formar gobierno. Pero quizá por falta de costumbre o por falta de destreza a la hora de manejar escenarios nuevos, los partidos políticos “veteranos” se encuentran encallados intentando respirar como pueden, aunque algunos (PP) han decidido dejar de respirar antes de tiempo, y otros, los nuevos, se manejan con cierta rigidez imponiendo líneas rojas por doquier, sin que parezcan estar realmente por el diálogo. Igual me equivoco, pero temo que en este escenario lo más probable sea la repetición de elecciones, lo que sería un fracaso para el sistema en toda regla. Y si esto se produjera, ciertamente, el único Partido que parece haber asumido la complejidad de la situación es el PSOE, si bien es verdad que a su líder, este escenario, tal y como está el panorama en su partido, es el único que le beneficia. Pero el PP se ha retratado negándose a aceptar la investidura lo que demuestra su talla democrática. Eran ellos o la repetición de elecciones, sin entender que los escenarios posibles inexplorados por ellos eran más amplios.
Y en este compás de espera, donde todo está enturbiado, resulta que están en prisión dos titiriteros acusados de apología del terrorismo… Y yo me pregunto que en qué país vivimos.
Que no
Que no hay derecho que en pleno siglo XXI, ante nuestras narices, hayan desaparecido más de 10.000 niños desplazados por el conflicto que asola Siria (https://www.unicef.es/actualidad-documentacion/blog/ayuda-refugiados-10000-ninos-desaparecen-en-europa). Que clama al cielo que hayan desaparecido en Europa, a donde huían del horror esperando encontrar en nuestras fronteras una vida mejor, o al menos, una vida sin hambre y sin temor a sufrir las atrocidades de las que todos los días nos llegan noticias. Que no es posible que esta Unión Europea asista impasible, con los brazos caídos y como si con sus gobiernos no fuera a esta tremenda tragedia. Se está demostrando que la Europa de las libertades, de la sensibilidad compartida por el respeto a los derechos humanos no era más que una falacia; un envoltorio con lo que recubrir lo que realmente hay de fondo, entente cordial basada en el egoísmo de los Estados que sólo miran lo económico, lo rentable despojados de toda humanidad y solidaridad.
Sinceramente pienso que los ciudadanos tenemos que empezar a enarbolar la bandera de la apostasía europea. Porque muchos no queremos que esta inhumanidad, este mirar para otro lado frente al sufrimiento humano, sea una seña de identidad que nos define como ciudadanos de una Unión en proceso de descomposición. Algo tendremos que hacer, porque humanamente no podemos admitir que con nuestros nombres, con nuestros impuestos, con nosotros se mantenga una Unión que no sólo permanece impasible ante el dolor, sino que no es siquiera capaz de poner medios para proteger a los niños e impedir que caigan en las mafias que trafican con personas.
Que en pleno siglo XXI tengamos que vivir tremenda incompetencia…
Apostasía europea
No encuentro palabras para expresar lo que está pasando en la Unión Europea con las personas que han tenido que salir huyendo de la barbarie en Siria. Es tan evidente que no estamos sabiendo estar a la altura… Y lo que es peor, la incompetencia de los gobiernos, la falta de solidaridad y humanidad que están mostrando puede que se lleve por delante una de las primeras y más importantes conquistas de este espacio europeo, Schengen o la libre circulación de personas entre los Estados de la Unión. Primero fue la dificultad para ponerse de acuerdo en los cupos de acogida, después algunos países decidieron poner vallas para dificultar el acceso a sus territorios de estas personas que huyen del horror, ayer Dinamarca aprobó una ley que permite confiscar los bienes de los refugiados, Reino Unido exigiendo pulseras a los refugiados y marcando las puertas donde viven de rojo… Esto evoca imágenes de una pesadilla no tan lejana que sumió a Europa en su peor fracaso. Lo peor de todo es que a mi juicio la incapacidad de la UE para hacer frente a esta situación amenaza con llevársela por delante. Sí, podrá subsistir bajo el paraguas de la economía, pero en un tiempo en que los valores se deberán anteponer a lo económico, la Unión Europea ya habrá perdido la batalla. Habrá que ir pensando en una apostasía europea para todos los ciudadanos que no queremos formar parte de esta falacia.
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