Comparecencia en el Senado (sobre dependencia y familias)

El pasado 15 de diciembre comparecí ante la Comisión de Derechos de las Familias del Senado para presentar los principales resultados del Estudio sobre las familias con personas en situación de dependencia en España, elaborado por la Fundación Caser con la colaboración del INICO de la Universidad de Salamanca. La comparecencia se celebró en una sesión dedicada al análisis de la situación de las familias en España y a los retos que afrontan en el contexto social actual.

El estudio que se presentó es el resultado de un trabajo colectivo desarrollado junto a Noelia Morales Romo, Alicia Porras Montes y Elena Díaz, con quienes he compartido el diseño, el análisis y la interpretación de los datos. Se trata de un trabajo que combina fuentes estadísticas, fundamentalmente la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia (EDAD 2020), con técnicas cualitativas orientadas a comprender cómo la dependencia impacta en la vida cotidiana de las familias.

El punto de partida del estudio es claro: la dependencia no puede entenderse únicamente como una condición individual, sino como un fenómeno que reconfigura de manera profunda la organización familiar, los roles de cuidado y las trayectorias vitales de quienes conviven con una persona en situación de dependencia. Analizar la dependencia solo desde la persona que la presenta deja fuera una parte sustantiva del problema: los hogares que sostienen los cuidados y el entramado familiar que los hace posibles.

Uno de los hallazgos más relevantes es que la presencia de dependencia altera la estructura familiar efectiva. Frente a la imagen todavía muy extendida de la familia nuclear como modelo dominante, los datos muestran que, entre las personas en situación de dependencia, aumenta de forma significativa la presencia de hogares unipersonales, monoparentales y parejas sin hijos, mientras que la familia nuclear pierde peso relativo. Este resultado tiene implicaciones importantes, ya que los hogares más pequeños disponen la mayoría de las veces de redes internas de apoyo más limitadas, justo en contextos donde las necesidades de cuidado son mayores y más intensas.

A partir de estos datos, el estudio plantea una idea que puede resultar incómoda, pero que está empíricamente fundada: mantener una estructura familiar nuclear en contextos de dependencia se está convirtiendo en un privilegio. No se trata de una cuestión cultural o de preferencias personales, sino de condiciones estructurales. Requiere capital económico, capacidad organizativa y acceso a apoyos externos que no están al alcance de todos los hogares. La dependencia, en este sentido, no solo genera necesidades, sino que introduce nuevas desigualdades en la posibilidad de construir y sostener determinados modelos familiares.

Otro resultado central es la persistencia de una feminización estructural del cuidado. La diversificación de las formas familiares no ha ido acompañada de una corresponsabilidad efectiva en los cuidados. Las mujeres siguen concentrando el rol de cuidadoras principales en todos los modelos familiares, incluso en hogares donde ambos miembros participan en el mercado laboral. Este patrón no puede interpretarse como un residuo cultural en vías de desaparición, sino como un rasgo estructural del actual modelo de cuidados, que el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia no ha logrado corregir.

El estudio muestra también que los servicios formales no sustituyen el cuidado familiar, sino que lo complementan de forma parcial. En muchos casos, los apoyos públicos se solapan con el cuidado informal y se cronifican, sin reducir de manera sustantiva la carga que asumen las familias, especialmente en situaciones de dependencia severa. El sistema descansa, en gran medida, sobre un pilar invisible: familias que sostienen los cuidados con una elevada carga organizativa, emocional y burocrática.

Durante la comparecencia en el Senado subrayé la necesidad de repensar las políticas de dependencia desde la realidad de los hogares. Esto implica adaptar el sistema a la diversidad real de estructuras familiares, reforzar la intensidad y continuidad de los apoyos en los hogares con menor red interna, incorporar la corresponsabilidad de género como criterio explícito del sistema y simplificar la relación entre las familias y la administración. Si el sistema de dependencia en España se sostiene, en la práctica, sobre los hogares, las políticas públicas deben dejar de tratar a las familias como un recurso informal y empezar a sostenerlas como un pilar estructural.

La comparecencia completa puede encontrarse aquí.

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Sociólogo, dedicado a la docencia e investigación sobre sociología, educación, salud, discapacidad y otros asuntos en relación con la exclusión social. Trabajo en la Universidad de Salamanca. Me puedes encontrar en Twitter, Facebook, Linkedin y otras redes sociales. ahueteg@usal.es https://inico.usal.es/profesionales/agustin-huete-garcia/

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