No me puedo creer lo que estoy escribiendo

26/07/17, 9:26

En homenaje a Francesc Martinez de Foix, y a Barcelona.

Francesc y yo en Barcelona, verano de 2016

Francesc y yo en Barcelona, verano de 2016

En estos días se celebran 25 años de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Jamás esperé que una fecha tan simbólica me llevara a hacer un homenaje póstumo, un abrazo eterno, un recuerdo emocionado, a mi admirado amigo, Francesc. Jamás creí que él no llegaría a celebrarlo. No me puedo creer lo que estoy escribiendo.

Conocí a Francesc hace 25 años, mientras en Barcelona se celebraban los Juegos Olímpicos del 92, y se preparaban los Paralímpicos (que se celebrarían en septiembre) y los primeros Special Olympics, que tuvieron lugar en octubre. Nunca he sido bueno con las fechas, pero más o menos así lo recuerdo.

Por entonces yo me acababa de matricular en la Universidad y ejercía de voluntario en Asprodes (hoy Plena Inclusión en Salamanca) en un servicio de ocio y deporte recién creado. Eso de que las personas con discapacidad intelectual pudieran salir a la calle a divertirse, utilizar espacios deportivos públicos, o incluso celebrar pequeños campeonatos deportivos era toda una novedad, y allí estaba yo formando parte de aquello, con mi legendaria suerte, en el lugar y el momento adecuados.

El ciclo olímpico, paraolímpico y “specialolímpico” de aquel verano en Barcelona supuso sin duda un despertar para los que echábamos a andar en aquello del deporte especial. Primero tuvimos la suerte de acudir a los juegos Paralímpicos como público, con un grupo de deportistas de nuestra asociación. Me acompañaba mi amigo Pedro Plaza. Conocer aquella ciudad, dormir en su villa olímpica… y ver a Purificación Santamarta corriendo los 200 metros en la mismísmia curva del estadio olímpico… me transformaron para siempre.

Después llegaron los Special Olympics en octubre, allí acudimos como equipo, pero no como público, sino como atletas y entrenadores. Nos esperaba un despliegue de medios humanos y materiales al servicio del deporte de las personas con discapacidad intelectual, como nunca habíamos visto. Hace 25 años, en Barcelona, nos llevaban 25 años de ventaja.

Recuerdo muy bien la impresión que me causó Francesc la primera vez que le vi. Era un Presidente mezcla de modernidad y vieja escuela, flamante teléfono móvil y bigote del siglo XIX, educado y mal hablado, joven con maneras desusadas, cercano en el trato personal, pero a años luz en la profundidad de los proyectos y el atrevimiento en las expectativas.

En realidad Francesc tenia por entonces menos de 40 años, pero había llegado muy lejos y muy deprisa, en dos terrenos que hoy se han demostrado pilares fundamentales de la inclusión de las personas con discapacidad: el empleo y la actividad recreativa. Lo había hecho, como tantos otros, con el impulso imparable de quien tiene un hermano con discapacidad intelectual al que dar apoyo, por encima de cualquier dificultad, y con el ingenio, el talento y la tenacidad de que uno disponga. En el caso de mi amigo, inagotables.

Francesc me inspiró muchas cosas desde siempre, y algunos aprendizajes imprescindibles. Quizá el más importante es la sensibilidad social por encima de todo, el valor del cooperativismo y la participación de todas las personas, cada cual hasta donde pueda dar, pero siempre en equipo. Francesc era un líder nato, pero siempre valoró el rodearse de gente, el no ir sólo, y estimar las aportaciones que cada cual podía hacer por el bien común.

Otro gran aprendizaje que obtuve de él fue el pensamiento estratégico. En cualquier situación, por difícil que esta parezca, o por grande que sea el proyecto al que uno se enfrenta, siempre se pueden encontrar apoyos al servicio del éxito. Siempre admiré el valor con el que se embarcó en empresas de gran exigencia, sin miedo, y siempre con un plan.

Y por último, y no menos importante, Francesc me enseñó, diría incluso sin darse cuenta, a reconocer la cultura catalana. A entender que más allá de estereotipos, postureo y política de baja calidad, Cataluña es diferente, y no pasa nada por reconocerlo. En Cataluña, Francesc y su equipo pudieron poner en marcha ¡en 1971! una organización de deporte para personas con discapacidad intelectual, que 20 años después acogería en unos juegos a miles de deportistas de todo el mundo, en Barcelona. Desde Barcelona, vendrían muchos cambios, nuevas ideas, que crecerían y se harían más fuertes en toda España. Y no pasa nada por reconocerlo.

Hoy hace un año nos vimos por última vez. Quién me iba a decir que sería la última. Llevábamos tiempo sin vernos, pero me abrazó como siempre, y me llevó a pasear por los lugares de su infancia y juventud. Mientras caminábamos por la Barceloneta, repasábamos los viejos tiempos, pero también hablábamos de nuevos Proyectos. Al paso por el Passeig de Joan de Borbó nos cruzamos con una diputada amiga suya; no olvidaré la gracia y la inteligencia con la que nos presentó: “aquí te presento a unos amigos, republicanos de Salamanca”.

Querido amigo Francesc, no me puedo creer lo que estoy escribiendo. No me puedo creer que te hayas ido tan pronto, que haya tenido que ser, maldita sea, en tu tiempo: entre los recuerdos del 92 y el futuro que se abre en 2017. En un momento en el que, como siempre, en Cataluña pasan cosas. Y no pasa nada por reconocerlo.

Feliz viaje amigo, espero encontrarte al otro lado, donde con seguridad, ya la estarás liando parda.

Un republicano de Salamanca.