Miguel Ángel Aijón Oliva
But just say the word
 

Esa media palabra

 

Una palabra augusta en la que resuena un origen latino, que a su vez transparenta un significado más lejano, de aquellos que leen juntos. Una palabra que, además de un centro de enseñanza, designa una agrupación de expertos en cierta materia; y que en el registro del comentarista radiofónico convierte al simple árbitro de fútbol, blanco habitual de insultos y reminiscencias maternales, en un colegiado al que parece mucho más aventurado acusar de ceguera transitoria. Una palabra que en inglés, y ya también en el español en contacto con esta lengua, va mucho más allá de la educación obligatoria y se convierte en una institución universitaria. Esa palabra, colegio, con toda su carga de siglos de cultura occidental, es la que en las últimas semanas, por obra y gracia del lenguaje político-periodístico (casi nunca se sabe quién empieza), se ha convertido simplemente en cole. La gran preocupación de España en tiempos de pandemia es (no podía ser otra) la vuelta al cole.

Por supuesto que este acortamiento existe desde hace décadas en el lenguaje infantil y familiar, verdadero hospital de campaña para palabras mutiladas, donde puede pasar inadvertido entre tele, boli, bici, chuches, insti, fácul y otras muchas a las que quizá a veces todavía les duelan sus sílabas fantasma. Y, por supuesto, no es fácil imaginar la sempiterna campaña publicitaria de El Corte Inglés sin esa formulación literal: Vuelta al cole. Que, por cierto, siempre percibí como un pobre intento de hacer atractivo un hecho de por sí trágico para muchos niños del primer mundo, que hubiéramos preferido seguir de vacas. El problema es que ya no hablamos de una expresión que utiliza (poco) creativamente la publicidad para atraer a progenitores deseosos de invertir en mochilas y cartabones; hablamos de textos periodísticos informativos (de prensa, radio y televisión) y de declaraciones de egregios estadistas en que se utiliza repetidamente y sin pudor alguno ese mismo acortamiento familiar: cole. Las comunidades autónomas están (des)organizando la vuelta al cole. Las asociaciones de madres y padres y demás familia exigen una vuelta al cole en condiciones de seguridad. Hasta Leonor y Sofía vuelven al (real) cole.

Sirena

Cabe preguntarse en qué momento se decidió que cole es una forma adecuada para textos públicos y supuestamente formales y objetivos. Quizá, en algunos casos, se pretenda evitar una alternativa como vuelta a las aulas (que, además, serviría para centros educativos de todo tipo y nivel) por no tener muy claro en qué género debería aparecer el artículo. Pero, desde luego, sería mucho más recomendable, y no supondría un enorme gasto de espacio y tiempo, decir vuelta al colegio. El efecto de cole es similar al que produce oír hablar de los papás y las mamás, formas frecuentemente utilizadas por los propios maestros y profesores para referirse a quienes deberían ser los padres y las madres (vale, hoy no entro en la discusión sobre el masculino genérico). Y no solo porque esas personas merezcan más respeto, sino sobre todo porque la forma en que hablamos de otros, o nos dirigimos a ellos, es una forma de construir nuestra propia imagen personal y profesional. Ese es precisamente el problema del periodista o del gobernante que, mientras  está desempeñando su trabajo, dice cole: sus palabras tendrán el mismo aire de veracidad que si las pronunciara nuestro vecino en el ascensor. Es decir, mucho o poco, pero un poco menos del que cabría esperar en un supuesto profesional de la comunicación pública.

 

maaijon

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