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Universidad de Salamanca
José Miguel López Cuétara
“Daß wir miteinander reden können, macht uns zu Menschen.”
 

Allen J. Frances

Allen J. Frances dirigió el grupo de trabajo encargado del DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) en su IV revisión en 1994.  Desde hace varios años es muy critico  contra la deriva de su propia profesión, sobre todo con la ultima revisión, el DMS5 de 2013 y DSM 5-TR de 2022.  Critica que  el manual convierte problemas cotidianos en trastornos mentales, favoreciendo el sobretratamiento y el beneficio de la industria farmacéutica. En su libro Saving Normal: An Insider’s Look at the Epidemic of Mental Illness, (¿Somos todos enfermos mentales?), advierte del problema de la medicalización excesiva e innecesaria,  por el contrario, del  descuido a pacientes con enfermedades mentales graves que sí lo necesitan. Considera que el sistema tradicional  de categorías (DSM/CIE) será reemplazado por modelos dimensionales más precisos y personalizados, que evalúan la salud mental a través de un espectro continuo de rasgos y gravedad, en lugar de categorías fijas,  teniendo en cuenta la complejidad clínica, la comorbilidad y las variaciones individuales.

“Antes de empezar a salvar a las personas normales, tenemos que determinar qué es normal. Normal puede parecer una palabra asequible, confiada en su popularidad, segura de su preponderancia sobre lo que es anormal. Definir normal debería ser fácil y ser normal debería ser una ambición modesta. No es así. La normalidad ha sido asediada terriblemente y se ha visto tristemente reducida. Los diccionarios no pueden ofrecernos una definición satisfactoria; los filósofos discuten sobre su significado; los estadísticos y los psicólogos la miden sin cesar, pero no logran captar su esencia; los sociólogos dudan de su universalidad; los psicoanalistas dudan de su existencia; y los médicos del cuerpo y de la mente se afanan en encontrar sus límites. El concepto de normal está perdiendo todo sentido; basta con fijarse lo suficiente para que, al final, todo el mundo esté más o menos enfermo. Mi tarea en este libro será intentar frenar este abuso constante e inexorable y ayudar a salvar la normalidad …

Otras definiciones de salud más modernas y realistas no se centran en la perfectibilidad de la vida, sino en la ausencia de una dolencia definible. Es un avance, pero no hay una definición nítida de enfermedad física y, sobre todo, ninguna que sea aplicable independientemente del momento, el lugar y la cultura. ¿Cómo decidimos qué es normal en situaciones continuas como la tensión arterial, el colesterol, el azúcar en sangre o la densidad ósea? ¿Es mejor diagnosticar y tratar agresivamente como enfermedad un cáncer de próstata que se desarrolla lentamente en una persona mayor, o es mejor no tocarlo porque no hacer nada puede ser mucho menos peligroso que el tratamiento? ¿La falta de memoria normal en los ancianos es demencia senil, o se trata de la inevitable degeneración de un cerebro que envejece? ¿Un niño muy bajo es simplemente bajo, o necesita inyecciones de hormona del crecimiento?

El cerebro humano es, con mucha diferencia, la cosa más complicada del universo conocido. El cerebro tiene cien mil millones de neuronas, cada una de las cuales está conectada con otras mil, lo cual hace un total de cien billones de conexiones sinápticas. Cada segundo, una media de mil señales atraviesa cada una de esas sinapsis; cada señal está modulada por una o varias docenas de neurotransmisores. El desarrollo del cerebro es todavía más inverosímil, una milagrosa e intrincada coreografía de migraciones secuenciales de células nerviosas. Cada nervio tiene que encontrar de algún modo su sitio y realizar exactamente las conexiones adecuadas. Dados los muchos pasos implicados y todas las cosas que pueden salir mal, puede que fuese preferible apostar por la ley de Murphy o la teoría del caos; parece que todo está amañado en contra del funcionamiento normal del cerebro. Lo extraño y maravilloso es que funcionemos tan bien como funcionamos; es el resultado inesperado de un trabajo de ingeniería del ADN que tiene que dar billones y billones de pasos. Sin embargo, cualquier sistema extremadamente complicado presenta ocasionalmente problemas técnicos caóticos. Las cosas pueden salir mal y efectivamente lo hacen de diferentes formas para provocar cada enfermedad, lo cual dificulta que la ciencia médica dé pasos de gigante …

Todavía no disponemos de ningún test de laboratorio en el campo de la psiquiatría. Dado que siempre hay más variabilidad en los resultados dentro de la categoría de los trastornos mentales que entre ella y otros trastornos mentales, ninguno de los prometedores descubrimientos biológicos ha logrado jamás convertirse en un test de diagnóstico. El cerebro no nos ha dado una solución asequible, miles de estudios sobre cientos de supuestos indicadores biológicos han resultado inútiles hasta la fecha … Discernir los heterogéneos mecanismos subyacentes en el trastorno mental es una tarea que requerirá varias vidas … La ausencia de pruebas biológicas es una enorme desventaja de la psiquiatría, ello significa que actualmente todos nuestros diagnósticos se basan en juicios subjetivos intrínsecamente falibles y sometidos a cambios caprichosos. Es como tener que diagnosticar una neumonía sin disponer de pruebas sobre los virus o las bacterias que provocan los diferentes tipos de infecciones pulmonares. La descripción de una serie determinada de problemas psiquiátricos no es una explicación de sus causas. Algún día tendremos un conocimiento mucho más exacto y formas más precisas de describir estos mismos problemas … Está bien conocer y utilizar las definiciones del DSM, pero no cosificarlas o venerarlas …”.

Saving Normal:  An Insider’s Look at the Epidemic of Mental Illness, “¿Somos todos enfermos mentales?), 2013.

Allen Frances, (1942-),  Catedrático emérito de Psiquiatría  y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Duke (North Carolina, USA). Miembro de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, Editor de las revistas Journal of Personality Disorders y the Journal of Psychiatric Practice. Hay un articulo interesante sobre el DMS5 en psychiatrictimes.com

iosepho
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