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Universidad de Salamanca
La felicidad en la Historia (FELHIS)
Blog de divulgación del proyecto «La felicidad en la Historia: de Roma a nuestros días. Análisis de los discursos»
 
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Felicidad privada: lo concreto en una carta de Plinio el Joven

Felicidad privada: lo concreto en una carta de Plinio el Joven

JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS

La felicidad pública y la felicidad privada se alimentan mutuamente. Para definir un concepto abstracto no hay nada mejor que buscar los rastros concretos que nos han dejado los momentos felices en la historia o en la biografía de cada uno. Aquí, en una carta que Plinio el Joven escribe, en el siglo I d.C. a uno de sus amigos. Ofrecemos el original en latín, su traducción al español y la preciosa traducción inglesa de Firth, de principios del siglo XX, con los correspondientes enlaces de referencia, donde pueden leer el texto completo.

Requiris quid agam. Quae nosti: distringor officio, amicis deservio, studeo interdum, quod non interdum sed solum semperque facere, non audeo dicere rectius, certe beatius erat. (Plin. Ep. 7.15) [texto completo]

—Me preguntas qué hago cada día. Lo que ya sabes: tengo mil obligaciones, atiendo a los amigos, estudio de vez en cuando, cosa que, si la practicara en exclusiva y sin interrupciones, y no de vez en cuando,  sería una actividad no me atrevo a decir que más adecuada, pero desde luego más feliz.

—You ask me how I am spending my time. Just in the old way you know of; I am very busy ; I do what I can for my friends, I occasionally find time for study, and I should be much happier, though I do not say I should be better employed, if my studies were my constant and invariable, instead of only being my occasional, employment. [texto completo]

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Ética para ser feliz en los tiempos difíciles. Horacio traducido por Luis Javier Moreno

Ética para ser feliz en los tiempos difíciles. Horacio traducido por Luis Javier Moreno

JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS

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Horacio

En el centro más puro de la época clásica vivió Horacio, el poeta que formuló los dos principios occidentales de la felicidad: el Carpe diem y el Beatus ille. Describió esos detalles de la felicidad privada en el marco de los ideales públicos promovidos por el nuevo régimen de Augusto. Horacio, epicúreo de corazón, fue amigo de Virgilio y de Mecenas. Consiguió, como el autor de la Eneida, escapar de las coordenadas temporales de su momento para proyectar su concepto de felicidad hacia el futuro, volviéndolos intemporales, válidos también para nosotros. A principios del siglo XXI y del tercer milenio el poeta Luis Javier Moreno, que había conmemorado antes el bimilenario de Horacio, tradujo algunos de los poemas horacianos con un epicureísmo sencillo, puesto al día de manera memorable. He aquí dos muestras, de lo privado y de lo público.

En la primera, la felicidad privada. Merece leerse entera, por breve, la  Oda 1,38 famosísima en la tradición, que reúne algunas de las adiciones maravillosas de Luis Javier Moreno.

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Luis Javier Moreno

No me entusiasma, mozo, el lujo persa

ni trenzadas coronas con ramas de los tilos…

Deja ya de buscar los sitios raros

en que tardíos rosales aún florecen.

Me basta el mirto, su sencilla gracia

que no requiere ornatos; él se sobra

a sí mismo, y a todos bien nos sienta.

A ti también, mientras me vas llenando,

a la sombra ejemplar de los parrales,

mi copa una vez más… Esto sí es lujo.

En latín:

Persicos odi, puer, adparatus,

displicent nexae philyra coronae,

mitte sectari, rosa quo locorum

sera moretur.

simplici myrto nihil adlabores

sedulus curo: neque te ministrum

dedecet myrtus neque me sub arta

vite bibentem.

Y ahora, el modelo de la felicidad pública, hecha de instantes de los ciudadanos privados. Es la oda 2, 10 el elogio de la aurea mediocritas en la que vivió Horacio y en la han intentado vivir durante dos milenios los seguidores de la línea clásica, también Luis Javier Moreno, que ya vivía en ese epicureísmo equilibrado antes de convertirse en un horaciano. No seremos los únicos que citen estos versos tan sabios en momentos de turbulencia, especialmente en estos que atravesamos. El verso final es un “despliegue” que hace Luis Javier Moreno en el año 2000 de lo que estaba implícito en Horacio. La imagen de la nave remite a la idea horaciana de la nave del Estado. El verbo gobernar (gubernare en latín, de origen griego) provenía del mundo náutico y significacaba “llevar el timón”. Los tiempos difíciles que estamos cruzando merecen una lectura atenta. El latín rebus angustis bien valdría para esta situación de la pandemia. El adjetivo animosus, para la actitud que el poeta antiguo nos propone que mantengamos:

En los momentos bajos muestra un ánimo fuerte

y en los más favorables ten en cuenta

que las velas hinchadas por el viento

conviene replegar en beneficio

del ritmo equilibrado de la nave.

En latín:

rebus angustis animosus atque

fortis adpare: sapienter idem

contrahes vento nimium secundo

turgida vela.

 

REFERENCIAS

Horacio (1910) «Oda 1.38»Carmina. (Eds. G. Laing, P. Shorey).

Horacio (1910): «Oda 2.10»Carmina. (Eds. G. Laing, P. Shorey).

Horacio (2000): Odas (Antología). (trad. L.J. Moreno) Barcelona: Plaza & Janés.

 

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Nuestro logotipo: un breve programa simbólico

Nuestro logotipo: un breve programa simbólico

JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS

PARA ETIQUETA EXTERIOR Nuevo logo proyecto FELHIS resumido con imagen

El logotipo de nuestro proyecto  acompaña a los de nuestros mecenas, la Fundación BBVA y la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC). Usamos el concepto romano de mecenas, que acabó siendo un nombre común después de haber sido el nombre propio de uno de los principales promotores de la cultura en el mundo clásico.

El logotipo consta de un elemento gráfico, la tipografía, inspirada en las letras capitales romanas. Es la letra característica de las inscripciones de Roma, quee compone únicamente de mayúsculas. Es un diseño elegante, con más de dos milenios de antigüedad, que va indisolublemente unido a la idea de lo clásico. Este estilo de letra ha sido uno de los garantes de la pervivencia de la cultura clásica durante más de dos milenios, al mismo tiempo que representa valores asociados a esta tradición.

El acrónimo del proyecto FELHIS —escrito mejor FEL•HIS— permite reconocer inmediatamente los dos conceptos centrales del proyecto: Felicidad e Historia. Lo más interesante es que cualquier persona de la Roma antigua que por algún motivo llegara a verlo también reconocería en latín la palabra FELICITAS y la palabra HISTORIA. De las dos hablaremos más adelante. Y reconocería la interpunción, ese punto en medio de las palabras que permitía separarlas en las inscripciones, que se puede ver en esta inscripción de Marco Aurelio:

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El elemento icónico del logotipo es una cabeza del emperador Adriano. Desde el siglo XVIII se ha extendido el tópico —historiográfico primero y literario después— de considerar la época de los emperadores Antoninos como la más feliz de la historia. A eso aludimos con esta imagen, que trata a la manera de Warhol (more  Warholiano, como se diría en latín) cualquiera de las numerosas cabezas de mármol de ese gobernante que han aparecido en distintos puntos del Imperio Romano.

La cabeza de Adriano tiene a su vez dos rasgos simbólicos: el más importante es la sonrisa, el fruto más logrado de la felicidad clásica, y que se repite en la estatuaria idealizada. El otro, implícito, es la propia perduración a lo largo de los siglos y la mutación que con toda naturalidad realizan los mensajes antiguos. El paso a lenguajes artísticos contemporáneos concilia lo antiguo con lo actual, como sucede con los textos que presentamos y estudiamos.

En España tenemos una excelente representación de este tipo de retratos del emperador Adriano en el Museo del Prado.

Cabeza de Adriano

Cabeza del emperador Adriano conservada en el Museo del Prado

Sin embargo, no podemos dejar de recomendar que se aprecie también una testa de Adriano aparecida recientemente en las excavaciones de Los Torrejones (Murcia) y que se conserva en el Museo Arqueológico de Yecla. El instante de su descubrimiento, de una gran belleza, puede verse en el reportaje de National Geographic y en la página del propio Museo Arqueológico de Yecla:

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Exhumación de una cabeza de Adriano en  la villa romana de Los Torrejones en Yecla, Murcia

Ese reciente retorno de un símbolo antiguo tiene para nosotros todo el simbolismo, porque así a veces son leídos los textos clásicos, como verdaderos re-descubrimientos.

La unión de la imagen y el texto, incluso el tipo de letra, quiere evocar los emblemas renacentistas, en los que imagen y palabra se traducían mutuamente.

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Historiografía de la felicidad: correlatos entre la Antigüedad clásica y el ethos posmoderno

Historiografía de la felicidad: correlatos entre la Antigüedad clásica y el ethos posmoderno

BORJA CANO VIDAL

Desde cualquiera de los puntos de vista que pudiera plantearse, la sentencia de Sigmund Freud en El malestar de la cultura ─«el plan de la ‘‘Creación’’ no incluye el propósito de que el hombre sea feliz» (1979: 20)─ parece haber encontrado ya respuestas y contrastes más que suficientes. Sin embargo, y pese a la continua presencia de la felicidad en cualquiera de los productos socioculturales de nuestra época contemporánea, la definición y concepción de esta aún resulta hoy difusa y, en ocasiones, equívoca. La preocupación por definir un término impreciso como es la felicidad y hacerlo en coexistencia con fenómenos como, por ejemplo, los Happiness Studies o la creación de un sello comercial como Mr. Wonderful, ha mostrado una notable producción crítica en los últimos años. Asimismo, la raíz clásica inherente a gran parte de estas reflexiones contemporáneas no debe perderse de vista, pues muchas de ellas descansan, voluntariamente o no, en los preceptos clásicos.Imagen 1

En la Antigüedad grecorromana, eran varios los términos que, pese a sus diferencias, aspiraban en última instancia a delimitar y detallar lo que ha preocupado, desde siempre, al individuo: alcanzar la felicidad. Ya entonces sus nombres eran muchos: eudaimonía, ataraxia o el bien, si bien todos ellos confluyen en realidades parejas que no han dejado de estar presentes en la historiografía del pensamiento y el discurso occidental. Desde Aristipo de Cirene, Epicuro, Platón, Aristóteles o Séneca hasta Spinoza, Schopenhauer o Nietzsche; todos ellos centraron parte de sus reflexiones en la felicidad y, sin embargo, aún supone un reto poder conceptualizar o definir todas sus percepciones para, al menos, aclarar o precisar no solo los significantes sino, también, los significados de la felicidad.

Imagen 2Debido a una serie de condicionantes sociales, culturales, políticos o económicos, la preocupación acerca del contenido de la felicidad muestra, en nuestros días, una cada vez mayor presencia. Desde la sociología, la filosofía, la psicología o los estudios literarios, son muchos los autores manifiestan la necesidad de comprender los vínculos entre el individuo y la felicidad como salvaguarda ante un horizonte de futuro que, quizás, se percibe más difuso que nunca. Franco Berardi Bifo, Sara Ahmed, Byung-Chul Han, Andrea Köhler, Judy Wacjman, Hartmut Rosa, Vivian Abenshushan o Emilio Lledó,Imagen 3 por citar tan solo algunos ejemplos, han vertido numerosas páginas para reflexionar acerca del deseo por una felicidad, en ocasiones, malinterpretada o erróneamente definida. Junto a la creciente preocupación por la delicada condición del sujeto contemporáneo, resulta evidente y necesaria la reflexión, no sin cierta nostalgia por un panorama casi extinto, de recuperar el sentido clásico que ciertos valores algún día tuvieron y que son, en suma, los mil y un nombres de la felicidad.

 

 

 

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