MASTER EN PATRIMONIO TEXTUAL Y HUMANIDADES DIGITALES
Instituto de Estudios Medievales, Renacentistas y de Humanidades Digitales (IEMYRhd)
 
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Debates en Humanidades Digitales (I).

 

Frente al concepto de lectura cerrada, acabada, concluida en los límites que circunscribe la fisicidad de un libro impreso, surgen nuevas nociones de lectura que dan fe de prácticas vinculadas con los nuevos medios y que resitúan, tangencialmente, las nociones de borrador y obra. El libro como objeto impreso reviste la impronta indeleble de la intervención editorial, que le confiere su realidad formal y conceptual, pero también legal a través del contrato de edición. El libro se distingue fácilmente de cualquier otro producto impreso, por su singularidad estética y simbólica, por sus elementos referenciales y por su imagen inscrita en el inconsciente colectivo que lo percibe como tal. El editor le proporciona a la obra su forma material, inscribiéndola en los sistemas de explotación que la colocarán en una escala de legibilidad próxima al lector y al autor. Como señala Darío Rojo[1] es particularmente interesante la escuela que propone que el libro logra, por tener el poder de desligarse de cualquier tipo de especificidad de género y en muchos casos de valor, una elasticidad que permite establecer un comienzo que inevitablemente alude a un fin. Ese fin tiene una presencia real y simbólica a la vez. En definitiva, cuenta con una unidad concreta en su abstracción que moldea un objeto teórico con la precisión necesaria para cualquier tipo de efecto, más allá de cualquier extensión del texto. El libro constituye una “unidad existencial”

La digitalización constituye una ruptura de este universo, permite la multiplicación del discurso, la diseminación indiscriminada, su explotación multiplicada, su fragmentación y deconstrucción, y en algunos casos, su pérdida de identidad total o parcial. La digitalización introduce una diferencia de naturaleza con respecto a las obras impresas, no solo de grado, tanto en la producción como en la distribución y explotación de las obras. El libro electrónico deviene en sistema, un sistema abierto, versátil y en constante evolución. Alain Pierrot y Jean Sarzana[2] efectúan una acertada clasificación de las escalas de lo digital que van desde la simple transposición de un texto impreso a un pdf a la elaboración estrictamente electrónica de discursos con integración multimedia y elementos hipertextuales de apertura de la obra. El desarrollo del libro está adquiriendo una configuración completamente nueva que afecta a todo el sistema del mismo desde la autoría a la recepción, articulando modelos de negocio y de intervención que discurren por las sendas de los postulados 2.0. Son las propuestas de sociabilización de la autoría, la producción y la lectura lo que esta confiriendo un carácter propio, privativo de un nuevo sistema emergente[3],[4], que va consolidándose en sus prácticas discursivas y sociales, no tanto en cuanto que propuestas filosóficas o programáticas sino en cuanto aplicaciones empíricas de carácter tecnológico.

Si el acto de la publicación supone la operación fundacional en la vida de una obra y, para el caso de los documentos impresos, está perfectamente establecida, cuando trabajamos en el seno de las redes electrónicas el acto primigenio que da origen a un documento escapa, en muchas ocasiones a cualquier tipo de control, existiendo la posibilidad de constantes cambios que dificultan su filiación.

Existe lo que podíamos considerar como una suerte de crecimiento biológico del documento que, en muchos casos, va incorporando comentarios, añadidos, correcciones, modificaciones sumarias, que lo transforman en una especie de palimpsesto digital, en el que la última versión acumula y refunde las anteriores que pueden haber desaparecido. De esta manera las tareas de verificación connaturales con la actividad científica y documental se ven considerablemente dificultadas por una práctica que descuida el respeto a la condición estratigráfica de la evolución conceptual. Tomlins habla de “living entities”[5]para referirse a esta condición cambiante.

Soccavo habla de Plasmabook o de Biolivre[6]. Precisamente el concepto de Liquid Books se hace eco de estas transformaciones[7]. El libro como una suerte de palimpsesto digital susceptible de una permanente renovación, de un crecimiento ininterrumpido, de una contemporaneidad constante.

Esto nos indica una característica más de la lectura: la capacidad de tratamiento heurístico de las ideas que se reciben a través del texto. Es decir, una vez que el lector logra ir más allá de sus condiciones orgánicas y procesos cognitivos, emprende un camino mental y sensible de ascenso intelectual, dando paso a la construcción de ideas más elaboradas ―laterales—, o lo que el filósofo Edgar Morin ha denominado Pensamiento Complejo: posible sólo a través de la aproximación dialógica, en evolución arborescente, y condicionado por lo heterogéneo, azaroso y esencialmente creativo[8]. A la capacidad de lectura compleja, fluidez, y en terreno propicio, es decir, con textos fértiles para la imaginación y la comprensión de nuevas ideas, los estudios hermenéuticos la denominaron “lectura líquida”.

Palimpsesto Digital

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿ En que medida las Humanidades Digitales pueden intervenir en la configuración de estas nuevas prácticas? Este es uno de los temas más sustanciales para el que conjunto de disciplinas que orbitan en torno a esta denominación. Gran parte de la práctica académica en el ámbito de las Humanidades Digitales se ha orientado hacia tareas de conservación, en el sentido de la digitalización de manuscritos de todas las épocas, mediante estándares de codificación (como el TEI) que han permitido dotar de visibilidad y de disponibilidad a una gran cantidad de obras de dificil acceso. Esta tarea se ha ido completando con la elaboración de bases de datos relacionales gracias a las cuales la recuperación de la información consistente sobre autores, obras y  colecciones ha sido cada vez más eficaz. Pero hay dos ambitos en los que la práctica académica en este contexto aun no ha desarrollado todas sus potencialidades: el de estudio de nuevas formas de edición, aprovechando las herramientas de socialización y personalización de los contenidos, y el de la recepción, mediante el estudio de las mediaciones tecnológicas en nuevos entornos de aprendizaje y de lectura. Son dos retos que la investigación y la práctica académica ha de acometer en los próximos años.


[1] Rojo, Darío. El libro como unidad existencial. Eñe: revista de cultura. Febrero 2012, http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/ebooks-libro-unidad-existencial_0_652734739.html

[2] Pierrot, Alain; Sarzana, Jean. Réflexion autour du livre et de l’œuvre numérique. En : Marin Dacos (dir). Read/Write Book : Le livre inscriptible. Marsella, Cleo, 2011. pp 21-27.

[3] Jankowski, N. Digital Media: Concepts & Issues, Research & Resources. Cambridge Polity Press, 2011.

[4] Shatzkin, Mike. Will print and ebook publishers ultimately be doing the same books? The Shatzkin Files, 2011. http://www.idealog.com/blog/will-print-and-ebook-publishers-ultimately-be-doing-the-same-books?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=will-print-and-ebook-publishers-ultimately-be-doing-the-same-books

[5] Tomlins, Christopher L. . Wave of the Present: The Scholarly Journal on the Edge of the Internet. Journal of Scholarly Publishing, april 1998.

[6] Soccavo, Lorenzo. Vers le biolivre ou le Plasmabook?. Prospective du livre, 2012. http://ple-consulting.blogspot.com.es/2012/01/semaine-0352-vers-le-biolivre-ou-le.html

[7] http://project.liquidpub.org/research-areas/liquid-book

[8] Morin, E. Introduction à la pensée complexe. Paris: Seuil, 2005. 158 p

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