Por Teroura Cristina Trujillo Pacheco
A lo largo de este segundo cuatrimestre, en la asignatura de Instituciones Educativas, he recibido algunos aprendizajes y reflexiones personales que voy a utilizar en este informe. Más que un análisis estrictamente académico, se trata de una mirada propia sobre cómo estas clases están influyendo en mi manera de entender la educación y el papel docente.
Una de las cuestiones que más me ha marcado es la metodología utilizada en el aula. Se basa en un aprendizaje significativo, apoyado en el juego y en dinámicas que se alejan del modelo tradicional. Esto permite que el aprendizaje parta de la práctica y de la experiencia, generando un espacio donde no solo el alumnado aprende del profesor, sino también el profesor del alumnado. Además, se transmite una idea clave: nada es erróneo en sí mismo, sino que todo puede ampliarse o matizarse. Esto favorece una mayor participación y una actitud más activa por parte de todos.
Desde mi experiencia en estos tres años de carrera, considero que este tipo de aprendizaje resulta especialmente valioso. Salvo algunas excepciones, la mayoría de las asignaturas han estado centradas en la teoría y en trabajos individuales o grupales, con poca conexión con la práctica real. Por ello, creo que sería necesario incorporar más este tipo de metodologías en la universidad, ya que permiten adquirir herramientas más útiles y una experiencia más cercana a la realidad educativa.
LA MIRADA NO ES NEUTRAL: “ EL TERCER MAESTRO”
Como bien apunta N.R. Hanson, ninguna observación sobre la realidad es neutral. Nuestra mirada está cargada de teoría. En esta facultad, nos estamos formando para ser, en esencia, un Tercer Maestro. Los docentes no somos los únicos que educamos: el primer maestro son los compañeros de los alumnos, dado que de las propias relaciones y el aprendizaje colaborativo aprenden mucho; el segundo, los adultos que rodean al alumno (familia, docentes, etc.);y el tercero es la organización del espacio.
Si la universidad hoy nos “mina la moral”, es porque el espacio (el tercer maestro) está fallando. En estas circunstancias, el pensamiento utópico es fundamental para que no seamos sujetos pasivos, debemos soñar con la universidad que deseamos y luchar por ella. Si nos limitamos a observar y no actuamos por lo que deseamos, como futuros docentes debemos preguntarnos: ¿Por qué nos quedamos parados?
EL LEGADO DE LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA Y LA ESCUELA MODERNA
Históricamente, hemos arrastrado la idea de que “España no necesita hombres que sepan, sino bueyes que trabajen”. Frente a esto, la ILE y la Escuela Moderna de Ferrer Guardia propusieron algo revolucionario: la coeducación (niños y niñas, ricos y pobres juntos) y la ausencia de exámenes y castigos.
Me quedo con una reflexión clave de clase: “¿Si no queremos exámenes en nuestra futura profesión, qué podemos hacer hoy para cambiarlo?”. La respuesta está en el aprendizaje vivencial que vimos en El maestro que prometió el mar. Benaiges no instruía; él sacaba al alumnado al contacto con su entorno. Enseñaba a leer y escribir desde la práctica, desde la curiosidad de cómo se imaginaban los niños el mar. Eso es educar para la vida y no para el expediente.
LAS TRES “R” Y EL PERFIL DEL DOCENTE PROGRESISTA
Para que un alumno aprenda, no basta con “soltar el tema”. El modelo Neuro-Relacional nos enseña las tres R: Regulate, Relate, Reason. No hay razonamiento sin una regulación emocional previa y un vínculo seguro con el docente. Esto conecta con lo que Paulo Freire define como el “educador progresista”. Un docente necesita:
➔ Humildad para aprender del alumno.
➔ Amorosidad y compromiso ético.
➔ Valentía para luchar contra las injusticias del sistema.
Si nos limitamos a la “educación bancaria” (depositar conocimientos en recipientes vacíos), estamos traicionando la dimensión afectiva que Rousseau llamaba la “educación del corazón”.
UNA VIDA CON IDEALES
En un mundo que nos empuja al nihilismo o a la inacción, la labor docente debe ser una fuente de esperanza. Como se mencionó en clase, citando esa reflexión tan cruda y real:
“He aprendido que una vida sin ideales no es nada; no he conocido ningún rico que se forre de manera honrada”
Esta frase nos obliga a plantearnos cómo queremos encauzar nuestro camino. ¿Queremos ser cómplices de un sistema que fabrica “bueyes” o queremos ser el docente que, como Benaiges, iguala al alumnado sin mirar su posición social?
La educación de calidad es aquella que contribuye a que nos reconozcamos como iguales en nuestra condición de seres humanos.



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