Sistema de blogs Diarium
Universidad de Salamanca
En un lugar de la marcha
Un blog de Miguel Martín
 

Educar en el silencio

Por Claudia Rodríguez García

Hace unos años me encontraba todavía en 4º de la ESO cuando el siguiente titular llegó a mis manos: “Me dedico a engañar, no a enseñar” (Arias, 2023). Un profesor de universidad criticaba la falta de motivación y esfuerzo de los alumnos, advirtiendo la deficiente preparación de futuros líderes. Leí la noticia detenidamente, y cuando terminé, no pude evitar sentir una profunda tristeza. Perdonen la anécdota, pero verdaderamente, leer esas líneas, que, de una forma u otra iban dirigidas a mí, como joven estudiante, despertó en mí el deseo de entregarme, a mí, mi esfuerzo y vocación, para ser parte de la generación que transforme el futuro del que Daniel Arias hablaba.

Cuando terminé mi paso por el sistema educativo hasta bachillerato, me sentí algo incompleta, como si al dejar atrás todo eso, todavía no estuviera verdaderamente preparada para dar el salto al vacío de la vida adulta. Me matriculaba para la universidad cuando recordé aquellas palabras que leí en el periódico digital: “Me dedico a engañar, no a enseñar”. Me preocupó estar a punto de comenzar un camino de preparación para la enseñanza (pues siempre había sentido un enorme deseo de dedicarme a la educación en la infancia) para terminar engañando. Es más, me preocupó que mi paso por la universidad fuera el engaño del que Daniel hablaba. A decir verdad, yo me había sentido bastante engañada por la educación que había recibido. Tenía la experiencia de que en el colegio e instituto nadie valorase mi esfuerzo por encima del de mis compañeros, situación que fue desmotivándome poco a poco al punto de pensar que no valía la pena esforzarse.

Hoy, me gustaría poder responder a aquel profesor cuyas palabras consiguieron hacerme pensar, con el único objetivo de que el que lea las mías pueda aproximarse a aquella experiencia.

Querido Daniel,

Me llamo Claudia y acabo de aterrizar en la Universidad. Estudio el doble grado de maestro en educación infantil y primaria, contra todo pronóstico, según el clima de desesperanza que existe en este mundo de la educación. Cuando leí tus palabras quise pensar que la universidad iba a ser muy distinta de la realidad que vivía entonces, me equivocaba un poco… La universidad es como el colegio, solo que aquí, cuando no es obligatoria la asistencia la gente no tiene que dar explicaciones a sus padres para ausentarse, en la escuela, quisieras o no, al final de la mañana al menos habías calentado una silla. 

Me entristece mucho que, como tú dices, las clases “compitan con Tik Tok”, pues no se me ocurre algo más estimulante y vacío que pasar vídeos de apenas 15 segundos (porque el que lo supera es deslizado sin más dilación) buscando algo que no llega, porque el feed se actualiza constantemente sin fin. Me preocupa pensar que, no son solo mis compañeros universitarios los que están inmersos en este océano, sino que es muy probable que cuando pise las aulas como maestra, niños de apenas ocho años estén al día de las novedades en las redes sociales. 

Yo me pregunto ahora, ¿qué tengo que hacer de mis clases? Estoy de acuerdo con que la educación ha evolucionado y no se debería tener la rutina en las escuelas de que los niños “calienten” las sillas cinco horas mirando el reloj cada diez minutos. Pero, ¿y si es necesaria una lección magistral? Los niños ya no aguantan quince minutos de explicación sin elementos distractores (vídeos, materiales, canciones, ordenadores, tablets…). 

Quizá se nos esté olvidando un poco educar en el silencio, en la escucha. Porque, seamos sinceros, nosotros, como adultos, ¿cuánto tiempo pasamos (ya no te digo al día) a la semana en silencio? No nos engañemos, no soportamos el silencio, llenamos nuestras vidas de ruido. Cuando uno está en silencio, se desestabiliza, no sabe qué hacer, pone una serie, música, un podcast en el mejor de los casos o un vídeo de Youtube. Cuando salgo de casa, intento hacer el esfuerzo de permanecer en silencio, nada de música cuando voy caminando o redes sociales en el transporte público. Desde que lo hago, he dejado de perderme muchas de las cosas que ocurren fuera. 

Cuando pensaba en responder a esta carta, solo se me venían a la cabeza los problemas a los que nos enfrentamos como maestros, pero mi espíritu de educadora me ha reconducido en seguida. Dejemos de llenarnos la boca con la motivación, entretenimiento o experiencias de los alumnos, empecemos a educar en el silencio. Newton pensaba en silencio bajo un árbol cuando descubrió la gravedad, Galileo inventó el péndulo tras mirar una lámpara balancearse, Einstein jugaba con su imaginación antes de aportar a la ciencia las cuestiones referidas a la relatividad, incluso si de enseñanza hablamos, María Montessori desarrolló su pedagogía porque había observado en silencio a unos niños jugando con migajas de pan. Todos ellos lo comparten, el silencio. 

Es la experiencia de hacer silencio y abrirse a escuchar lo que lleva a uno a preguntarse, a reflexionar, a experimentar sobre aquello que le sorprende. Y uno no puede sorprenderse si su vida se encuentra llena de ruido, pues no hay un estímulo que brille más que otro. Enseñemos pues a los niños a pararse a contemplar, a observar y no a buscar anestesiarse sino entusiasmarse con lo que tienen delante. 

Sé que suena demasiado estético y poco realista, pero considero que los parches, Daniel, no tienen mucho efecto, y que las palabras, en muchos casos, dicen poco (ya he mencionado que la facilidad para escuchar al que tienes delante, y más al “profesor de turno” se ha diluido), dejemos entonces que sean ellos los que se respondan por sí solos, los que aprendan a escuchar. Será ahí nuestro deber acompañarlos y guiarlos por el mundo del conocimiento, los valores y el sentido. Premiaremos ahí el esfuerzo, apoyaremos al que no puede y acompañaremos cada deseo.

Atentamente, 

Claudia Rodríguez

Arias, D. (2023, enero 22). La carta, sin tapujos, de un catedrático a sus alumnos: «Me dedico a engañar, no a enseñar». ABC. https://www.abc.es/sevilla/ciudad/carta-tapujos-catedratico-alumnos-dedico-enganar-ensenar-20230122134700-nts.html

kmiguelmartink
Aún no hay comentarios.

Deja un comentario


*

Política de privacidad
Studii Salmantini. Campus de excelencia internacional