Hablamos de un paraje apenas habitado, con un pueblo con casas de adobe en un paisaje que promedia los 4.000 metros de altura, con colores, formas y texturas que bien podrían hacer de escenografía de un paisaje del planeta marte.
De hecho, los propios visitantes que llegan al lugar, no dudan en describir la experiencia como un viaje a un paisaje “de otro planeta”. Entre las zonas áridas y desprovistas de la puna, apenas algunos poblados sobreviven en medio del silencio, entre ellos, el pueblo de Tolar Grande.
Los ojos de mar, parecen un milagro en medio de tanta desolación árida. Son estanques en color turquesa que parecen inverosímiles, aún dentro de un paisaje inverosímil como el de la Puna. Aunque apenas lo sospechamos, la vida está presente desde hace miles de años no muy lejos de la superficie con los estromatolitos






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