A propósito de la deuda pública

8/02/11, 22:29

tesoroEscribir o hablar sobre economía, como de cualquier otro tema complejo del que uno no sabe, puede dar, como diría el Marqués Del Bosque, un poco de corte. Pero la democracia incluye, en mi opinión, el derecho a equivocarse, que sin embargo suele ser ejercitado en mayor medida por los economistas profesionales. A propósito de las continuas noticias que en la actualidad aluden a la deuda pública quisiera hacer algunas reflexiones.

Con frecuencia, el debate entre los partidarios de la socialdemocracia y los neoliberales se ubica en la conveniencia o no del equilibrio en las cuentas públicas. Simplificando, según los keynesianos, en situaciones de recesión, el Estado debe endeudarse para reactivar la economía. Por el contrario, los neoliberales ensalzan el equilibrio presupuestario en su afán por contener la inflación y minimizar el intervencionismo del Estado. Aun con matices, esta distinción ideológica se puso de manifiesto cuando Zapatero llegó al poder al fijarse la fórmula del presupuesto cíclico: frente al “déficit cero” que caracterizó la doctrina Rato, con Solbes se introdujo una mayor flexibilidad, es decir, superávit cuando las cosas fueron bien, y déficit cuando vinieron las vacas flacas.

Lo que pongo en cuestión es el dogmatismo de la izquierda a la hora de justificar el déficit fiscal. ¿Por qué los progresistas gastan sus energías en defender el endeudamiento del sector público? A mi modo de ver, una de las conclusiones que debemos obtener de esta crisis económica es que los comportamientos consistentes en gastar más de lo que se tiene no conducen a nada bueno, y no entiendo por qué hemos de eximir al Estado de esta observación. La clave de una política fiscal progresista estriba en la presión (y en la progresividad) fiscal, y no en el desequilibrio presupuestario. No se trata de gastar más de lo ingresado, sino de tener lo suficiente para gastar lo necesario.

Lo sé. La deuda pública española no es especialmente grande en relación con otros países, convendría hacer una auditoría para analizar con profundidad el origen de la deuda, y buena parte de nuestro endeudamiento se debe a la jugada maestra del capital: socializamos las pérdidas de los culpables de la crisis. Pero, aun así, si no tuviéramos deuda pública, evitaríamos una vía por la que los mercados, los especuladores u otros Gobiernos nos chantajean con su presión: “o haces lo que digo, o provoco tu bancarrota, te rescato y entonces harás lo que digo”.

Son muchos los diagnósticos que, con razón, responsabilizan de la crisis económica a las políticas neoliberales y la codicia de la banca, pero no he hallado muchas soluciones, más allá de programas de máximos como la nacionalización de la banca, para evitar el chantaje de los mercados, a salvo de la saludable pero inconcreta propuesta de que compremos nuestra propia deuda pública. Y mientras se refunda el capitalismo y se establece un Gobierno europeo y global de la economía, esta cuestión debería ser  prioritaria en el ámbito político progresista.

En definitiva, en la discusión de la política fiscal, los progresistas se obcecan en mirar el dedo del déficit y obvian la luna de la presión fiscal, que en los últimos lustros ha disminuido de forma grave e incesante.

En ocasiones veo mercados

21/01/11, 0:09

enocasionesEl desenvolvimiento de la crisis económica ha tenido un efecto determinante en las actitudes políticas de los ciudadanos más ingenuos: la política no depende de los políticos. Se trata de una premisa escasamente innovadora, central en la teoría marxista y enfatizada en los últimos años por el movimiento antiglobalización.

Hace ya varios años que el movimiento antibolonia denunció que el proceso europeo de reforma universitaria había sido diseñado por y para los grandes poderes empresariales. No estábamos, como algunos responsables políticos y académicos se empeñaron en hacernos ver, ante una absurda teoría de la conspiración. La ERT, un poderoso grupo de presión que opera a escala europea, sentó las bases de lo que debía ser la universidad europea a través de informes que fueron decisivos en los postulados oficiales de Bolonia.

Hoy los mercados son un actor político fundamental. Se asume con naturalidad su desmedida influencia en las decisiones políticas y que los Gobiernos deban rendirles cuentas y pleitesía. Es la misma normalidad con que se acepta la creciente presencia de la homeopatía en la universidad, y con la que se plantea la introducción de las becas-salario para estudiar Medicina, eso sí, previa militarización. Quizá sea demasiado tarde para despertar de esta pesadilla.

Privatizando el Estado

20/12/10, 13:22

privatizacionHace casi un lustro, el escritor Luis Goytisolo publicó en el diario El País (13/02/2006) un provocador artículo de opinión en el que proponía irónicamente la privatización de los tres poderes clásicos del Estado (legislativo, ejecutivo, y judicial) invocando la mayor eficacia de las empresas privadas: “¿Tan disparatado es imaginar que el Ejecutivo surja de la libre y limpia competencia de empresas especializadas en la formación de equipos de gobierno?”

La gestión de la crisis económica mundial ha puesto de manifiesto al gran público que los Gobiernos están, en efecto, al servicio de los grandes intereses empresariales y financieros. Ya no hay nada que disimular. En el pasado mes de junio, Elena Salgado recibió a 400 inversores para explicar sus medidas económicas, y, más recientemente, Zapatero pidió consejo a los 37 empresarios más poderosos de nuestro país. Poco puede aportar Wikileaks ante semejantes evidencias.

Lo cierto es que los tres poderes del Estado, los poderes públicos, de facto hace tiempo que se están privatizando en todas partes. El Estado ha prescindido de su estructura formal para adoptar las decisiones colectivas. La actuación de los lobbies en los órganos legislativos, ora regulada, ora encubierta, supone orientar la producción legislativa en función de intereses privados. La reforma de la Administración Pública, que afecta incluso al ejército en Estados Unidos, sugiere la idea de privatización del poder ejecutivo. Y en cuanto al poder judicial, el auge del arbitraje y propuestas como la privatización del turno de oficio, de creciente aceptación en nuestro país, también responden a esa irremediable tendencia de expoliar la soberanía. Conviene no ser irónico, o acabarán privatizando la ironía.

Nuevos planes, idénticas estrategias

1/12/10, 13:49

casinoSe veía venir. Zapatero ha anunciado un nuevo plan de ajuste, o mejor dicho, de ajusticiamiento del Estado social: bajada de impuestos, privatizaciones, reducción de prestaciones, etc. Las medidas son la respuesta sumisa a los ataques de los especuladores contra la solvencia de la economía española, y cuentan con el plácet del nuevo supremo órgano consultivo: el G-37. Es claro que los mercados siguen detentando la soberanía.

Sin embargo, entre las actuaciones anunciadas por el Gobierno socialista, hay una que merece ser aplaudida: la privatización parcial de la entidad Loterías y Apuestas del Estado. Al Gobierno no le quedaba otra opción. La eficiencia del sector privado en la gestión del juego es incuestionable. La actual crisis económica demuestra que los agentes privados se desenvuelven en el casino como pez en el agua. Los productos se diversifican, los beneficios se multiplican y la probabilidad de acierto es máxima.

El Gobierno ha caído en las garras de la homeopatía. Si la enfermedad es el mercado, la receta es menos Estado, y si con un Estado débil no podemos enfrentarnos al mercado, aplicamos pequeñas dosis de neoliberalismo. He aquí la paradoja: cuando definitivamente muera el Estado, los voceros del mercado ya no podrán jugar a los médicos y el casino dejará de ser rentable. Mientras tanto, el Gobierno continúa con su ambicioso plan, que, como canta Nacho Vegas, consiste en sobrevivir.

Lo que el ojo no ve

20/11/10, 1:47

oftalmLa realidad tiene prisa. La inmensa mayoría de las noticias pasan desapercibidas incluso para los más adictos a la información. Periodistas, políticos, tertulianos, blogueros…, todos los operadores del gran teatro de la información enjuician las ocurrencias de sus homólogos sin demasiada reflexión, condicionados por sus prejuicios personales, sociales e ideológicos y los intereses creados. La actualidad se mira, a lo sumo, de reojo, pues no hay tiempo para ver más allá de lo aparente.

Leo: “Las ópticas de Castilla y León realizarán pruebas oficiales a los pacientes derivados del SACYL”. Se trata de la propuesta estrella de la Junta para reducir las listas de espera en oftalmología, que ha recibido aplausos y elogios de los pocos opinantes que han optado por echar un vistazo a la noticia; una medida positiva en la medida de su limitada trascendencia. He aquí una prueba de nuestra deficiente agudeza visual.

Pongámonos ahora unas lentes de contacto con realidad aumentada. En verdad, vemos que la Junta de Castilla y León se ha limitado a seguir el protocolo de privatización de servicios públicos. Primero, proveer un mal servicio público (listas de espera). Segundo, externalizar el servicio que tan mal funciona para ahorrar costes (negocio para las ópticas). Tercero, garantizar la eficiencia del sector privado mediante la provisión pública de los servicios no rentables (oftalmólogos al rescate). Vemos que la Junta incurre en un ejercicio de miopía jurídica, ignorando la ejemplar sentencia del Tribunal Supremo de 10 de diciembre de 2008 (Sala 3.ª) sobre un convenio similar en Andalucía. Vemos, también, el astigmatismo crónico de la izquierda invisible.

Sin reservas

17/11/10, 0:44

negocia1Artículo 2 de la Ley 35/2010, de 17 de septiembre, de medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo: “Se entiende que concurren causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa, en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas”.

Los sindicatos internacionales han confirmado que no cesarán en sus suicidios colectivos si no se desatasca la negociación colectiva. Los analistas creen que la patronal volverá a ceder debido a la creciente escasez de trabajadores, que nuevamente reduce su margen de maniobra en la negociación. Algunos sectores de la economía mundial carecen de empleados, muchas empresas se han visto obligadas a cerrar y la producción ha caído en picado. Desde que los sindicatos adoptaron esta estrategia, las condiciones laborales han mejorado ostensiblemente. La jornada laboral se ha visto reducida a cinco horas, y los altos salarios, junto con el aumento de la mortalidad, permiten adquirir viviendas sin grandes esfuerzos. Sin embargo, los bienes de consumo han disminuido ya que la producción se destina a las necesidades más básicas. La fuga de inversiones a regiones que aún cuentan con una amplia población activa no se ha hecho esperar, mientras que los trabajadores sindicados más cualificados organizan cooperativas para retomar la producción esencial. Por su parte, la patronal confía en que las mejores condiciones de trabajo reduzcan los incentivos para el suicidio y la economía vuelva a crecer en los próximos años.

La medicina de Bolonia

10/11/10, 0:03

medicina-de-boloniaComunicación de la Comisión al Consejo y al Parlamento Europeo [COM(2006) 208 final]: “Las universidades deberían asumir una mayor responsabilidad por su propia sostenibilidad financiera a largo plazo”.

La Universidad de Zaragoza ha puesto en marcha, en colaboración con Laboratorios Boiron, una Cátedra sobre homeopatía. Sabido es que los expertos rechazan esas prácticas rituales por su carácter acientífico. Lo que no suele explicarse es por qué la universidad comienza a encomendarse a la superstición. La proliferación de cátedras creadas conjuntamente por Universidades y empresas se enmarca en el modelo de enseñanza superior que subyace en el Proceso de Bolonia. Uno de sus postulados más reiterados, que consta en numerosos documentos de carácter institucional, consiste en incrementar la financiación privada en las Universidades públicas. Se trata, sin duda, de una vía encubierta de privatización, por más que los rectores y otros agentes de la comunidad universitaria vean en este perverso objetivo una solución a los problemas de suficiencia financiera de las instituciones universitarias. El sector privado, caracterizado por la búsqueda de beneficios económicos, no invierte en la universidad por altruismo. El caso de la cátedra de homeopatía permite comprender a la perfección la incompatibilidad de la búsqueda del lucro privado con la pretensión de una universidad pública y científica. Ésta es la medicina de Bolonia.

Yo (no) soy tonto

24/10/10, 18:22

Real Decreto 1330/2010, de 20 de octubre: «Vengo en disponer que don Alfredo Pérez Rubalcaba, Vicepresidente Primero del Gobierno y Ministro del Interior, asuma las funciones de Portavoz del Gobierno».

Una de las explicaciones de la crisis económica más repetida en numerosos foros políticos y mediáticos consiste en afirmar que los ciudadanos han vivido por encima de sus posibilidades. Esta interpretación es tan insostenible como interesada, pero ha calado hondo en la sociedad española. El medio es el mensaje. 

Con la reciente remodelación del Gobierno, Zapatero ha enfatizado la necesidad de mejorar la comunicación de sus políticas, esto es, su política de comunicación. Así, el creciente rechazo de la opinión pública a sus medidas de ajuste se debería a que los ciudadanos no han entendido la necesidad de tales reformas. El primer éxito político de la nueva estrategia del Gobierno reside en la asunción colectiva de que existe un problema de comunicación. El siguiente paso es la anunciada renovación del Estado de Bienestar. La reforma, entendida como sinónimo de recorte, se presenta como la única vía para su mantenimiento. El miedo es el mensaje: “Luchamos por ti”.

Erasmus para presidentes

4/10/10, 9:42

El programa Erasmus, que consiste en otorgar becas para estudiar en universidades de otros países de la Unión Europea, es considerado una de las piezas claves de la construcción cultural europea. En España, además, sirve como solución al déficit de aprendizaje de idiomas, problema indeseable, sin duda, pero a veces dramatizado en exceso por una suerte de complejo histórico que roza la paletada. El discurso oficial ha sacralizado las ventajas de dicho programa, pero quienes conocen la realidad saben que estas becas constituyen un foco de inequidad y una vía para aprobar sin esfuerzo. Mutatis mutandi, los funcionarios ya tienen su propio programa Erasmus, si bien todavía se halla en estado embrionario. Mucho suele hablarse, también, de la vergüenza nacional que supone que ningún presidente de la restaurada democracia sepa hablar inglés. Resulta cuanto menos llamativo que el catalán, el gallego y el euskera representen una afrenta inadmisible al castellano y a la libertad de los españoles dentro de nuestras fronteras, y que al cruzarlas sólo quepa arrodillarse ante la indiscutible lengua superior. Pero, como no oso eludir esta grave carencia de nuestra clase política, propongo una medida constructiva: un programa Erasmus para presidentes. Zapatero podría ir a Francia, allí no le sería difícil zafarse de las críticas contra la expulsión de gitanos. Merkel le sustituiría como penitencia por sus ataques a la solvencia de la economía española. En Alemania, sugiero a Berlusconi, para ver cómo reaccionan sus ciudadanos ante el fascismo en el siglo XXI, toda vez que Italia ha superado la prueba. En cuanto a la política económica no habría mayores problemas, puesto que el lenguaje es universal, unificado por la Real Academia de los Mercados, con sede en Bruselas. Recientemente leí que aprender idiomas es un remedio preventivo del alzheimer. Quizás así nuestros líderes no olviden aquello de la salida social a la crisis, ni el viejo recuerdo del Estado de bienestar.

No es un conflicto intergeneracional

1/10/10, 10:14

huelgablogHistóricamente, el conflicto entre capital y trabajo ha sido soslayado por el discurso nacionalista. En la reciente crisis económica, los poderes fácticos han intentado distraer la atención señalando a funcionarios, sindicalistas o gitanos. Un nueva línea de manipulación sugerida por esos poderes (sus altavoces, los medios de comunicación, y su rehén, el Gobierno, afectado por el Síndrome de Estocolmo) consiste en convertir la cuestión social en un conflicto intergeneracional. Así, la reforma laboral se haría para crear empleo juvenil, y la oposición a aquélla derivaría de clases acomodadas que ven peligrar sus puestos de trabajo frente a una generación de jóvenes más preparados. La inminente reforma de las pensiones tendría como objeto salvaguardar la protección social para los trabajadores más jóvenes. Se acusa a los sindicatos y trabajadores de no tener altura de miras, de mantener un discurso egoísta por cortoplacista.

Empero, el bienestar de la juventud no está presente en la justificación de tales reformas, sino que, he aquí la paradoja, la generación de jóvenes constituye su peor víctima. Los jóvenes, resignados desde hace tiempo ante la temporalidad y precariedad de sus empleos, ya no conocerán la estabilidad laboral ni en el Boletín Oficial del Estado. Su inserción en el mercado de trabajo ha sido la excusa, primero, para desmantelar el sistema público de educación superior en pos de la empleabilidad, y, segundo, para dinamitar, entre otras conquistas, los contratos indefinidos y las garantías ante el despido. Respecto al sistema de pensiones, no se ha demostrado aún su insostenibilidad: la nueva falacia del miedo sirve para cuestionar el Estado del bienestar. Sorprende que la primera medida elegida para garantizar las pensiones sea retrasar la edad de jubilación en lugar de adelantar la edad de cotización. Cada vez son más los jóvenes que piensan que la Seguridad Social es sólo una banda de rock, y, cómo no, de otra época. ¡Proliferan los becarios hasta en la Administración Pública! La reconversión de la enseñanza superior, que contiene nuevos programas de prácticas y titulaciones orientadas a las necesidades de las empresas, no ha tenido su correlato en la modificación de los contratos formativos y la supresión de los tradicionales becarios. Si añadimos la tibieza de la inspección de trabajo, se explica el exceso de jóvenes que trabajan sin cotizar.

Finalmente, este proceso de manipulación sería imposible sin una adecuada campaña de marketing. Los medios presentan una visión maniquea e idealizada de la juventud. Unas veces se habla de la generación ni-ni, del botellón y de la pasividad, a la que hay que salvar con medidas drásticas. Otras veces se elogia a la generación más preparada de la historia de España, la que justifica acometer reformas profundas. La estrategia es clara: confrontar a los trabajadores entre sí  para eludir responsabilidades y desactivar a la juventud como fuente de movilización social. Y eficaz. Pese al notable éxito de la Huelga General, la juventud no ha protagonizado la protesta. Como dijo el poeta, que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde.

Gobernar, ¿para qué?

11/09/10, 11:52

indice-nRecuerdo hace un par de años que, en los días previos a las elecciones generales, bromeaba entre socialistas con mi deseo de que el Partido Popular ganara las elecciones. Aducía, claro está, que ello era lo mejor que le podía pasar al Partido Socialista. En esos días previos, a pesar del párpado infectado de Solbes, todos pudimos ver lo que después vino.

En el laberinto de la crisis económica, el Gobierno buscó en vano la salida social: el minotauro del mercado estaba hambriento. El poder económico no iba a permitir un nuevo contrato del bienestar, porque tras la caída del Muro de Berlín había desaparecido cualquier ápice de igualdad entre las partes. El trabajo tendría que adherirse a las condiciones generales abusivas que unilateralmente fijaba el capital.

El Gobierno socialista cedió al chantaje, y puede que lo hiciera como un ejercicio de responsabilidad. Los recortes sociales y la regresión en los derechos de los trabajadores eran el precio a pagar para seguir gobernando so pena de provocar un descalabro mayor de la situación económica. Aunque parezca insólito, la dimisión era la única respuesta honesta ante las fuertes presiones de lobbies de especuladores, gobiernos e instituciones internacionales, tal y como reflejó recientemente un excelente artículo de Almudena Grandes. Pero, lejos de asumir su debilidad, Zapatero prefirió hacer suyo el discurso que le habían impuesto: el tijeretazo se hacía en beneficio de la ciudadanía. En definitiva, la socialdemocracia se inmolaba y el PSOE se encomendaba al doblepensar. Desde un punto de vista simbólico, era palpable que la izquierda -la izquierda con opciones de gobernar- había renunciado a transformar la sociedad, siquiera a representarla.

«Pasé la noche esperando al índice Nikkei», contestaba Zapatero a El País. Que esta frase pase desapercibida, que semejante confesión carezca de repercusión alguna, es la mejor prueba de la normalidad y resignación con que se ha aceptado el golpismo económico. «Vivimos en una dictadura», afirmó recientemente Iñaki Gabilondo. El diagnóstico no es nuevo, pero sí su creciente arraigo.

Cierto es que la socialdemocracia llevaba años coqueteando con el neoliberalismo. El margen de maniobra de las políticas económicas de izquierdas es mayor. Pero no en pocas ocasiones, a lo largo de los últimos dos siglos, la izquierda con respaldo electoral se ha visto compelida a materializar postulados derechistas. La democracia tiene unos límites, y en este mismo contexto deben interpretarse los golpes, en este caso bajo la apariencia político-militar, contra la Segunda República española, la Chile de Allende o más recientemente el caso hondureño.

Que a nadie extrañe que la Huelga General del 29 de septiembre no suela relacionarse con Zapatero. Sin eximir su responsabilidad, lo que está en juego trasciende a la figura de un presidente. El conflicto capital-trabajo es hoy el conflicto capitalismo-democracia.

Controladores

19/07/10, 23:00

controladoresLa indignación no se ha hecho esperar, aunque todavía no ha florecido una gran movilización de los afectados. Sí, indignación, pero también resignación. ¡Tanto sacrificio para que unos pocos desalmados jueguen con el tiempo y el dinero de los ciudadanos! No es una situación nueva, porque este personal ha venido abusando desde hace décadas de su posición de privilegio. Es indudable que los controladores no son un colectivo tan cualificado como para tener semejantes ingresos; pero ni la más alta capacitación podría justificar esas cantidades astronómicas. Y, para colmo, ahora, con estas vacas, se aprovechan para aumentar sus beneficios.

El principal partido de la oposición ha responsabilizado al Gobierno, dejando claro que están del lado de los controladores. El Gobierno, al principio, parecía decidido a plantarles cara, pero ha terminado cediendo, porque al fin y al cabo estos individuos tienen la sartén por el mango. Es curioso. Siempre han sido muchos los que han defendido la libertad de tráfico, pero pocos los que han querido percatarse de que el tráfico realmente está en manos de unos ávidos controladores. ¡Controlan incluso al Gobierno! No son controladores aéreos, pero sí de altos vuelos.

La mercantilización del disenso

7/07/10, 15:25

orgullo-gay1Un año más, Madrid ha celebrado la manifestación, para unos, o desfile, para otros, del Orgullo Gay. Se trata de una reivindicación necesaria, también en nuestro país, porque no en pocas ocasiones el legislador se adelanta a la sociedad: aún queda lejos el idílico momento de la normalización de la diferencia y la efectiva igualdad.

En esta ocasión, algunos colectivos han denunciado muy intensamente lo que consideran una mercantilización de la reivindicación de las personas homosexuales, bisexuales y transexuales. Consideran, no sin acierto, que la presencia de numerosas empresas, patrocinadores y eventos mercantiles desvirtúa el carácter reivindicativo y humanista de la causa, además de fomentar y reproducir estereotipos inaceptables.

La Historia parece haber demostrado que las libertades económicas han repercutido favorablemente en la superación de numerosas barreras, tradiciones y discriminaciones. Sin embargo, ese proceso lento, inapreciable e intermitente poco tiene que ver con otro fenómeno socioeconómico de nuestro tiempo: la mercantilización del disenso. Es indudable que para los operadores económicos oferentes la disidencia se concibe como una mera segmentación del mercado.

Hay que celebrar la emergencia del llamado Bloque Crítico en la celebración del Orgullo Gay. Este movimiento, probablemente aún minoritario, ha tenido la virtud de detectar la instrumentalización de su lucha: quien sólo demanda dignidad personal nada puede consumir.