| Los nombres propios, Marta Jiménez Serrano, Sexto Piso, 2021 |
| Marta Teresa Mora Martín |
Los nombres propios es la obra que consagra a Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990) como novelista. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, es una de las autoras más relevantes de la literatura española contemporánea. Tras completar un máster en Estudios Literarios y otro en Letras Modernas, obtuvo una beca en la residencia de escritores en la Cité Internationale des Arts de París, donde residió cuatro años mientras ejercía como docente en la Universidad de Lorraine. Además de colaborar en revistas literarias como Piedra de Molino o Turia y ser columnista de El Mundo, es conocida por su poemario La edad ligera (accésit del Premio Adonáis de Poesía, 2020), su libro de relatos No todo el mundo (2023) y su contribución al libro colectivo Querida Theresa (2022).
Esta novela corta relata, con tono nostálgico y sutil, el paso de Marta de la infancia a la primera juventud. En sus tres primeros capítulos, se presenta a un particular narrador omnisciente en segunda persona del singular; “Belaundia Fu”. Se trata de su amiga imaginaria, que “entrando de maravilla en el pacto de ficción”, se vuelve “real” y “palpable” desde que la Marta de siete años – quien “no ve cosas que no existen”- decide nombrarla por primera vez. Y es entonces, al ser nombrada, cuando “deja de ser solo una voz”. A través de “Bela”, conoceremos a una Marta que se descubre a sí misma y al mundo que la rodea desde tres ejes principales: el lenguaje, su propio cuerpo y la emoción. Estos puntos de partida actuarán como “el trampolín” desde el que el libro se impulsa presentando una “radiografía meticulosamente escogida” de los sentimientos de Marta en cada etapa vital, caracterizadas todas ellas por una incesante ansia de forjar su identidad.
Siendo una niña, Marta ya muestra un “temor inmemorial” a no ser comprendida, a que no la “tomen en serio”. Con una mirada atenta e intuitiva, busca explicar y nombrar su realidad, observándola desde la más profunda emotividad. Será esta capacidad la que refuerce el estrecho vínculo que comparte con su abuela, aprendiendo juntas a preguntar, a narrar y a poner filtros sin “cambiar el tono de voz” o “dejar las cosas a medias”.
Pero es en el momento en el que su pecho “deja de ser plano”, en el que ese pelito se enquista en la ingle o “algo se atora en el esternón”, cuando irrumpe un vértigo que tendrá que fingir no sentir para adaptarse a ese mundo que, de pronto, “ya no le pertenece”. Es entonces, cuando deja de dialogar con “Belaundia Fu” (aunque no puede evitar escucharla) y empiezan a desaparecer muchas de las voces que siempre han estado ahí. Durante su adolescencia, intenta comprender lo que ha cambiado, analizándolo todo desde múltiples perspectivas, tratando de recuperar el significado de los nombres que anteriormente había puesto y buscando nuevos nombres para dar forma a sus sentimientos.
Es en el cuarto capítulo en el que el personaje de Marta se desprende de su congoja dando un giro que la convierte en el “centro de gravedad” de su propia historia. Como narradora en primera persona, Marta echa la vista atrás y reescribe sus vivencias dando voz a la “Marta frágil”, “a la miedosa”, “a la precavida” … A todas esas “Martas” ignoradas a las que nunca había dedicado el “tiempo que hacía falta”. Es entonces cuando desde la memoria de su cuerpo y su madurez presente, renombra sus recuerdos y su actualidad, y aprende a esperar a que las cosas por sí solas revelen sus “nombres propios”. Será este el punto clave que dará lugar al nacimiento de este libro.
Con un lenguaje preciso y profundo, la autora reúne y presenta con suma sensibilidad y mimo las “distintas voces” que han narrado en alguna ocasión la vida de Marta, quien muchas veces no creía reconocer ni contar con una voz propia. Su estilo sencillo e íntimo logra el que lector abrace esta historia como si fuese suya, como si tuviese que acompañar el crecimiento de su niño interior hasta llegar, junto a Marta, a “digerir” que “como la persona con quien haces la vida, no hay nada”. Y, ¿quién es esa persona, sino uno mismo?



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