| Los nombres propios, Marta Jiménez Serrano, Sexto Piso, 2021 |
| Alexia-Teodora Fercal |
Una emergente voz prometedora de la literatura española contemporánea, Marta Jiménez Serrano, explora en lírica y prosa la construcción de la identidad a través de las relaciones humanas que nos definen a lo largo de la vida. Equilibrando la experiencia única y la experiencia universal, consigue acercarse al lector y hablarle en un tono personal. Gracias a esta sensibilidad literaria, su obra ha sido bien recibida tanto por el público lector como por la crítica, obteniendo el accésit del Premio Adonáis de Poesía en 2020 por La edad ligera.
Dentro del género de la autoficción, Jiménez Serrano narra en su primera novela, Los nombres propios, la historia personal de Marta. La protagonista crece en el Madrid de los años 90 y principios de 2000, enfrentándose a los desafíos propios de la transición de la infancia a la primera juventud. En ese complejo recorrido, Marta va a descubrir el mundo, el amor, la enfermedad, las pérdidas. Va a perder a seres queridos, y a sí misma. De ahí surge la pregunta latente: ¿será capaz Marta de encontrarse a sí misma y de tomar la palabra?
Más allá de su historia individual, Los nombres propios trasciende hacia una reflexión sobre la experiencia humana universal. Nos lleva a la infancia, jugando en el huerto de la abuela, al primer enamoramiento y al desengaño, tanto amoroso, como amical. La descripción auténtica de Madrid resonará, especialmente, con quienes se criaron allí en aquella época, y también invitará a descubrir esa experiencia a quienes la desconocen. Es una novela generacional que celebra la nostalgia, la memoria y la cotidianidad de aquellos tiempos.
El acierto principal de la escritora radica probablemente en la elección de la voz narradora: la amiga imaginaria de Marta, Belaundia Fu, quien además actúa como su alter ego, y en segunda persona da voz a las peripecias que le ocurren a Marta, y que ella todavía no puede o no se atreve a verbalizar. Será también a través de esta técnica que se nos revelará si en algún momento Marta ya no necesitará personajes exteriores para referirse a sí misma, y si será ella misma su propio referente. De este modo, la autora recurre a una narradora muy verosímil, consoladora, empática y original que oscila entre la reflexión adulta y la ilusión infantil, anticipando algunas de las lecciones que Marta va a aprender, pero sin revelar el cómo ni el por qué, manteniendo así siempre el suspense:
“Pero un día vas a creer que el amor es eso: compartir un espacio haciendo cosas distintas. Cómo vas a saberlo ahora, si eres puro pelo despeinado y esa camiseta que te queda grande y las bragas contra la madera del taburete. Pero un día lo creerás: dos soledades en un mismo espacio.”
Además de Belaundia Fu, la abuela, o el primer novio serán las palabras quienes protagonizarán el autodescubrimiento de Marta. La autora subraya que para comprender lo que nos ocurre, hay que saber nombrarlo:
“Te pasan las cosas antes de tener las palabras para nombrarlas – el trauma, la desconfianza, la indefensión – y por esto estás perdida”.
Sin embargo, la vida también le hace revisar todo aquello que dio por conocido: los padres, el trabajo, Madrid, la enfermedad, la muerte. Son las palabras más básicas, pero una vez vividas y encarnadas, son las más sobrecogedoras. Así que la escritora acierta especialmente en demostrar que aprender y comprender el lenguaje, en última instancia, es aprender y comprender la vida.
En Los nombres propios, Marta Jiménez Serrano analiza con exquisita sensibilidad y humildad lo que significa hacerse mujer, equilibrando el tono conversacional con el literario. Es una obra que nos habla y consuela a todas las mujeres y niñas que un día fuimos. Y, a su vez, se dedica a cualquiera que quiera recorrer las memorias de la infancia, los atrevimientos de la adolescencia, y leer los sabios consejos de una amiga imaginaria, que todos hubiéramos necesitado en algún momento.



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