Trabajo cooperativo y la Técnica del Puzzle de Aronson.

Hace unos días, en clase de Innovación docente y Evaluación en Física y Química hablamos de la importancia del trabajo cooperativo y, más concretamente, de la Técnica del Puzzle.

La profesora comenzó hablando de las diferencias entre un aula tradicional y cooperativa.

-En el aula tradicional, el aprendizaje es un proceso individual e independiente, donde cada alumno es el único responsable de su propio aprendizaje, se memorizan y asimilan conceptos e ideas, se practican ejercicios y procedimientos, y se deja la interacción con los compañeros a un lado, sin vinculación alguna con los contenidos del temario que se impartan en las asignaturas. Esta dimensión afectiva queda relegada al recreo o a lugares ajenos al aula, y la necesidad de apoyo social o ayuda quedan asociadas a una inmadurez o incompetencia del sujeto individual.

-En el aula cooperativa, por el contrario, se tienen en cuenta procedimientos de enseñanza donde el aprendizaje de contenidos viene interrelacionado con la mejora de las relaciones interpersonales. La clase se organiza en grupos mixtos y heterogéneos, donde se trabaja de forma coordinada entre sí para resolver tareas. Se divide, pues, la clase en grupos, y después de hacer un trabajo y un aprendizaje individual, se comparte lo aprendido con el resto de los miembros del grupo. El aula cooperativa tiene como fundamento la interdependencia de los alumnos de un grupo para el aprendizaje de todos ellos. Como afirman los psicólogos sociales David Johnson y Roger Johnson: ‘Sólo se pueden alcanzar los objetivos si y sólo si los demás consiguen alcanzar los suyos”.

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El aprendizaje cooperativo está basado en 5 elementos básicos:

1.- Interdependencia positiva.

El éxito de cada uno tiene relevancia en el éxito del grupo de la misma manera que el éxito del grupo es también un éxito personal. Esto es una buena herramienta para motivar a los alumnos a esforzarse, a profundizar en el tema que se estudia, a asumir una responsabilidad individual para con el grupo.

2.- Interacción cara a cara

Esto supone una mejora de las habilidades sociales de cada miembro del grupo. Se pretende que los grupos sean diversos, y que haya un tiempo para el trabajo de grupo en clase. Se reparten las tareas y después cada miembro del grupo comparte lo que ha aprendido con los demás, de forma que puedan debatir y discutir conceptos e ideas, fomentándose así una cultura de cooperación.

3.- Responsabilidad de cada estudiante.

Cada miembro del grupo adquiere un rol de experto, relativo a aquello que ha trabajado de manera individual, frente a los demás miembros del grupo. El resto del grupo deberá prestar atención a las explicaciones para garantizar su propio aprendizaje. De esa forma, el trabajo de cada uno aporta un valor positivo al aprendizaje de todos los demás

4.- Desarrollo de las habilidades del grupo y relaciones interpersonales.

Los estudiantes han de trabajar en su propio tema, pero también han de organizarse como grupo, practicar sus habilidades sociales: tomar decisiones, construir vínculos personales, confiar en los demás, comunicarse o liderar el grupo.

5.- Reflexión sobre el trabajo en grupo.

Los alumnos discutirán sobre el trabajo de cada uno, y sobre los conocimientos aprendidos, realizarán críticas sobre cosas a mejorar, por lo que se evaluarán a sí mismos y al grupo continuamente, haciéndose conscientes de sus deficiencias a superar y de su propio aprendizaje.

En resumen, el aprendizaje cooperativo potencia el valor de las relaciones personales, la socialización y la integración, se fundamenta en el conflicto sociocognitivo para incrementar el rendimiento académico. Los alumnos se ponen de acuerdo sobre qué actividad hay que realizar, se decide cómo se organiza el grupo, se reparten las tareas, se realiza el trabajo individual, se presenta al grupo, se debate sobre el trabajo individual, se considera cómo mejorar y se valoran los resultados.

Una de las técnicas del trabajo cooperativo es la Técnica del puzzle de Aronson.

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Esta técnica de aprendizaje cooperativo consiste en dividir la clase en grupos heterogéneos. Pongamos el ejemplo de que cada grupo tiene 4 miembros. El profesor o profesora reparte los 4 temas a estudiar a los grupos, y los grupos se organizarán para repartir 1 tema a cada miembro de cada grupo.

Cada miembro del grupo tendrá acceso sólo a su tema, lo estudiará y adquirirá un rol de ‘experto’ en ese tema en particular. De esta forma se convierte en protagonista de su propio aprendizaje, y realizará un pequeño trabajo individual (un esquema, un resumen, una presentación…).

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Si la clase tiene, por ejemplo, 20 alumnos, habrá 5 ‘expertos’ de cada tema en la clase (uno por grupo). Una vez haya terminado el trabajo individual, se formarán ‘grupos de expertos’, con un representante de cada grupo en particular. En nuestra clase habrá tantos grupos como temas hayamos repartido y, en cada grupo de expertos, se discutirá y profundizará en el tema en cuestión. Se pondrán en común todos los trabajos individuales, se complementarán, discutirán y mejorarán.

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Una vez se hayan puesto en común los trabajos de cada tema, se vuelve al grupo original (donde hay un experto de cada tema). Allí, cada experto en su tema presenta al resto del grupo lo que ha trabajado, adquiriendo un rol de profesor o enseñante cuando explica, y un rol de alumno cuando escucha las explicaciones de los temas que no ha estudiado.

El profesor estará siempre atento a los posibles conflictos de todo tipo que puedan surgir durante el trabajo, ayudando siempre a resolverlos mediante intervenciones adecuadas.

Después de todo este proceso se realizará algún tipo de prueba, para que los alumnos vean la importancia y relevancia de la actividad. Por ejemplo, podemos hacer que un alumno presente ante los compañeros un tema del que no es ‘experto’. El profesor o profesora podrá evaluar no sólo a cada alumno de forma individual, sino también el esfuerzo colectivo y la capacidad de aprender y explicar.

Esta técnica mejora la motivación y el aprendizaje de los alumnos, disminuye la conflictividad, fomenta la interdependencia positiva, reduce el absentismo y mejora la autoestima de los alumnos con peores resultados académicos, y es una buena idea si tenemos tiempo suficiente para poderla aplicar en clase con nuestros alumnos.

Bibliografía:

Rué, J., (1994 ). El trabajo cooperativo. Ed. Praxis. Barcelona

Ovejero, A. (1990). Aprendizaje cooperativo: Una alternativa eficaz a la enseñanza tradicional. Barcelona

Traver, J. A. y García, R. (2004). La enseñanza-aprendizaje de la actitud de solidaridad en el aula: una propuesta de trabajo centrada en la aplicación de la técnica puzzle de Aronson. Revista Española de Pedagogía, 229, pp 419-437.

Aronson, E. (2011). Técnica puzzle de Aronson. https://proyectoinnovacion.wordpress.com/2011/05/30/tecnica-puzzle-de-aronson

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