Ken Robinson y la creatividad

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Ken Robinson fue un autor y conferenciante británico, considerado como un experto en asuntos relacionados con la calidad de la enseñanza, la creatividad y la innovación. En una de sus charlas de TED comentaba su punto de vista relativo a la creatividad en la escuela.

Ken resalta la capacidad creativa de los niños. Indica que cada niño tiene un talento increíble en algo, pero que nuestra sociedad desperdicia. Insiste en la importancia de fomentar la creatividad en los niños, algo tan importante como la alfabetización

Algo intrínseco a los niños es que se arriesgan sin miedo a equivocarse, por lo que tienen una forma de pensar no predefinida, más libre. Esto les permite ser más creativos, pero en los colegios se les coarta la libertad para que vayan ajustándose al molde donde se pretende que deben encajar.  Consecuentemente según van creciendo van adquiriendo poco a poco un miedo a equivocarse que irremediablemente limita sus capacidades creativas.

Las asignaturas son muy parecidas en todos los sistemas educativos públicos del mundo: matemáticas, lengua, arte o música están en una jerarquía alta en el sistema educativo, mientras danza, por ejemplo, está en una posición inferior. Nuestro sistema educativo está pensado para acabar satisfaciendo las necesidades de industrialización, de manera que se consideran las asignaturas más útiles para el trabajo las más importantes, y esto es algo que lo acaban percibiendo los niños “Para qué quieres hacer eso (música, arte, danza), si no te va a servir para encontrar un trabajo”, de manera que una amplísima cantidad de jóvenes piensan que no sirven o no son lo suficientemente buenos, puesto que quizá aquello en lo que son buenos no era valorado, o tenía un estigma (supongamos el ejemplo de la danza).

Hace unos años tener un título universitario implicaba y significaba ser capaz de conseguir rápidamente un trabajo, por lo que el sistema educativo se enfocó en esa idea. Consecuentemente la construcción de alumnos cuyo único fin es obtener un título universitario tiene como resultado que ya todo el mundo lo tiene y encaja en el mismo molde, por lo que dicho título ya no tiene ningún valor, se precisan otras cosas.

La inteligencia es diversa, dinámica y única, y debemos tenerlo en cuenta a la hora de educar a los alumnos. Ken comenta el caso de Gillian Lynne, una bailarina exitosa, prolífica y brillante, que fue considerada en su juventud como una alumna incompetente y con un trastorno de aprendizaje, porque no era capaz de concentrarse. La llevaron a un especialista, que supo ver su talento, y le comentó que Gillian no tenía problema alguno, sino que simplemente era una persona creativa en la danza, recomendó a sus padres enviarla a una escuela de danza, donde pudiera explotar su lado creativo hasta su máximo exponente. Cuando ella llegó a esa clase se encontró con multitud de personas como ella, y tras unos años consiguió sacar adelante algunas de las obras más exitosas de la historia. Imagina qué habría ocurrido si el especialista, en lugar de enviarla a la escuela de danza, la hubiese medicado: habría cortado de raíz las inquietudes y la vocación de Gillian, condenándola posiblemente al fracaso.

De todo esto Ken concluye en que debemos reconsiderar nuestro concepto de la diversidad de la capacidad humana y nuestro sistema educativo, puesto que los alumnos de hoy en día, muy probablemente, tendrán trabajos en el futuro que a día de hoy ni siquiera existen. No debemos coartar o limitar su talento ni hacerlos víctimas de los estigmas de nuestra sociedad.

Ken Robinson ha conseguido mantener la atención de los oyentes en todo momento, demostrando ser un buen ponente:

  • En primer lugar, ha mantenido una actitud relajada y tranquila, explicando las ideas de una en una, poco a poco, y encadenando unas con otras.
  • Ha utilizado el humor durante toda la sesión, intercalando momentos de humor con un discurso riguroso, y saltando de un estilo al otro de manera que las ideas que intenta transmitir llegan con claridad, sin que los oyentes se vean demasiado descentrados por el humor o sobrepasados por un discurso demasiado serio.
  • Ha conseguido con esto no necesitar de ningún utensilio extra, ni dibujos, ni otros videos, ni una presentación ni un gráfico. Sólo su testimonio ha sido suficiente.
  • Utiliza un lenguaje apropiado, apto para todos, sin utilizar demasiados tecnicismos, adaptado al público que le escucha.

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