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Geología para senderistas: Interpretando el lenguaje de las rocas

Geología para senderistas Interpretando el lenguaje de las rocas

 

 

Cada vez que un senderista camina por una montaña, lo hace sobre las páginas de un libro abierto de millones de años de antigüedad, como nos indican en Trek k2 base camp. La geología es la disciplina que permite interpretar por qué el paisaje tiene la forma que tiene: por qué un pico es afilado como una aguja mientras otro es redondeado, o por qué existen fósiles marinos a tres mil metros de altitud. Entender los procesos geológicos básicos transforma el senderismo en un viaje en el tiempo, enriqueciendo la experiencia intelectual y ayudando incluso a predecir el tipo de terreno que encontraremos.

Tectónica de placas y el nacimiento de las montañas

El relieve que pisamos es el resultado de fuerzas colosales. Las cordilleras se forman principalmente por la colisión de placas tectónicas que pliegan y levantan la corteza terrestre (orogénesis). Un senderista puede identificar los diferentes tipos de rocas según su origen: las ígneas (como el granito de la Sierra de Guadarrama), las sedimentarias (como la caliza de los Picos de Europa) y las metamórficas (como la pizarra del Pirineo). Cada una dicta un paisaje distinto: la caliza crea espectaculares cañones y cuevas debido a su disolución por el agua (karst), mientras que el granito tiende a formar grandes bloques redondeados y crestas dentadas, como indican en K2 Base Camp trek. Saber esto permite al senderista anticipar si el terreno será resbaladizo, si habrá agua en superficie o si el sendero será técnico y escarpado.

La erosión: El escultor del paisaje

Si la tectónica construye las montañas, la erosión se encarga de esculpirlas. El hielo, a través de los glaciares, ha sido el agente más potente en la historia reciente de nuestras montañas. Un senderista educado puede identificar los “valles en U” (anchos y de fondo plano) creados por glaciares, a diferencia de los “valles en V” creados por la erosión de los ríos. Otros fenómenos como la gelifracción (el agua que entra en las grietas de las rocas, se congela y las rompe) explican la formación de las “pedreras” o canchales, esos campos de rocas sueltas tan comunes y difíciles de transitar. Entender que el paisaje está en constante movimiento, aunque a una escala temporal humana parezca estático, otorga una perspectiva de humildad y asombro ante el tiempo geológico.

Fósiles y estratigrafía: Memorias del océano

Uno de los momentos más emocionantes en una ruta es encontrar un fósil de amonites o de conchas marinas en mitad de una ascensión alpina. Esto es una prueba directa de que lo que hoy es una cumbre, hace millones de años fue el fondo de un océano cálido. La estratigrafía, el estudio de las capas de roca, nos cuenta la historia de los cambios climáticos del pasado. El senderista que se detiene a observar las vetas de diferentes colores en un acantilado está mirando sedimentos acumulados durante eras. Esta conexión con el pasado remoto del planeta es una de las facetas más espirituales del senderismo, recordándonos que somos solo una breve anécdota en la larguísima historia de la Tierra.

 

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