Pablo Hernández Nevado
Estudiante de MUPES
 

Visitando la potabilizadora

Las visitas con el colegio, siempre eran bien recibidas: significaban salir del colegio durante varias horas, lo que implicaba perderse la clase de matemáticas, lengua y, con suerte, si andábamos más lento de la cuenta en la vuelta, tal vez tampoco llegábamos a la de historia. No importaba cual fuese el destino, lo importante era el salir de la rutina del colegio. Daba igual que se fuese a la potabilizadora, al teatro, al cine o a la apasionante fábrica de cajas:

El hecho de haber hecho una visita a la potabilizadora, desde un prisma distinto al que cuando era alumno, me ha hecho pensar acerca de la utilidad de este tipo de visitas. Creo que resulta evidente que los alumnos siempre disfrutan con todo tipo de salidas y visitas, pero no se hasta que punto estas cumplen su objetivo didáctico. Viéndolo desde mi propia experiencia cuando hacíamos las visitas con el colegio, la única que recuerdo que tuvo cierto impacto sobre mí fue cuando en 4ºESO, visitamos la facultad de física, viendo parte de sus instalaciones. Sin embargo, este puede ser un punto de vista ligeramente sesgado, ya que desde pequeño tendía a interesarme por la física. Y entre esas visitas con el colegio, precisamente una vez estuvo la visita a la potabilizadora, de la cual, desgraciadamente, no tengo ningún recuerdo especialmente llamativo. No obstante, de esta segunda visita, si que me llevo un mejor recuerdo, tal vez propiciado por poder entender con mayor facilidad todo lo que sucede en una planta de este tipo.

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Sin embargo, creo aun pueden seguir siendo un recurso muy productivo en las aulas de secundaria. Aunque en cierta manera depende de los gustos y las motivaciones del propio alumnos, deben buscarse visitas que, de alguna manera, conecten con los intereses de los alumnos y se puedan relacionar con aquello visto en clase.

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