¿Masa de aire fresco?

20/02/11, 22:53

ciudadaniaEn las últimas semanas están aflorando iniciativas ciudadanas que pretenden influir en la vida pública. Es el caso del movimiento No les votes, que promueve un voto de castigo a los partidos políticos que apoyaron la Ley Sinde. Miras más amplias tiene la llamada Red de Convergencia Social, ideada por un grupo de intelectuales y otras personalidades, que, a través de mesas ciudadanas, ambiciona articular un gran movimiento ciudadano para defender una salida social a la crisis económica y plantear un modelo socioeconómico alternativo al neoliberal.

Parece que la ciudadanía comienza a reaccionar ante una crisis económica irresuelta de una magnitud sin apenas precedentes. La resignación comienza a dar paso al inconformismo, y en estos momentos cabría preguntarse si la decisión de los sindicatos de renunciar a la conflictividad ha sido acertada.

Pero es fundamental que el hartazgo de la ciudadanía, todavía en niveles moderados, se canalice a través de expresiones cívicas y democráticas, que fortalezcan la sociedad civil y enriquezcan el debate político. En contextos como el actual es fácil despertar sentimientos antipolíticos y servirse de las pasiones más bajas. En cualquier caso, es preocupante el creciente distanciamiento de la clase política para con la sociedad. Los partidos, imbuidos por la sempiterna ley de hierro de la oligarquía, están siendo incapaces de ilusionar y conectar con la ciudadanía más allá de sus clientelas.

El movimiento No les votes, aun con sus legítimas aportaciones, representa el riesgo de introducir posiciones políticas simplistas y meramente reactivas. La Red de Convergencia, por el contrario, se ha propuesto el difícil objetivo de construir alternativas serias y reflexivas. Y tan importante como su fondo son las formas elegidas, en clara oposición al deficiente funcionamiento de los partidos. El tiempo dirá si esta incipiente iniciativa se queda en un intento fallido y bienintencionado o, en cambio, se convierte en un influyente instrumento de participación.

Puertas abiertas

16/01/11, 23:23

puerta-giratoriaA raíz del fichaje de Aznar como asesor de Endesa, se ha introducido en la agenda política el debate sobre el estatus institucional de los ex presidentes del Gobierno. Las iniciativas parlamentarias de BNG y UPyD están, a mi juicio, mal enfocadas. Se incide en la inconveniencia de que los ex presidentes continúen cobrando pensiones del Estado mientras perciben retribuciones millonarias procedentes del sector privado. Pero el problema real es otro: traspasar la puerta giratoria que separa el servicio público del negocio privado. Tanto Aznar como González están incurriendo en un grave conflicto de intereses al servir a empresas que tiempo atrás fueron reguladas por sus respectivos Gobiernos. Por tanto, la única solución pasa por endurecer el régimen de incompatibilidades de todos los cargos públicos, incluidos los ex presidentes. Los jarrones chinos estorban en los partidos, pero en la empresa privada dañan la democracia.

Por la misma puerta giratoria por la que salen González y Aznar entran, simultáneamente, los señores de los mercados. Éstos son quienes impiden la realización de todo proyecto político de transformación social, y gracias a su poder de convicción encuentran aliados en los Gobiernos con independencia del color político. Así las cosas, la izquierda gobernante, impregnada de resignación, recurre a iniciativas que no osan alterar el orden socioeconómico pero proporcionan cierta imagen progresista, la mayoría de las veces institucionalizando avances sociales conquistados por la ciudadanía. En este contexto emerge la anunciada Ley de Igualdad de Trato, que pone de manifiesto la impotencia de la izquierda para enfrentarse a la cuestión social. Por cierto, me pregunto si esta Ley servirá para poner fin a los privilegios que acumula la Iglesia católica más allá de los colegios segregadores, una organización que, parece ser, tiene puerta abierta para discriminar en su seno a las mujeres y fomentar la homofobia a cambio de cuantiosas subvenciones.

Privatizando el Estado

20/12/10, 13:22

privatizacionHace casi un lustro, el escritor Luis Goytisolo publicó en el diario El País (13/02/2006) un provocador artículo de opinión en el que proponía irónicamente la privatización de los tres poderes clásicos del Estado (legislativo, ejecutivo, y judicial) invocando la mayor eficacia de las empresas privadas: “¿Tan disparatado es imaginar que el Ejecutivo surja de la libre y limpia competencia de empresas especializadas en la formación de equipos de gobierno?”

La gestión de la crisis económica mundial ha puesto de manifiesto al gran público que los Gobiernos están, en efecto, al servicio de los grandes intereses empresariales y financieros. Ya no hay nada que disimular. En el pasado mes de junio, Elena Salgado recibió a 400 inversores para explicar sus medidas económicas, y, más recientemente, Zapatero pidió consejo a los 37 empresarios más poderosos de nuestro país. Poco puede aportar Wikileaks ante semejantes evidencias.

Lo cierto es que los tres poderes del Estado, los poderes públicos, de facto hace tiempo que se están privatizando en todas partes. El Estado ha prescindido de su estructura formal para adoptar las decisiones colectivas. La actuación de los lobbies en los órganos legislativos, ora regulada, ora encubierta, supone orientar la producción legislativa en función de intereses privados. La reforma de la Administración Pública, que afecta incluso al ejército en Estados Unidos, sugiere la idea de privatización del poder ejecutivo. Y en cuanto al poder judicial, el auge del arbitraje y propuestas como la privatización del turno de oficio, de creciente aceptación en nuestro país, también responden a esa irremediable tendencia de expoliar la soberanía. Conviene no ser irónico, o acabarán privatizando la ironía.

Dudas y preguntas

7/12/10, 15:23

alarmaEl pasado sábado el Gobierno declaró el Estado de Alarma como respuesta a la huelga encubierta llevada a cabo por los controladores aéreos. La determinación política del Gobierno ha recibido el respaldo de la opinión pública. Sin embargo, desde un punto de vista jurídico, la actuación del Gobierno es más controvertida. En primer lugar, el Real Decreto-Ley 13/2010, de 3 de diciembre, en su disposición adicional segunda, posibilita el sometimiento de los controladores aéreos a la dirección del Ministerio de Defensa. Sabido es que el Tribunal Constitucional viene flexibilizando los requisitos del decreto-ley (para los profanos, simplificando, que el Gobierno en lugar del Parlamento apruebe una ley); ahora bien, cabe preguntarse respecto a la citada disposición, por un lado, si es suficiente la justificación del Gobierno, consistente en la necesidad de continuar un proceso de modernización de la gestión aeroportuaria y, a grandes rasgos, generar confianza en los inversores, para cumplir con la exigencia de extraordinaria y urgente necesidad; por otro lado, sobre la posible afección de los derechos, deberes y libertades de los controladores (artículo 86.1 de la Constitución). 

Posteriormente, ya de noche, se aprobó el Real Decreto 1611/2010, de 3 de diciembre, por el que se encomienda transitoriamente al Ministerio de Defensa las facultades de control de tránsito aéreo atribuidos a la entidad pública empresarial AENA, que establece que el Jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire “adoptará todas las decisiones que procedan para la organización, planificación, supervisión y control de los controladores de tránsito aéreo al servicio de la entidad pública AENA” y “exigirá la presencia en sus puestos de trabajo de los controladores civiles ausentes”. Sin embargo, ante las dudas que suscitaba la construcción jurídica realizada, el Gobierno declarará al día siguiente el Estado de Alarma para proceder a la movilización (militarización) de los controladores.

Pero, ¿solucionaba el problema jurídico la declaración del Estado de Alarma? Parece que no en tanto que no concurrían los presupuestos necesarios para su declaración. El Estado de Alarma, de acuerdo con lo dispuesto en la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los Estados de Alarma, Excepción y Sitio (LOEAES), sólo puede declararse si se paralizan los servicios públicos esenciales y concurre alguna otra causa (catástrofes naturales, crisis sanitarias o desabastecimiento de productos de primera necesidad). Es por ello que el Decreto que declara el Estado de Alarma alude a una supuesta “calamidad pública”, obviando que el precepto de la LOEAES elude toda connotación política (“Catástrofes, calamidades o desgracias públicas, tales como terremotos, inundaciones, incendios urbanos y forestales o accidentes de gran magnitud”). Al declararse el Estado de Alarma, el artículo 12.2 de la LOEAES permite que el Gobierno acuerde la movilización del personal de los servicios intervenidos, si bien la doctrina considera inconstitucional dicho precepto. Éste era el título habilitante que buscaba el Gobierno.

En definitiva, existen importantes dudas jurídicas sobre la actuación del Gobierno. ¿Se ha utilizado el Estado de Alarma por razones de eficacia y oportunidad política? Si el Ordenamiento Jurídico dispone de mecanismos suficientes para exigir responsabilidades a los controladores, ¿se ha recurrido a su militarización sólo para evitar el coste económico, para el país, y político, para el Gobierno, que hubiera implicado la paralización prolongada del tráfico aéreo? Si es así, el Derecho, el Derecho de Excepción, se habría puesto gravemente al servicio de la política.

Nuevos planes, idénticas estrategias

1/12/10, 13:49

casinoSe veía venir. Zapatero ha anunciado un nuevo plan de ajuste, o mejor dicho, de ajusticiamiento del Estado social: bajada de impuestos, privatizaciones, reducción de prestaciones, etc. Las medidas son la respuesta sumisa a los ataques de los especuladores contra la solvencia de la economía española, y cuentan con el plácet del nuevo supremo órgano consultivo: el G-37. Es claro que los mercados siguen detentando la soberanía.

Sin embargo, entre las actuaciones anunciadas por el Gobierno socialista, hay una que merece ser aplaudida: la privatización parcial de la entidad Loterías y Apuestas del Estado. Al Gobierno no le quedaba otra opción. La eficiencia del sector privado en la gestión del juego es incuestionable. La actual crisis económica demuestra que los agentes privados se desenvuelven en el casino como pez en el agua. Los productos se diversifican, los beneficios se multiplican y la probabilidad de acierto es máxima.

El Gobierno ha caído en las garras de la homeopatía. Si la enfermedad es el mercado, la receta es menos Estado, y si con un Estado débil no podemos enfrentarnos al mercado, aplicamos pequeñas dosis de neoliberalismo. He aquí la paradoja: cuando definitivamente muera el Estado, los voceros del mercado ya no podrán jugar a los médicos y el casino dejará de ser rentable. Mientras tanto, el Gobierno continúa con su ambicioso plan, que, como canta Nacho Vegas, consiste en sobrevivir.

Sin reservas

17/11/10, 0:44

negocia1Artículo 2 de la Ley 35/2010, de 17 de septiembre, de medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo: “Se entiende que concurren causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa, en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas”.

Los sindicatos internacionales han confirmado que no cesarán en sus suicidios colectivos si no se desatasca la negociación colectiva. Los analistas creen que la patronal volverá a ceder debido a la creciente escasez de trabajadores, que nuevamente reduce su margen de maniobra en la negociación. Algunos sectores de la economía mundial carecen de empleados, muchas empresas se han visto obligadas a cerrar y la producción ha caído en picado. Desde que los sindicatos adoptaron esta estrategia, las condiciones laborales han mejorado ostensiblemente. La jornada laboral se ha visto reducida a cinco horas, y los altos salarios, junto con el aumento de la mortalidad, permiten adquirir viviendas sin grandes esfuerzos. Sin embargo, los bienes de consumo han disminuido ya que la producción se destina a las necesidades más básicas. La fuga de inversiones a regiones que aún cuentan con una amplia población activa no se ha hecho esperar, mientras que los trabajadores sindicados más cualificados organizan cooperativas para retomar la producción esencial. Por su parte, la patronal confía en que las mejores condiciones de trabajo reduzcan los incentivos para el suicidio y la economía vuelva a crecer en los próximos años.

Yo (no) soy tonto

24/10/10, 18:22

Real Decreto 1330/2010, de 20 de octubre: «Vengo en disponer que don Alfredo Pérez Rubalcaba, Vicepresidente Primero del Gobierno y Ministro del Interior, asuma las funciones de Portavoz del Gobierno».

Una de las explicaciones de la crisis económica más repetida en numerosos foros políticos y mediáticos consiste en afirmar que los ciudadanos han vivido por encima de sus posibilidades. Esta interpretación es tan insostenible como interesada, pero ha calado hondo en la sociedad española. El medio es el mensaje. 

Con la reciente remodelación del Gobierno, Zapatero ha enfatizado la necesidad de mejorar la comunicación de sus políticas, esto es, su política de comunicación. Así, el creciente rechazo de la opinión pública a sus medidas de ajuste se debería a que los ciudadanos no han entendido la necesidad de tales reformas. El primer éxito político de la nueva estrategia del Gobierno reside en la asunción colectiva de que existe un problema de comunicación. El siguiente paso es la anunciada renovación del Estado de Bienestar. La reforma, entendida como sinónimo de recorte, se presenta como la única vía para su mantenimiento. El miedo es el mensaje: “Luchamos por ti”.

¿A quién le importa?

16/10/10, 15:51

capilla_normArtículo 16.2 Constitución Española: «Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias».

Falta poco para la visita del Papa. Para que no se enfade, el Gobierno ha postergado el debate sobre la reforma de la ley de libertad religiosa. El mensaje que se traslada con este tipo de gestos es desolador: la religión condiciona la agenda política. Ahora que todos los analistas comienzan a hacer balance de lo que ha supuesto el zapaterismo, es necesario denunciar que este Gobierno, demonizado por sus supuestos ataques a la religión católica, no ha hecho nada para cumplir el mandato aconfesional de la Constitución Española.

Con frecuencia, quienes defienden la intervención del Estado en la religión aluden falazmente a la libertad religiosa. Así, la presencia de símbolos religiosos en los edificios públicos se justificaría por las creencias religiosas de muchos de los usuarios. Esta posición es interesadamente errónea. En verdad, la laicidad del Estado constituye un presupuesto necesario para el ejercicio del derecho fundamental a la libertad religiosa. Una de las facultades -no precisamente menor- de este derecho consiste en no declarar las creencias religiosas. Sin embargo, en el momento en que el Estado institucionaliza los actos y símbolos religiosos, los ciudadanos que no comparten esas creencias se ven compelidos a declararlo. Son los casos del ciudadano que «se casa por lo civil», del que «marca la casilla de las ONG», del que «promete» en vez de «jurar», del que «no coge la religión» para su hijo en el colegio, etc. Sin duda, se trata de posiciones que alguien ateo o agnóstico puede llegar a defender con orgullo, pero que, fuera del contexto de lucha por el derecho, suponen la vulneración del mismo derecho que se pretende ejercer. Ver para creer, en la Universidad de Salamanca se planea la elaboración de un censo de no católicos. La siguiente respuesta es real: «En relación con su solicitud de exclusión del listado de correos electrónicos que reciben información de las actividades de la Junta de Capilla de la Universidad de Salamanca, le comunico que se han dado las instrucciones pertinentes a los Servicios Informáticos, que están elaborando un sistema de listas para atender estas situaciones».

Erasmus para presidentes

4/10/10, 9:42

El programa Erasmus, que consiste en otorgar becas para estudiar en universidades de otros países de la Unión Europea, es considerado una de las piezas claves de la construcción cultural europea. En España, además, sirve como solución al déficit de aprendizaje de idiomas, problema indeseable, sin duda, pero a veces dramatizado en exceso por una suerte de complejo histórico que roza la paletada. El discurso oficial ha sacralizado las ventajas de dicho programa, pero quienes conocen la realidad saben que estas becas constituyen un foco de inequidad y una vía para aprobar sin esfuerzo. Mutatis mutandi, los funcionarios ya tienen su propio programa Erasmus, si bien todavía se halla en estado embrionario. Mucho suele hablarse, también, de la vergüenza nacional que supone que ningún presidente de la restaurada democracia sepa hablar inglés. Resulta cuanto menos llamativo que el catalán, el gallego y el euskera representen una afrenta inadmisible al castellano y a la libertad de los españoles dentro de nuestras fronteras, y que al cruzarlas sólo quepa arrodillarse ante la indiscutible lengua superior. Pero, como no oso eludir esta grave carencia de nuestra clase política, propongo una medida constructiva: un programa Erasmus para presidentes. Zapatero podría ir a Francia, allí no le sería difícil zafarse de las críticas contra la expulsión de gitanos. Merkel le sustituiría como penitencia por sus ataques a la solvencia de la economía española. En Alemania, sugiero a Berlusconi, para ver cómo reaccionan sus ciudadanos ante el fascismo en el siglo XXI, toda vez que Italia ha superado la prueba. En cuanto a la política económica no habría mayores problemas, puesto que el lenguaje es universal, unificado por la Real Academia de los Mercados, con sede en Bruselas. Recientemente leí que aprender idiomas es un remedio preventivo del alzheimer. Quizás así nuestros líderes no olviden aquello de la salida social a la crisis, ni el viejo recuerdo del Estado de bienestar.

No es un conflicto intergeneracional

1/10/10, 10:14

huelgablogHistóricamente, el conflicto entre capital y trabajo ha sido soslayado por el discurso nacionalista. En la reciente crisis económica, los poderes fácticos han intentado distraer la atención señalando a funcionarios, sindicalistas o gitanos. Un nueva línea de manipulación sugerida por esos poderes (sus altavoces, los medios de comunicación, y su rehén, el Gobierno, afectado por el Síndrome de Estocolmo) consiste en convertir la cuestión social en un conflicto intergeneracional. Así, la reforma laboral se haría para crear empleo juvenil, y la oposición a aquélla derivaría de clases acomodadas que ven peligrar sus puestos de trabajo frente a una generación de jóvenes más preparados. La inminente reforma de las pensiones tendría como objeto salvaguardar la protección social para los trabajadores más jóvenes. Se acusa a los sindicatos y trabajadores de no tener altura de miras, de mantener un discurso egoísta por cortoplacista.

Empero, el bienestar de la juventud no está presente en la justificación de tales reformas, sino que, he aquí la paradoja, la generación de jóvenes constituye su peor víctima. Los jóvenes, resignados desde hace tiempo ante la temporalidad y precariedad de sus empleos, ya no conocerán la estabilidad laboral ni en el Boletín Oficial del Estado. Su inserción en el mercado de trabajo ha sido la excusa, primero, para desmantelar el sistema público de educación superior en pos de la empleabilidad, y, segundo, para dinamitar, entre otras conquistas, los contratos indefinidos y las garantías ante el despido. Respecto al sistema de pensiones, no se ha demostrado aún su insostenibilidad: la nueva falacia del miedo sirve para cuestionar el Estado del bienestar. Sorprende que la primera medida elegida para garantizar las pensiones sea retrasar la edad de jubilación en lugar de adelantar la edad de cotización. Cada vez son más los jóvenes que piensan que la Seguridad Social es sólo una banda de rock, y, cómo no, de otra época. ¡Proliferan los becarios hasta en la Administración Pública! La reconversión de la enseñanza superior, que contiene nuevos programas de prácticas y titulaciones orientadas a las necesidades de las empresas, no ha tenido su correlato en la modificación de los contratos formativos y la supresión de los tradicionales becarios. Si añadimos la tibieza de la inspección de trabajo, se explica el exceso de jóvenes que trabajan sin cotizar.

Finalmente, este proceso de manipulación sería imposible sin una adecuada campaña de marketing. Los medios presentan una visión maniquea e idealizada de la juventud. Unas veces se habla de la generación ni-ni, del botellón y de la pasividad, a la que hay que salvar con medidas drásticas. Otras veces se elogia a la generación más preparada de la historia de España, la que justifica acometer reformas profundas. La estrategia es clara: confrontar a los trabajadores entre sí  para eludir responsabilidades y desactivar a la juventud como fuente de movilización social. Y eficaz. Pese al notable éxito de la Huelga General, la juventud no ha protagonizado la protesta. Como dijo el poeta, que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde.

Gobernar, ¿para qué?

11/09/10, 11:52

indice-nRecuerdo hace un par de años que, en los días previos a las elecciones generales, bromeaba entre socialistas con mi deseo de que el Partido Popular ganara las elecciones. Aducía, claro está, que ello era lo mejor que le podía pasar al Partido Socialista. En esos días previos, a pesar del párpado infectado de Solbes, todos pudimos ver lo que después vino.

En el laberinto de la crisis económica, el Gobierno buscó en vano la salida social: el minotauro del mercado estaba hambriento. El poder económico no iba a permitir un nuevo contrato del bienestar, porque tras la caída del Muro de Berlín había desaparecido cualquier ápice de igualdad entre las partes. El trabajo tendría que adherirse a las condiciones generales abusivas que unilateralmente fijaba el capital.

El Gobierno socialista cedió al chantaje, y puede que lo hiciera como un ejercicio de responsabilidad. Los recortes sociales y la regresión en los derechos de los trabajadores eran el precio a pagar para seguir gobernando so pena de provocar un descalabro mayor de la situación económica. Aunque parezca insólito, la dimisión era la única respuesta honesta ante las fuertes presiones de lobbies de especuladores, gobiernos e instituciones internacionales, tal y como reflejó recientemente un excelente artículo de Almudena Grandes. Pero, lejos de asumir su debilidad, Zapatero prefirió hacer suyo el discurso que le habían impuesto: el tijeretazo se hacía en beneficio de la ciudadanía. En definitiva, la socialdemocracia se inmolaba y el PSOE se encomendaba al doblepensar. Desde un punto de vista simbólico, era palpable que la izquierda -la izquierda con opciones de gobernar- había renunciado a transformar la sociedad, siquiera a representarla.

«Pasé la noche esperando al índice Nikkei», contestaba Zapatero a El País. Que esta frase pase desapercibida, que semejante confesión carezca de repercusión alguna, es la mejor prueba de la normalidad y resignación con que se ha aceptado el golpismo económico. «Vivimos en una dictadura», afirmó recientemente Iñaki Gabilondo. El diagnóstico no es nuevo, pero sí su creciente arraigo.

Cierto es que la socialdemocracia llevaba años coqueteando con el neoliberalismo. El margen de maniobra de las políticas económicas de izquierdas es mayor. Pero no en pocas ocasiones, a lo largo de los últimos dos siglos, la izquierda con respaldo electoral se ha visto compelida a materializar postulados derechistas. La democracia tiene unos límites, y en este mismo contexto deben interpretarse los golpes, en este caso bajo la apariencia político-militar, contra la Segunda República española, la Chile de Allende o más recientemente el caso hondureño.

Que a nadie extrañe que la Huelga General del 29 de septiembre no suela relacionarse con Zapatero. Sin eximir su responsabilidad, lo que está en juego trasciende a la figura de un presidente. El conflicto capital-trabajo es hoy el conflicto capitalismo-democracia.

Primarias sí, primarios también

17/08/10, 12:28

La celebración de elecciones primarias en el PSOE madrileño es saludable en tanto que contribuye a democratizar el Partido. Sin embargo, también pone de manifiesto la peor acepción de la política. ¿En qué difieren los programas políticos de ambos candidatos? En nada. No se contraponen aquí dos visiones distintas del socialismo ni dos estrategias políticas para ganar la Comunidad de Madrid. Se trata de una lucha del poder por el poder, un conflicto entre dos hordas que pertenecen a una misma casta. En cualquier caso, en esta batalla, como en casi todas, hay una parte débil. Y ese papel lo representa Tomás Gómez. Parece poco ético filtrar una encuesta a un medio afín para favorecer a la candidata oficialista del aparato estatal del Partido. Intentan presentar a Gómez como un candidato derrotado de antemano, ignorando su palmarés de inmaculadas victorias y que Trinidad Jiménez ya conoce la derrota en el Ayuntamiento de Madrid. Utilizan el agujero de la memoria para olvidar que Gómez representaba la renovación y el impulso necesario para ganar Madrid, como creía y había pronosticado Zapatero, quien le aupó no demasiado tiempo atrás. En este proceso de manipulación, los medios de comunicación también cuentan a la hora de presentar la contienda, como bien recordará Josep Borrell. ¿Es creíble que una simple encuesta pueda servir para desterrar a un líder emergente como Gómez? Entre otros recelos, quizá Zapatero, cuestionado en plena crisis, no quiere a un compañero que, de ganar la Comunidad de Madrid, se postularía como un sucesor que podría eclipsarle. Prefiere por ello utilizar un comodín que asume su rango de gregaria de la Nueva Vía, aunque también tenga cualidades para la política del marketing. El Maquiavelo de León es un experto a la hora de eliminar la competencia. El socialista de base debería estar alerta ante tanta manipulación y, en todo caso, exigir un debate ideológico y programático en lugar de una lucha cainita por el poder. Los ciudadanos lo agradecerían.

Lo trágico y lo cómico

15/08/10, 12:14

Hace un par de años hubo quien predijo el fin del capitalismo o, al menos, de una de sus versiones más radicales. Numerosos analistas de izquierdas se felicitaban por la inminente refundación del capitalismo. Sin embargo, el tiempo les ha quitado la razón. La reacción de los poderes económicos a través de sus instituciones supranacionales y los grandes medios de comunicación ha revitalizado las políticas económicas de derechas: regresividad fiscal, reducción del gasto público, recortes sociales y precarización de las condiciones de trabajo. ¿Había motivos para predecir lo contrario? Parece que no. La desigualdad de fuerzas entre el capital y el trabajo permite paliar cualquier síntoma de fracaso del sistema. Y la izquierda, ¿qué hace? De entrada, se empeña en combatir en vano el neoliberalismo. A mi juicio, no se ha comprendido la lección práctica más importante de estos últimos años, predicha siglos atrás. La derecha, los mercados, los neoliberales, los neoconservadores, o como se quiera llamar a ese conjunto de actores que detentan el poder real, no es fiel a la ideología neoliberal, por más que esa ideología pretenda ser el reflejo de unos determinados intereses económicos. Podemos perder el tiempo criticando la desregulación de la economía mientras se nacionalizan, literalmente, las millonarias pérdidas de esos agentes privados.

En España, además, la izquierda es incapaz de articular un plan de acción sólido ante la reacción de los poderosos. Sorprende la escasez de crítica en el seno del PSOE ante los bandazos del Gobierno socialista, al margen de tímidas discrepancias protagonizadas por la corriente de opinión interna Izquierda Socialista. En Izquierda Unida llevan meses inmersos en un proceso de refundación, tan improbable o más que la del capitalismo, que de momento no ha conseguido el impulso necesario. Por otra parte, los sindicatos han actuado tarde y mal, postergando una huelga general de vital importancia. Mientras tanto, se está gestando un nuevo partido verde de ámbito estatal tras la alianza de Joan Herrera y el ex Greenpeace Uralde, precisamente en un momento histórico en el que la contradicción o el clivaje de la cuestión social acapara todas las atenciones. En la llamada izquierda radical, la irrupción de Izquierda Anticapitalista, que traía un soplo de aire fresco, se ha ido desvaneciendo con los decepcionantes resultados de las elecciones europeas, y más bien puede percibirse como una escisión innecesaria de una formación, Izquierda Unida, que ahora pretende aunar alianzas. Así las cosas, las propuestas más consistentes de la izquierda no proceden de un partido político, sino de Attac. Por lo demás, han surgido algunas iniciativas coyunturales contra la crisis que, amén de su invisibilidad e ineficacia, yerran al identificar el objetivo, pues la crisis es sistémica, es decir, la crisis es el sistema. El actual escenario exige mejores  -no necesariamente más- actores, y también algunos guionistas, capaces de atraer al público y, sobre todo, evitar la tragedia.

Pequeño salto mortal

8/08/10, 3:22

Recuerdo un artículo de Manuel Alcántara, El destino de los Elefantes, publicado en el diario El País -un artículo, por cierto, que fue criticado con dureza por el también Catedrático Bartolomé Clavero-. En el artículo, el profesor Alcántara constata la escasez de estudios sobre el destino de los políticos una vez abandonan sus cargos electos, y, posteriormente, acaba reprochando la tendencia a la reelección indefinida de los políticos en el subcontinente americano. Desconozco si alguien ha recogido el guante y ha llevado a cabo esas labores de investigación, sin duda oportunas desde un punto de vista académico y necesarias en una sociedad democrática.

Sin pretensión alguna de acometer dicho estudio, creo necesario realizar algunas reflexiones en estos breves y humildes párrafos. En primer lugar, la polémica cuestión de la reelección indefinida no debe situarse en el mismo plano que el posterior desempeño de determinadas actividades privadas por parte del alto cargo. La primera cuestión constituye una opción institucional, con sus pros y sus contras, pero con trascendencia, sobre todo, en el ámbito de la rendición de cuentas y, por tanto, de la calidad de la democracia. El político que no se presenta a las siguientes elecciones puede ser tan o más problemático que el gobernante que se acomoda legislatura tras legislatura en el poder, pues el electorado no tiene la posibilidad de controlar su gestión.

Sin embargo, la cuestión del político que recala en el sector privado se inserta, a mi juicio, en el plano de la ética pública, los conflictos de intereses y la corrupción política. En España, siendo el legislador consciente del problema, la Ley 5/2006, de 10 de abril, de regulación de los conflictos de intereses de los miembros del Gobierno y de los Altos Cargos de la Administración General del Estado, establece algunas limitaciones al ejercicio de actividades privadas con posterioridad al cese de los altos cargos. Estas disposiciones son insuficientes de por sí (por ejemplo, su alcance se limita a los dos años inmediatamente posteriores al cese, y su ámbito de aplicación se reduce a la Administración General del Estado), pero uno duda incluso de su cumplimiento. Hace unas semanas, los medios de comunicación informaban de que Bernat Soria había recibido el encargo de realizar un informe sobre el sector farmacéutico, financiado por Abbott; pero, al parecer, ningún medio se preocupó de saber si el Ministerio de Sanidad, entonces con Soria al frente, había adjudicado contratos a esa misma empresa. Se incumpliría así el artículo 8 de la ley de conflictos de intereses, sin que quien escribe tenga constancia de consecuencia jurídica o política alguna.

La lista es interminable. Sin utilizar ningún buscador, es fácil recordar los casos más o menos recientes de Zaplana, Rodrigo Rato, Jaume Matas, Jordi Sevilla, José María Aznar y otros muchos representantes, también fuera de nuestras fronteras e incluso en nuestro cercano ámbito universitario, que dieron el salto de la política a las grandes empresas y otras entidades privadas. Aumentar el control de las incompatibilidades posteriores al cese de los políticos es imprescindible para mitigar la preponderancia de los poderes económicos, prevenir la corrupción política y, no menos importante, transparentar la cosa pública. No sería bueno acostumbrarse a la percepción ciudadana de que en política “se está para forrarse”, frase erróneamente atribuida a Zaplana, pero que, con el paso de los años, él mismo se encargó de ejecutar.

¿Sobran universitarios?

25/07/10, 19:22

anna_samDice el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que sobran estudiantes universitarios. Un diagnóstico que llega en plena implementación del Proceso de Bolonia, cuyos mejores críticos denuncian, entre otras cosas, precisamente la elitización de la universidad. Lograr una adecuación entre la formación libremente elegida y la posterior ocupación laboral parece un objetivo deseable. Primero, para garantizar el libre desarrollo de la personalidad. Segundo, para maximizar la eficiencia de los sistemas educativo y productivo.

Más allá de confrontar cifras y datos, que podría y debería hacerse, es necesario reflexionar sobre la conclusión del ministro. Porque la educación universitaria no sólo proporciona cualificación laboral. Y ello pese a que la última reforma universitaria pretende subordinar la educación superior a las necesidades de las empresas. Echo de menos, en nuestro tiempo, reflexiones y obras utópicas sobre la consecución de una sociedad ideal; pero sí estoy seguro de que en una sociedad verdaderamente libre y democrática los universitarios nunca sobrarían.

Recuerdo un libro de una cajera francesa (Tribulaciones de una cajera, Ediciones Ámbar) que, por cierto, logró un gran éxito de ventas y notable repercusión en la vida política de Francia. Anna Sam era licenciada en literatura y llevaba trabajando ocho años en una caja registradora de un supermercado. Comenzó a escribir en un blog sus vivencias detrás de la caja, y posteriormente publicaría un libro. No es, o al menos a mí no me lo pareció, el típico libro superfluo sobre anécdotas más o menos divertidas de determinadas profesiones (azafatas, enfermeras…). Tampoco era un relato brillante, pero sí una descripción aguda de alguien con formación universitaria y vocación literaria. A veces incluso con profundidad, como cuando describió el síndrome “Breve ataque de biiip” para aludir a la alienación que le producía su rutinario trabajo.

El caso de Anna Sam es, claro está, excepcional. Pero su ejemplo ilustra a la perfección las virtudes cívicas que trae consigo la formación universitaria. Si nuestro destino, el de los jóvenes, es formar parte del ejército de reservas, con uno u otro rango, mejor alistarse con estudios universitarios y ser conscientes de la frustración. Bienvenido sea el excedente de conciencia crítica.

El desprestigio del Tribunal Constitucional

5/07/10, 16:03

El profesor Martin Shapiro ha escrito, en referencia al Tribunal Supremo estadounidense, que “si el mito del Tribunal se destruyese en las Facultades de Derecho, el Tribunal perdería poder efectivo”. Se trata de una afirmación que refleja a la perfección la necesidad de legitimidad y consenso en torno al órgano que debe garantizar la supremacía de la Constitución.

En España, con la polémica -plurianual- del Estatuto de Catalunya se ha erosionado la convivencia política; pero, sobre todo, se han debilitado las instituciones del Estado. Sin duda, el proceso de aprobación e impugnación del Estatut ha complicado el encaje de Catalunya en España y ha deteriorado la salud del Estado de las Autonomías. La difusa frontera entre las posibilidades constitucionales de descentralización y las aspiraciones políticas de la nación (dicho sea sin eficacia jurídica) catalana ha desaparecido, y comienza a brotar un muro de desentendimiento tras el que se contempla el horizonte de la independencia.

De la consecuente maraña de poses políticas protagonizadas por el Gobierno, el Partido Popular y las fuerzas políticas e instituciones catalanas, cabe concluir que nadie ha ganado nada y todos han perdido un poco. Pero más allá de la cuestión territorial, en este proceso de despropósitos la derrota sí ha sido abultada para el Tribunal Constitucional y, por ende, para el Estado Constitucional.

El Tribunal Constitucional ha echado por tierra todo su prestigio, y éste no era baladí. No sólo por su función de defensa de los valores y la legalidad constitucionales, sino también por su contribución al establecimiento y consolidación de la democracia. Es sabido, y para muestra, el botón del reciente caso Garzón, que la transición en el poder judicial no se ha culminado, o al menos no con éxito. La ausencia de democratización del poder judicial se superó, en cierta medida, a través de la jurisprudencia ciertamente progresista y garantista del Tribunal Constitucional, cuyo prestigio sólo era comparable al de sus magistrados, no sin algunos problemas ni determinados episodios lamentables, claro está.

La ausencia de renovación de cuatro miembros del Tribunal Constitucional, en situación de interinidad desde casi tres años, varias recusaciones planteadas (de las que sólo se admitió una) y una ley de caso único para prorrogar la presidencia del Tribunal por parte de María Emilia Casas conforman una situación esperpéntica y condicionada por la relevancia política de la sentencia que había de emitirse.

Hoy día en las Facultades de Derecho de nuestro país el Tribunal Constitucional es poco menos que un chiste sin gracia. Y en Catalunya, donde numerosos profesores universitarios y todos los decanos de Derecho han firmado un manifiesto a favor de la constitucionalidad del Estatut, el Alto Tribunal es más bien un enemigo. El daño es difícilmente reparable. Ni al más ingenuo se le puede engañar: las motivaciones de los magistrados sólo son jurídicas en tanto sea necesario juridificar la posición política previamente condicionada por el partido que les designó. El Tribunal Constitucional no ha resuelto jurídicamente un conflicto político, sino que ha resuelto ex ante (pese a su bochornoso retraso) y políticamente un conflicto jurídico. Tenía razón el profesor Shapiro, nuestro Tribunal Constitucional ha perdido buena parte de su poder efectivo, y probablemente su totalidad en Catalunya.