Hace un par de años hubo quien predijo el fin del capitalismo o, al menos, de una de sus versiones más radicales. Numerosos analistas de izquierdas se felicitaban por la inminente refundación del capitalismo. Sin embargo, el tiempo les ha quitado la razón. La reacción de los poderes económicos a través de sus instituciones supranacionales y los grandes medios de comunicación ha revitalizado las políticas económicas de derechas: regresividad fiscal, reducción del gasto público, recortes sociales y precarización de las condiciones de trabajo. ¿Había motivos para predecir lo contrario? Parece que no. La desigualdad de fuerzas entre el capital y el trabajo permite paliar cualquier síntoma de fracaso del sistema. Y la izquierda, ¿qué hace? De entrada, se empeña en combatir en vano el neoliberalismo. A mi juicio, no se ha comprendido la lección práctica más importante de estos últimos años, predicha siglos atrás. La derecha, los mercados, los neoliberales, los neoconservadores, o como se quiera llamar a ese conjunto de actores que detentan el poder real, no es fiel a la ideología neoliberal, por más que esa ideología pretenda ser el reflejo de unos determinados intereses económicos. Podemos perder el tiempo criticando la desregulación de la economía mientras se nacionalizan, literalmente, las millonarias pérdidas de esos agentes privados.
En España, además, la izquierda es incapaz de articular un plan de acción sólido ante la reacción de los poderosos. Sorprende la escasez de crítica en el seno del PSOE ante los bandazos del Gobierno socialista, al margen de tímidas discrepancias protagonizadas por la corriente de opinión interna Izquierda Socialista. En Izquierda Unida llevan meses inmersos en un proceso de refundación, tan improbable o más que la del capitalismo, que de momento no ha conseguido el impulso necesario. Por otra parte, los sindicatos han actuado tarde y mal, postergando una huelga general de vital importancia. Mientras tanto, se está gestando un nuevo partido verde de ámbito estatal tras la alianza de Joan Herrera y el ex Greenpeace Uralde, precisamente en un momento histórico en el que la contradicción o el clivaje de la cuestión social acapara todas las atenciones. En la llamada izquierda radical, la irrupción de Izquierda Anticapitalista, que traía un soplo de aire fresco, se ha ido desvaneciendo con los decepcionantes resultados de las elecciones europeas, y más bien puede percibirse como una escisión innecesaria de una formación, Izquierda Unida, que ahora pretende aunar alianzas. Así las cosas, las propuestas más consistentes de la izquierda no proceden de un partido político, sino de Attac. Por lo demás, han surgido algunas iniciativas coyunturales contra la crisis que, amén de su invisibilidad e ineficacia, yerran al identificar el objetivo, pues la crisis es sistémica, es decir, la crisis es el sistema. El actual escenario exige mejores -no necesariamente más- actores, y también algunos guionistas, capaces de atraer al público y, sobre todo, evitar la tragedia.
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Izquierda anticapitalista son unos ¡disidentes!