Dice el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que sobran estudiantes universitarios. Un diagnóstico que llega en plena implementación del Proceso de Bolonia, cuyos mejores críticos denuncian, entre otras cosas, precisamente la elitización de la universidad. Lograr una adecuación entre la formación libremente elegida y la posterior ocupación laboral parece un objetivo deseable. Primero, para garantizar el libre desarrollo de la personalidad. Segundo, para maximizar la eficiencia de los sistemas educativo y productivo.
Más allá de confrontar cifras y datos, que podría y debería hacerse, es necesario reflexionar sobre la conclusión del ministro. Porque la educación universitaria no sólo proporciona cualificación laboral. Y ello pese a que la última reforma universitaria pretende subordinar la educación superior a las necesidades de las empresas. Echo de menos, en nuestro tiempo, reflexiones y obras utópicas sobre la consecución de una sociedad ideal; pero sí estoy seguro de que en una sociedad verdaderamente libre y democrática los universitarios nunca sobrarían.
Recuerdo un libro de una cajera francesa (Tribulaciones de una cajera, Ediciones Ámbar) que, por cierto, logró un gran éxito de ventas y notable repercusión en la vida política de Francia. Anna Sam era licenciada en literatura y llevaba trabajando ocho años en una caja registradora de un supermercado. Comenzó a escribir en un blog sus vivencias detrás de la caja, y posteriormente publicaría un libro. No es, o al menos a mí no me lo pareció, el típico libro superfluo sobre anécdotas más o menos divertidas de determinadas profesiones (azafatas, enfermeras…). Tampoco era un relato brillante, pero sí una descripción aguda de alguien con formación universitaria y vocación literaria. A veces incluso con profundidad, como cuando describió el síndrome “Breve ataque de biiip” para aludir a la alienación que le producía su rutinario trabajo.
El caso de Anna Sam es, claro está, excepcional. Pero su ejemplo ilustra a la perfección las virtudes cívicas que trae consigo la formación universitaria. Si nuestro destino, el de los jóvenes, es formar parte del ejército de reservas, con uno u otro rango, mejor alistarse con estudios universitarios y ser conscientes de la frustración. Bienvenido sea el excedente de conciencia crítica.
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Enhorabuena por el logrado estilo en tus artículos, no cayendo en lo superfluo ni tampoco en la pedantería. Te seguiremos con lupa y mucho gusto. Ánimo!
;D
Ayer me enteré de que la chica más “lenta” que he conocido estudia Pedagogía. Sinceramente no sé si sobran universitarios, pero sí creo que el acceso a la universidad es demasiado sencillo y las alternativas a ésta no parecen muy apetecibles.
La universidad se está convirtiendo en la excusa de muchos para seguir chupando del bote de sus progenitores… supongo que estará muy bueno.
Un saludo, Miguelón!