Miguel Ángel Aijón Oliva
But just say the word
 

Sin futuro

 

Llevamos más o menos los mismos siglos afirmando que el futuro de subjuntivo está en desuso que enseñándolo en clase de Lengua y exigiendo a los alumnos que lo conjuguen. Y no es que yo pretenda erradicarlo del currículo, ni mucho menos, por más que algunos intelectuales piensen que nuestra asignatura debería estar en la vanguardia de las modas expresivas y desentenderse de todos aquellos recursos lingüísticos que no resulten necesarios para jugar a eso de Quincena. Lo que me gustaría es, de hecho, que recuperáramos este clásico tiempo verbal (los dos: el simple y el compuesto) en el uso cotidiano; de este modo, nadie podría criticar el despilfarro de dinero público que supone tener que enseñarlo, por no hablar de los traumas irreversibles que causa en las mentes juveniles. Para lograr tal recuperación, habría que empezar por erradicar la percepción de que se trata de formas arcaicas que hoy en día solo sirven para hacer chistes, como ocurre en estas viñetas de Mafalda (siempre he pensado que se podría desarrollar un curso completo de Lengua Española con tiras de Mafalda, así que espero que más adelante haya hubiere otras entradas sobre la genialidad de don Joaquín Lavado):

Sorbiere

Quino juega aquí, obviamente, con la asociación estereotípica de esta forma a los textos legales, en los que aún hoy se utiliza ocasionalmente (ya en alguna ocasión hemos aludido a ese carácter aristocráticamente clasicista, si bien a la vez engorrosamente enrevesado, de las leyes). La viñeta me hace pensar en otro texto pródigo en futuros de subjuntivo, y que probablemente conoce cualquier persona relacionada con la Universidad de Salamanca: el viejo cartel de la biblioteca, que ahora se vende como póster o imán de frigorífico en las tiendas de recuerdos (evitaré souvenirs, aunque es la palabra más adecuada en este contexto), y que nos hace viajar a aquellos felices tiempos en que distraer un libro constituía motivo de excomunión y, por otra parte, no era necesario recordarles a los usuarios que debían apagar o silenciar el móvil.

Hai excomunión

También lo conservamos en algún refrán (Donde fueres, haz lo que vieres), si bien estas perlas de sabiduría popular empiezan a resultar tan arcaicas como la propia conjugación verbal. A lo cual, en mi opinión, no deberíamos resignarnos. El futuro de subjuntivo, como todos los tiempos, aporta matices de significado que no son exactamente equivalentes a los de ningún otro. En este caso, añade al valor hipotético prototípico del subjuntivo el hecho de referirse específicamente a hechos futuros (y, por lo tanto, más hipotéticos aún). Al decir aquel que robare un libro, queda muy claro que estamos hablando de quien lo hiciere a partir de ahora (las leyes, a no ser que sean retroactivas, rigen para todo lo que ocurriere después de su promulgación). Más preciso y complejo aún es el futuro compuesto, que nos sitúa en un futuro hipotético en el que ya ha ocurrido algo: si hubiere robado el libro con violencia, esto se considerará circunstancia agravante.

Teniendo en cuenta su especificidad, no es sorprendente que los contextos en que deberían aparecer estas formas se los hayan ido repartiendo otras de uso más general: el presente de subjuntivo (aquel que robe), el perfecto de indicativo (si ha robado), etc. Pero estas últimas, aunque por lo general resulten suficientes para lo que se pretende comunicar, son más vagas y ambiguas. En realidad, la progresiva reducción del paradigma verbal a los tiempos más básicos es evidente; no hay más que observar cómo en los programas televisivos ya se narra sistemáticamente en presente de indicativo (-¿Cómo reacciona I. P. cuando se entera de que K. R. está en tu casa? -Pues al momento me llama al móvil y me dice que lo mande p’allá…). Afirmar que esto se debe a la tradicional intención estilística de acercar los hechos al momento actual implicaría atribuir intención estilística a lo que, en muchos casos, son emisiones vocales semiarticuladas.

La evolución experimentada por el futuro de subjuntivo es, pues, muy similar a la del otro gran “desusado” del paradigma verbal español, el pretérito anterior (la diferencia es que, según mi experiencia, este último se lo aprenden muy fácilmente casi todos los alumnos; será porque les resulta gracioso eso de hube cantado, que nunca dirían espontáneamente, o porque la propia denominación del tiempo es fácil de retener). Como en otros muchos casos, ojalá en el futuro estas formas tan precisas sirvieren para algo más que para que los profesores de Lengua castigaren a aquellos que no hubieren asimilado íntegramente la conjugación verbal.

 

maaijon

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