Miguel Ángel Aijón Oliva
But just say the word
 

Salamanca no es tan frío

 

 Praga y Venecia soñados

Por qué Praga soñado y Venecia soñado, me pregunto, si es evidente que Praga y Venecia son femeninas. Aunque los lugares no tengan sexo, nuestra mente románica tiende a concebirlos como hombres o como mujeres, al igual que hacemos con casi cualquier cosa; y es poco dubitable que para la mayoría de los hablantes resultarían más naturales Praga soñada y Venecia soñada. En ambos casos confluyen los dos factores, uno formal y el otro semántico, que favorecen de modo más claro la interpretación de los topónimos como femeninos (como se explica, por ejemplo, en este trabajo de Soler Arechalde): que el nombre en cuestión acabe en -a y que el hiperónimo (es decir, la palabra que indica la categoría en que lo clasificamos) más evidente sea femenino: ciudad. A priori, la única explicación posible para los casos reflejados en las imágenes es que, en realidad, se haya interpretado un hiperónimo masculino como lugar o sitio.

Por otro lado, se tiende a hacer concordar en masculino los topónimos que acaban en -o, ya sea en singular o en (aparente) plural (México, Marruecos) y, en menor medida, en cualquier otra vocal o consonante (Dublín, Reikiavik, Perú). Pero, de nuevo, no se puede perder de vista la influencia del hiperónimo implícito: León [ciudad / provincia] es bonita resulta mucho más natural que Japón [país] es bonita; en este caso no parece haber otra posibilidad que suponer un hiperónimo más atípico, como nación. Como los países, los pueblos favorecen el masculino, si bien la terminación en -a puede invertir fácilmente la tendencia: Alba de Tormes es misteriosa. Este último ejemplo sugiere la acción de un tercer factor, posiblemente más decisivo que los anteriores, que podríamos llamar referencial y que no se tiene en cuenta explícitamente en el trabajo citado: el hecho de que el topónimo esté constituido por una expresión referencial o exista como nombre común en el léxico. Ello hace difícil, por ejemplo, Ecuador es misteriosa; más aún si el topónimo lleva artículo, lo que prácticamente fuerza la concordancia: El País Vasco es lluvioso. De los tres factores, el menos determinante, a la par que el más arbitrario, es sin duda el semántico; en gran parte de los contextos reales solo podemos interpretar el hiperónimo a posteriori y, por supuesto, no resulta fácil demostrarlo.

Teniendo en cuenta las consideraciones expuestas y la aparente prelación entre los factores, podríamos proponer una escala de posibilidades, desde el contexto prototípico de género masculino hasta el de femenino (la escala se limita a los principales hiperónimos que indican agrupaciones de población):

 

Masculino

- [País] o [pueblo] cuyo nombre es un sintagma léxico de género masculino: El Salvador, Tembleque.

- [País] o [pueblo] terminado en -o o en otra vocal o consonante, excepto -a: Lesotho, Motril.

- [Ciudad] o [provincia / región] cuyo nombre es un sintagma léxico de género masculino: El Paso, León.

- [Ciudad] o [provincia / región] terminada en -o o en otra vocal o consonante, excepto -a: Toronto, Jaén.

- [País] o [pueblo] terminado en -a: Tailandia, Orihuela.

- [País] o [pueblo] cuyo nombre es un sintagma léxico de género femenino: Macedonia, La Herradura.

- [Ciudad] o [provincia / región] terminada en -a: Málaga, Baviera.

- [Ciudad] o [provincia / región] cuyo nombre es un sintagma léxico de género femenino: Cuenca, Las Palmas.

Femenino

 

Praga y Venecia se encuentran cerca del prototipo femenino, lo que concuerda con la extrañeza que pueden producir los anuncios recogidos. En cualquier caso, no se trata más que de un modelo ideal; en el uso cotidiano, parece posible encontrar prácticamente cualquier topónimo combinado con cualquiera de los dos géneros, como también se deduce del estudio citado. Ello se debe al entrecruzamiento y la competición entre los tres factores expuestos, pero también a cambios de perspectiva y distracciones sobre la marcha, y cuya influencia resulta más difícil de prever.

 

 

maaijon

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