Miguel Ángel Aijón Oliva
But just say the word
 

-ble

Blé

Me cae bien -ble. Este sufijo es uno de esos elementos tan pequeños e insignificantes sin los que no podríamos vivir (sería imposible), y no solo porque con él hagan el pan en Francia. Su función, a priori, es la de formar adjetivos deverbales: del verbo lavar procede lavable, de creer, creíble, o de convertir, convertible. Y todos entendemos perfectamente el valor que aporta, aunque su semántica es más compleja de lo que parece. El adjetivo resultante conserva, justo antes del sufijo, la vocal temática de la base verbal, que es a para la primera conjugación e i para las otras dos. Pero no siempre se distinguen con tanta facilidad la raíz verbal, la vocal temática y el sufijo. Hay, en primer lugar, algunos términos en los que no es posible reconocer el verbo de origen, al menos en el español actual: potable, indeleble, inextricable, punible, etc. Se trata, por supuesto, de formaciones cultas tomadas del latín. En otras muchas ocasiones, sí existe el verbo correspondiente, pero se han producido ciertas alteraciones morfofonológicas, también relacionadas con la etimología; por citar solo algunos ejemplos:

admitir / admisible

comer / comestible

comprender / comprensible

describir / descriptible

oír / audible

poder / posible

ver / visible

La posibilidad de adjuntar el sufijo a participios (equiparables categorialmente a los adjetivos) fue, quizá, el primer paso para que -ble pudiera asociarse a otras categorías léxicas, en particular al sustantivo. Así, amigable, que podríamos parafrasear como ‘que puede ser amigo (de otros)’; saludable ‘que produce o conserva la salud’. Caso interesante es el de papable, adjetivo que se emplea con cierta frecuencia para referirse a los cardenales de la Iglesia que tienen más posibilidades de ocupar la silla de San Pedro. Según Val Álvaro (1981), el término, prestado del italiano, parece haber sido en nuestra lengua el modelo para creaciones posteriores como alcaldable, ministrable, rectorable, noticiable, etc. Otro caso que merece la pena destacar es el de futurible, que suponemos derivado del sustantivo (no del adjetivo) futuro, y que encontramos a veces en el lenguaje periodístico o político. Resulta curioso, además, por haber elegido la vocal i (a falta de una “vocal temática” válida en el radical, pues este termina en o) frente a la más productiva y esperable a.

La extensión del sufijo a los sustantivos es fácilmente comprensible: la paráfrasis de casos como los citados sería ‘que es digno de ser alcalde’, ‘que puede ser ministro’, etc.; es decir, se trata de oraciones con predicado nominal en el que el atributo no es un participio (no son, pues, lo que tradicionalmente se denomina voz pasiva), sino un sustantivo. Ni semántica ni funcionalmente existe gran diferencia entre unas y otras oraciones, lo que explica que -ble pueda asociarse a sustantivos, tendencia que probablemente aumentará en el futuro. Aun así, quedaría algún caso dudoso como el de favorable, que no parece admitir una paráfrasis copulativa; más bien se interpretaría como ‘que proporciona favores’.

Tampoco las formaciones resultantes de la unión del  sufijo -ble a una base son siempre adjetivos, debido a la usual oscilación entre esta categoría y la de sustantivo. Tenemos, por ejemplo, el caso de mueble y su contrario inmueble, que rara vez se emplean hoy si no es como nombres (a no ser en el lenguaje jurídico y financiero, como parte del compuesto bienes muebles / inmuebles). Asimismo, contable, dirigible y otros existen actualmente como sustantivos, junto al valor adjetival primario. Ello se relaciona, en parte, con la tendencia de muchas unidades a adquirir independencia semántica.

El significado prototípico de los adjetivos en -ble parece ser el de ‘posibilidad pasiva’: modifican a un sustantivo cuyos rasgos semánticos le permiten recibir la acción expresada por el verbo del que se deriva el adjetivo. Así, domesticable ‘que puede ser domesticado’, imborrable ‘que no puede ser borrado’, etc. Otras veces el valor de ‘posibilidad’ parece convertirse en ‘obligación’ o ‘necesidad’: aconsejable ‘que debe ser aconsejado’, censurable ‘que debe ser censurado’.

Sin embargo, en otros casos el significado es claramente activo: agradable ‘que agrada’, perdurable ‘que perdura’, variable ‘que varía’, etc. Esto sucede normalmente cuando el sufijo se une a raíces de verbos intransitivos. En este grupo se incluiría también el caso de amable, en principio ‘que ama o puede amar’, pero que con el tiempo ha adquirido otros valores: ‘cortés, afectuoso’, etc., seguramente por haber sido desplazado por el participio de presente amante. También observamos una especialización de significado en estable (en principio, ‘que está o puede estar’), lo que tiene sentido si se considera que procede de un verbo semánticamente vacío. En realidad, en estos adjetivos de sentido activo parece existir cierta tendencia a la independencia semántica: llegan a presentar una relación muy difusa con el verbo de origen. De este modo, impecable no se concibe hoy como relacionado con pecar. Ocurre también a veces con los de sentido pasivo: probable no significa normalmente ‘que puede ser probado’, ni culpable ‘que puede o debe ser culpado’, sino que han desarrollado matices algo diferentes.

Pero no acaban aquí las posibilidades. En algunos casos, los adjetivos proceden de verbos intransitivos y, sin embargo, no modifican al sujeto del verbo correspondiente, sino a otro complemento de su estructura argumental: un complemento de régimen preposicional (fiable ‘del que podemos fiarnos’, disponible ‘del que se puede disponer’, prescindible ‘del que se puede prescindir’), un circunstancial de lugar (edificable ‘en el que se puede edificar’), etc. Y, así, con esas demos jugables que tanto tiempo quitan al estudio y al trabajo, asistimos, siempre maravillables, al espectáculo de la creación verbal, aunque en ocasiones resulte poco admirable por lo que respecta a la elegancia.

 

maaijon

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